viernes, 22 de febrero de 2013

El Principito: Eres responsable de lo que has domesticado

CAPÍTULO XXI


Entonces apareció el zorro:

-¡Buenos días! -dijo el zorro.
-¡Buenos días! -respondió cortésmente el principito que se volvió pero no vió nada.
-Estoy aquí, bajo el manzano -díjo la voz.
-¿Quién eres tú? -preguntó el principito-. ¡Qué bonito eres!
-Soy un zorro -dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo -le propuso el principito-, ¡estoy tan triste!
-No puedo jugar contigo -dijo el zorro-, no estoy domesticado.
-¡Ah, perdón! -dijo el principito.

Pero después de una breve reflexión, añadió:

-¿Qué significa "domesticar"?
-Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?
-Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es lo único que les interesa. ¿Tú buscas gallinas?
-No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"? -volvió a preguntar el principito.
-Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa "crear vínculos... "
-¿Crear vínculos?
-Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo...
-Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... creo que ella me ha domesticado...
-Es posible -concedió el zorro-, en la Tierra se ven todo tipo de cosas.
-¡Oh, no es en la Tierra! -exclamó el principito.

El zorro pareció intrigado:

-¿En otro planeta?
-Sí.
-¿Hay cazadores en ese planeta?
-No.
-¡Qué interesante! ¿Y gallinas?
-No.
-Nada es perfecto -suspiró el zorro.

Y después volviendo a su idea:

-Mi vida es muy monótona. Cazo gallinas y los hombres me cazan a mí. Todas las gallinas se parecen y todos los hombres son iguales; por consiguiente me aburro un poco. Si tú me domesticas, mi vida estará llena de sól. Conoceré el rumor de unos pasos diferentes a todos los demás. Los otros pasos me hacen esconder bajo la tierra; los tuyos me llamarán fuera de la madriguera como una música. Y además, ¡mira! ¿Ves allá abajo los campos de trigo? Yo no como pan y por lo tanto el trigo es para mí algo inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada y eso me pone triste. ¡Pero tú tienes los cabellos dorados y será algo maravilloso cuando me domestiques! El trigo, que es dorado también, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo.

El zorro se calló y miró un buen rato al principito:

-Por favor... domestícame -le dijo.
-Bien quisiera -le respondió el principito pero no tengo mucho tiempo. He de buscar amigos y conocer muchas cosas.
-Sólo se conocen bien las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no fienen tiempo de conocer nada. Lo compran todo hecho en las tiendas. Y como no hay tiendas donde vendan amigos, los hombres no tienen ya amigos. ¡Si quieres un amigo, domestícame!
-¿Qué debo hacer? -preguntó el príncipito.
-Debes tener mucha paciencia -respondió el zorro-. Te sentarás al principio ún poco lejos de mí, así, en el suelo; yo te miraré con el rabillo del ojo y tú no me dirás nada. El lenguaje es fuente de malos entendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca...
El principito volvió al día siguiente.

-Hubiera sido mejor -dijo el zorro- que vinieras a la misma hora. Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde; desde las tres yo empezaría a ser dichoso. Cuanto más avance la hora, más feliz me sentiré. A las cuatro me sentiré agitado e inquieto, descubriré así lo que vale la feliçidad. Pero si tú vienes a cualquier hora, nunça sabré cuándo preparar mi corazón... Los ritos son necesarios.
-¿Qué es un rito? -inquirió el principito.
-Es también algo demasiado olvidado -dijo el zorro-. Es lo que hace que un día no se parezca a otro día y que una hora sea diferente a otra. Entre los cazadores, por ejemplo, hay un rito. Los jueves bailan con las muchachas del pueblo. Los jueves entonces son días maravillosos en los que puedo ir de paseo hasta la viña. Si los cazadores no bailaran en día fijo, todos los días se parecerían y yo no tendría vacaciones.

De esta manera el principito domesticó al zorro. Y cuando se fue acercando el día de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-, lloraré.
-Tuya es la culpa -le dijo el principito-, yo no quería hacerte daño, pero tú has querido que te domestique...
-Ciertamente -dijo el zorro.
- ¡Y vas a llorar!, -dijo él principito.
-¡Seguro!
-No ganas nada.
-Gano -dijo el zoro- he ganado a causa del color del trigo.

Y luego añadió:
 -Vete a ver las rosas; comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás a decirme adiós y yo te regalaré un secreto.

El principito se fue a ver las rosas a las que dijo:

-No son nada, ni en nada se parecen a mi rosa. Nadie las ha domesticado ni ustedes han domesticado a nadie. Son como el zorro era antes, que en nada se diferenciaba de otros cien mil zorros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo.

