martes, 7 de febrero de 2017

De planetas y cadáveres


Obra de Lora Zombie


Primero quise ser astronauta. Tópico, lo sé. Tenía unos nueve años y mi intención era ir al espacio para ver los planetas más de cerca. Debía de pensar que en un giro de 360º los vería todos, anillos de Saturno incluidos, como en las ilustraciones de los libros.

Luego fotógrafa. Mi padre me dijo que me pasaría la vida sacando fotos para el carnet y, tras imaginarme diciendo durante años "Sonríe un poquito, venga", se me pasaron las ganas.

Policía. Porque si era policía sería fuerte, ágil, perspicaz. Sabría disparar con un montón de armas distintas, detendría a los malos, y tendría un uniforme como una coraza tipo FBI en misión especial. Mi padre (sí, otra vez) me dijo que nada de eso, que siendo hija única no iba a dejar que me pegaran un tiro por ahí adelante. Luego supongo que dejé de ver series sobre el FBI y vi otras en las que los policías estaban permanentemente comiendo donuts en el coche patrulla, deteniendo putas (why?) y encerrando a borrachos en una celda desde la que se pasaban el tiempo lanzando improperios. Algo así debió de ser.

Quise ser médica. Eso sí le gustó a mi padre porque tiene mucho caché lo de ser médico. El mundo se hizo un favor a sí mismo y a mí: enfermé y no conseguí entrar en la carrera. Habría sido una médica desastrosa. 

Finalmente me encaminé hacia la Biología. Flipé mi primer día de prácticas, cuando vi células al microscopio. Obviamente mi intención era ser investigadora. En un gran centro de investigación, sí. Con un exitoso grupo de investigadores, claro. Por donde nosotros pasáramos, las células tumorales no volverían a crecer, encontraríamos la clave para evitar la metástasis, la vacuna contra el sida, el fin de la malaria y el ébola, y la manera de comer chuches sin temor a las caries. Ya dije que sería un grupo muy exitoso. 

Y por ahí ando. Pero sin el grupo de investigadores exitoso. 

Cuando pienso en qué otra cosa podría haber sido recuerdo que me hubiera gustado ver cuerpos por dentro. Se me ocurre enfermera de quirófano. O auxiliar de forense. Hay un veterinario al que le ayudo a esterilizar a veces. Poco se ve por el corte pero siempre me impresiona. "¿Esto qué es? ¿Grasa?", pregunto. "No, intestino, mételo para dentro". (Olvidaos de los dibujos del libro de ciencias, nada es lo que parece). Pensé en preguntar si podría asistir a las prácticas de medicina como oyentevidente, en una esquinita sin molestar. Alguien me dijo que algunos se mareaban y tenían que salir al trabajar con los cadáveres. Eso me dio más ganas. ¡Debe ser tan interesante!

Son fantasías. No voy a ponerme ahora a estudiar para trabajar viendo a la gente por dentro. Me conformo con los vídeos de operaciones en youtube (la de cambio de sexo es la hostia). Supongo que por eso, sabiendo que no seré nada de lo anterior, tengo una sudadera de astronautas, y camisetas con estrellas, e intento aprender algo sobre las constelaciones aunque ni doy encontrado a Sirio. En por qué el sol gira sobre sí mismo. En si un agujero negro puede tragarse a otro. Pienso que no habría estado mal aquello que pensaba a los nueve años, haber sido astronauta y ver la Tierra por una ventana redonda dentro de mi traje espacial, aunque no haga falta el traje en el interior de la nave. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

Quién escribe posts el día de Navidad?




Hace unos meses Z y yo estábamos eligiendo los colores de fondo para unos cuadernos del merchandising de la protectora. Había que enviarlos a la imprenta ya, no avanzábamos y era la una de la mañana. Fenecíamos ambos entre corales y verdes manzana intentando combinar los apastelados colores de los diseños. Z optaba, desesperado y enchido de practicidad, por ponerlos al azar. Yo, en mi espiral de perfeccionismo obsesivo habitual me negaba mientras daba chillidos para liberar tensión cada ciertos minutos. En un momento dado nos dimos cuenta de que habíamos cometido un error y entonces Z resopló y yo entré en un ataque de risa incontenible. 

