martes, 31 de enero de 2012

Efectos secundarios

-El champú de caballo que compré me deja el pelo muy seco
-Así que no es tan milagroso, ¿eh?
-Las primeras veces parecía que bien, pero yo ya lo tengo de por sí seco y ahora lo noto estropajoso. Va mejor para los pelos grasos. Hay gente que está muy contenta
-Pues a mí no me gusta, que no hace espuma.
-Pero tú tienes el pelo graso... ¡te iría perfecto!
-Nononono... yo no lo quiero, que ya me costó un huevo acabar ese de arcilla que me trajiste hace meses. Déjalo por ahí y ya veremos que le hacemos. Podemos usarlo como gel de ducha o para lavarnos las manos. 
-Había una tía toda preocupada en los comentarios de un blog. Que a ver si se había gastado una pasta con el láser y y luego al aclararse el pelo, al caerle el jabón por el cuerpo, si iba a nacerle el vello más fuerte. 
-Hombre, el champú será efectivo pero no tanto...
-Oye... tú imagina que tiene otros efectos...  que lo usamos de gel de ducha y que acabas con la xxxx como la de un caballo... 
-Sí... muy preocupada te veo por el tema... 
-Te voy a poner una cataplasma de champú ahí, a ver qué tal...
-No vas a dormir de la emoción.
-Para usarlo de fregasuelos siempre hay tiempo.




domingo, 29 de enero de 2012

Compensaciones y paradojas, teorías sobre el color.

El hermano de mi novio, R., estuvo de Erasmus en Finlandia. Los fineses son gente muuuuy rara. Son muy poco emotivos, hablan poco (las comidas son en silencio), no son nada risueños ni efusivos. Son... parcos y secos. Un ejemplo. Uno de los amigos de R., español, estaba saliendo con una chica finesa. Ella le comentó que le gustaba determinada marca de té y el novio, días después, le compró una caja. ¿Sabéis qué dijo la pobre mujer cuando se la dió? Que gracias, que nunca habían hecho nada tan bonito por ella. Lo que digo, que no son mucho de muestras de afecto. 

También me contó que las finesas suelen tener mucho colorido en la ropa, horquillas con floripondios y muñequitos en el pelo, etc. Curioso, ¿no? Gente que necesita vestir su exterior de alegría parece que para compensar lo sobrio y de su carácter y sus relaciones personales. De hecho es un país con un alto índice de suicidios.

Una de las personas más alegres, optimistas y vitalistas que conozco tiene su casa pintada y decorada con colores muy neutros: negros, grises, marrones... con formalidad y sencillez. Hace tiempo, cuando yo estaba en mi época depresiva y oscura, imaginaba mi casa pintada de colores radiantes: naranjas, amarillos, verdes... imaginaba un hogar lleno de colorido, quizás porque pensaba que si esa era mi casa es que mi interior también estaría alegre. 

Desde hace un tiempo ya no quiero una casa llena de colorines. Ahora poco a poco, la voy llenando con la serenidad del gris perla y gris plomo, con arenas, con beiges y cremas, blanco roto, chocolates y como mucho algún toque de color suave como el amarillo vainilla o el teja. Desde hace un tiempo no necesito llenar de colorido mi casa, quizás porque ya no tengo un agujero en el alma que compensar, como las finesas con muñequitos joviales en el pelo. Estoy mucho más tranquila y relajada, y también más alegre y feliz. ¿Y tu casa? ¿De qué color es? ¿Y tu interior?

De todas formas esto no es más que una teoría mía que no tiene porque acertar siempre. De hecho lo último que me compré fueron unos pantalones naranja. Ya ves.

lunes, 9 de enero de 2012

Mis libros

Desde hace un tiempo si una película no me interesa, me duermo. De la misma forma, desde hace un tiempo ya no me obligo a acabar los libros que no me gustan. 

Cosas que puedo hacer con el tiempo sobrante:
-Contar un chiste (malo, por supuesto, o por lo menos guarro)
-Preparar y comer un sandwich con su poquito de mostaza y su muchito de canónigos con pepino aliñado y jamón cocido, o pollo. 
-Esconderme detrás de una puerta y pegarle un susto al gato, o a mi novio. A los dos se les dilatan las pupilas como monedas de dos euros. 
-Empezar a pintar de nuevo. 
-Hacer pan en la panificadora, o yogur, o comprobar si es verdad que si sigues batiendo la nata una vez montada se convierte en mantequilla. 
-Hacerme unas tostadas untadas en esa mantequilla. Mmmm...
-Darle un beso sorpresa a mi novio mientras vemos una película de terror. O al gato que probablemente estará en mi regazo.
-Empezar a escribir ese poema que tengo en mente, y continuar con el relato que espera un repaso. 
-Comer mis bombones favoritos hasta morir de empacho y felicidad.

Cuando tengo dos o tres que no me gustaron corro rauda y veloz a la librería de segunda mano. Los vendo y salgo con nuevas adquisiciones. El otro día compré un par en una tienda de muebles usados. 

Me gusta el olor de sus páginas, su color envejecido, las cubiertas raídas, el roce de antiguas lecturas. Dentro me espera alguna frase subrayada, a veces hasta una dedicatoria. Quizás un día una foto o una nota, o incluso una carta escondida entre sus páginas. 

Hace poco compré dos libros que deseaba desde hace tiempo. Las rimas y leyendas de Bécquer, con la portada azul con letras doradas, ya gastadas, y Platero y yo, con un dibujo precioso del borriquillo. Los dos son libros con historia. Quién sabe en cuántas manos habrán estado, cuántas casas habrán sido su hogar.