domingo, 29 de diciembre de 2013

La tristeza me la quito con besos que saben a fresas

Hoy por la mañana arrastré mi cuerpo hasta las afueras de mi ciudad, a poner carteles en una zona donde apareció un gato mimoso y limpito que a todas luces estaba perdido. Lo de que arrastré mi cuerpo puede haber sonado un tanto dramático lo que no quita que sea cierto. Ando estresada estos días entre cosas de la protectora y cosas de los estudios lo que me lleva a no dormirme hasta las cuatro de la mañana.

Cuando ya estaba acabando de poner los carteles y me dirigía a una urbanización de allí cerca para pegar los cuatro últimos sonó esto en la radio:


De repente me sentí muy triste. Pero no de esa tristeza apática que hace que todo te resbale sino de esa llena de impotencia y rabia, de cuando sabes que algo es injusto y pierdes la esperanza en las cosas y en las personas. Estuve pensando un rato porqué me sentía así, sabía que me recordaba algo, un momento, una situación determinada. Tras darle vueltas mientras me peleaba con el celo para pegar los carteles me acordé. Fue tras una discusión con un amigo. Escuché esa canción y me identifiqué con la forma de cantarla de Adele. La puse muchas veces aquellos días.

Hoy, cuando sonó de nuevo, me sorprendió toda la carga emocional que traía consigo. Es curioso como esa canción, suene dónde suene, me recordará a esa persona y aquella situación. 

Me pregunté si hay sabores u olores que hagan lo mismo, o películas, o libros... e intenté acordarme de algo bueno. Las fresas y los caracoles me recuerdan al primer beso entre Z y yo. Yo me envalentoné y le dí un pico. Él me atrapó con un morreo guarro. Me supo a fresas. Cuando llegué a casa y me bajé del coche, había una inmensa luna llena que iluminaba un tronco lleno de caracoles. Decenas. Las fresas y los caracoles son un poco como los campos de trigo para el zorro de El Principito. Sólo que Z no se va, se queda conmigo. Siempre.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Por fi, por fi, regálame a Norman

Pues no sé, pero no acabo de verle la gracia a la Navidad. Me gusta lo del cambio de año, que es como empezar de nuevo, y por los regalos, claro. Sin embargo lo de que gente que de normal pasa de ti tres pueblos y medio se tome dos copitas demás y te escriba whatsapps diciéndote que te desea lo más mejor del mundo mundial, en plan Festival de la Hipocresía... pues no acabo de entenderlo. 

En fin de año me pondré la pulsera que me regaló Naar y cenaré con mis padres. Tomaré las uvas y pediré un deseo y luego me iré a mi casa y haré lo de siempre. Me han insistido con un supuesto planazo pero he declinado la oferta, prefiero quedarme en casa. Dejaré salir a los gatos a su paseo nocturno. Leeré un rato o veré una peli o me pondré a pegar tiros en algún mundo virtual. Y me iré a dormir. 

Al día siguiente veré en la tele las noticias dónde sale gente saltando entre confetti y serpentinas, riéndose y bailando, y me preguntaré si llevo años perdiéndome algo importante con esto de que no me guste salir. Y me diré que no. Que así estoy bien. Y es verdad. 

Aún no tengo el regalo de Z y, conociéndole, fijo que él tampoco el mío. Nos los entregaremos con retraso, como tantas veces. No importa. Hacer un buen regalo es un ritual que pocos saben hacer. Es como acechar a una presa. Tienes que estar atento y concentrado, esperando el momento adecuado en el que se descubre. Un comentario espontáneo y que podría pasar desapercibido y que tú captas con tu antena de "qué coño le regalo yo a este", y tachááán... ya sabes qué regalarle. 

A veces le digo a Z lo que quiero. Su antena no funciona demasiado bien. Este año, sabiendo que ya me adentro en la treintena, que parece que voy cumpliendo metas y pensando en cosas de mayores como ser mamá y toda la parafernalia, y que soy más madura y que ya casi no me peleo con nadie más que con el de siempre y Z y blablablá le he pedido un videojuego. Porque sí. 

Y le he dejado caer que una caja de acuarelas también serían bien recibidas pero que puedo esperar a mi cumpleaños. 

Me gustan las sorpresas, pero en esto Z necesita ayuda. Creedme. De todas formas igual se saca algo de la manga, por su cuenta y riesgo. O igual se le olvida y entonces seré una joven viúda.

También pedí a Norman Reedus, pero me ha dicho que no.



Y nada más. Ando tontita de ánimo y me apetecía escribir. Por si no vuelvo antes del 2014 desearos que tengáis una buena entrada de año. Haciendo lo que os dé la gana y con quién os dé la gana. 
 


lunes, 23 de diciembre de 2013

Lo que me da gente que me quiere...

♪Suena CPR/Claws Pt 2, de Typhoon.



Ayer R, el hermano de Z, sacó una pulsera del bolsillo y me la tendió. Yo iba a decirle "¿Dónde has encontrado esa horterada?", pensando que la había recogido del suelo, cuando por suerte se me adelantó y me dijo que era para mí, que se la había comprado la noche anterior a un negro que entró en el local donde estaban tomando algo sus amigos y él. 

