sábado, 8 de diciembre de 2012

Cables de colores

Suena A cualquier otra parte, de Dorian.

Ahora los televisores son de plasma. No caben muchos cables de colores ahí dentro.

Cuando yo era pequeña las teles eran tal que así



y dentro tenían un montón de cables de colorines como estos


Cuando era pequeña, en mi aldea, mi compañero de batallas A. y yo íbamos al monte y allí destripábamos las teles viejas que la gente tiraba en los vertederos improvisados. Arrancábamos los cables, los trenzábamos y nos hacíamos pulseras. 

No me habría importado ir a buscar cables de colores hoy.

¿Qué recuerdo de infancia me podéis contar? 

 





domingo, 18 de noviembre de 2012

Prefiero...

Suena Dancing on my own, de Robyn.

Me incitó Naar. Es culpa suya.
 

-Prefiero las preguntas del Trivial de "Arte y Literatura" y "Ciencia y Naturaleza" que las de "Historia" y "Deportes". 

-Prefiero los mojitos a los tequilas, y los tequilas al Carolans con lo que sea. Prefiero cualquier cosa al Carolans, de hecho.

-Prefiero el chocolate a cualquier cosa. Siempre. Es mi dios.

-Prefiero las personas introvertidas a las extrovertidas. Prefiero a los que saben guardar silencio que a los que hacen demasiado ruído.

-Prefiero a los gatos a otros animales, y a otros animales antes que al ser humano. Nos entendemos mejor. 

-Prefiero el invierno al verano, y el otoño a la primavera.

-Prefiero las plantas a las joyas y las semillas a las flores cortadas. 

-Prefiero las siestas con mis gatos pero las noches sin unas patas que me pisen la cara. 

-Prefiero las pelis de zombies a las de comedia, y las de animación a las románticas. 

-Prefiero un bar y unas tapas a una discofashion con música alta. Pero de estar en una prefiero la cocacola sin ron y el kas con Bacardi limón.  

-Prefiero el monte a la playa, y el pueblo a la ciudad. 

-Prefiero la acción a la pasividad, prefiero echar a andar que quedarme quieta.

-Prefiero a Batman que a Superman. 

-Prefiero los huevos fritos con patatas al sushi. 

-Prefiero echar de menos que no haber conocido. 

-Prefiero llevar cicatrices en el corazón antes que no haberlo intentado.




martes, 30 de octubre de 2012

Mi lugar feliz

Suena Túmbate, de Jero Romero.

De pequeña sabía nadar un poco a base de imitar la precaria braza de mi padre. Aún no sé cómo pero la cosa es que flotaba y también avanzaba al mismo tiempo. A los 16 me apunté a un curso para aprender a nadar decentemente y tanto me entusiasmé que me pasé nadando toda mi adolescencia. 

A esa edad yo estaba segura de que no había un hueco para mí en el mundo. La hora diaria que pasaba nadando era mi huída personal a un sitio lejano y ansiado en el que sí era feliz. Nadando solo estás tú, el agua y el fondo de la piscina pasando una y otra vez. El camino al interior de mi mente nunca había sido tan recto como durante las horas que pasaba nadando. 


Cuando entré en la Universidad, poco a poco, lo fuí dejando. Yo, siempre tan ingenua, me había hecho a la idea de que en la facultad encontraría gente más afín a mí. Que encajaría mejor. Y no. Encajaba igual de mal. Fuí dejando de nadar, quizás porque ese tiempo de soledad se me empezaba a hacer demasiado duro. Demasiada tristeza ahí dentro, puede ser. 

Empecé a hacer otras cosas. Aprendí a jugar al tenis (tengo una reincidente tendinitis en la muñeca derecha como recuerdo) y luego hice full contact (de esto me queda un buen crochet de izquierda, mucho más útil). Y luego enfermé y ya apenas volvi a hacer deporte aunque siempre tenía en mente volver a la piscina.

Hace un par de años me apunté, por azares de la vida, a un curso de doblaje. Me gustó muchísimo. Siempre he sido muy expresiva. Suelo hacer muecas y poner voces cuando hablo, muchas veces sin darme cuenta siquiera. Aprendí mucho y descubrí un mundo muy interesante. Como los cursos de doblaje son hípercaros decidí que podía seguir investigando el tema apuntándome a uno de teatro. 

Uno de los ejercicios que solíamos hacer en el curso de teatro para "soltarnos" era poner música relajante y cada uno imaginarnos en un lugar en el que estuvieramos cómodos y relajados. Uno estaba tirado panza arriba en el medio de la sala, estaba tomando el sol en la playa. Una daba saltos, corría, y volvía a saltar y tirarse por el suelo, estaba en el medio de un gran prado. Otro simplemente bailaba. Otro agitaba los brazos lentamente, era un junco mecido por el viento. Yo nadaba. Andaba en círculo y movía despacio los brazos, a veces a crol, a veces a braza. De espaldas no,  que invariablemente acababa pisando al que tomaba el sol. Era incómodo (prueba y verás) sin embargo no se me ocurría nada que pudiera relajarme y hacerme sentir tan bien como imaginarme en el agua.

En otro de los ejercicios teníamos que improvisar un dibujo dónde nos representásemos como quisiéramos ser. Una se dibujó como un hada madrina. El otro como un bufón. La de más allá como una hippie que vivía en el campo. Yo me dibujé como una nadadora a punto de saltar al agua.  Algo tal que así:



Esos dos detalles me hicieron darme cuenta de lo mucho que echo de menos nadar. Y de que estaba haciendo el gilipollas apuntándome a un curso de teatro en vez de en uno de natación. Creo que nadar, la sensación de estar sin ataduras en el agua, la libertad donde ni tu propio cuerpo pesa apenas, el deslizarse veloz y certera por el agua... creo que todo eso es mi "lugar feliz". De algo así hablaba Naar una vez. El lugar donde me encuentro más segura y a salvo. 

¿Y por qué aún no he ido a nadar después de tantos años echándolo de menos? ¿Por qué hace un montón de tiempo que tengo preparado el bañador, las gafas, el gorro y hasta las chanclas en una bolsa y nunca me decido a ir? 

Porque si voy y no siento lo mismo que cuando era mi válvula de escape de adolescente... me quedo sin lugar feliz, nenes. Y qué putada, ¿no? 

Sin embargo sé que algún día volveré a nadar. Y no va a tardar demasiado. Creo.




(Imágenes sacadas de aquí, aquí y aquí)

domingo, 28 de octubre de 2012

Lisboa

Pues eso. Que decía he-lènic en los comentarios si no me iba de viaje de novios  y sí, a Lisboa nos fuímos. Yo preferiría París o Florencia, todo sea dicho, pero Z. opone cierta resistencia a subirse en un avión. Por eso nos pasamos un día entero viajando y gastándonos una pasta en los billetes de los tres trenes que tuvimos que coger cuando por veinte euros podíamos pillar un vuelo y estar allá en una hora. Pero vamos... no le guardo ningún rencor, ¿eh? Ninguno. Casi. 

Cuando viajamos solemos hospedarnos en lo más barato que encontremos pero por una vez quería saber qué se siente durmiendo en una cama sin hormigas o con un colchón decente. Y cojí un cinco estrellas. Ahí, dándolo todo. Era una oferta especial, claro. Así que cansados y sudados después de pasar el día pillando trenes (eso sí, vimos mucho paisaje), cruzamos el vestíbulo del cinco estrellas. Yo no tenía maletas de Loius Vuitton que ofrecerle al botones, así que ante la opción de darle mi mochila Kelme le dije que ya la llevaba yo, todo con mucha dignidad. Que no se note que en mi vida he usado tarjeta para entrar en la habitación en vez de llave.

