domingo, 21 de agosto de 2011

Invictus

Escrito por William Ernest Henley en el 1875.

Fuera de la noche que me cubre,
Negra como el abismo de polo a polo,
Agradezco a cualquier dios que pudiera existir
Por mi alma inconquistable.

En las feroces garras de la circunstancia
Ni me he lamentado ni he dado gritos.
Bajo los golpes del azar
Mi cabeza sangra, pero no se inclina.

Más allá de este lugar de ira y lágrimas
Es inminente el Horror de la sombra,
Y sin embargo la amenaza de los años
Me encuentra y me encontrará sin miedo.

No importa cuán estrecha sea la puerta,
Cuán cargada de castigos la sentencia.
Soy el amo de mi destino:
Soy el capitán de mi alma.

Lo conozco desde hace tiempo, pero no está mal recordarlo de vez en cuando. 

viernes, 5 de agosto de 2011

Caricias

Tras un rato en el que lo único que se oye son las teclas de nuestros teclados dice:

-Me gustó lo que hiciste cuando entraste.

-¿Qué?

-Cuando te abrí la puerta me pasaste la mano por el cuello.

Intento recordar. Llegué cansada y dolorida, con ganas de tirarme en el sofá y levantarme sólo para meterme en cama. Tengo llaves, claro, pero me encanta que si me ve llegar me abra la puerta. Entré entre lamentos y quejas sobre el mal día que había tenido. Fue un gesto rápido que apenas recuerdo salvo porque aún tengo en la memoria de los dedos el tacto de su barba. A veces detalles que nos parecen insignificantes alcanzan un valor inesperado en ojos de otro. Espero que nunca se me olvide como se saluda con afecto, incluso en un día de perros.