De esa risa absurda que me da cuando algo no está saliendo bien. Z se deja contagiar sin demasiada resistencia y acabamos los dos haciendo escarnio de la situación y de nosotros mismos, mientras yo digo "ay, para" poniendo la mano unas veces en la barriga y otras en la mandíbula, que me duelen de aguantar la risa. O de liberarla, ya no sé. 

Hacía tiempo que no me reía así, y creo que ambos pensamos que era un signo de que me estaba recuperando. No fue así, pero seguimos caminando en busca de más ataques de risa absurda. Esos ataques son los que molan. 

Quiero quedarme embarazada, y cuando lo consiga me gustaría que nadie lo supiera, que fuese sólo un secreto mío y de Z. Que nadie venga a sembrar miedos y angustias por mis enfermedades, y que yo siga pensando que seré mejor madre de lo que fue la mía. 

Por ahora no está ni concebido (creo :D), pero ya tiene un par de calcetines que simulan ser patitas de gato y otros de zorro. 


martes, 6 de diciembre de 2016

Reseteando: Historia de un duro hijo de puta

"El dolor tiene un hogar,
hay una madriguera en mi costado."

No recuerdo qué decía en el audio que puse hace unos días. En aquel momento me pareció una buena forma de retomar el blog tras un año de silencio pero ahora es un poco como la camisa que compraste para darle un punto grunge a tu outfit y en el espejo de casa pareces un vaquero de Nebraska tras una mala noche. Haces desaparecer la camisa, pos eso.

Siempre he dicho que me gusta el otoño y debería haberme arrancado una uña cada vez que lo hice. Octubre  (y por Noviembre tampoco echo cohetes) fue lo peor de lo peor (igual de eso hablaba en el audio aquel). Bueno, no lo peor de lo peor pero sí una puta mierda: pruebas para descartar un linfoma, pérdida de un empleo, lesión en una mano, rotura cápsula articular de un dedo, retomar medicación de antidepresivo y ansiolítico, fue una fieshta!

Tengo especial interés en las narices. Siempre me fijo en las de la gente. Me encantan las de perfil totalmente recto y no demasiado estrechas. Estos días ando dibujando narices de todos los tipos, me gustan como quedan todas ordenaditas. Creo que voy a empezar a subir fotos a Instagram. Mis narices se lo merecen.

Dejo un audio leyendo un texto de Bukowski. No es uno de mis escritores preferidos pero ésto concretamente me llega bastante profundo. Sé que la lectura tiene fallos pero no pienses en eso, sólo escucha la historia. 


domingo, 29 de noviembre de 2015

Escribir un poco

Quería actualizar ésto y he empezado el post tres veces. Iba a hablar de que llevo varios intentos de cambiar la plantilla pero ninguna me convence, luego de una discusión entre conocidas (no, aunque la norma social diga que debo llamarlas amigas no lo son, tuve una amiga una vez, y no era ésto) que acabó con una tirándole la cocacola a la cara a la otra y yo aguantando para no hacer lo que me apetecía hacer que era largarme de allí. También contaba que estaba saliendo a pasear al monte y que me molaba y que también me molaba mucho caminar hasta la plaza de abastos y hacer la compra en sus puestos mientras olisqueo el ambiente, pruebo chocolate artesano y me tienta una caña en el bar de la plaza. Pero no me apetece dedicarle más líneas de las que ya le he dedicado. 

¿Qué cuento entonces? Pues no lo sé... ¿Qué te gustaría leer? ¿Sobre la lluvia y los gatos? ¿Sobre el azul con el que estoy pintando la entrada de casa? ¿Sobre que estoy escuchando esta chorrada y me gusta?