Las rosas se sentían molestas oyendo al principito, que continuó diciéndoles:

-Son muy bellas, pero están vacías y nadie daría la vida por ustedes. Cualquiera que las vea podrá creer indudablemente que mi rosa es igual que cualquiera de ustedes. Pero ella se sabe más importante que todas, porque yo la he regado, porque ha sido a ella a la que abrigué con el fanal, porque yo le maté los gusanos (salvo dos o tres que se hicieron mariposas ) y es a ella a la que yo he oído quejarse, alabarse y algunas veces hasta callarse. Porque es mi rosa, en fin.

Y volvió con el zorro.

-Adiós -le dijo.
-Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple : sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.
-Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.
-Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.
-Es el tiempo que yo he perdido con ella... -repitió el principito para recordarlo.
-Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa...
-Yo soy responsable de mi rosa... -repitió el principito a fin de recordarlo.


¡Cojonudo!


Suena Sweet Child O'mine de Guns N'Roses. 

Me ha retado Naar a un meme, así que allá va...
¿El libro más cojonudo que hayas leído? 
Dos libros, los dos de una sensibilidad exquisita. Por una parte El Principito. A algunos les parece una cursilada pero para mí es pura poesía en prosa. A base de metáforas muy bellas, de una forma dulce y tierna, habla de las cosas verdaderamente importantes de la vida. No puedo tampoco dejar de nombrar "Mi planta de naranja lima". Un niño muy especial, un árbol que habla y una amistad profunda y sincera.


¿La película más cojonuda que hayas visto?
Difícil elegir.... así que también diré varias. Luces de la ciudad, de Chaplin. Si piensas que el cine mudo no es lo tuyo ve esa peli y luego hablamos. Reirás y llorarás y querrás volver a verla. Y también citaría El cuervo (la de Brandon Lee), simplemente por la estética y la ambientación ya merece la pena. Y León el profesional.




¿La canción más cojonuda que hayas escuchado?
Pues a ver... tengo un gran problema para discriminar y quedarme solo con una. Os pondría miles pero me decidiré por dos que no conoce todo el mundo: "Ando como hormiguita", de Silvio Rodríguez (gustará o no pero es innegable que es una canción diferente) y "When you are gone", de The Cranberries (me parece la canción de la pérdida por excelencia).

¿Lo más cojonudo que hayas hecho en tu vida? 
No sé si es lo más cojonudo pero segurísimo que está en los primeros puestos: adoptar a mis gatos. Me han hecho más sensible, más empática, más observadora y detallista... Asociados a ellos han venido una  serie de cambios que siempre han sido para mejor. Yo misma soy mejor desde que están conmigo. 

Y por último, ¿en qué animal (cojonudo, por supuesto) te reencarnarías?
Pues está claro. Un gato. Ojalá un gato con un hogar donde me quieran y un jardín bien grande para espiar lagartijas y tomar siestas al sol. Me parecen de los animales más bellos, me he pasado ratos vergonzosamente largos observando embelesada a los míos.

Y ya está. No voy a pasárselo a nadie pero el que quiera responder en los comentarios o en su blog es libre de hacerlo. Yo estaré encantada de leerlo :)

P.D. Por cierto, he visto que en la etiqueta Textos aún no tengo ningún post con el conocido capítulo 21 de El principito. Imperdonable. Va en el siguiente post, para el que le interese. 

martes, 19 de febrero de 2013

Reto 1: Correr

Me gustan las listas. Me gusta ir tachando lo conseguido porque son pasitos que voy dando. Hay varias cosas que me he propuesto para este año.

Hace años hacía mucho deporte. Ahora prácticamente ninguno, salvo las veces que pillo la bici, que no son muchas. Estoy harta de cansarme con el menor esfuerzo aeróbico que haga (como subir unas escaleras un poco apurada y acabar recuperando el aliento apoyada contra una pared) así que ahí está mi primer reto: volver a hacer ejercicio y conseguir correr 30 minutos. 

Hoy fue nuestro primer día de entrenamiento. Aún no sé cómo he conseguido arrastrar a Z. en mi plan de empezar a correr. Así que allá nos hemos ido. Él con su chándal del 99, del instituto, y yo con las mayas de hacer limpieza. Imaginaos que pintas. Sinceramente pensé que tendría que ir a un ritmo más lento por su culpa pero la que casi echa los hígados por correr un mísero minuto de cada cuatro fuí yo. Él tan campante. 

Después de darme cuenta de que tengo tanto estilo corriendo como bailando (nulo) y que parece que más que correr agonizo, me ha quedado un punto en la barriga y dolor en una cadera. No sé qué pasará el próximo día pero espero que la cosa no empeore.


Con lo idílico que parece...