jueves, 30 de agosto de 2012

Rasrasrasrasras

Suena "Girl, you don't have a heart", de The unfinished sympathy. 

Abro los ojos en la penumbra. El móvil en la mesita me recuerda la chorra que tuve con la última partida de Apalabrados, sí, la que gané por tres puntitos en la última jugada a uno que tenía cien veces mejores estadísticas que yo. 

Estamos de vacaciones y yo podría yacer con Morfeo hasta las dos de la tarde, pero invariablemente me despierto temprano. Y me aburro. Miro a mi compañero que duerme envidiablemente apacible a mi lado. Nunca ronca, respira suave como un gato. Me giro y lo abrazo con una pierna. 

-¿Estás despierto?... -digo deseando despertarle.
-Mmm.. más o menos...
-¿Nos levantamos? 
-¿Qué hora es? -no parece muy convencido.
-Las once -miento descaradamente.
-Anda ya...
-Hay que hacer la compra. 
-...
-Hay que comprar cerveza, pan, latitas para los gatos, repollo, puerros... ¿Qué más? 
-Pues.. no sé...
-¿Hay zumo?
-Se acabó ayer. 
-Pues zumo también. ¿Se te ocurre algo más?
-...
-...
-...
-Valevalevale, no tan rápido, espera que voy a por bolígrafo y papel. 

Y ríe. Y me pongo ñoña y me suena su risa como el sonido del agua fresca de un arroyo. Y pienso que quíén coño quiere levantarse estando tan bien allí con él. 

Rasrasrasrasras suena en la puerta de la habitación. El gato T. y su señal mañanera de que se le ha acabado el pienso.

viernes, 24 de agosto de 2012

Es hora de morir

Me levanto y, aún con el sueño por sombrero, me asomo a la ventana.  La calle me saluda con sus charcos  recién formados, sin ápice de vergüenza por mostrarlos en agosto. Tan pronto salímos de casa la lluvia estival nos acompaña, y así toda la mañana.  

Mal día escogí para calzar zapatillas, pienso mientras miro las mías volar sobre el empedrado de la zona vieja. Con dos esponjas en los pies la recorro haciendo recados. De regreso a casa cruzamos el Obradoiro esquivando decenas de turistas. Vamos cogidos del brazo, maquinando un videojuego macabro en el que den puntos por dejar la plaza desierta. Y no deja de llover mientras el viento nos tuerce el paragüas y el agua me pega al cuerpo la ropa.

En el súpermercado sabrosas viandas caen veloces de los estantes al cesto: uvas, yogures, zumo, chocolate... El pelo mojado empieza a tomar forma de escarola.  "No, la arena de los gatos no la metas en bolsa", le digo a la cajera. Cuando recoge el cambio Z. me da monedas para el que pide en la puerta.

Llego a casa y, mientras mi pareja coloca la compra, les doy pienso a los gatos. Subo las escaleras y entro en el dormitorio desvistiéndome. La camisa mojada ha formado una segunda piel en mi brazo derecho. Su cadáver queda colgado de la manilla de la puerta. El gato A. me mira pelearme con los pantalones húmedos. Ruedan al suelo un par de bolas de calcetín. Me dejo caer en la cama y me tapo con la colcha. Viene también el gato T. Los dos me ven enroscarme como un erizo, segura de que como no entre en calor me pasaré una semana con catarro. 

Debajo de la colcha pienso en cosas en las que no quiero pensar. Intento pensar en algo en lo que sí quiera pensar y recuerdo la peli que ví ayer. Blade runner. Ridley Scott aún debe estar preguntándose cómo demonios consiguió él hacer una peli tan buena. Pienso en Roy Batty bajo la lluvia, con una paloma blanca en una mano y un clavo atravesándole la otra. Recuerdo sus palabras exactas...

"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir"  

La mano sin vida relaja los dedos y la paloma es liberada. 