También he vuelto a cocinar. He probado una ensalada con bacon y gorgonzola que me llevó cerca del orgasmo. Y he hecho unas chuletas con salsa dulce de mostaza que hizo que fuese la primera vez que no dejo la mitad en el plato (no soy mucho de carne). 

Revisando posts antiguos he confirmado lo que ya sabía, que hago muchos planes y promesas que luego no culmino, o que alargo indefinidamente otras... es un poco triste. Intentaré culminar al fin. Como cuando llegué a lo alto del monte que está enfrente de mi casa. Hay una antena arriba de todo y puedes imaginar que su señal te hace llegar a toda la ciudad. 

No, no son cosas muy interesantes, ya. Yo... sólo quería escribir un poco. 

lunes, 19 de octubre de 2015

Podría disertar sobre la ubiquitinación de proteínas pero en vez de eso te voy a contar 25 cosas sobre mí


1-Amo el chocolate y la cocacola, y ellos me aman a mí. Chocolate del bueno, por cierto, no esa porquería azucarada que a veces quieren colar en su lugar. 

2-Sólo me enamoré una vez. Soy afortunada, sigue a mi lado.  

3-Leo muy rápido.

4-Prefiero que los distintos alimentos no se toquen en el plato, y odio que se mezclen entre sí. Me matas si me sirves la guarnición de verduras por encima de las patatas. 

5-Tengo una facilidad innata para echarme a dormir cuando una serie o película no me interesa.

6-Siento un amor muy tonto por mi coche. Lo mimo y lo cuido, le llamo con motes que oscilan entre tanque-tanqueta-pequechín y sí, soy el tipo de persona que compra limpiador de llantas. 

7-Tengo el desapego del psicópata. Desapego de las personas, y sobretodo de las cosas. El arraigo me da únicamente para Z y mis gatos.

8-Me gusta el orden, y funciono mejor con él, pero mi naturaleza dispersa le hace frente. Soy ordenada con tendencia al caos.

9-Siento fascinación por la temática espacial. Mi sueño imposible es hacer un viaje al espacio y ver esa hermosa bola azul que somos.

10-Algunos dicen que tengo mala hostia, otros que soy borde.

11-Tengo memoria de pez. No recuerdo fechas ni películas ni libros.

12-Me encantan los animales,  y sufro bastante con la visión tan antropocéntrica que tenemos del planeta. Me gustan principalmente los felinos, rapaces y roedores. Los gatos son mi debilidad absoluta, nos entendemos bien.   

13-A los doce años llegué a la conclusión de que dios no existe.

14-A los treinta y cuatro decidí volver a dibujar y empecé a tocar la guitarra. Lo primero se me da mejor que lo segundo.

15-Cuando era pequeña e intentaba montar en bicicleta descubrí que cuando más aguantaba sobre ella era con la velocidad de tirarme cuesta abajo. Así aprendí. Define bastante bien la forma en que a veces hago las cosas.

16-Me gustan las pelis de miedo. Las de zombis sobretodo.

17-¿Libros favoritos?: El principito, Mi planta de naranja-lima, La constelación del perro, Cien años de soledad, La casa de los espíritus…

18-Aunque no soy vegana me molestan bastante las críticas al veganismo. Reírse de una filosofía que aboga por el respeto a los animales me parece superficial y mezquino. Que haya veganos gilipollas no tiene nada que ver con el veganismo en sí, porque gilipollas hay en todos los colectivos, ¿verdad?

19-Me entusiasma viajar, y si tuviese dinero lo haría mucho más.

20-Desde el 2014 tengo el móvil en silencio. He ganado mucha calidad de vida.

21-Soy terriblemente inconstante, me cuesta mucho mantener un hábito.

22-Soy pluviófila. Me gusta la lluvia y la echo de menos cuando tarda en aparecer, cuando vuelve respiro de nuevo. Por suerte vivo en la ciudad más lluviosa del país.

