domingo, 27 de enero de 2013

Zorra: persona astuta y sagaz

Hace ya dos años el juez Del Olmo revocó la condena a un hombre acusado de malos tratos. Además de hacer lindezas como obligar a su exmujer a ingerir insecticida, pegarle patadas y amenazarla diciéndole que la vería en el cementerio en una caja de pino, informando de esto también al hijo de la pareja, el sujeto (bestia) la llamó zorra en múltiples ocasiones (y tantas otras cosas le llamaría). Y aquí entra en escena Del Olmo, que considera que no tienen que ser un descalificativo, sino que hace referencia a la astucia de la mujer. 

Alguien envió la carta que pego a continuación al juez. No sé el nombre de la autora así que me disculpe por no citarla. Como digo es ya de hace tiempo pero me ha parecido tan interesante que he decidido darle un post.

"Estimado juez Del Olmo: 

Espero que al recibo de la presente esté usted bien de salud y con las neuronas en perfecto estado de alerta como es habitual en Su Señoría…

                    El motivo de esta misiva no es otro que el de solicitarle amparo judicial ante una injusticia cometida en la persona de mi tía abuela Felicitas y que me tiene un tanto preocupada. Paso a exponerle los hechos:

                    Esta mañana mi tía abuela Felicitas y servidora nos hemos cruzado en el garaje con un sujeto bastante cafre que goza de una merecida impopularidad entre la comunidad de vecinos. Animada por la última sentencia de su cosecha, que le ha hecho comprender la utilidad de la palabra como vehículo para limar asperezas, y echando mano a la riqueza semántica de nuestra querida lengua española, mi querida tía abuela, mujer locuaz donde las haya, le ha saludado con un jovial "que te den, cabrito".

                    Como una hidra, oiga. De poco me ha servido explicarle que la buena de la tía abuela lo decía en el sentido de alabar sus grandes dotes como trepador de riscos, y que en estas épocas de recortes a espuertas, desear a alguien que le den algo es la expresión de un deseo de buena voluntad. El sujeto, entre espumarajos, nos ha soltado unos cuantos vocablos, que no sé si eran insultos o piropos porque no ha especificado a cuál de sus múltiples acepciones se refería, y ha enfilado hacia la comisaría más cercana haciendo oídos sordos a mis razonamientos, que no son otros que los suyos de usted, y a los de la tía abuela, que le despedía señalando hacia arriba con el dedo corazón de su mano derecha con la evidente intención de saber hacia dónde soplaba el viento.

                    Como tengo la esperanza de que la denuncia que sin duda está intentando colocar esa hiena -en el sentido de que es un hombre de sonrisa fácil- llegue en algún momento a sus manos, le ruego, por favor, que intente mediar en este asunto explicándole al asno -expresado con la intención de destacar que es hombre tozudo, a la par que trabajador- de   mi vecino lo de que las palabras no siempre significan lo que significan, y le muestre de primera mano esa magnífica sentencia suya en la que determina que llamar zorra a una mujer es asumible siempre y cuando se diga en su acepción de mujer astuta.

                    Sé que es usted un porcino -dicho con el ánimo de remarcar que todo en su señoría son recursos aprovechables- y que como tal, pondrá todo lo que esté de su mano para que mi vecino y otros carroñeros como él -dicho en el sentido de que son personas que se comen los filetes una vez muerta la vaca - entren por el aro y comprendan que basta un poco de buena voluntad, como la de mi tía abuela Felicitas, para transformar las agrias discusiones a gritos en educados intercambios de descripciones, tal y como determina usted en su sentencia, convirtiendo así el mundo en un lugar mucho más agradable.

                    Sin más, y agradeciéndole de antemano su atención, se despide atentamente, una víbora (evidentemente, en el sentido de ponerme a sus pies y a los de su señora), salude a las zorras de su esposa y madre."

sábado, 26 de enero de 2013

Pequeñas victorias para ganar una guerra

Tengo pánico a los exámenes. Todos lo tenemos, diréis. No, no más que yo.