Yo me la puse a toda velocidad, mientras le daba las gracias, pero como tengo la desgracia de ser bastante transparente en estas situaciones el pobre me decía "es que de noche, con las luces del pub, el color era más bonito" Y yo "está muy bien, es alegre" Y él "no tienes que ponértela si no quieres" y yo "además es elástica, me sirve también para el tobillo" y él "no te mola nada, ¿verdad?". 

Es ésta:



Una temible combinación entre dados defectuosos que no tienen la cara del uno y el ojo turco. Pero oye, es un regalo, la compró para mí y la voy a llevar a todos mis exámenes, porque me lo ha dado una persona que me quiere y está cargado de buena energía. Suerte no sé si me traerá pero me dará buen rollito para estar más tranquila y menos colgándome de las lámparas e histérica perdida. 

Por otra parte en el buzón me aguardaba otro regalo de otra persona que también me quiere. Otro regalo cargado de buena energía. Soy una persona afortunada de tener cerca a gente que me quiere y encima me regala cosas, ¿no creéis?

Naar y Ron me han enviado una postal preciosa, con unas palabras igual de preciosas que me guardo para mí y con dos pulseras preciosérrimas. Por suerte Naar tiene mucho mejor gusto que R. 




Que sepáis que además las ha hecho ella y sus manitas habilidosas, con el inestimable apoyo moral de Ron, su gato. La roja me la pondré en fin de año, por supuesto, y la otra en mis exámenes y las dos en muchas otras ocasiones. Muchísimas gracias, mi indómita, me encantan, y además estás hecha una artista. 

Y para el que no la conozca, terrible pecado, que se pase ya por su blog Tirando pa'lante. Pocos saben contar las cosas como ella lo hace: de amores y desamores, de esos pijamas de pelotillas que todos tenemos, de gatos que juegan con hipopótamos rosas, de enfados e indignaciones (no se lo digáis, pero me parto de risa cuando escribe enfadada, que le sale el ingenio hasta por las orejas), de emociones y de lo que se le pasa por la cabeza, que no tiene desperdicio. Escribe, en definitiva, de muchas cosas, y lo hace bien, así que leedla, malditos.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Me apetece lluvia de verano

Compré un calendario de adviento pensando, pobre inconsciente, que sería capaz de comer una chocolatina al día, rigurosamente, siendo un ejemplo de disciplina y responsabilidad. La realidad es que la ventanita del 1 de Diciembre la abrí ya a finales de Noviembre, que la mayor parte de los días me olvido de coger mi premio y luego me pongo al día, comiendo tres o cuatro de golpe. Lo tengo aquí enfrente y veo que desde el 19 aún siguen las ventanitas cerradas. No sé porqué pensé que sería capaz de hacer lo que nunca hago. 

Me han puesto un 9'3 en las prácticas externas. Desde el instituto que no veía yo un 9 en mi expediente. Estoy contenta, me lo gané a pulso. 

Hablando de pulsos, la mano va chachiguai, ya sólo duele un poquitín a veces. 

Mi madre le dijo a mi madrina que yo me reía de ella porque estaba gorda. El año pasado le dijo lo mismo a otro familiar, delante mía también, y, como aquella vez, yo la miré boquiabierta y le dije "Jamás he hecho eso". Entonces ella contestó algo así como "Bueno, me dices que me ponga a dieta". Esto me ha hecho pensar en el montón de realidades alternativas que la gente nos inventamos, consciente o inconscientemente. Mi madre se queja mucho de los kilos que le sobran. Que se ve fea, que se ve vieja, que la ropa le aprieta... Yo lo que le digo es "Si no estás cómoda ponte a dieta". Nunca entenderé a las personas que se empeñan una y otra vez en hacer el papel de víctima, y al mismo tiempo sé que es el único que saben interpretar. 

El otro día ví una escena en una peli dónde la protagonista se tumbaba en la hierba, bajo la lluvia. Llevaba un vestido de tirantes que se le iba pegando a la piel. Era una lluvia de verano que no daba frío, sino frescor. Le dije a Z: "Cómo molaría acostarse así en la hierba... y esperar." "¿Esperar a qué?" "Esperar la lluvia, nada más". Él me miraba con cara de "Pues si un día te empeñas tú espera en el prado que yo te espero en el coche". 

Ha sido una semana muy cansada. La he pasado cagándome en todo y peleándome hasta con los gatos. Me vendría genial tumbarme en la hierba y dejarme empapar por una tormenta de Agosto. Pero estamos en invierno, así que, por lo de pronto, optaré por tumbarme en el sofá y dejarme envolver por la manta mientras leo o veo pelis. 

Y en Agosto saldré en busca de una tormenta.

martes, 17 de diciembre de 2013

Formas tontas de morir

 "No te preocupes, aún sigo viva."

Lo ví hace tiempo y estuve un par de días en bucle poniéndo la cancioncilla sin parar. Ahora me he encontrado de nuevo con él y aquí lo dejo:

Y ya que estamos cuelgo una canción que me ha enganchado. Se trata de la canción de cierre del videojuego Portal, me ha enganchado y eso que aún no lo he jugado. La letra (en español en el vídeo) se puede interpretar libremente.