Lo mejor de las cinco estrellitas era el estupendástico buffet de desayuno. Allí había de todo. De todo. Embutidos, quesos, yogures, zumos, varios tipos de pan y bollería, fruta, cereales... No había galletas. Eso no. Pero yo no me acordé de ellas hasta ahora. Ay, no, calla, lo mejor del hotel es que estaba emmoquetado de arriba abajo. Y aquí es cuando el placer del silencio cobra significado. Nada de taconeos de otros huéspedes en las habitaciones contigüas o por los pasillos, nada de objetos que sea caen. Nada.

Yo soy de planear muy mucho los viajes pero este fue algo improvisado por eso llevaba apuntado como sitio a visitar, con exclamaciones en plan "notelopierdastía", la dirección de un restaurante que, no sé porqué, se me antojó era un museo.

La ciudad está llena de edificios antiguos con unas fachadas preciosas. Por desgracia la mayor parte están abandonados, parece que la gente prefiere vivir o tener sus negocios en edificios nuevos de la periferia antes que en uno rehabilitado en el centro.



Sufrí durante toda la estancia porque hay tiendas y mercadillos con antigüedades a cada paso, que son una de mis perdiciones. Tuve la suerte de que nos coincidió con el segundo fin de semana del mes, que es cuando se instalan una veintena de puestos en la Avenida de la Libertad (para quién vaya a ir y le interese). Cayó en mis manos un anillo de plata al que le echo como mínimo cuarenta años. Y también una lámina de principios del 1900 de este óleo de Simonet, un pintor valenciano.


El cuadro se llama "Y tenía corazón". Y sí, ya sé que no es el tipo de lámina que la gente colgaría en sus salones. 



Esto es en la Plaza del Comercio. El Arco de Santa Augusta, calle en la cual casi me atraganto con el zumo de "ananás" porque nos ofrecieron hachís varias veces mientras paseábamos. Parece ser es común. 

Me gusta mucho callejear cuando viajo. Suelo ir a todos los sitios andando y tengo la máxima de "Volver por el mismo sitio que viniste, jamás" para ver lo máximo posible. El primer día fuímos a Belem, intentando aprovechar que la mañana de los domingos los museos son gratuitos. Bien. Tres horas andando nos llevó llegar. Con chaparrón en medio incluído, y sin paragüas. Cuando llegamos al Monasterio de los Jerónimos alcancé la gloria. Un poco más allá está la Torre de Belem. 


Y mirad bien esta terraza.


No, no la habéis mirado bien. Volvedla a mirar. Si un día vais a Lisboa, al barrio de Belem, y reconocéis esa terraza, ¡no toméis nada en ella! Moriréis petrificados antes de que os sirvan. Huíd, malditos, huíd de allí a otro lugar. Ancha es Castilla, amigo Sancho.

Ese dia llegamos al hotel en taxi. Estábamos cansadísimos. Y nos llevamos la sorpresa de que los taxis portugueses son mucho más asequibles que los españoles. Y nos prometimos que no nos íbamos a meter más esas caminatas, que para algo estábamos de vacaciones. 

El día de nuestra llegada, el día anterior,  habíamos intentado ir hasta el Castillo de San Jorge, pero a la altura de la Catedral abortamos misión porque era ya tarde y aún nos quedaba un buen trecho para llegar. Al día siguiente de la caminata a Belem decidimos ir. Andando. Porque somos así de... ¿bobos? El caso es que llegamos, casi muertos pero llegamos. Y estas son las fotos que saqué: 



Un gato y otro gato, porque era de noche y no se veía nada de las ruínas.

También fuímos al oceanario dónde había rayas enormes y caballitos de mar y un pulpo gigante y pingüinos y aves marinas... Ah, y uno de mis animales favoritos, las nutrias. Que estaban terriblemente estresadas. 


Una siesta se estaban echando. 

La última noche cenamos en una calle turística (Portas de San Antón) y aunque solemos meternos dentro nos quedamos en la terraza para escuchar a los músicos callejeros. Tan pronto nos sentamos apareció un chico de sombrero, yo creo que tenía raíces jamaicanas o algo del estilo, que con su guitarra se puso a versionar a Metallica, Sinatra, Guns'n'roses y varios más. ¿La palabra? Espectacular. La piel de gallina. Fuí a echarle una moneda y quería sacarle una foto pero era tan guapo que me dió vergüenza (hacerle la foto, la moneda sí llegué a dársela) y volví a sentarme y continuar con mi caldo verde. El pobre no sabe que aquella cena con la mejor compañía (Z., of course) y disfrutando de su música es uno de los mejores recuerdos de Lisboa. 

A quién quiera ir le recomiendo dos cosas que yo no pude ver. El Palacio de Foz, para el que hay que pedir reserva si quieres visitarlo y la Iglesia do Carmo, que quedó en ruínas en el terremoto de 1755. 


¿Véis el gato pintado?




viernes, 19 de octubre de 2012

Ya es oficial

Suena... suenan muchas cosas, veréis, pero para empezar "You and I", de Scorpions.

(Aviso, este post os va a parecer un tostón cursi y ñoño, pero quiero dejar constancia del hecho y sus detalles en el blog, así que os fastidiáis)

Allá por Mayo ví que el 2012 estaba siendo una soberana mierda y pensé "¿qué podría hacerlo un año bueno?" Estuve dándole vueltas un tiempo hasta que en Junio lo tuve claro: casarme con Z. Cogí un calendario y me dije: "Quiero que sea un seis, me gusta el seis, y a Z. también". El sábado más cercano que coincidía como seis era en Octubre. Está bien, el otoño también me gusta. Y así elegí el día.

Z. estaba conforme con la idea y empezamos a buscar un sitio. Sería una boda civil, y de ser posible la celebraría en el mismo lugar del banquete. Desde siempre quería que fuese en un pazo, un sitio representativo de mi tierra. Y lo encontré, y de los pocos sitios donde el concejal se desplazaba al exterior. Un pazo pequeñito y escondido, del S XVIII, con una enorme buganvilla que trepaba por toda la fachada. También había un salón rojo con retratos de antiguos habitantes y un jardín con ardillas que correteaban con bellotas en la boca.

El novio hizo una excepción y se puso corbata. Y estaba reguapo.

Mi vestido lo hicieron en un taller de costura tal y como yo lo quería. Encaje de Chantilly y muselina italiana se aliaron para hacer un vestido único para mí. Los zapatos, dorados. El pelo me lo sujeté con dos broches con forma de libélula. Tenían que ser libélulas, por supuesto. Porque las llaman caballitos del diablo y no las quiere nadie, lo que es la mejor razón para que me gusten a mí.

Las alianzas las hizo un artesano. Plata calentada a fuerza de soplete. Cientos de formas y relieves irrepetibles.

El ramo me lo hice yo, que no quería pagar las burradas que pedían en algunas floristerías: margaritas verdes, lisianthus blancos y gerberas rojas. Y hojas de helecho. Y gustó a todos.

Solo mis padres, los suyos, su abuelo y su hermano. Yo no tengo abuelos ni hermanos, mi círculo es pequeño. Seis invitados, boda intima donde las haya. Justo lo que queríamos.

Hubo un cuarteto de cuerda. El dinero mejor empleado. Adoro la música.

La ceremonia se celebró en el exterior, mientras los árboles centenarios nos miraban y el cielo nublado esperaba a que acabáramos para empezar a lloviznar.

Los músicos tocaron el Aria de Bach (conocidísima) y entró el novio, que aunque le repetí el protocolo tropecientas veces fue a sentarse, con la madrina, del lado equivocado (sí, en mi sitio).