Pienso en alguien a quién quise, en que ya no está, y en cómo se fue. Todos esos momentos se perderán, me digo, en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Acaricio despacio una garra de mi gato, que se duerme pegado a mi vientre.

miércoles, 22 de agosto de 2012

El diablo y yo

El diablo y yo nos entendemos
como dos viejos amigos.
A veces se hace mi sombra,
va a todas partes conmigo.
Se me trepa a la nariz
y me la muerde
y la quiebra con sus dientes finos.
Cuando estoy en la ventana
me dice ¡brinca!
detrás del oído.
Aquí en la cama se acuesta
a mis pies como un niño
y me ilumina el insomnio
con luces de artificio.
Nunca se está quieto.
Anda como un maldito,
como un loco, adivinando
cosas que no me digo.
Quién sabe qué gotas pone
en mis ojos, que me miro
a veces cara de diablo
cuando estoy distraído.
De vez en cuando me toma
los dedos mientas escribo.
Es raro y simple. Parece
a veces arrepentido.
El pobre no sabe nada
de sí mismo.
Cuando soy santo me pongo
a murmurarle al oído
y lo mareo y me desquito.
Pero después de todo
somos amigos
y tiene una ternura como un membrillo
y se siente solo el pobrecito.

Jaime Sabines

jueves, 16 de agosto de 2012

Filosofía gatuna: ahorrar recursos, menos es más.

A veces soy insoportablemente perfeccionista. Esto me viene bien para sacar buena nota en los trabajos o ser una empleada apreciada (aquellos tiempos en los que trabajaba). Sin embargo la mayor parte de las veces me hace gastar demasiada energía.

¿Qué descubro que hay una mancha detrás de un cuadro? Cojo rodillo y pintura y la cubro. Está detrás del cuadro, no se ve, nadie sabrá que está ahí salvo yo. Y ese el problema, que yo lo sé y ella susurra mi nombre por las noches hasta que la pinto.

Pusimos unas escaleras de madera en casa para poder llegar a la buhardilla. Ante su valía (tres mil eurazos) y lo nerviosita que me pone descubrir el suelo rayado (junto con el hecho de que a los gatos les encanta echarse carreritas por ellas) las forré de arriba abajo con unas láminas de corcho. Cortar las láminas a medida del escalón (no son todos iguales) y pegarlas con cinta de doble cara nos llevó dos tardes. Unos meses después nos encontramos con que el corcho se deshace y aquello ensucia más que proteje. Quitamos todo. Todo. Nos llevó...yo qué sé la de tiempo que nos llevó, nunca hubo una cinta de doble cara que pegara tan bien como aquella. Más energía perdida.

Antes de hacer cualquier trabajo de bricolaje necesito una sesión de coaching, de apoyo moral, porque el esfuerzo mental para mí es nivel "estudiando para la asignatura más dura de la carrera". Yo no hago apaños o remiendos... yo necesito que quede perfectísimo aunque me tenga que pasar dos días colocando milimétricamente recto un estor (sí, dos días, al primero decidí postponerlo porque me estaba poniendo de los nervios). Los estores son mi bestia negra, lo confieso.

¿Qué sucede el aciago día en que yo pienso "necesito un edredón"? Que es el precedente al peregrinaje por tres centros comerciales, treinta y siete tiendas y el paso de 328 edredones ante mis selectivos ojos. Y no tendrá fin hasta que encuentre "el edredón". Encontrar un cabecero para mi cama me llevó más de un año así que cinco semanas buscando un cacho de tela para no pasar frío es lo normal en mí.  

El aplique para la luz del espejo del baño está a un palmo de dónde debería estar, y el espejo encima es redondo. ¿Qué importa que el espejo sea redondo? Sí, importa. Si la paranoia es lo suficiente grave puede transformarse en tu pesadilla. ¿Qué tipo de luz le queda bien a un espejo redondo? Con dos focos a mí se me parece a una cabeza con antenas, con uno parece un gorrito ridículo, en forma de barra le queda fatal... Y una vez lo encontrara tenía que tener la base lo suficiente ancha para disimular que el agujerico estaba torcido. 

Tras mucho buscar y rebuscar y al borde del desquiciamiento la parte más lúcida de mi mente (neurona y media) me envió un mensaje. ¿Qué hacían mis dos gatos mientras nosotros colocábamos el corcho que después hubo que quitar? Juganban con los trozos sobrantes. ¿Qué hacían mientras lo quitábamos? A. tomaba el sol y T. estaba a unos metros de nosotros durmiendo la siesta. ¿Qué hacían mientras yo perdía la cordura a causa de un mezquino estor? Daban su paseo nocturno. 