♪"No te desanimes si has fallado una vez, tú sigue probando mientras quede pastel"
♪"Me hiciste pedazos y tiraste mis trozos a una pira. Sufrí porque al arder, me alegraba por ti"


viernes, 13 de diciembre de 2013

Chiribitas (estoy original, sí)

Mañana tengo que ir a visitar a un familiar al hospital. No es nada grave, lo operan y en dos días para casa. No me apetece. No me apetece nada y no entiendo esa puñetera costumbre, ese quedar bien. Sabedlo todos, si un día estoy ingresada por una peritonitis, porque me van a quitar unos pólipos o porque estoy pariendo, sabedlo, repito, ¡no vengáis a tocar los huevos al hospital! Ya tengo avisados a mis padres que como anden dando voces y me aparezcan allí una quincena de personas que vienen más por compromiso que por otra cosa, los degüello. A mis padres, y a los otros quince también. 

O con una metralleta, que ahora desde que le doy al matamata, controlo mazo. 

¿Conocéis este juguete?


Cada figura solo puede entrar por el hueco que coincide con su forma. 

A veces siento que todos somos figuras: uno es una elipse, otro un trapecio, otro un hexágono, el de más allá un rombo... y que tooodos acabamos doblando aristas y recortando vértices  para caber por alguna de las aberturas de la caja (circulo, cuadrado, triángulo, estrella). Como leones entrenados para saltar por un aro de fuego y que los que nos miren nos aplaudan y estén contentos. 

¿Y porqué digo esto? Ya he comentado que unos amigos han tenido un niño. Cuando lo veo le hago un cuchicuchi en la barbilla, él sonríe, yo me paso el rato diciendo que está grande y guapo y ya está. Con eso yo pienso que ya cumplo con las normas mínimas de civismo. Pues nada, que está el padre de la criatura insiste que insiste en que porqué no lo cojo en el regazo, que si le quiero dar el bibe, que si... Es que ya no me lo ofrece, estamos ya en el punto en que prácticamente me echa en cara que no lo haga. En esto los chicos son súpermachistas. Tienes ovarios, tienen que gustarte esas cosas. 

Yo sigo a lo mío, claro. No tengo el menor interés en darle el biberón ni me harán los ojos chiribitas por tenerlo en los brazos. Que cuando yo tenga hijos fliparé y os daré la lata con posts súpermaternales es muy posible... pero los míos es una cosa y los de los demás otra. 

Hoy tuve dos gatitas de seis semanas en mis brazos. Dos gatitas que iban a morir y que ya no, y las tres le hacemos un corte de manga al destino. Me gusta mucho hacer cortes de manga al destino. Lo mejor de todo es que mañana las tendré de nuevo en mi regazo. Es el tipo de cosa que sí me hace los ojos chiribitas.

Cuando era pequeña, en mi colegio, tenían la puñetera costumbre de hacernos ir de un lado a otro en fila pegados a la pared. Una vez tanto me pegué que me dí una leche con la caja del extintor. El niño que venía detrás me preguntó si me dolía y yo contesté inmediatamente que no, que no dolía nada. Era mentira, claro. Hoy en día sigo fingiendo que no duele. Después del golpetazo y el ay inicial finjo que ya todo está bien. Finjo regular, la verdad. 




lunes, 9 de diciembre de 2013

La sonrisa de A.

♪ Suena: I used to love her, de Guns n' roses



Estoy sentada en el banco del patio de la facultad. A mi lado dos alumnas discuten sobre si el caso clínico número 5 que nos puso la de Virología es fiebre amarilla o ébola. Yo voto por lo primero. Leo los mensajes del whatsapp, contesto a algunos y, cuando levanto la cabeza, veo a lo lejos a A.

A. es de los pocas personas con las que hablo en la facultad. Es un chico no muy alto, fuertote, con el pelo liso y negro como un indígena amazónico. Tiene los ojos tan oscuros como el pelo, un poco rasgados, e increíblemente dulces. Me gusta porque es bueno, educado y afable.

Va a pasar por cerca de mi banco pero no levanto la cabeza para saludarle. Si le saludo temo que se sienta obligado a venir a hablar conmigo, por cortesía, y no quiero entretenerle, mejor que vaya a dónde tenga que ir. Ya lo sé, es una tontería, pero soy así. Una vez se sentó a mi lado en un cambio de clase y yo le dije, pensando que iba a preguntar algo sobre una asignatura o a pedirme apuntes: ¿Qué querías? Y él contestó un poco cortado: No, nada, sólo venía a charlar. Así soy yo, que no se me había ocurrido que alguien viniera a hablar conmigo porque le apetecía. Pues A. sí. 

Y efectivamente. A. podía pasar de largo de mi banco pero no. Veo asomar sus zapatillas. 
-Hola,  ¿qué haces? 
-Nah, esperando para entrar en Eco -contesto- Oye, ¿para qué es la lista de la conserjería? ¿Un suicidio colectivo? 
-Nooo, para apuntarse a la cena de fin de Grado - y ríe.

Lo mejor de A. no son sus ojos, es su sonrisa. Una sonrisa que franquea todas las puertas, propia del buenazo que es. La sonrisa que me gustaría que tuviese mi hermano pequeño.