Sonó el Canon de Pachelbel (muy conocida también) y entré yo. Con una sonrisa que se me salía de la cara y unas lagrimillas que casi se me escapan de los ojos.

R., el hermano de mi flamante esposo, que va de duro pero es un romántico, leyó un poema de Robert Burns (en gallego, como todo el acto, así que traduzco)

Mi amor es como una rosa roja que florece en Junio. Mi amor es como una melodía dulcemente interpretada, así eres tú, dulce amada. Tan profundo es mi amor que seguiré amándote hasta que los mares se sequen, hasta que los mares se sequen, amada mía, y las piedras se fundan con el sol. Seguiré amándote, amada mía, mientras siga existiendo la vida.

Y la guinda al texto fue le 2º mov. del Invierno de Vivaldi (precioso, ¿no?).

Luego yo dije sí, y el novio también, y nos pusimos los anillos y nos dimos un beso al tiempo que sonaba algo tan alegre como la Sinfonía nº40 de Mozart (pongo enlace de youtube, que las versiones del goear son matadoras)

La Danza Húngara nº5 de Bramhs para celebrar la firma de las actas (me encanta esa pieza).

Y finalmente el tango "Por una cabeza", de Carlos Gardel, que consiguió que el novio mirara a los músicos girando la cabeza como la giraría la niña del exorcista. Debía sonar Bohemian Rhapsody de Queen (de esta no os pongo enlace porque la he puesto mil veces ya en el blog -bueno, va, la versión clásica aquí-) pero no llegaron las partituras a tiempo e improvisaron un tango (como digo muchas veces, en mi vida no hay nada perfecto, y me gusta así).

Fotos, aperitivos, risas, más fotos. Corte de la tarta con la katana que me regaló hace nueve años (el primer regalo que me hizo) y comilona. Y champán, y regalos personalizados para los invitados y más risas. 

Y por fin en casa. 






domingo, 30 de septiembre de 2012

Que a la gente como yo sólo nos interesan las estrellas...

Suena "Rincón exquisito", de Second (¿no es absolutamente preciosa?)

..."Desde aquella habitación, desde aquel rincón tan exquisito, lanzamos un mensaje para todo el universo"... 

S. es un amigo mío que buscaba quién le vendiese algo de maría. T. es mi vecina, entusiasta fumadora que desde hace un tiempo también cultiva.

Yo no fumo y la única vez que me fumé un porro (celebrando conmigo misma mi 30 cumpleaños) lo único que conseguí fue una taquicardia considerable. En mayo pienso plantar semillas y reconciliarme con la marihuana. Pondré todo de mi parte, a ver ella cómo responde.

Bueno, a lo que iba.

Sabiendo como sé que S. tiene novia (o algo así) y que es de natural melofollotodo y sabiendo también que T. es muy buena chica pero de estabilidad delicada lo primero que hice antes de ponerlos en contacto fue decirle alto y claro a T. que S. tenía novia. Que hiciera lo que quisiera y se le antojase pero yo no quería verme salpicada después por malos rollos. Y así fue. Se liaron y cuando T. se dió cuenta de que S. no pensaba dejar a su novia ni nada similar hubo lío. Y yo en medio.

Pues se han reconciliado porque a uno le gusta follar y a la otra no le sobra un poco de alegría. Y yo sé qué día toca porque S. aparca el coche en mi calle.

A S. le tengo cariño. Es alto y rubio, de ojos azules y un cuerpazo que... está muy bien el chico, vaya. Y encima es inteligente y simpático, y un cachito de pan. Y me dice que estoy tó güena y yo me río y hago como que le creo mientras le apunto al pecho con el índice y le digo que no me agote a la vecinita.

Pues esta noche estaba mirando por la ventana cuando veo llegar el coche de S. Y no aparca delante de la casa de T., que está casi al lado de la mía, sino bastante antes, para que yo no lo vea.

Le he mandado un mensaje cachondeándome un poco de sus tretas, y él me ha llamado capulla, y yo le he dicho que pa capullo el suyo, y él se ha cagao en tó porque le he pillado.

Y no dejo de pensar el poder que tenemos sobre los demás a veces sin percatarnos. Cuatro comentarios tontorrones y consigo que un tío de 1'90 se esconda de mí para follar. Aún no debió darse cuenta de que soy pequeña y absurda y de que no quiero tener poder sobre nadie, que a mí lo único que me interesa de noche es mirar un ratito las estrellas antes de bajar la persiana.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Hojas viejas

Suena The concept, de Teenage Fanclub.


"...que, después de haberme dicho que los dragones no existían, me condujo a su guarida."

Dedicatoria de "Alguien voló sobre el nido del cuco", de Ken Kesey.


Mi mesilla de noche:




No puedo evitarlo, me gustan los libros de segunda mano. Con su olor entre ácido y amargo (sí, describo los olores con adjetivos de gusto, qué pasa), sus páginas amarillentas, las notas de otros lectores que a veces te encuentras mientras los lees, esas portadas tan especiales y bellas de algunos... 

No me gusta quedarme con libros que no me han enganchado así que cuando junto tres o cuatro me voy a la tienda y los vendo. Y me dejo el doble de lo ganado en nuevas adquisiciones. Bueno, nuevas igual no es la palabra más acertada. 

Esta vez han caído siete: Oliver Twist (Dickens), Alguien voló sobre el nido del cuco (Kensey- ¡edición del 62!-), Niebla (Unamuno), La gata (Colette), Cielos de barro (Dulce Chacón), El porvenir de mi pasado (Benedetti) y La hojarasca (García Márquez). Como ves tengo tendencia hacia los clásicos. El último gordote era el que estaba leyendo y al que he dado un descando (o me lo he tomado yo), el tercero de la saga "Canción de hielo y fuego" (¿Se puede tener un título más bonito?). 

Y vamos, que voy a estar muy ocupadita este mes (sí, solo un mes, leo muy rápido, en una semana ya he acabado tres). 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Freddie, mon amour.

 Un 5 de Septiembre nació mi adorado Freddie Mercury, que además también era gatófilo (La canción Delilah -clic para escuchar- está dedicada a su gata). Ya lo recordaba el otro día Naar y, como ella, yo también prefiero celebrar la fecha de su nacimiento y no la de su muerte.















Puro espectáculo en el escenario, buscad el conocido concierto de Wembley del 86, por ejemplo, y veréis lo que es un artista. Qué voz, qué forma de moverse, qué todo. Y mira que es delgadito, con bigotazo, y con los dientes que se le quieren escapar de la boca... pero yo me lo comería. Enterito. El bigote también.

Bohemian Rhapsody es una canción muy especial que la primera vez que la oí no me gustó nada y ahora me encanta (tanto que cerrará la ceremonia -civil- el día de mi boda).

Don´t stop me now es mi canción. Me acompañará siempre. Tiene un ritmo espectacular que te levanta el ánimo hasta en los peores momentos. Nada como hacer el indio un rato bailandola de una esquina a otra de la habitación (o de la casa) para notarte mejor.

Y para finalizar un vídeo con la canción homenaje que le compusieron sus compañeros de grupo cuando falleció, No one but you.






jueves, 30 de agosto de 2012

Rasrasrasrasras

Suena "Girl, you don't have a heart", de The unfinished sympathy. 

Abro los ojos en la penumbra. El móvil en la mesita me recuerda la chorra que tuve con la última partida de Apalabrados, sí, la que gané por tres puntitos en la última jugada a uno que tenía cien veces mejores estadísticas que yo. 

Estamos de vacaciones y yo podría yacer con Morfeo hasta las dos de la tarde, pero invariablemente me despierto temprano. Y me aburro. Miro a mi compañero que duerme envidiablemente apacible a mi lado. Nunca ronca, respira suave como un gato. Me giro y lo abrazo con una pierna. 