Envidié profundamente la sencillez de su vida feliz. 

Y entonces Z., mi compañero, dice: ¿Y por qué no subimos el espejo más arriba, tapamos el agujero y nos ahorramos el dinero del aplique? 

Solución felina, sin duda. Dicho y hecho, ya no hay problema.

¡Me voy a casar con un gato!  

Aquí están mis bichos, predicando la filosofía gatuna. 


P.D. No, el agujero no susurra mi nombre por las noches.

Segunda P.D. Z. no se llama Z. Es decir, su nombre no empieza por Z., pero es su letra desde hace años, y ahora también mía.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Con ella me defenderé de los malvados...

Me llena de orgullo y satisfacción colgar dos cutrefotos sobre mi más reciente adquisición. Hace mucho tiempo que la quería. Y la ví. Y no pude pasar de largo. ¿Un bolso de un diseñador de alta costura ? ¿Un cachivache informático de última generación? No, mucho mejor.


 ¡Una pistola de burbujas! Con dos repuestos, ojo, alta gama. (A ver, ¿qué esperabas? A alguien con pijama de Barrio Sésamo no le pidas cosas normales)

¿Qué pa qué quiero yo eso? Pues porque me gustan las burbujas, ya ves. Eso sí, reconozco que no resultó tan idílico como podía ser, que el suelo queda de lo más resbaladizo después de quince minutos dándole a la pistolita. También tiene el problema de que hace un ruído infernal que solucionaré cortando el cable adecuado en cuánto sepa cúal es (esto en las pelis suele acabar con un BOOM).

Aquí está T. que entre las lucecitas del aparato y el ruído tiroriro no tenía la menor atención de acercarse.


Otro incoveniente es que no es fácil que las burbujas salgan bien en las fotos. 

Por desgracia estaba con unos conocidos y reconozco que me dió algo de vergüenza comprarla. Sobretodo a la tercera vez que preguntaron "¿Pero de verdad que es para ti?". Ahora ya se me ha pasado, claro. Feliz que estoy, y en cuánto le quite el ruído de feria que hace los gatos y los vecinos lo estarán también. 

viernes, 3 de agosto de 2012

Un vinito, dos vinitos, tres vinit...

Smile, de Lily Allen.



Un sábado indeterminado. 4 am, hora zulú.

Z., mi compañero, no tiene noticias mías desde hace unas horas, cuando me marché a celebrar un cumpleaños con unos amigos. Decide llamarme.

Yo- Hola

Z- Hola, ¿dónde estás?

Yo- En la calle, buscando a un erizo.

Z- ¿Un erizo?

Yo- Sí. Iba por la calzada andando y yo quería echarlo para el prado, que el sólo no va a ser capaz de subir la acera. Bueno, la verdad es que los erizos cuando andan así a cuatro patas son bastante feos, ¿sabes? Son más bonitos cuando están enroscados. Pero ahora no lo encuentro.

Z- A., pasa pa casa, anda.

Yo-  Sí, tengo que reconocer que estoy algo borracha.

Z- Ya veo, ya. ¿Ya se fueron los otros?

Yo- Sí. Le dimos el pastel y la tarjeta y sacamos fotos. Bebimos vino y luego cañas, y luego vino otra vez y creo que cené poco porque se me subió todo muy rápido. Y luego L. y yo queríamos ir a la noria pero los otros no y entonces tomamos unos tequilas y nos fuímos. El erizo debió de meterse debajo de los coches, no lo veo.

Z- ¿Estás cerca de casa?

Yo- Sí, al lado casi.

Z- Venga, pues vente para casa y deja al erizo que se las arregla solo.


Y le hice caso, porque el erizo no debió de fiarse de ese ser algo tambaleante que se le acercaba y se escondió bien escondido. He de decir que no estaba borrachaborracha, nunca bebo tanto como para estarlo, pero algo contentilla y mareada sí. Z. y su hermano se cachondearon un poco del erizo y de mí al día siguiente. En el fondo creo que Z. sabe que si no hubiera bebido habría hecho lo mismo.