Edito: ¡al final era fiebre de Crimea Congo!

sábado, 7 de diciembre de 2013

Hay partidas que no importa perder



Ayer me estuve riendo un buen rato con esta tontería. Cuando nos enfadamos tendemos a enrabietarnos y patalear (que estamos en nuestro pleno derecho) y cabrearnos de una forma insana. Me gusta la mala leche con un poco de humor, que una vez pasado el calentón inicial nos tomemos la vida menos en serio, pensar "este es más tonto y no nace" y a otra cosa mariposa. Ojalá fuese capaz de cachondearme de las cosas que me hacen enfadar. A veces lo consigo, ojo, y hasta estoy aprendiendo a reírme de mí misma un poco.

Hoy me han vacilado a base de bien entre Z, su hermano y un amigo. Es increíble lo competitiva que soy y lo  mucho que me gusta ganar y que me pase la vida perdiendo en todo. En el Triviados había dos que me apalizaron vilmente durante semanas, los juegos de mesa de estrategia me odian, aunque me guste practicarlos no se me dan bien los deportes (salvo nadar)... y así con todo.

Estuvimos jugando a un juego que es pura imaginación. A ver, coño, que escribo relatos de amantes zombies, de dragones marcianos, de universitarios con triple personalidad, de fotógrafos de guerra y disparos letales... y ya no hablemos de las idas de olla que quiero pintar... Imaginación tengo, lo sé. Pues oye, de pena se me daba. Echaba la carta pensando "con esta jugada lo peto", y cuando ya estaba hecho me daba cuenta de la mierda de tirada que era. No gané, por supuesto, ninguna de las tres partidas, pero mira, nos reímos lo suyo.

La mano va a mejor, me he liberado de la férula y ya solo me queda una semana con la muñequera. Aún me duele pero espero pronto convertirme de nuevo en la matazombies que era y pegar tiros como una loca mientras le echo la culpa al mando cuando me maten y, como es habitual, pierda de nuevo.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Lo haré

♪ Suena Hey there Delilah, de Plain White t's



A veces, caminando por la calle, encuentro tesoros que guardo en el bolsillo del abrigo. La tapa de un bic azul celeste, una horquilla plateada, o simplemente un botón que me parezca bonito. 

Hoy encontré esto: 



Un clip con forma de corazón y un papelito que alguien cogió de uno de esos anuncios que tapizan las farolas y otras superficies. Pero este no anunciaba el alquiler de un piso ni la venta de una moto. "Lo haré", decía. ¿Qué díría el anuncio? ¿Harás lo que realmente te gusta? ¿Te desesperezarás como un gato cada mañana? ¿Intentarás hacer reír a esa persona a quién tanto quieres? Se admiten apuestas.

Supongo que cada uno puede imaginar lo que quiera. Y hacerlo, claro.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Erratassss

Pues nada, que me he acabado de descuajaringar el tendón de la muñeca  quue tengo desde hace años a medio descuajaringar y aquí estoy, escribiendo a velocidad de caracol. Y esto va a ir con erratas que sino no acabo hoy y tengo que escribir con el brazo ladeado y ya me está doliendo y aún voy en el primer párrafo. 

Han sido unos días extraños. He estado con el ánimo muy hundido, después algo que necesitaba que saliese bien salió mal y ya me hundí un poquito más yestaba hasta el missmo coño de todo pero...oh, sorpresa, al día sigueinte un magnífico golpe de suerte. Albricias, algarabía, y hasta frenesí. Y las cosas fueron dejando lso grises y vistiéndose de color. 

Tommé aire y me tragué el orgullo, tendí una mano a algu9en con quién había discutido. Aún no me contestó, él verá si le merece la pena hacerlo o no. Cada vez le tengo menos miedo a la incertidumbre, lo que tenga que ser, será.Y cuando llegue ya improvisaremos. 

Me gusta un profesor. No sé qué tiene el hombre que me pone tonta perdida. Está buenorro, sí, pero no es el tipo de tío que suele gustarme. Tiene los ojos azules, es una excepción en mí, la gente de ojos azules me pone nerviosa. Sé que es una tontería pero no puedo evitar sentir cierto nerviosismo cuando me miran. Me contaron que es un instinto primitivo, de alerta ante lo diferente. Qué cosas, con lo que a mí me gusta lo diferente... Pues, llamadme creída, pero el hombre me presta más atención de la necesaria, y yo estoy que me meo las bragas, claro. Y no sé qué me ve, y más ahora que me peino con la izquierda y aquello va como va.

Por otra parte  es el tipo de persona que transmite buena energía. Es imposible no sentirte bien con él. Es como esa gente transparente, que los conoces y ves lo que hay inmediatamente. Habla rápido y hace bromas a cada rato, ama su profesión y algo que me gusta mcuho en la gente, es un motivado de la vida. De esta gente que siente curiosidad e inquietud por multitud de cosas.

Pues yo no sé si es por la subida de ego que mire para mí, una treintañera en medio de un montón de jovencitas de culos prietos, o esa buena onda que transmite, que estoy mucho mejor. 

Y es que es así, hay gente que sólo absorbe energía, y otra que la da y te carga las pilas en un pispás. Y al profe porque estoy casada que sino... me arrimaba yo a que me cargara tó lo que quisiera. También os lo digo.



martes, 26 de noviembre de 2013

Ficciones

De esto que apruebo un examen de una de las asignaturas más difíciles... y me da un bajón (otro). Así estamos de lógicos y racionales. 

