lunes, 26 de agosto de 2013

Retos 2013: la cosa del correr

Suena ♫ Nightcall, de Kavinsky. Es la canción principal de la BSO de Drive y me encanta. La peli también la recomiendo, y no sólo porque aún sin ser yo muy fan de Ryan Gosling me pasara babeando por él la hora y media que duró.

Siempre he pensado que si tuviese un perro le llamaría Arco, pero ahora que lo pienso Kavinsky o un apellido ruso del estilo también le quedaría bien, ¿no?

Tengo muchas cosas que contar. Tantas que he tenido que decidir entre escribir tres posts o meter las tres en uno. Como últimamente ando viciada al Diablo (sí, yo, que siempre he renegado de los videojuegos), sólo me queda una semana de vacaciones y tengo que optimizar el tiempo va todo en uno.

Este año inicié una serie de posts con la etiqueta Retos 2013 para ayudarme a cumplir algunas metas. Solo son tres, podrían ser una docena pero decidí por ahora dejarlo ahí para no dispersarme, que es algo muy mío, y centrarme en ellos.

El reto 3, como contaba aquí, es escribir un libro de relatos. ¿Cómo va la cosa de avanzada? Pues tengo algunos escritos que voy corrigiendo y pasando al WritterPad, y voy pensando en nuevas ideas para escribir más. Me parecería un éxito si antes de que acabe el año tengo por lo menos un buen número de textos escritos, aunque aún me falte corregirlo. Aún quedan cuatro meses, hay tiempo.

El reto 2, léase este post, trata sobre mi intención de ser más cuidadosa con las palabras, de aprender a respirar antes de saltar cuando me tocan la moral, de mantener la calma. Lo último que hice en este aspecto fue mandar a hacerse una paja a un conocido con el que tuve un pique tonto. Así que parece que mucho no he avanzado en el tema.

El reto 1, empezar a correr. ¡Lo conseguí! Era Febrero cuando salimos a correr Z. y yo por primera vez. Yo muy dispuesta, él arrastrado. En este post cuento como casi MUERO, debía tener bajas las reservas de glucógeno o yo qué sé. Después de ese día, entre pitos y flautas, dejamos el asunto hasta que la semana pasada, harta de que mi conciencia me lo echara en cara, di un puñetazo en la mesa y dije: esta semana empezamos (reloaded).

Y así fue. Estoy feliz porque he encontrado un sitio a cinco minutos de mi casa que es precioso para correr. Es una de las cosas buenas de Galicia, que en dos pasos estás en el medio del monte. Algunas imágenes del recorrido de hoy:







Aunque haga calor es una gozada correr por aquí porque los árboles dan sombra y fresquito. Lo único malo es que como te despistes e inspires por la boca te llevas media docena de mosquitos.

Estoy absolutamente motivada después de haber ido tres veces, lo que es buena señal. Me he bajado la aplicación RunKeeper, que ayuda un montón en el asunto, y porque no tengo un duro, que si no ya me estaba comprando unas deportivas flúor monísimas que he visto. Y el libro de Murakami, "De qué hablo cuando hablo de correr". Y muchas cosas absolutamente innecesarias más. Pero vamos, que así también estoy bien.

Cuando volvíamos a casa nos hemos parado a coger moras en un descampado, asegurándome recuperar las calorías que podía haber perdido. Un poco de azúcar moreno y miel y el zumo de una naranja (yo prefiero con limón, pero no tenía). Y voilà:



La verdad es que echaba mucho de menos hacer deporte. Y no lo hacía porque no quería, obviamente. Somos así de destructivos y vagos. Espero recuperar la forma de hace años, cuando hacía full-contact, natación y tenis. Por entonces tenía el culo como una piedra, efectivamente.

Y como estoy de buen humor os dejo otra canción. No sé qué me pasa con la música que casi todo lo que me gusta es de décadas pasadas, desde el doo wop de los 40,  hasta joyas como ésta, de los 70,  ♫ The Night, de Frankie Valli y the four seasons. Pinchad y disfrutad.

P.D. Después de un mes por fin me dispongo a actualizar el otro blog. Que se pase el que le interese.

