domingo, 24 de marzo de 2013

Reto 2: aprender a respirar y elegir las palabras

Suena Shadows, de Au revoir Simone. 

Otro propósito más para este año.

No quiero discutir con gente que no tiene importancia en mi vida. No merece mi tiempo ni mi energía. Da igual lo que piensen de lo que digo o hago.  Entrar a razonar con ellos es darles una atención que no merecen. 

No quiero tampoco discutir con la gente que sí tiene importancia pero, de suceder, quiero mantener la calma y ser capaz de decir las cosas con serenidad. Porque no es bueno para mí llenarme la boca de palabras dañinas, y tampoco para ellos, aunque en ese momento piense que se las merecen. Porque tengo conciencia y después me pesa. Porque nunca he conseguido solucionar nada de esa forma. 

Lo malo de ser una persona afable es que nadie se espera que tenga tan mala hostia cuando me enfado o estoy dolida. Vamos, que tengo que aprender a contar hasta diez, básicamente. 



domingo, 17 de marzo de 2013

"Estoy triste, y mis ojos no lloran", de Juan Ramón Jimenez

No, no estoy triste, pero me ha gustado y aquí se queda.

Estoy triste, y mis ojos no lloran

Estoy triste, y mis ojos no lloran
y no quiero los besos de nadie;
mi mirada serena se pierde
en el fondo callado del parque.

¿Para qué he de soñar en amores
si está oscura y lluviosa la tarde
y no vienen suspiros ni aromas
en las rondas tranquilas del aire?

Han sonado las horas dormidas;
está solo el inmenso paisaje;
ya se han ido los lentos rebaños;
flota el humo en los pobres hogares.

Al cerrar mi ventana a la sombra,
una estrena brilló en los cristales;
estoy triste, mis ojos no lloran,
¡ya no quiero los besos de nadie!

Soñaré con mi infancia: es la hora
de los niños dormidos; mi madre
me mecía en su tibio regazo,
al amor de sus ojos radiantes;

y al vibrar la amorosa campana
de la ermita perdida en el valle,
se entreabrían mis ojos rendidos
al misterio sin luz de la tarde...

Es la esquila; ha sonado. La esquila
ha sonado en la paz de los aires;
sus cadencias dan llanto a estos ojos
que no quieren los besos de nadie.

¡Que mis lágrimas corran! Ya hay flores,
ya hay fragancias y cantos; si alguien
ha soñado en mis besos, que venga
de su plácido ensueño a besarme.

Y mis lágrimas corren... No vienen...
¿Quién irá por el triste paisaje?
Sólo suena en el largo silencio
la campana que tocan los ángeles.

Juan Ramón Jiménez

domingo, 10 de marzo de 2013

Estrenamos 32

Buéh... que ayer cumplí 32 años. Qué burrada. En serio. Peor es no llegar a cumplirlos pero es que siento que se me escapan los años en cada parpadeo. 

Y me he preguntado lo que se pregunta la gente a veces, que si soy como me imaginaba de pequeña. No es que lo recuerde pero probablemente me imaginaría en una gran casa con un jardín inmenso y un bosque propio. Con un montón de gatos, perros, caballos, ovejas y todo bicho maltratado por la vida que se me cruce en el camino. Con un trabajo estupendástico (no sé cual, que quise ser fotógrafa, policía, veterinaria, médico... a saber, pero estupendástico) en el que destacaría superlativamente, con un sueldo igual de superlativo. Emparejada con un joven millonario súpercool a la vez que sencillo, fuerte y viril a la vez que compasivo y sensible. Y yo sería aún más súpercool, con un pelazo de cágatelorito, femenina, deportista,  e independiente.

Y hombre, echo un vistazo alrededor y... a ver:

-La casa grande lo que se dice grande no es. Es grande en vertical, que es todo escaleras como una torre, eso sí. Pero es mía. Ningún banco carroñero puede quitármela. 

-Gran jardín tampoco. Como un cuarto de baño. De los pequeños, que el lilo y la gardenia se pelean por los rayitos de sol. Para poner una silla o dos sí que da. Igual una mesita también. Aunque sea encima de la hortensia. Del bosque mejor no hablamos, a no ser que tenga en cuenta las acacias que hay plantadas en la acera, lo que sería muy optimista por mi parte. 

-Mi familia de cuatro patas no es tan grande como me gustaría (tiempo al tiempo). Por ahora tengo un gato grande y negro que ataca a los perros del vecindario y otro gato color rata que mea en el bebedero cuando se acaba el agua. 

-Pizzera, camarera, auxiliar de almacén, niñera, también trabajé en una imprenta... ninguno fue estupendástico. O sí, si tenemos en cuenta todo lo que aprendí a nivel personal. A veces miro a los veinteañeros con los que comparto clase y pienso "Lo que os queda, majos". Esa es otra, la carrera. Que la acabo para el año (salvo que se tuerza mucho la cosa). Quizás entonces encuentre mi trabajo estupendástico. 

-Casada con un millonario no estoy, pero su sueldo es el que sostiene a nuestra pequeña familia. No es súpercool pero sí es el mejor del mundo mundial, que mola mucho más. Fuerte y viril tampoco pero puntúa doble en compasivo  (y en borde y descarado también).

-Tampoco yo soy súpercool. Lo siento, pequeña miniAbisal. El pelazo de tres palmos me lo voy a cortar a lo chico en breve y de lo de femenina y deportista mejor no hablamos. Independiente sí, eso sí.


Buéh, decía... que no me ha rendido la última década tanto como esperaba pero vamos haciendo caminito de todas formas. He vuelto a escribir y he ganado algún concursillo de cierto foro. Uno de poesía, uno de relato y quedé finalista en uno de microrrelatos. Ahora participaré en alguno serio, a ver si gano para el pienso de los gatos, al menos. Y pronto empezaré a pintar. Y he empezado a hacer ejercicio de nuevo. Y me quité una carga que llevaba encima,  de esas que crees que te hacen bien y sólo consumen energía. También me he casado. Y he plantado 29 castaños en una finca en la aldea. En un sitio donde sólo conocen la rentabilidad del eucalipto (plaga) allí hemos espetado nuestros castaños micorrizados, para que en unos años nos den ricas setas.

Espero no morir entonces de un empacho de boletus, que aún me queda lo del libro y el hijo.