-¿Estás despierto?... -digo deseando despertarle.
-Mmm.. más o menos...
-¿Nos levantamos? 
-¿Qué hora es? -no parece muy convencido.
-Las once -miento descaradamente.
-Anda ya...
-Hay que hacer la compra. 
-...
-Hay que comprar cerveza, pan, latitas para los gatos, repollo, puerros... ¿Qué más? 
-Pues.. no sé...
-¿Hay zumo?
-Se acabó ayer. 
-Pues zumo también. ¿Se te ocurre algo más?
-...
-...
-...
-Valevalevale, no tan rápido, espera que voy a por bolígrafo y papel. 

Y ríe. Y me pongo ñoña y me suena su risa como el sonido del agua fresca de un arroyo. Y pienso que quíén coño quiere levantarse estando tan bien allí con él. 

Rasrasrasrasras suena en la puerta de la habitación. El gato T. y su señal mañanera de que se le ha acabado el pienso.

viernes, 24 de agosto de 2012

Es hora de morir

Me levanto y, aún con el sueño por sombrero, me asomo a la ventana.  La calle me saluda con sus charcos  recién formados, sin ápice de vergüenza por mostrarlos en agosto. Tan pronto salímos de casa la lluvia estival nos acompaña, y así toda la mañana.  

Mal día escogí para calzar zapatillas, pienso mientras miro las mías volar sobre el empedrado de la zona vieja. Con dos esponjas en los pies la recorro haciendo recados. De regreso a casa cruzamos el Obradoiro esquivando decenas de turistas. Vamos cogidos del brazo, maquinando un videojuego macabro en el que den puntos por dejar la plaza desierta. Y no deja de llover mientras el viento nos tuerce el paragüas y el agua me pega al cuerpo la ropa.

En el súpermercado sabrosas viandas caen veloces de los estantes al cesto: uvas, yogures, zumo, chocolate... El pelo mojado empieza a tomar forma de escarola.  "No, la arena de los gatos no la metas en bolsa", le digo a la cajera. Cuando recoge el cambio Z. me da monedas para el que pide en la puerta.

Llego a casa y, mientras mi pareja coloca la compra, les doy pienso a los gatos. Subo las escaleras y entro en el dormitorio desvistiéndome. La camisa mojada ha formado una segunda piel en mi brazo derecho. Su cadáver queda colgado de la manilla de la puerta. El gato A. me mira pelearme con los pantalones húmedos. Ruedan al suelo un par de bolas de calcetín. Me dejo caer en la cama y me tapo con la colcha. Viene también el gato T. Los dos me ven enroscarme como un erizo, segura de que como no entre en calor me pasaré una semana con catarro. 

Debajo de la colcha pienso en cosas en las que no quiero pensar. Intento pensar en algo en lo que sí quiera pensar y recuerdo la peli que ví ayer. Blade runner. Ridley Scott aún debe estar preguntándose cómo demonios consiguió él hacer una peli tan buena. Pienso en Roy Batty bajo la lluvia, con una paloma blanca en una mano y un clavo atravesándole la otra. Recuerdo sus palabras exactas...

"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir"  

La mano sin vida relaja los dedos y la paloma es liberada. 

Pienso en alguien a quién quise, en que ya no está, y en cómo se fue. Todos esos momentos se perderán, me digo, en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Acaricio despacio una garra de mi gato, que se duerme pegado a mi vientre.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El diablo y yo

El diablo y yo nos entendemos
como dos viejos amigos.
A veces se hace mi sombra,
va a todas partes conmigo.
Se me trepa a la nariz
y me la muerde
y la quiebra con sus dientes finos.
Cuando estoy en la ventana
me dice ¡brinca!
detrás del oído.
Aquí en la cama se acuesta
a mis pies como un niño
y me ilumina el insomnio
con luces de artificio.
Nunca se está quieto.
Anda como un maldito,
como un loco, adivinando
cosas que no me digo.
Quién sabe qué gotas pone
en mis ojos, que me miro
a veces cara de diablo
cuando estoy distraído.
De vez en cuando me toma
los dedos mientas escribo.
Es raro y simple. Parece
a veces arrepentido.
El pobre no sabe nada
de sí mismo.
Cuando soy santo me pongo
a murmurarle al oído
y lo mareo y me desquito.
Pero después de todo
somos amigos
y tiene una ternura como un membrillo
y se siente solo el pobrecito.

Jaime Sabines

jueves, 16 de agosto de 2012

Filosofía gatuna: ahorrar recursos, menos es más.

A veces soy insoportablemente perfeccionista. Esto me viene bien para sacar buena nota en los trabajos o ser una empleada apreciada (aquellos tiempos en los que trabajaba). Sin embargo la mayor parte de las veces me hace gastar demasiada energía.

¿Qué descubro que hay una mancha detrás de un cuadro? Cojo rodillo y pintura y la cubro. Está detrás del cuadro, no se ve, nadie sabrá que está ahí salvo yo. Y ese el problema, que yo lo sé y ella susurra mi nombre por las noches hasta que la pinto.

Pusimos unas escaleras de madera en casa para poder llegar a la buhardilla. Ante su valía (tres mil eurazos) y lo nerviosita que me pone descubrir el suelo rayado (junto con el hecho de que a los gatos les encanta echarse carreritas por ellas) las forré de arriba abajo con unas láminas de corcho. Cortar las láminas a medida del escalón (no son todos iguales) y pegarlas con cinta de doble cara nos llevó dos tardes. Unos meses después nos encontramos con que el corcho se deshace y aquello ensucia más que proteje. Quitamos todo. Todo. Nos llevó...yo qué sé la de tiempo que nos llevó, nunca hubo una cinta de doble cara que pegara tan bien como aquella. Más energía perdida.

Antes de hacer cualquier trabajo de bricolaje necesito una sesión de coaching, de apoyo moral, porque el esfuerzo mental para mí es nivel "estudiando para la asignatura más dura de la carrera". Yo no hago apaños o remiendos... yo necesito que quede perfectísimo aunque me tenga que pasar dos días colocando milimétricamente recto un estor (sí, dos días, al primero decidí postponerlo porque me estaba poniendo de los nervios). Los estores son mi bestia negra, lo confieso.

¿Qué sucede el aciago día en que yo pienso "necesito un edredón"? Que es el precedente al peregrinaje por tres centros comerciales, treinta y siete tiendas y el paso de 328 edredones ante mis selectivos ojos. Y no tendrá fin hasta que encuentre "el edredón". Encontrar un cabecero para mi cama me llevó más de un año así que cinco semanas buscando un cacho de tela para no pasar frío es lo normal en mí.  

El aplique para la luz del espejo del baño está a un palmo de dónde debería estar, y el espejo encima es redondo. ¿Qué importa que el espejo sea redondo? Sí, importa. Si la paranoia es lo suficiente grave puede transformarse en tu pesadilla. ¿Qué tipo de luz le queda bien a un espejo redondo? Con dos focos a mí se me parece a una cabeza con antenas, con uno parece un gorrito ridículo, en forma de barra le queda fatal... Y una vez lo encontrara tenía que tener la base lo suficiente ancha para disimular que el agujerico estaba torcido. 

Tras mucho buscar y rebuscar y al borde del desquiciamiento la parte más lúcida de mi mente (neurona y media) me envió un mensaje. ¿Qué hacían mis dos gatos mientras nosotros colocábamos el corcho que después hubo que quitar? Juganban con los trozos sobrantes. ¿Qué hacían mientras lo quitábamos? A. tomaba el sol y T. estaba a unos metros de nosotros durmiendo la siesta. ¿Qué hacían mientras yo perdía la cordura a causa de un mezquino estor? Daban su paseo nocturno. 