Me duele el índice y el dedo corazón derechos. No, no se trata de onanismo femenino. Me paso un buen rato todos los días viviendo en un mundo de videojuego. A partir de las ocho de la tarde me engancho al mando y aprovecho cada rato que Z no usa el ordenador para jugar. Matamatamatamata. Mato y me matan. Bueno, también hago algo más que eso. Sino no aprobaría el examen, claro. 

Sigo queriendo aprender a dibujar para hacer cosas tan bonitas como las de esa carpeta donde guardo ilustraciones que me gustan. No sé de dónde sacaré el tiempo ni la habilidad pero aprenderé.

Escribo. Escribo muchas idioteces. Como este post. Y me hago muchas preguntas. ¿Por qué me llevo mal con gente a la que quiero? ¿Por qué me llevo bien con gente que me importa una mierda? Me pregunto cómo alguien tan poquita cosa e insignificante como yo puede causar tanta rabia en algunas personas. Si no soy nadie, si para ellos soy basura. ¿Por qué ese gasto de energía? Nunca comprenderé a la gente, y ellos tampoco a mí. Es así. 

Ayer escribí esto. Esto también es basura, necesita mil arreglos para ser algo decente. No tiene ritmo ni rima. No es nada, como yo, pero este es mi sitio, y aquí guardo mis cosas. A veces el matamatamata no es suficiente.



P.D. Adecenté el poema y lo voy a presentar a un certamen, así que lo retiro de aquí, que se supone que no puede estar publicado.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Risas y flechas

El otro día alguien comentó que le encantaban las pelis de Woody Allen. Yo dije que no me gustaba ninguna, que no acababa de cogerle la gracia, y me contestaron que son pelis de humor inteligente. 

Claro. 

Si es verdad, tiene razón. Yo me río con payasadas. Y si van asociadas a música o mímica mejor. No me entusiasman los hermanos Marx pero me chifla Chaplin. Tanto me chifla que me pone, ya no sé si el personaje o el actor. 

En una de mis pelis favoritas, "Luces de la ciudad", hay escenas muy buenas, como cuando se mete a boxeador para conseguir dinero para la operación de su amada. La forma en que coordinan movimiento y música es genial. En el vídeo tarda un poco en empezar: 


Como a todos los gatófilos me gustan mucho los vídeos de Simon's cat:



En "Zombies Party" hay una escena muy conocida donde suena una canción que escucho a menudo "Don´t stop me now", de Queen. La última vez que la ví casi me ahogo con la risa en el momento del dardo:

 

Me parto literalmente con este monólogo de Carlos Blanco.Está en gallego pero creo que se entiende. Lo pongo aunque sé que el que no sea de Galicia probablemente no le haga gracia, y el que sea de Madrid igual se pica (Naar, no nos lo tengas en cuenta).  Pero cuando dice eso de "se os nota el acento un montón, ¿eh?", me meo.


Este gif ya lo he visto muchas veces, y cada vez que me lo encuentro por la red entro en bucle y estoy un rato mirándolo. Me descojona la mala hostia del gato porque es igual que mi gato T. 



Después siempre me encuentro cosas súperbobas que me sacan la carcajada. Hace dos días pinché en un enlace para hacer un test para saber si eras gilipollas (oye, nunca viene mal saberlo). Una vez pinchabas aparecía una ventana que decía algo así: "Test completado: eres gilipollas" (¿Cómo no vas a serlo si pinchas en algo así?). 

Si dos personas se ríen de las mismas cosas habrá siempre un puente entre los dos. No os podéis hacer idea de la cantidad de payasadas que hago o digo sólo por esos cuatro o cinco segundos que veo reír, o aunque sólo sea sonreír, a Z. Hace que merezca la pena hacer el bobo.

Hoy por la mañana he ido a hacer tiro con arco junto a cuatro amigos. Cuando el monitor sacó un arco un tanto cutre y un montón de flechas con ventosa, pensé que se me iban a amotinar, porque la idea fue mía. Yo los miré con cara de estupor y ellos resoplaban. "Que tire primero la promotora de la actividad". Y allá fuí, a demostrar que no es que tenga un talento innato para el tiro con arco, se me da mejor en los videojuegos. Decir que después sacó las flechas con punta, aunque el arco seguía siendo el cutre, y que al final nos inventamos florituras como tirar desde lejos, desde un montículo, con efecto... Yo tenía la misma discreta puntería me pusiera como me pusiera. Sin embargo me divertí. Eso es lo importante, ¿no?

domingo, 17 de noviembre de 2013

Persiguiendo una puesta de sol


"Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida."

(José Ángel Buesa)

Discutí con alguien el jueves, me sentí despreciada y corté por lo sano. No me arrepiento, no me gusta que me den malas respuestas gratuitamente, pero sí lamento las formas, como siempre. Lo bueno fue que por lo menos supe controlarme cuando me dieron pie a soltar el bicho que hay en mí. No respondí. Para lo único que me serviría es para arrepentirme luego de lo que hubiera dicho. Z dice que no soy mala, pero que sé cómo serlo. Y tiene razón.