23-Tengo el dudoso don de la risa inoportuna. Como cuando una amiga me dijo que se divorciaba porque el marido la había pillado teniendo sexo con un amigo común en el sofá de su casa.

22-No diferencio a la primera derecha e izquierda, de hecho suelo decirlas al revés. Es una fiesta cuando me preguntan una dirección.

23-No tengo hermanos, cosa que siempre he lamentado.

24-Disfruto mucho de la música. Cuando descubro una canción que me gusta, como buena obsesiva que soy, la pongo durante días.


25-Siempre tengo muchos proyectos en mente. Uno de ellos es publicar mis relatos ilustrados por mí. 

viernes, 16 de octubre de 2015

Yep

"Boteime a andar baixo a choiva cara o monte, 
quería perderme entre as árbores, pero todo estaba mollado
e non atopei nen un sitio seco onde sentarme a chorar."




 ♫Suena Todos los días sale el sol, de Bongo Botrako:





Han pasado bastantes cosas estos días:

Yo, fingiendo que controlo mazo sobre diseño de webs, peleándome con el blog de las camisetas.
Los castaños de la finca, cada vez más grandes y hermosos (este otoño darán las primeras castañas).

Z tan especialico para todo, come las hamburguesas sin lechuga ni queso pero con patatas. Ea.

Hoy he ido a contar gatos a la colonia que tengo que empezar a esterilizar. Después he arrastrado a Z por el medio del monte y hemos andado unos ocho kilómetros. Una vez en casa me he dedicado a pensar en todo lo que tenía que hacer mientras me atrincheraba tras la excusa de que tenía a dos gatos en mi regazo y que, pobrecitos ellos, no podía levantarme a hacerlas hasta que se despertaran por sí mismos.

Estoy escribiendo un post llamado "X cosas sobre mí". Aunque pienso que a nadie le van a interesar esas memeces me gusta el ejercicio de parar a definirme, de dibujarme, de pensarme un poco, sonreír con las tonterías que me forman.

Ya no estoy tan triste. Sí estresada, y con bastante ansiedad a veces, pero ya no tan triste.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Así es, humano...

video

Este meme me hizo reír cada vez que me acordaba de él, se lo leí a Z y volví a descojonarme, así que me dije ¿por qué no grabarlo y que todo el mundo sepa que soy mongola perdida?

miércoles, 1 de julio de 2015

Renuncio, no me compensa

Z: Vine al súper a por arena para los gatos, ¿quieres algo?
Abisal: Aguacates 
Abisal: Y chocolate, lo acabé
Z: ¿Qué choco?
Abisal: Cualquiera Lindt
Z: ¿Algo más?
Abisal: Queso fresco
Z: Ok
Abisal: Ah, y alcachofas en conserva. Y espárragos. 
Abisal: Y una muerte rápida e indolora. Está al lado de la caja, donde las pilas. 
Z: Creo que aún queda en casa.
Abisal: Ok, espero que no esté caducada. 

Whatsapeando con Z. Artículos de primera necesidad. 



Post importante para mí. Coñazo para ti. Deberías saltártelo.

Si aún te pasas por aquí sabrás que desde hace unos siete u ocho meses estoy más abajo que arriba. Abajísimo. De puta pena, vaya. No es el típico bajón de unas semanas que tengo de vez en cuando sino de un cúmulo de circunstancias que me han anulado y derrotado. 

Empecé a ir a terapia y a levantarme a poquitos. Mi frase cuando me preguntaban qué me pasaba, qué sentía no era "Me siento X", soy bastante inepta a la hora de expresar a otra persona mis emociones más internas. Mi frase era algo así como "Todo está desordenado y roto, destrozado". 