P.D. 2: Cristina Cifuentes, delegada del gobierno, se recupera de un grave accidente de moto ingresada en un hospital público. No ha hecho mucho la señora por la sanidad pública, quizás tras su experiencia entienda la importancia de que toda persona tenga derecho a ser atendido en caso de necesitarlo. Esté trabajando o no, sea inmigrante sin tarjeta sanitaria o un ciudadano español.

He visto hoy el documental Sicko de Michael Moore. El sistema sanitario estadounidense deja con el culo al aire a sus ciudadanos, no cubriendo los tratamientos, por ejemplo, de una chica de 22 años con cáncer de útero por considerar su seguro que es demasiado joven para tener tal cosa. Por no hablar del que tuvo que elegir qué dedo reimplantarse de los dos que habían sido amputados en un accidente, por no poder pagar ambos. Las compañías médicas son empresas que sólo buscan enriquecerse sin límites, y no dudan en hacer pensar al americano medio que un sistema público y gratuito les traería una medicina tercermundista.

El sistema sanitario PÚBLICO español está entre los mejores del mundo. Es totalmente autosuficiente, puede mantenerse perfectamente con los impuestos que todos pagamos, y lo único que quiere gente como Cifuentes es convertirlo en una gallina de huevos de oro que enriquezca a los de arriba. Exactamente lo que sucede en el aberrante sistema americano.

Si queréis ver el documental lo tenéis online aquí.

domingo, 11 de agosto de 2013

Cantabria

Suena Hey you, de Scorpions (la he puesto varias veces, lo sé, es de mis favoritas)

He estado cuatro días en Cantabria. Bueno, he estado uno en camino, dos allí y otro lo he invertido en volver. Tener un todoterreno mayorcete (me niego a llamarle viejo a mi nene) es lo que tiene, que mucha velocidad no coge, el pobre. 

Recuerdos:

-Me he extasiado viendo estalagmitas, excéntricas, estalagtitas y coladas en la Cueva El Soplao, descubierta a principios de siglo en una mina de plomo y zinc. Es una cavidad enorme (en toda su extensión más de 13 km) con diferentes alturas, y se la recomendaría a todo el mundo, aunque no le apasione especialmente la geología.

-Me han decepcionado un poco algunas cosas en el Parque de Cabárceno. Si bien los hervíboros en general están perfectamente, me parece que ciertos carnívoros tienen un espacio demasiado pequeño para sus costumbres, en nada se parece al concepto que yo tengo de "semilibertad". Creo que animales como éstos deberían estar o bien en un espacio cinco veces más grande o bien directamente en una reserva. Y los que queramos ver jaguares en vivo y directo a ahorrar para el pagarse el safari fotográfico. No digo que estén mal, los animales se veían con un buen peso, sin esas horribles conductas repetitivas que se originan cuando están estresados, con el pelaje brillante y limpio. Digo que no es lo que yo entiendo por semilibertad, especialmente en el caso de los lobos, que tienen muy poco espacio. Y.. bueno, de los reptiles mejor no hablar. Allí enlatados en su vitrinita de medio metro. Ha servido para reafirmarme en lo que ya sabía, que no pisaré un zoo en mi puta vida.

-Me he enamorado tropecientas veces en el Parque de Cabárceno, sí, porque lo malo de los humanos no quita lo bueno del resto de animales: que son seres bellísimos y perfectos, desde el tigre hasta la iguana, pasando por leones marinos y osos y cebras. Perfectos y terriblemente inocentes. Frente a los gorilas pensé lo que pienso siempre que observo simios: sus gestos, su forma de mirar... ¿Cómo puede haber gente que aún niegue que procedemos del mismo tronco? 

-Caminé por Santander acordándome a cada rato de mi amiga A., que murió allí hace ya 14 años.

-Me maravillé en la réplica de la Cueva de Altamira, como tantas veces que veo arte, por la forma que que aquel antecesor nuestro utilizaba los volúmenes y grietas de la roca para pintar una manada de bisontes. Refrescando datos que ya sabía, como que utilizaban tuétano para alumbrar mientras pintaban porque no producía humo o la diferencia entre una impresión de manos en positivo o negativo y cómo las hacían. 