Pensé mucho en esto durante el fin de semana. Z. ya tiene callo el pobre. Sabe que me abstraigo y no me entero de la salida que tengo que tomar en la autopista, que aparco en las plazas de minusválidos sin darme cuenta y que cuando me hable igual le acabo diciendo lo de "perdona, repíteme, que estaba distraída". Levanto la vista del plato de caldo y me encuentro su sonrisa, tan dulce cuando me mira así, y me pregunta en qué pensaba, aunque ya lo sabe, mientras imita la expresión cejijunta que tenía y me hace reír. 

Fuímos al Parque Arqueológico de Arte Rupestre que hay en Pontevedra. Galicia está llena de petroglifos, es algo muy nuestro. Me gustan las visitas guiadas porque aprendo mil cosas. Como que el ciervo era una especie de tótem, o animal sagrado, por decirlo de alguna forma. Que los dibujos en la roca eran una marca de territorio del poblado en cuestión. Que básicamente dibujaban escenas de caza y reproducción. Alimento y progenie, la perpetuación de cualquier especie. 
Este es único, dos metros de ciervo, pena que las sombras no dejen apreciarlo bien. 

También monté a caballo. Y la única foto que hice fue esta. El gato de la hípica, que enseguida se acercó a nuestro coche y los olores gatunos que desprendía. Es precioso, como un minilince.
No saqué más porque luego la supervivencia de mi orgullo pasó a ser mi prioridad. Recordé justo cuando me subía a la silla que tengo un escaso equilibrio. No conseguí patinar y aprendí a montar en bici a base de tirarme cuesta abajo cinco mil veces pero nunca seré de esos que zigzaguean ágilmente entre los coches. 

Pues de todo eso me acordé cuando subía al caballo y me agarraba a la silla como una garrapata. Bastante me costó mantenerme dignamente encima del caballo como para hacer alardes con la cámara. Y cuando bajamos ya la iban a llevar a comer y pasé.  Me tocó una yegua blanca muy buena que enseguida se dió cuenta de que yo era muy pánfila y la iba a dejar pararse a comer las hierbas del camino. Así que tuvimos una lucha por ver quién era más terca. Ganó ella. Pero era buena, en las cuestas se me embalaba, yo me cagaba un poquito y le tiraba de las riendas, y ella frenaba, muy obediente.

Hice la ruta con una mano en las  riendas y otra en su cuello. Me gustaba notar su calor y ese pelo que tienen, suave como el de un gato. Le hice caso a Naar y les toqué el morrito, y sí, es supersuave también, y me miraban con esos ojos azabache suyos, grandes y hermosos. Hasta me gusta su olor, que no se puede decir que sea exactamente agradable, es fuerte y bravo, pero me gusta. Yo soy muy de olisquearlo todo.

También hicimos una carrera contrarreloj para conseguir ver la puesta de sol en Cabo Finisterre. El último rayo de sol de Europa visto desde el fin del mundo o, bueno, por lo menos lo que antes llamaban así. 

Z. decía que no llegábamos, lo que es suficiente para que yo asegurara que sí. Volamos por la carretera sin perder de vista el sol que aparecía y desaparecía entre las montañas. No me gusta la playa pero me impresiona mucho el mar. Es espectacular para mí cuando detrás de una curva aparece en el horizonte esa inmensa masa de agua.

Pensé que estaríamos sólos pero ver el ocaso desde el Faro de Finisterre es muy típico y había varios grupos de turistas. Llegamos, sí, por los pelos pero llegamos. Y mereció la pena. 
El cielo era una explosión de dorados y naranjas, aparecieron también unas vetas rosa fosforito y finalmente se fue tiñendo de malva según anochecía. Hacía viento y frío, pero estuvimos un rato sentados en la roca, mirando los destellos que los últimos rayos sacaban del mar. 

Todo esto me emocionó líricamente primero, pero luego también me pareció adecuado hacer un poco el gilipollas imitando a Freddie Mercury, cosa que ya sé que no conseguí, ahorraros decírmelo, gracias. 



viernes, 15 de noviembre de 2013

Un día extraño

Como siempre, me queda el blog. 

Un día extraño. Acuoso.

Acto I: el arroyo que se vuelve torrente y luego río revuelto (hidrospeed, kayak, rafting... lo que quieras)

Mi neurólogo es cercano y ágil. Habla y me observa, me explica, me hace dibujos y señala en mi resonancia para que lo entienda mejor, bromea conmigo, he tenido 300 embarazadas con tu problema y todo ha salido bien, dice, estarás supercontrolada, hace círculos en el electro y me cuenta, como si fuese una niña pequeña, porqué sabemos que mi temporal izquierdo se parece un poco a una valla electrificada. Yo no le digo que soy bióloga, quiero que me lo explique todo así, como hace él, como si no supiese nada de los potenciales de membrana de las neuronas, ni de sinapsis, ni de sustancia gris o blanca, quiero que me lo explique pensando que soy un folio en blanco. Me mira a los ojos y yo le creo. Me dice que todo va a salir bien y yo estoy segura de que así será.