Envidié profundamente la sencillez de su vida feliz. 

Y entonces Z., mi compañero, dice: ¿Y por qué no subimos el espejo más arriba, tapamos el agujero y nos ahorramos el dinero del aplique? 

Solución felina, sin duda. Dicho y hecho, ya no hay problema.

¡Me voy a casar con un gato!  

Aquí están mis bichos, predicando la filosofía gatuna. 


P.D. No, el agujero no susurra mi nombre por las noches.

Segunda P.D. Z. no se llama Z. Es decir, su nombre no empieza por Z., pero es su letra desde hace años, y ahora también mía.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Con ella me defenderé de los malvados...

Me llena de orgullo y satisfacción colgar dos cutrefotos sobre mi más reciente adquisición. Hace mucho tiempo que la quería. Y la ví. Y no pude pasar de largo. ¿Un bolso de un diseñador de alta costura ? ¿Un cachivache informático de última generación? No, mucho mejor.


 ¡Una pistola de burbujas! Con dos repuestos, ojo, alta gama. (A ver, ¿qué esperabas? A alguien con pijama de Barrio Sésamo no le pidas cosas normales)

¿Qué pa qué quiero yo eso? Pues porque me gustan las burbujas, ya ves. Eso sí, reconozco que no resultó tan idílico como podía ser, que el suelo queda de lo más resbaladizo después de quince minutos dándole a la pistolita. También tiene el problema de que hace un ruído infernal que solucionaré cortando el cable adecuado en cuánto sepa cúal es (esto en las pelis suele acabar con un BOOM).

Aquí está T. que entre las lucecitas del aparato y el ruído tiroriro no tenía la menor atención de acercarse.


Otro incoveniente es que no es fácil que las burbujas salgan bien en las fotos. 

Por desgracia estaba con unos conocidos y reconozco que me dió algo de vergüenza comprarla. Sobretodo a la tercera vez que preguntaron "¿Pero de verdad que es para ti?". Ahora ya se me ha pasado, claro. Feliz que estoy, y en cuánto le quite el ruído de feria que hace los gatos y los vecinos lo estarán también. 

viernes, 3 de agosto de 2012

Un vinito, dos vinitos, tres vinit...

Smile, de Lily Allen.



Un sábado indeterminado. 4 am, hora zulú.

Z., mi compañero, no tiene noticias mías desde hace unas horas, cuando me marché a celebrar un cumpleaños con unos amigos. Decide llamarme.

Yo- Hola

Z- Hola, ¿dónde estás?

Yo- En la calle, buscando a un erizo.

Z- ¿Un erizo?

Yo- Sí. Iba por la calzada andando y yo quería echarlo para el prado, que el sólo no va a ser capaz de subir la acera. Bueno, la verdad es que los erizos cuando andan así a cuatro patas son bastante feos, ¿sabes? Son más bonitos cuando están enroscados. Pero ahora no lo encuentro.

Z- A., pasa pa casa, anda.

Yo-  Sí, tengo que reconocer que estoy algo borracha.

Z- Ya veo, ya. ¿Ya se fueron los otros?

Yo- Sí. Le dimos el pastel y la tarjeta y sacamos fotos. Bebimos vino y luego cañas, y luego vino otra vez y creo que cené poco porque se me subió todo muy rápido. Y luego L. y yo queríamos ir a la noria pero los otros no y entonces tomamos unos tequilas y nos fuímos. El erizo debió de meterse debajo de los coches, no lo veo.

Z- ¿Estás cerca de casa?

Yo- Sí, al lado casi.

Z- Venga, pues vente para casa y deja al erizo que se las arregla solo.


Y le hice caso, porque el erizo no debió de fiarse de ese ser algo tambaleante que se le acercaba y se escondió bien escondido. He de decir que no estaba borrachaborracha, nunca bebo tanto como para estarlo, pero algo contentilla y mareada sí. Z. y su hermano se cachondearon un poco del erizo y de mí al día siguiente. En el fondo creo que Z. sabe que si no hubiera bebido habría hecho lo mismo.


viernes, 20 de julio de 2012

Y así transcurren los días

El que se lava la cara sin darse cuenta de que lleva las gafas puestas me llama despistada porque la mitad de lo que busco no está en su sitio: el libro encima de un radiador, el móvil en la repisa de la ventana y el gato encerrado sin querer en el cuarto de la lavadora. 

El otro gato no ve que me acerco por detrás y cuando le acaricio el lomo se da media vuelta y me firma el antebrazo con sus tres uñas más letales. Tras unos minutos de negociación para que deje de erizarse como un pompón le convenzo con unos mimos cordiales. Le subo a mi regazo y le beso la mejilla, ahí dónde le asoma el colmillo. Me mira y me sugiere que si le doy latita me perdona el susto. 

Compro un jazmin para que trepe rodeando la puerta del garaje. Necesito piedras, grava o lo que se tercie para ponerle en el fondo de la maceta para que drene bien. Busco y rebusco y no encuentro nada. Pienso en el juego de café tan horrible que me compró en los chinos una prima. Me digo "Es un regalo. No puedes hacer eso." Me digo "Es horrible, no voy a usarlo jamás de los jamases. Sí puedo hacerlo." Uno tras otro platillos y tacitas desfilan antes mí. Martillazo y para la maceta. Me siento como si estuviese escondiendo un cadáver. El jazmín luce esplendoroso estos últimos días de Julio. El olor de sus flores se percibe desde la acera. 

Inspirada por las bicis que ví en Alemania medito la posibilidad de llenarle a la mía de flores el volante. Pienso si no parecerá más bien un coche de funeraria.  Decido que mejor le pongo sólo una. 

Para el próximo curso estaré cargadísima de asignaturas. Si quiero acabar la carrera de una vez sé que me esperan nueve meses de dedicación académica absoluta. Voy haciendo todo lo que tengo pendiente por hacer. Acabar aquel lienzo. Vender aquellos libros que no me gustan e invertirlo en nuevos títulos. Poner en marcha el proyecto de aquella web. Adecentar el jardín. Escribir más y empezar el relato que tengo en mente. Hacer la limpieza general. 

Sí, hago limpieza. Vacío armarios, limpio todo y coloco las cosas de nuevo. Ordeno estanterías y me deshago de lo que ya no es útil, ni bello, ni me hace sentir bien. Quito el polvo a las lámparas, que den luz. Abro ventanas y aireo colchas y edredones. Lavo alfombras y las tiendo a secar al sol.

Limpieza por dentro y por fuera. Acabo cansada pero contenta. Siento que todo va como tiene que ir. Hacia adelante, siempre.

martes, 17 de julio de 2012

Deutschland y yo

A Alemania me he ido. Diez días con mis padres, pensé que no sobreviviría pero lo he hecho. Y hasta lo he disfrutado. 

Desde los dos años que no subía en avión. Y he flipado en el despegue. En los cuatro despegues que he hecho estos días. Da igual cuántos vuelos coja, el momento en el que dejas tierra y subes hacia el cielo siempre me parecerá impresionante.

La zona en la que he estado está al sur, Karlsruhe, al lado de la Selva Negra. Estuve viviendo con familiares que tengo allí y me lo pasé pipa con sus dos perros.  CH. es un carlino buenazo y tranquilo. Aquí el pobre creo que sale con los ojos cerrados (a los perros también les pasa).


A CH. lo trae por la calle de la amargura P., que es una mezcla de chihuahua y pequinés de lo más belicosa, un trasto que no para quieto, y cuando lo hace no es a la distancia adecuada. Aquí le había cogido el chupete a un niño, en ese momento estaba a punto de soltar el chupete únicamente para intentar sustituírlo por la tapa del objetivo de mi cámara. 