Hubo que priorizar y ante la inminencia de mis exámenes decidí poner como primer objetivo controlar mis ataques de ansiedad. ¿Qué es lo que me provoca esos ataques? Resumiendo y concretando: soy incapaz de presentarme a un examen si no estoy segura de que voy a aprobar.  Para estar seguro hay que llevarlo bien preparado. Desde que me medico debido a mi epilepsia mi memoria es pésima así que me cuesta más de lo esperado poder decir "lo llevo bien preparado". Si no lo llevo bien intento obligarme a ir de todas formas. Es lo que hay que hacer, presentarse a ver qué pasa. Igual hay suerte. Igual eres demasiado exigente y no lo llevas tan mal. Y como intento obligarme pero no soy capaz hay un choque titanes en mi cabeza que deriva en la ya mencionada crisis de ansiedad. 
   
Empecé a seguir unas pautas y noté pequeñas mejorías. Incluso gané un par de combates a pesar de encontrarme francamente mal.

Nadie que no lo haya pasado sabe lo que es un ataque de ansiedad. Nadie puede imaginarse las sensaciones físicas, que no tienen que ver con el simple nerviosismo que todos sentimos alguna vez, y nadie puede imaginarse la vorágine de pensamientos dañinos que pasan por tu cabeza en ese momento. Tras una crisis de este estilo quedo exhausta. 

Dos días antes del último examen tuve un ataque de ansiedad, a causa de esto tuve también inicios de un ataque epiléptico. A la mañana siguiente tuve otro ataque de ansiedad. Cuando pasó me quedé en la cama acostada mirando el techo. Pensando en todo el dolor mental y físico que acababa de pasar en los últimos dos días por querer presentarme a un examen que probablemente suspenda. Me pregunté "¿Merece la pena?"

No, no la merece. 

He decidido dejar de tratar ese problema en terapia. Me duele en el orgullo pero no voy a luchar más contra eso. La lucha, el intentar obligarme a hacer algo que no soy capaz de hacer me genera tanta infelicidad que no me compensa. Se acabaron las lágrimas, el no poder respirar, el ahogo, el dolor en el pecho y la cabeza, la despersonalización que te hace estar tan mareada que parece que te vas a desmayar, la taquicardia y el sudor frío. Cuando no me sienta preparada no iré, y tendré que aceptar las consecuencias, igual que otros aceptan que son incapaces de estar a menos de doce metros de una araña.

¿Tardaré más en hacer el mismo camino que otros? Seguramente, es lo que hay. ¿Debería dejar de estudiar algo que probablemente nunca me dé un puesto de trabajo? Tengo claro que estudio por vocación, porque es lo que me gusta. Lo más probable es que cuando la acabe me ponga a dibujar al tiempo que sigo con mi trabajo, que no tiene nada que ver con la Biología. 

Para algunos una derrota, para otros una retirada... no sé qué es. Sólo sé que no soy perfecta. No lo haré de la manera ideal para la mayoría, pero lo haré de la forma ideal para mí. 




viernes, 12 de junio de 2015

Corazón de sandía

El otro día mi corazón hizo craj. Siento empezar el post con una frase tan melodramática pero así fue. Cada corazón hace un ruído diferente al dañarse, según la persona a la que pertenezca. Algunos suenan como una lluvia de cristales. Otros dejan oír un golpe seco, como un saco de boxeo al recibir un gancho de izquierda. Creo haber leído en alguna parte que también los hay que emiten un sonido metálico, de hierros estrujados, y alguien me contó que los hay que estallan, como un globo que recibe un pinchazo. El mío hace craj, como un trozo de sandía cuando tiras y lo separas del resto de la pulpa. Sí, supongo que mi corazón parece duro por fuera pero por dentro no es más que una esponjosa masa roja. Me pregunto si tendrá pepitas. 

No te preocupes. No es grave. Recordó una vez más que no es bueno ir a meter la nariz en lodazales pasados y ya está sonriendo otra vez. Como quiera que sonrían las sandías.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Si no escribo muero un poco

Sigo viva. Un poco zarandeada, despeinada y magullada pero viva al fin y al cabo. Y a veces hasta sonrío. Algunas de las cosas que han pasado estos días:

 -En la lucha con mis ataques de ansiedad voy 1-1. No conseguí presentarme al primer examen pero sí al segundo. Taquicardias, mareos, miedo atroz, ganas de echar a correr y una cosa muy loca que se llama despersonalización. Los vencí.