Mi médico de cabecera es el mejor de mi centro médico. Sin embargo es frío y serio. Te habla y mira la pantalla del ordenador, o escribe, o pasea la vista por la consulta sin posarse en ti más de tres segundos. Ausculta intentando tocarte lo mínimo posible. El día que tuvo que palparme el vientre creo que casi le da un ictus. Hoy hablamos de los riesgos del embarazo. Me quedaba una duda. Maldita duda. 

Cuando voy a llorar pero no quiero llorar porque hay alguien mirándome empiezo a hacer pucheros tontos, agito las manitas como si así me sacudiera la angustia y termino por retirarme las lágrimas según las voy pariendo, con el dedo corazón, como las famosas que cuentan sus dramas en la televisión. Cuando me iba vi que se levantaba y pensé que sería para llamar al siguiente paciente pero se quedó delante mía e inició un intento de abrazo. Luego se quedó así como petrificado, y abortó la misión cuando yo ya iba a corresponderle y al final nos quedamos él apretándome un hombro varias veces y yo con una mano en su pecho. Sí, estábamos un poco ridículos. Pero el pobre hombre no sabe cuánto agradezco su esfuerzo.

Mi niño nacerá sano y fuerte. Se lo voy a contar al viento para que lo esparza por el mundo entero y cuando llegue el momento no quepa otra realidad que no sea esa.

Acto II: el manso delta de ácido

Visito una antigua mina de cobre. Hay varias charcas. El agua cristalina.  No hay bacterias ni algas ni insectos ni nada que se le parezca. Para tomar una muestra hay que ponerse guantes. Tiene un pH de 2. El agua que bebemos anda sobre el 7. Es ácida. Ácida y estéril, no puede haber vida en ella.

Cuando pensamos en una explotación minera pensamos en excavadoras que hieren la tierra hasta crear un cráter. No en peligrosos compuestos químicos que contaminan el terreno de tal forma que cuando la mina cierra, sólo queda un paisaje que bien pudiera ser de Marte. En algunas zonas no crece hace años una triste hierba. De las paredes rojizas por los óxidos de hierro,  resbalan pequeñas corrientes de agua que crean una masa burbujeante blanca una vez llega al suelo. Restos de aluminio. 

Algunos locos ecologistas intentan recuperar la vida. En medio del desastre han conseguido crear un humedal. Un oasis en el desierto. Han nutrido suelos y creado sistemas para neutralizar la acidez.  Hay peces, y anfibios, y en verano hasta patos salvajes. 

Una empresa quiere comprar la mina y reabrirla, ahora volvería a ser rentable, el cobre se paga bien. El agua ácida y estéril sigue deslizándose por la roca marciana, pasando las charcas nevadas con restos de aluminio, y cayendo finalmente en el humedal lleno de vida. Con la lentitud y seguridad del que piensa que va a ganar la batalla, y que una primavera los patos tendrán que mudarse. 

Acto III: el remolino

Continuar partida. Sólo me quedan dos balas, me van a dar mientras recargo, como siempre. Corro haciendo eses porque el mando va como le sale del chumino. Y porque yo aún no sé manejarlo bien, es verdad. Bajo del puente de madera a dónde sé que está la munición para la escopeta, también rompo el tonel de la izquierda, ahí siempre hay algo, en el de la derecha casi nunca. Subo y tiro la escalera, no quiero que me venga ninguno por ahí. Cojo la hierba verde sanadora en el siguiente tonel y tiro la otra escalera. Bien, es fácil, sé lo que tengo que hacer. Me han matado setecientas veces en este escenario y sé lo que tengo que hacer desde la tercera. Pero nunca me sale. Como en la vida real. Exacto. Empiezo: bajo, aparecen las viejas locas de las motosierras, subo y echo correr. El cabrón de la llamarada no me da. Paso malamente al de la macheta no sin antes probar el acero afilado. Corro hasta el final del puente y espero. A las viejas solo las mato con la escopeta. Cinco tiros, no puedo malgastarlos. Le disparo al de la boina con la pistola. Fallo varias veces porque no le quito ojo a las dichosas viejas, que en cuanto te despistas están al lado. Saco la escopeta. Disparo y vuelan hacia atrás varias veces. Siguen vivas y he acabado los cartuchos. Saco la TMP y apunto a sus cabezas. Muere una. Apunto al viejo, se me acaban las balas, se acercan, intento coger la castigadora pero está sin recarga. Los dos segundos que tardo en recargar son suficientes. Mi cabeza rueda sobre el puente de madera, me salen las tripas por el cuello y muero. Pobre Ashley, ya nadie la rescatará. Mañana lo intentaré de nuevo. 

Acto IV: profundidades abisales

No hay nada. Por fin. Y, contra todo pronóstico, me siento más libre.


Nota mental: Debo rendir pleitesía a mi pareja. Me meto con él y se ríe casi silenciosamente, mientras piensa el contraataque, iniciamos la lucha dialéctica y gana casi siempre. Me da igual, las risas merecen la pena. Con pocas personas puedo hacerlo sin que se ofendan como una agraviada doncella en el primer minuto. Pues eso, rendirle pleitesía y sacarme un máster en mamadas. Que se lo merece, el angelico.
 

martes, 12 de noviembre de 2013

La burbuja

A veces, cuando aparco delante de casa, tardo un rato en bajarme del coche. Diez minutos, quince como mucho. En ocasiones escucho la radio. Otras la apago y miro los mensajes del móvil. Otras ni una cosa ni la otra, simplemente pienso en mis cosas. A veces necesito estar en una burbuja. Solo yo. El coche es una buena opción. Como un caracol dentro de su concha.