Yo pensaba que los alemanes eran secos y serios, hasta sosos si me apuras. Para nada, por lo menos los que yo conocí. Me pareció gente muy educada, alegres y afables. Con un amor por la naturaleza que ya quisiera yo que abundara más por aquí. Tienen un montón de zonas verdes. No un parquecito, no, ¡bosques!. Con caminos para pasear, correr  o andar en bici. La bici es especialmente usada en la región en la que estuve. Bicis por todas partes, algunas de lo más decoradas.


Todas las casas y bloques de edificios tienen jardincito, en cada construcción es obligatorio dedicarle un tanto por ciento del terreno. Y todos las jardines están cuidados, con una gran variedad de flores y plantas, figuras de todo tipo y otros adornos, ¡son muy creativos!. A nada que te alejes de las calles más céntricas empiezan a aparecer enormes trepadoras cubriendo fachadas, grandes árboles, y todo tipo de vegetación. Se nota que apenas hay contaminación. Nunca había visto tantos abejorros en una ciudad, esta lavanda está llena de ellos aunque no se aprecian bien.


Mientras en Galicia tuvimos que sacar las uñas para que la Xunta no siguiera con su plan de fumigar los bosques sin importarle que insectos como las abejas se fueran al carajo. Todo porque el eucalipto, árbol no autóctono que lo está invadiendo todo, está de capa caída por algún tipo de parásito. 

Los gatos alemanes son igual de maliciosos que los nuestros. Aquí un pájaro tentando a la suerte. ¿Los veis?




Detalle de una fachada, con una estructura para nidos de golondrinas. 



Un comedero para pájaros en un jardín.

Son comunes los clubs de hortelanos (así los llamo yo). Se trata de una serie de parcelitas (con su respectivo pozo y caseta) que se alquilan (unos 200 euros al año) y en los que cada uno puede plantar lo que quiera. Todas las que yo ví me parecieron preciosas. Muy cuidadas y con un colorido estupendo.



También estuve un día en Zürich. Fue emocionante visitar después de tantos años la ciudad donde nací. Por cierto, fue en este edificio tan feocho.



Me pareció una ciudad rara. Sí, rara. Muy ecléctica, con construcciones clásicas (preciosas) alternadas con edificios más modernos, como el más alto de Suíza. La mole negra que se ve en esta foto.


Tiene montaña pero crece a la orilla de un lago enorme. Mientras miraba en una plaza como el cielo aparecía cruzado por el cableado del tranvía se me ocurrió que nos parecíamos bastante la ciudad y yo.




Me vino bien desconectar del día a día. Vuelvo con la mente más clara y limpia que cuando me fuí, y lo necesitaba. He echado muchísimo de menos a mi compañero y a mis dos gatos. Me los he comido a besos a los tres, aunque como era de esperar los gatos pasaron de mí tres pueblos y medio un par de horas, "Ah, ¿pero te habías ido?". Luego ya empezaron a pegárseme y dejarse achuchar.  En cambio la perra de mi madre (a ver, que mi madre tiene una perra, no es que... bueno, me entendéis, ¿no?) le hizo un recibimiento en plan alegría histérica que casi deja al borde del infarto a las dos. Pero bueno, los gatos son así. Y son encantadores de todas formas. Yo, con que vuelvan a mi regazo, como ahora mismo, me conformo.

Por cierto, "waser mit limetten".  Una bebida de zumo de lima con agua y azúcar. Simple pero deliciosa.

sábado, 23 de junio de 2012

La única salida que encontró

Ayer por la tarde hacía mucho calor en aquella ciudad. Nacida en el fondo de un valle, compite cada verano por conseguir las temperaturas más altas de España. Habíamos ido a visitar a la familia y esperamos hasta la media tarde para salir a dar un paseo.  La calle principal estaba llena de gente con la misma idea. Tomando helados o refrescos en las terrazas, caminando mansamente viendo escaparates o esforzándose en calmar la última rabieta del niño. 

Un perro labrador pasó a mi lado. Llevaba su propia correa en la boca, se movía ágil y contento, oscilando el rabo suavemente. De vez en cuando echaba un ojo atrás, comprobando dónde venía su dueña, que charlaba relajada con otra chica. Yo caminaba mientras pensaba que la idea del helado me tentaba cada vez más. 

De pronto un golpe, seco y grave a mis espaldas. Un hombre grita. Mi compañero y yo miramos atrás. Algunas personas corren hacia un grupo de gente que empieza a formarse a unos treinta metros de nosotros. Otros, en cambio, huyen de allí con la cara desencajada. ¡El perro, el perro!, dice alguien. Pienso en el labrador y si lo habrán atropellado. Por un momento me reconforto pensando que es una vía peatonal, el coche no podía ir demasiado rápido, seguro que no es grave. Estiro la cabeza y veo a la dueña que coge al perro de la correa y lo aleja. El perro está bien. Me quedo más tranquila. ¿Qué ha pasado entonces? Eso mismo pregunta una mujer a unas chicas que acababan de pasar a mi lado cuando sonó el golpe. Un hombre se acaba de tirar por una ventana, contestan.

Vámonos, vámonos... le digo a mi pareja.   

"El secreto de la existencia humana consiste no sólo en vivir, sino en hallar el motivo de vivir. Sin una idea clara y determinada del objeto de su existencia, el hombre preferirá renunciar a ella, y se destruirá, antes que permanecer en la tierra" Ivan Karamazov (Los Hermanos Karamazov / Dostoievski)

"Es indudable que no carece de valor el que tranquilamente se mata, porque se necesita de gran fuerza de voluntad para sobreponerse al instinto más poderoso de la naturaleza, y en una palabra, el suicidio es un acto que  más ferocidad que debilidad." François-Marie Arouet Voltaire
  
"No hay nada en el mundo a que más indiscutible derecho tenga el hombre que a disponer de su propia vida y persona." Arthur Schopenhauer

"Abandonarse al dolor sin resistir, suicidarse para sustraerse de él, es abandonar el campo de batalla sin haber luchado" Napoleón

"El suicidio sólo debe mirarse como una debilidad del hombre, porque indudablemente es más fácil morir que soportar sin tregua una vida llena de amarguras" Goethe

 Estas son algunas frases que he encontrado por la red referentes al suicidio. Hoy supe que se trataba de un chico de treinta y pocos que se tiró desde un noveno. Eligió morir, y lo hizo. ¿Era un cobarde porque se rindió frente a la adversidad? ¿Era un valiente porque se rebeló ante una vida que no era la que él quería vivir? ¿Qué sabemos nosotros de lo que pasaba por su cabeza, de su sufrimiento? Imagino su dolor, tan terrible y profundo, su alma encerrada en un lugar oscuro y frío. Sin sueños ni ilusiones, sin más deseo que escapar de todo eso. Lo imagino y me aterroriza porque yo también lo sentí. Y se puede salir, se puede salir hasta del pozo  más profundo, por lo menos en las situaciones que se dan en el primer mundo. Supongo que él no creyó que pudiese conseguirlo. No le disculpo, pero le entiendo.

Se me están poniendo estos mundos de Soliloquios bastante grises. También es cierto que que alguien se mate delante de mis narices no ayuda demasiado. Últimamente escribo más tristezas que otra cosa. Y eso que estoy bastante feliz esta temporada. Intentaré remontar y volver a pintar las paredes con risas y colores alegres. Prometido. Dadme unas semanas.

miércoles, 20 de junio de 2012

¿Estamos gilipollas o qué?

Me ha pasado dos veces esta primavera. Y me está empezando a tocar las pelotas, que ya estoy barajando la posibilidad de que tenga imán o algo. 