 -A raíz de conseguir el empate me puse de subidón y estoy estudiando mucho para el siguiente examen y alcanzar el 2-1.

 -Le he dicho a mi psicólogo: "...porque sois medio científicos..." y él ha abierto mucho los ojos y se ha reído mientras me preguntaba "¿Medio?"Lo he intentado arreglar luego pero no sé si ha colado. A veces se me olvida que no sólo somos científicos los que estudiamos Bioquímica o Virología.
 
-Tengo una gatita acogida que me trae un ratoncillo de juguete viejo y feo para que se lo lance una y otra vez. La estoy entrenando para unas olimpiadas ficticias.

 -Se ha publicado un relato mío en una antología y estoy toda orgullosa. (Uno más y lo dejo, a la venta en Amazon).

 -Tengo que hacer una serie de diseños para camisetas para una protectora de animales. Tengo muchas ideas que quieren escaparse como rayos de luz entre las rendijas de la caja donde están encerradas. Pronto sacaré un rato al día para ellas. Espero.

 -Mañana toca ir al fisioterapeuta a que me recomponga un poco. Conozco una chica que iba al fisioterapeuta cuando se sentía sola para sentir el contacto con otra persona. No soy yo, yo voy porque alguno de los nervios que unen mi espalda con mi pierna izquierda está un poco pallá.

 -He decidido que este verano iré a una playa nudista. Bueno, he decidido que haré varias cosas que darán para otra lista.

jueves, 14 de mayo de 2015

Herido grave en un accidente casero

Abisal: Te quiero
Z: Lo sé.
Abisal: Te quiero porque no me queda más remedio.  
Abisal: Eres la persona más genial que conozco.
Abisal: Pero si conozco a alguien más genial que tú pasaré de ti. 
Abisal: Que lo sepas.
Z: Acepto el reto. Dudo que exista. 

Declaraciones de amor whatsapeando con Z. Seguro de sí mismo, como ves. 


♫ Suena Ojalá, de Silvio Rodríguez. Algún día averiguaré cuántas veces seguidas puedo escuchar esta canción sin morir de un disparo de Nievi.



Se me cayó el móvil dos veces seguidas y en la segunda debió pensar "Lo nuestro se acaba aquí", y se rompió la pantalla con esmero. Creo que si lo tiro contra la pared y luego bailo encima no queda peor. Estuve el fin de semana incomunicada y fue raro. En el de repuesto no puedo instalar ni el administrador de páginas de Facebook, ni Twitter ni mirar el correo, ni jugar al Candy Crush ni nada porque va de puta pena y la mitad del tiempo ni me reconoce la tarjeta. Me está grabando a fuego el no volver a andar con el mío sin funda protectora nunca jamás de los jamases.

Tengo para la semana dos exámenes. Hoy debería haber estudiado. Pero me la he estado rascando. Muy mucho. Debería sentirme superculpable pero no. Cuando la mente pide descanso toca descanso.

Me acabo de acordar que no limpié el horno. Uy, qué mal. Qué pena. Qué todo. Mañana. Quizás. 

La gata que tengo en acogida duerme conmigo siestas de las que me despierto como recién salida de un coma profundo y con la espalda sudada. Lo de despertarse de la siesta como quién despierta del coma es habitual todo el año, y lo tengo asimilado, pero lo de estar sudada mañana, tarde y noche no (y sí, me lavo entre medias, sí) Por si aún no lo sabéis odio el calor. Un poco de solecito está bien pero el calor es el horror. Tensión por los suelos. Mareíto y cansancio. Muerte. Destrucción.