Hoy estuve más de una hora. Una hora en la burbuja. 

Pensé que con un fin de semana relajado cargaría pilas, pero no. Suelo bromear con que tengo una montaña rusa por cerebro y voy a dejar de bromear y proponérselo como tema de su doctorado a algún estudiante de psicología. No atiende a las fases de la luna. Tampoco al ciclo menstrual. Simplemente sube y baja. Atiende únicamente a lo que le sale de la punta del nabo. 

La semana pasada me despedí de uno de mis gatos acogidos, pero no me afectó más de lo esperable. Los conoces, te enamoras, los quieres y cuando se van lloras y los echas de menos. Es así. Nada fuera de lo normal.

También tuve que enfrentarme a una situación que me causa ataques de ansiedad. Tuve sudores, un tic nervioso en una pierna, hiperventilé todo lo que pude, tenía cada puñetero músculo contraído y al final, de guinda, me mareé. Pude rendirme pero no lo hice, la enfrenté y la superé. Debería estar contenta por eso, sin embargo no es suficiente.

No hace mucho me dolió darme cuenta que hay gente a la que quise que ahora me gustaría no haber conocido nunca, pero no me quedó más remedio que asumirlo. Me equivoqué de personas, y ya está.

Y mientras, ahí estamos, viendo como bajo lentamente al interior de un pozo.

No sé. Algo se me ocurrirá. Cuando voy tan cuesta abajo soy muy de acción. Busco algo que me distraiga. La última vez que me ví así fue hace casi dos años. Igual que ahora, más y más abajo. Parecía que mi ánimo mejoraba unos días pero volvía otra vez a caer. 

Entonces me pregunté: ¿qué puedes hacer? ¿algo que te ilusione, algo que disfrutarías, algo que te haga remontar? 

Decidí ir a conocer a un amigo del mundo blogger. Aquello fue de las peores cosas que se me pudieron pasar por la cabeza. Antes de vernos discutimos y la amistad se rompió. Estuve varios meses con más bajos que altos hasta que me paré en seco y me dije: No, no te vas a pasar todo el puto verano pensando en esta mierda. 

Entonces me pregunté de nuevo: ¿qué puedes hacer? ¿algo que te ilusione, algo que disfrutarías, algo que te haga remontar?  (y acierta esta vez, maja)

Y me casé. En tres meses organicé nuestra boda. Ahí sí acerté. Remonté vuelo con mi nostálgico vestido de los años veinte. 

Y ahora ¿qué coño hago? Un viaje molaría muchísimo, pero no hay dinero. Por lo de pronto el fin de semana me voy a montar a caballo, y puede que también haga tiro con arco. Hace casi quince años que no lo hago. De adolescente iba bastante, también iba al teatro, y nadaba, y pintaba. Hacía un montón de cosas que me encantan y que ahora, por haches o por bes, no hago. No fue mi mejor época pero aburrir no me aburría, oye. 

En  fin. Los caballos me esperan. No sé si remontaré o no, pero los animales siempre me hacen bien. 

P.D. Siempre me da no se qué escribir posts alicaídos, disfruto más compartiendo energía positiva, pero me temo que este siempre será un diario oscuro y frío, por algo me llamé Abisal. El que quiera risas y no lloros es mejor que busque otra lectura.

sábado, 9 de noviembre de 2013

30 fotografías únicas

Qué días más extraños. Emociones por doquier. Aparecen de repente, como un chaparrón de esos que caen cuando, por supuesto, no llevas paraguas. He acabado esta semana exhausta (y empapada). Z. dice que me exijo demasiado. Igual tiene razón. Tengo mi capa protectora pidiendo remiendos a gritos.

Hoy me ha llegado este enlace y me han salido goteras. No porque sean fotos tristes, no todas los son, sino porque voy a pecho descubierto... y claro, no se puede, así te da cada una en todo el corazón.

Nah... en un par de días estoy como nueva. Chocolate, un videojuego, buena compañía como Z. y R. y gatos. Nada más necesito. 

Clicka aquí para ver las 30 fotografías.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Y, más o menos, ésto es lo que me digo


Dos monjes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron que un escorpión se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso delicadamente sobre la orilla. Justo antes de posarlo sobre la arena, el escorpión movió rápidamente su cola para picar al monje.

—¡Uy! ¡Qué daño! ¡Me ha dado en un dedo!—exclamó el hombre dolorido.

Cuando el dolor fue mitigándose, con el dedo hinchado, el monje volvió a la orilla a acabar de lavar su tazón. Mientras estaba manos a la obra, vio que el escorpión se había vuelto a caer al agua. Inmediatamente, metió su aún dolorida mano en el río para sacar al animal. Mientras dejaba al escorpión en el suelo, éste le picó de nuevo. El otro monje le preguntó:

—Amigo, ¿por qué continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es picar?
—Porque —respondió el monje— salvarlo es mi naturaleza. 

(Cuento extraído de "El arte de no amargarse la vida", de Rafael Santandreu)