Esta semana tuve dos. Realmente tenía cuatro pero me dije que me dejara de imposibles, por una vez y sin que sirva de precedente, que los cuatro ni de broma.

Apuntes en la cama, apuntes en la mesita, apuntes en la cómoda. Rotuladores, esquemas, los dedos manchados de tinta. Hace tiempo que controlo mejor la ansiedad mientras estudio. ¿Habéis probado a estudiar mientras el mareo te nubla la vista? Lo que no controlo es el miedo. Siempre el miedo.

En el primer examen me encontré con una conocida y no pude parar de hablar hasta que dijeron mi nombre y entré en el aula. En el segundo se apoderó de mi el mutismo mientras mi corazón iba a cien por hora. Envié un mensaje: "Estoy por echar a correr, me tiemblan las manos." Me contestaron algo como"Tranquila, tú puedes, lo harás bien. Aguanta."

Sé mucho de echar a correr. Lo hice durante años. Empezaban a llamar por lista y yo me daba media vuelta y me iba por dónde había venido. El miedo. Siempre el miedo.. 

Siento que hace tiempo que estoy sumergida en una ciénaga de aguas sucias y ponzoñosas. Mis movimientos son lentos y torpes, pero no me hundo. Aguanto. Eso también lo hago bien. 

Te has presentado, me dice, y has estudiado un montón, y además estando enferma. Y yo sonrío y le pido un beso. He celebrado que se ha acabado la semana retomando el libro que tenía casi recién empezado, "la ladrona de libros". Hoy lo he terminado, unas trescientas páginas me he zampado hoy, y qué dolor de cabeza tengo, claro. El libro magnífico, eso sí.

Cuando era pequeña, una primavera, apareció un inmenso hormiguero justo al inicio del camino de tierra que iba a dar a mi casa. A las dos de la tarde, con el sol en lo alto, cuando yo volvía del colegio, tres metros cuadrados de camino estaban abarrotados de hormigas. Unas hormigas grandes y rojas. Me quedaba mirando un buen rato y, de pronto, como si quisiese pillarlas por sorpresa, pasaba corriendo lo más veloz que podía. Eran dos segundos los que tardaba en cruzar la zona de las hormigas, pero,  no me preguntéis cómo, eran suficientes para que alguna se enganchara a mi zapatilla e iniciara el ascenso por mi pie. Estuve semanas así. Haciendo sprints después de clase para evitar las hormigas, y escrutándome los pies después. 

Un día las hormigas desaparecieron. Miré y remiré y no ví ninguna. Se habían ido. 

Llamadme ingenua pero tengo la esperanza de que algunas cosas, a costa de pasar corriendo sobre ellas una y otra vez, aplastándolas, también acaben por desaparecer.
 


miércoles, 9 de enero de 2013

No te rindas...


Lo encontré en una red social y no puedo evitar copiarlo aquí. Es perfecto.  



NO TE RINDAS

No te rindas, aun estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo tambien el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frio queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada dia es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero.

Mario Benedetti

martes, 8 de enero de 2013

Mi mundo baila Doo Wop

Suena I wonder why, de Dion and The Belmonts.

Ya sé que llego tarde para esto pero me apetece dejar constancia por escrito... ¿Qué aprendí en el 2012?

-Ya sabía que la depresión es una enfermedad crónica que está al acecho para reaparecer de nuevo en cuanto me descuide. Los que la padecimos debemos estar alerta para que nada pase de un simple bajón. Este año aprendí que mi tenacidad también es crónica. Creo que una imagen que me define muy bien es alguien levántandose del suelo y sacudiéndose el polvo de las rodillas. Una y otra vez, una y otra vez. Así no hay depresión que pueda volverme a vencer. Ni ninguna otra cosa.

-Que hay gente que no tiene ni una pizquita de respeto y lealtad y usarán la excusa más banal para venir a pisarme la cabeza cuando esté hundida. Que tendré que ver cómo todo lo bueno que les dí a personas que amé y admiré fue tiempo inútil tirado a la basura. Pisotearán y escupirán sobre todos los buenos momentos, se perderán, como lágrimas en la lluvia, que decía mi querido Roy Batty, y no quedará nada. Nada. Y les dará igual.