A ver. En general no suelo tener conflictos con los demás pero si alguien se mosquea conmigo suele ser porque...

-se me ha preguntado algo y he dicho lo que pienso. Soy sincera y directa, por eso a veces me callo lo que pienso, pero si me preguntan mi opinión sobre algo daré una respuesta clara y transparente, y a veces incómoda.

-soy una desarraigada, como digo yo. Es raro que quiera establecer lazos con alguien más allá de unas cañas de vez en cuando y si lo hago es después de bastante tiempo de conocerle. Por eso la gente se me suele picar porque de cada diez veces que proponen quedar pues yo voy... una. Creo que no nací para socializar, es algo que no se me da bien (algunos dicen que esto no es cierto), o por lo menos no estoy del todo cómoda con otras personas. No siento ese sentimiento de manada que se supone debería sentir como animal gregario que es el ser humano. 

Esta primavera, como decía, me ha pasado dos veces lo siguiente: imaginaos que un conocido os pega un tortazo. Así, sin venir a cuento. Entonces vosotros reaccionáis devolviéndoselo. Entonces el conocido en cuestión monta en cólera porque tú, oh tú, malvada criatura, le has atacado a él, que tanto había hecho por ti.  Porque eres un ser venenoso y endiablado y blablablá.

Y así ha sido en las dos ocasiones. Las dos personas en cuestión se han ido de mi vida con el pecho henchido de supuesta dignidad a pastar a prados más verdes, porque yo soy una muy mala persona que les he dicho cosas horribles y horripilantes y no merezco el perdón de jesúsnuestroseñor. 

Pues bueno. Debo de tener cara de pánfila porque no sé en qué momento se les ocurrió que podían escupirme en la cara sin que yo objetara nada al respeto. No sé en qué momento se les ocurrió pensarlo pero... se equivocaban. 

Y me pregunto si yo hago lo mismo. Si me puede el egocentrismo y no veo más allá de mis propias narices y mi propio ombligo, sin ser capaz de reconocer cuando me han dado una mala respuesta porque me la he ganado a pulso. Y coño... yo pienso que no, de verdad. Pienso que a veces tengo un pronto jodido pero para que diga algo hiriente tienen que apretarme mucho las tuercas, para que dispare con bala tengo que estar muy muy dolida. 

Y no sé. Que igual empiezo a sacar ese fondo borde y seco que tengo antes de que intenten pisarme la cabeza, como estos dos, por eso de ir dejando claro que la tonta del pueblo también tiene dientes con los que morder.

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viernes, 8 de junio de 2012

El malvado Carabel (extracto)

(Otro post rescatado del cajón. Éste porque con pocos textos me he reído así, de Wenceslao Fernández Flórez, en 1931)

Amaro Carabel, tras ser despedido injustamente, decide convertirse en delicuente, convencido de que su honradez y bondad sólo pueden traerle desgracias. He aquí uno de sus múltiples intentos:

Nunca se supo como Amaro Carabel llegó a apoderarse de la caja de caudales de la Sociedad de Seguros mutuos "La Precaución" (...) La policía supuso que fueron varios los ladrones; pero puede afirmarse que únicamente Carabel acometió una hazaña para la que, en verdad, era precisa una fuerza muscular extraordinaria, porque la caja pesaba considerablemente y el esfuerzo de un individuo de tan escasas energías como Amaro sólo puede explicarse después de haber leído las teorías de Tomás de Quincey acerca del crimen.

Carabel se encontró en la imposibilidad de abrir la fuerte arca de hierro. Excitado por tan desgraciada incapacidad, concibió una desesperada idea: la de arrojar la caja desde la altura de aquel quinto piso a un solar dominado por la terraza desde la fachada lateral. Así lo hizo, aunque tuvo que trabajar hora y media en llevar aquel armatoste hasta la balconada. Oyó el golpe y se retiró rápidamente, pensando "¡Se ha hecho polvo!". Pero cuando llegó a la calle y entró en el solar por el hueco de unas tablas podridas, vio con profundo disgusto que la caja estaba tan hermética como antes y que únicamente presentaba una abolladura en la esquina antero-inferior derecha (...).

Éste fue el principio de una serie de viscisitudes que no es posible referir muy detalladamente por el misterio en que Carabel ha querido conservar siempre los episodios de la aventura. Sin embargo, en el cuaderno de cuentas de la tía Alodia, se puede leer la nota de un préstamo hecho aquellos días a su sobrino "para el pago del alquiler de una casita en el camino de Getafe"; lo que sugiere la sospecha de que Amaro llevó el caudal y el arca inseparable que lo contenía a alguna vieja vivienda de Madrid, donde intentó manipular sin atraer la curiosidad y los malos pensamientos de los hombres.

En el mismo cuaderno, (...) aparecen estos misteriosos renglones que, bajo nuestra responsabilidad , deben ser relacionados con el suceso:
Día 8.- Por adquisición de un martillo, 10 pesetas.
Día 12.- Por otro martillo mayor, 20 pesetas.
Día 16.- Por otro martillo más pesado, 40 pesetas.
Día 18.- Por un frasco de embrocación para los brazos y la espalda de Amaro, 5 pesetas.

Es muy difícil reconstituír exactamente la vida de Carabel en esa etapa. Puede afirmarse tan sólo que se notaba en él una gran preocupación durante el poco tiempo que permanecía con su familia, porque parecía atacado de un gran cansancio físico (...) Hablaba muy poco, y casi siempre para expresar ideas extrañas. Así, una noche en que el señor Ginesta leía en el "Alrededor del mundo" un relato de los esfuerzos y sacrificios que costó abrir el Canal de Suez, se vió interrumpido por una carcajada de Carabel, tan sarcásticamente despectiva que el lector se creyó en el caso de interrogarle acerca de su significación, sin que consiguiese de Amaro otra respuesta que la siguiente:

-¡Si no hubiese en el mundo nada más difícil de abrir que ese canalillo!...

Otra vez, luego de seguir atentamente las manipulaciones de su tía, que preparaba una caja de sardinas, le arrebató con brusquedad el abrelatas, lo contempló con una mirada ansiosa y lo arrojó después, al tejado, mientras murmuraba con amargura: "Sí..., sí; en teoría está bien..., pero tampoco sirve..."

Algunos indicios, penosamente recogidos aquí y acullá, pueden ser interpretados sin grandes dificultades. Se sabe que ofreció 25 pesetas al maquinista de la apisonadora que por aquellos días trabajaba en el arreglo de la carretera de Getafe, si se avenía a hacer pasar el cilindro sobre un bulto que él llevaría cuando los obreros se hubiesen retirado; proposición que el honrado individuo rechazó fríamente por temor a incurrir en responsabilidades, ya que, según dijo después, nada hay que despierte tantas ideas trágicas entre la gente del campo como una apisonadora. Numerosas veces, si han de creerse sus palabras, le habían tentado (...) para aplastar viejas que no querían morirse y niños que se habían obstinado en nacer. También los suicidas solían hacerle insinuaciones mientras miraban el ingente rodillo con ojos de gula.

Mucho tiempo después de tal época, cuando ardió en los barrios bajos un almacén de madera, Carabel, que se encontraba entre los curiosos, no pudo contener esta observación (...): 

-En esa terrible hoguera es posible que se ablandasen las paredes de una caja de caudales, pero con un hornillo de antracita no se conseguiría más que calentarlas un poco. La antracita no vale para nada. 