Quiero oír la lluvia golpear los cristales. Hace unos días llovió un rato bastante fuerte. Era genial. Le dije a Z que me encantaría ir al jardín y sentir la lluvia hasta empaparme por completo. Me dijo que porque no lo hacía. Le contesté que porque aún era de día, los vecinos me verían y sabrían que estoy tan loca como creen. Él dijo sin levantar la vista de la pantalla del ordenador: "¿Y qué?" Al final la lluvia pasó y la oportunidad se fue con ella. Pero la próxima vez que llueva lo haré, me lo he prometido. 

Tiene razón, estoy loca, ¿y qué?




domingo, 26 de abril de 2015

Felicidá, qué bonito nombre tienes

Suena :


Es curioso cómo acabamos pensando que debemos ser felices. Que tenemos que estar felices. Ser graciosos y ocurrentes, saludar con una encantadora sonrisa y quitarle importancia a todos y cada uno de los tropiezos que tengamos. Porque tenemos que ser optimistas. Optimismo obligatorio. Estar alegres. Sonreír. Ser felices. Siempre, que los demás no se den cuenta de que no lo somos tanto, que finjamos tan bien que nosotros mismos tampoco nos demos cuenta. 

No se puede decir que estás pasando una mala época, eso es de perdedores. No puedes decir que lloras, a los quejicas no los quiere nadie. Tienes que reír y hacer reír si quieres gustar, si quieres que te quieran, que te admiren, que te envíen caritas sonrientes por whatsapp porque tú molas mil. Una buena actitud es indispensable, sonríe, siempre.

El otro día alguien me dijo: "¿Estás enferma?" Pues mira, no, estoy más borde que de costumbre (ya no estaba bajo el nivel) y con menos paciencia para idioteces, pero por suerte no estoy enferma, sólo peleo contra las crisis de ansiedad y tengo indicios de depresión que estoy frenando con terapia.

Esto viene a cuento porque estoy un poco harta de todo ese pensamiento místico-espiritual taaaann horroroso que predica lo de "Si desprendes energía positiva recibirás energía positiva" y patochadas del estilo que no crean más que frustraciones, autoexigencias inútiles y más infelicidad que deberás esforzarte en disimular para seguir desprendiendo puñetera energía positiva y dando una imagen de éxito y alegría infinitos. 

Pos mira, no. A veces las cosas se tuercen, o no consigues tus objetivos, o simplemente estás triste porque sí, y tú tienes todo el derecho del mundo a mostrar tu tristeza mientras intentas recomponerte como buenamente puedas. Y al que no le guste que le den. 

Cambio de tercio. 

En un semáforo que hago a menudo apareció un día un chico de unos veintipocos haciendo malabares con una manzana, un tomate y una naranja (quien dice malabares dice pasándoselos de una mano a otra, no había más). Perdí la cuenta de las veces que se le cayó la naranja y sentía tanta pena por él y la carita de vergüenza que tenía que se me hizo eterno. Cuando se puso en verde el semáforo le dí una moneda y de entre la sonrisa tímida salió un gracias con acento argentino que me desarmó aún más (soy argentinofonófila -me acabo de inventar el término, quiero decir que me gusta el acento argentino, vamos). En los días posteriores se fue especializando en cítricos, y ya sólo usaba limones o naranjas. Seguía siendo bastante malo pero le ponía ganas, eso sí. Un día lo ví por la calle arrastrando una gran maleta roja. Me lo imaginé volviendo a su país, aceptando que su carrera como malabarista en España había terminado. Pobre, me dije.

Me equivoqué, no se había ido. Estas son fotos desde distintos puntos del lugar donde se ponía siempre. Un día él no estaba, pero allí había dejado su maleta:



Otro día estaba su chaqueta y una botella de cerveza:



Y otro su chaqueta y dos limones:


Es un poco como la felicidad. Difícil, escurridiza, parece que se va pero vuelve y deja destellos de su existencia. Aún sigue ahí, aunque a veces pases tiempo sin verla.