-Después de eso llevo en el costado izquierdo una cicatriz profunda que no creo que cure del todo... pero aprendí que la música sigue sonando, mi mundo sigue girando y yo sigo bailando con él. 

-Que tengo a mi lado a mi amor,  que nunca haría daño intencionadamente, alguien que sabe de respeto, y de lealtad, y tener compasión cuando hace falta, de escuchar y comprender al otro. Pero es que además me quiere, y me protege, y me mima, y me da todo el amor que tanta falta me hacía hasta que llegó él. Y cada mal trago que paso con otros me sirve para valorar más y más lo buena persona que es. Además de muy inteligente. Y de que nadie como él para hacer que me duela la barriga de la risa. Callo ya.

-Aprendí que soy más valiente de lo que pensaba. Tuve un par de pruebas importantes y acabé por hacer lo que yo quería y cómo quería, a pesar de presiones familiares, etc. Y para hacer eso alguien como yo, que no soy precisamente un ejemplo de alta autoestima y seguridad en mí misma, se necesita de mucha fuerza.

-Por último aprendí también algo que nunca he asimilado del todo bien y que resume la famosa frase de Einstein: "Si quieres que algo cambie no hagas siempre lo mismo". 


Empecé el año de vacaciones, metidicos en casa mi pareja, los gatos y yo. Desayunábamos a la una, comíamos a las seis viendo una buena peli y no nos íbamos para cama hasta las tres de la mañana. Un horario de locos, sí. Cada día nos decíamos que al siguiente colgábamos los cuadros que esperaban pendientes.  Por fin ví la loca Cry Baby y me enamoré de Johnny Depp por vigésima vez. Escuché mucha música, mucho Doo Wop que tan buen rollo me da (pal que no sepa es música de los 50, escúchese canción del inicio). No cambiaría esos días por nada del mundo. Ordené la cabeza y además cogí valor para hacer algo que se me da bien y no me atrevo a explotar: escribir. Estoy participando en un torneo de relato corto, funciona a base de duelos, por ahora no voy mal, a ver hasta donde llego, siempre será más lejos de lo que lo haría si no me hubiese atrevido a participar.

Y estudié, sí, también estudié, no tanto como debería pero lo suficiente como para ir con relativa tranquilidad a los exámenes de enero (y digo relativamente porque los exámenes siempre me ponen el estómago del revés).

Tengo muchos planes para este año, muchas ideas que van cogiendo forma, muchas decisiones que tomar y proyectos que echar a andar. Cuando pasen los exámenes me pondré a ello, poquito a poco, una cosa tras otra. Me dijeron el otro día que no soy una velocista, sino una corredora de fondo, y me da la impresión de que algunas cosas las he estado incubando durante mucho tiempo y que ya les está llegando el momento. 

martes, 1 de enero de 2013

Dos paragüas

Suena Demons, de Imagine dragons (pongo vídeo chungo porque no encuentro otro sitio mejor donde se escuche bien -por cierto, ¿se puede tener un nombre más bonito que Imagine dragons?-)



Volvemos de ver Los miserables y caminamos los cuatro por el medio de una calle peatonal. Amenaza lluvia y apuramos el paso mientras hablamos sobre el musical.

Pasamos al lado de un par de niños de no más de cuatro años que ríen mientras abren y cierran sus pequeños y coloridos paragüas. Entonces el que debía ser el padre les dice:

-Bueno, ¡ya está bien, el que vuelva a abrir el paragüas se lo quito!

Miro a mis amigos y les digo muy seria:

-Ya lo sabéis chicos, ¡diversión NO!

Anda que no habrá cosas más importantes por las que reñir a un niño que porque se divierta con otro abriendo y cerrando el paragüas...


P.D. Y así, con este post, quitándole importancia a las cosas que no la tienen, empiezo el 2013. Buen año a todos :D