(...)
Cuarenta y ocho horas más tarde se oyó, cerca de la casita alquilada por Carabel en la soledad del campo, el estampido de un cartucho de dinamita. Al día siguiente, otra más fuerte detonación. Y en la madrugada de un domingo, otra, seis veces más estrepitosa, que hizo escapar a todos los pájaros de media legua a la redonda. Un sujeto que pasaba a mucha distancia, contó después, en la primera taberna que encontró en el camino, que había visto elevarse en el espacio un objeto de forma cúbica y volverse a abatir.

Finalmente, el tren de mercancias número 26, tropezó en la noche con algo que el maquinista creyó que era un piedra desprendida sobre la vía, en la línea férrea de Getafe. El tren arrastró, a topetazos, aquel trozo de roca, y lo lanzó por un terraplén. Este es el último detalle que figura en nuestras notas relacionadas con el robo de la caja de caudales. 

(...)
El director general de Seguridad recibió la siguiente carta:

"Señor:
La caja de caudales de la sociedad de Seguros "La Precaución" está al pie de uno de los derrumbaderos de los Siete Picos (...). El rastro es fácil se ser hallado, porque al caer desde la cumbre la caja fue tronchando árboles y quebrando peñascos. No obstante, continúa más apretadamente cerrada que el nefasto día que la construyeron.
Si usted es un hombre justo, señor director, felicite al fabricante de esa caja. Y hágale también presente mi admiración, porque yo ignoro sus señas. ¡Qué hombre, qué grande hombre! He aquí un industrial que puede decirse que no roba el dinero de sus clientes. Me ha perjudicado, me ha hecho sufrir, creo poder afirmar sin exageraciones que acabó de arruinarme; pero le admiro. Su caja pudo siempre más que yo. La abandono porque el empeño de abrirla, que hasta ahora no fue más que obsesión, amenaza convertirse en locura. La última vez ya no empleé el fuego ni el hierro: la última vez me puse de rodillas para rogarle. Mi vida iba a ser una pugna entre esa caja y yo. En un momento de lucidez, decido alejar tal riesgo, avisando a usted el sitio donde se encuentra, bajo una ligera capa de tierra, ese prodigio de la industria. ¡Que se la lleven, que se la lleven!
Y hasta nunca más. -X."

jueves, 31 de mayo de 2012

Un secreto


Suena "Crazy little thing called love", de Queen.

Que me caso. En Octubre. Pero shhhh... no digáis ni una palabra que aquí no lo sabe nadie aparte del novio y yo, ¿eh? Es un secreto. Y así tiene que ser hasta que ya tengamos todo arreglado y atado. ¿Qué porqué? Pues porque vamos a invitar a... a ver, déjame que cuente... a 6 personas nada más. Eso contando con el abuelo, que como nos dé un disgusto nos quedamos con 5 y a ver quíen lleva después las arras (que no, que es broma, que no va a haber pásameesasarras). También porque no me apetece ver a mi madre cacareando histérica los cuatro meses que quedan por delante. Ni a mi padre publicándolo con altavoz por el barrio (y a donde no llegue enviará recado). Ni a los papás empeñándose en pagarlo todo ellos (que se lo agradezco, pero no es plan de aprovecharse). Ni al gilipinchi de turno preguntando que cómo no invitamos al resto de la familia o que porqué no nos casamos por la iglesia "con la ilusión que le haría a tu padre". 

Y nada, que a buscar un sitio especial donde hagan ceremonias especiales y banquetes para ocho también muy especiales y bien sabrosos. Y un vestido, y unos zapatos, ¿y el pelo? ¿qué hago con estos rizos? Y quiero un cuarteto de cuerda que me toque el canon de Pachebel o la versión clásica de alguna canción de Queen. Y unas alianzas de tungsteno, paladio, titanio o platino (o plata, pero no de oro) Y alquilar un coche de los años veinte. Y un novio con corbata tipo slim. Y... 

Estoy pensando que la corbata slim es lo que más barato nos va a salir. 

martes, 29 de mayo de 2012

Nostalgia

Hoy de pronto me acordé de ti. Y digo de pronto porque no me lo esperaba. No hubo nada que fuese la clave para recordarte, nada que tejiera un hilo entre tú y yo. Simplemente estaba con la mirada perdida en algún punto de la pared y aparecieron tus ojos de perrillo juguetón y feliz. O igual eres más bien un gato, no conozco ningún perro con los ojos verdes. 

Hace unas semanas estuve buscando en el facebook a gente del colegio. Me hubiera gustado que estuvieras conmigo y reírnos las dos de la boba de M., que siempre nos odió a muerte a nosotras y a todo nuestro grupito. Aún hoy no sé porqué. Quizás porque ella era la del pelo perfecto, la de las deportivas más molonas, la líder del grupo de, como dicen los americanos, las "populares". Y nosotras éramos dos locas que nos reíamos con cualquier chiste guarro, que nos pasábamos en clase papelitos secretos con caricaturas crueles, que jugábamos al nudo en el recreo mientras ellas se sentaban a susurrarse cosas al oído y sonreír a los chicos. Nos odiaba a muerte, supongo, porque osábamos ser diferentes a ella.

Y para qué pienso yo en estas tonterías hoy, si ya es pasado. Pienso en cómo soy, y si te gustaría. Y pienso también en cómo serías tú si aún estuvieras aquí, y si nos llevaríamos bien, como cuando éramos pequeñas. Y pienso que sí. Imagino que de ahí viene toda esta nostalgia. Todo este echar de menos lo que podía haber sido y no le dió tiempo a ser.

Para A., que murió hace ya trece años. 

lunes, 28 de mayo de 2012

Quería un gato negro...

Hoy tengo una confesión que haceros. Me encanta esta canción: 



La sangría estaba cargadita (menos vino y más zumo la próxima vez) pero rica. No había pollo así que no pude compartirlo con el gato bizco. Tienen también un perro hiperactivo que me pone muy nerviosa cada vez que voy. Comí más de la cuenta. Acabé quedándome dormida viendo Cars. Y me ayudaron al fin a instalar el whatsapp. No, no soy mema por no saber instalarlo yo sola, es que mi móvil es sencillico y da problemas con estas moderneces.

Tengo algo de fiebre. Y los morros se me ponen como Carmen de Mairena. Últimamente me pasa cuando estoy más estresada de lo habitual. Y los exámenes me estresan, sobretodo cuando vienen todos juntos. Cuando acabe la carrera lo celebraré con un viaje. Y también empezaré a aprender a tocar el violonchelo. Esto si todo va bien será dentro de un año. A ver. Igual por entonces estoy aquí lloriqueando porque me queda otro año más. 

E igual lo celebro simplemente con un colacao bien frío, tal como está la economía, es lo más probable. 

sábado, 26 de mayo de 2012

Sangría emocional

Suena "Pirata", de Pereza.

Decía Khalil Gibran "Y encontré libertad y seguridad en mi locura; la libertad de la soledad y la seguridad de estar a salvo de ser comprendido, pues quienes nos comprenden exclavizan algo en nosotros."

Y, joder, si se trata de no ser comprendido... soy condenadamente libre. Debería estar feliz, al fin la libertad es lo que siempre he querido. 

Mañana tengo que hacer sangría para lo que los yankis llaman barbacoa y aquí llamamos churrascada. Nunca la he hecho. He mirado recetas y tengo como cuatro o cinco, cada una con un matiz distinto. Que si un chorrito de Countreau, que si zumo de naranja, que si gaseosa, que si refresco de limón... Al final cogeré la jarra de dos litros e iré echando lo que recuerde de las recetas. La base sobre la que se asentará todo es un vino jumilla de 1´95 la botella. Miedo me da.  

Me huelo que acabaré borracha compartiendo mi trozo de pollo con el gato bizco que tienen los que organizan el evento. Y lo peor de todo es que no me disgusta la idea.