lunes, 25 de julio de 2011

La naturaleza y sus cosas

Leo en Amazings:

"El petirrojo es un ave migratoria que utiliza como brújula magnética unas proteínas llamadas criptocromos situadas en la retina de sus ojos"

Y vuelve a mí la idea de que todo lo que nos rodea es demasiado bonito y sorprendente para que nadie pudiese diseñarlo. A mí desde luego no se me ocurriría crear pájaros con brújulas en los ojos, algo así sólo puede nacer del azar. Me encanta.

domingo, 17 de julio de 2011

Controlando el miedo, todo vale

Siempre se me antojó extraña la tendencia de la gente a echar mano de los rezos y plegarias cuando pasa un mal momento. Ya de pequeña encontraba todos los ritos católicos (son los que conocí) pomposos, superficiales y sin demasiado sentido. No me refiero al hecho de las celebraciones con nosécuántos invitados, me refiero a ideas como tener que asistir a misa todos los domingos, tener que confesar tus pecados a un señor intermediario, el hecho de que si no estabas bautizado el buen dios no te acojía en su seno... Pero sin duda, lo que más me chocaba era la cercanía a la religión que todo el mundo mostraba a la hora de una tragedia. El miedo, el encontrarse al borde del precipicio, el ver lo vulnerables que somos, les hace buscar cualquier cosa a la que agarrarse y que les haga sentirse menos perdidos, menos a la deriva, menos vulnerables a los giros del azar, más seguros y a salvo, en definitiva. 

Hace muchos años que acepté que soy incapaz de seguir ninguna religión, qué se le va a hacer, la fe no habita en mí, y de hecho, si rezara, rezaría para que este fuese un mundo sin dioses, igual que otros rezan para que no haya tsunamis ni terremotos, me parecen igual de dañinos. 

Mi amiga A. murió cuando yo tenía dieciocho años. Por entonces yo estaba despertando de una depresión, después de unos años en los que no prestaba más atención que a mi interior, oscuro y frío. Salí del agujero para darme de bruces con su enfermedad y, poco más tarde, su muerte. Sobretodo desde entonces quiero creer que hay más vida que la terrenal. Que no todo se acaba. No creo en un ser supremo pero sí en la existencia del alma, porque quiero creer que todo lo que ella fue no ha desaparecido. Y, desde entonces, cuando lo trágico me alcanza, mientras otros tienen a un dios en su mente, yo la  tengo a ella. Le pido ayuda, que me guíe un poco, que me traiga suerte (a veces más justicia que suerte), que me dé fuerza, que no me olvide, igual que yo no la olvido a ella después de doce años de su marcha.

Cuando estoy preocupada por algo muy importante, siempre me acuerdo de ella. Entonces me coje de la mano y me dice que esté tranquila, que todo saldrá bien. Y yo me relajo y pienso con calma qué puedo hacer. Imagino que algo así debe de sentir la gente creyente cuando se confía a dios. Imagino que todos necesitamos un rayito de esperanza para seguir adelante en los malos momentos.