-Saboreé con placer los platos de la tierra (qué bien cocinan astures y cántabros, coño). 

-Eché de menos a mis gatos a cada rato. 

-Entré en el Museo de la Tortura de Santillana del Mar, que se centra en la Inquisición española, y salí triste por todos los que cayeron en manos de esos salvajes durante aquellos siglos.

-Flipé, no, espera... FLIPÉ con una exhibición de cetrería y las diferentes técnicas de caza de las rapaces, según la presa de la especie en cuestión fuese también un ave, terrestre o acuática. Como si no lo fuera ya, me declaro fan total de estas aves, después de los felinos, of course. 

Nos rindieron los días, ¿a qué sí? 

También es verdad, que a las seis de la tarde, después de conducir 500 kilómetros bajo el sol en un coche sin aire acondicionado, tirada en la cama con los gatos y mi compañero, compartiendo un Calippo a medias y haciendo bromas bobas... también se estaba bien. En casa y con mi troupe al completo, siempre se está bien. 




lunes, 5 de agosto de 2013

Rayadas de las mías...

Hace poco leí sobre un concepto que no conocía, el acoso social. Es como ponerle nombre al monstruo que vive debajo de mi cama. 

Básicamente sucede porque la sociedad, según leo en la red, " tiende hacia la unificación, hacia la igualdad de caracteres, pensamientos comportamientos... Es entonces cuando los rasgos identificativos que suponen una diferencia son sistemáticamente rechazados"

No hay que ser muy perspicaz para darse cuenta de que lo "diferente" es amenudo atacado. Por desgracia son comunes los crímenes homófobos o xenófobos. Lo diferente parece que crea una sensación de amenaza a la estabilidad del grupo en el que nos sentimos seguros. A veces lo imagino como un impulso primitivo originario del Paleolítico que aún sobrevive en nuestros genes. 

El acoso social también incluye la presión del entorno para que, por ejemplo, una pareja de novios que llevan años juntos se case. Y si se casan para que tengan hijos. Y cuando tengan hijos para que los críen de la forma que la mayoría de la sociedad considere correcta. 

¿Y si una mujer no quiere tener hijos? Es rara. Es egoísta. No tiene sentimientos. Es un robot. Definitivamente no es una verdadera mujer, no tiene coño porque si lo tuviera... ¿cómo demonios no iba a querer ser madre?

Cuando mi pareja decía que no nos íbamos a casar por la iglesia le decían "ella no te va a dejar, ella va a querer una boda a lo grande". Porque si eres mujer y no quieres una boda por la iglesia y a lo grande eres... eres rara. Chunga. Siempre estaba sola en el recreo, y torturaba gatitos, dirán los vecinos.

Ya nos hemos casado. Como nos ha dado la gana. Un drama para algunos. Ahora están a ver si entre todos me preñan. Que los niños para cuándo. 

Lo curioso es que hasta que les pisé el freno unos de los más pesados era una pareja de amigos que serán padres en breve. Cuando ya me estaba hartando un poquito intenté explicárselo (un error, no hay que dar explicaciones de decisiones que sólo conciernen a tu pareja y a ti)

-No, mira que yo hasta dentro de un par de años, por la medicación que tomo, no puedo. 
-¿Por qué no?
-Porque prefiero no tener un bebé con espina bífida y paladar hendido.
-Ah, pero eso ahora se opera

What the fuck! Claaaaro... se opera, y ya está. Entonces me paso por el forro lo que diga el neurólogo y me animo, ¿no? Lástima que la vejiga incontinente se mantenga a pesar de la operación. Conversaciones subrrealistas que me ponen de muy mal humor.

Dos momentos distintos con personas diferentes: en uno me estaba comiendo a besos la gata de unos vecinos, en otro estaba comentando con alegría que mi gato había superado la alergia que lo tenía sin pelo desde hace un año. La misma respuesta: "Tienes a punto el reloj biológico". Por que si una treintañera fértil muestra amor y preocupación por los animales es que, obviamente y sin duda alguna, está clamando a gritos que le hagan una barriga. Y la realidad es que tengo un muy limitado instinto maternal. Quiero tener niños pero no se me cae la baba con cualquiera que se me cruce ni me muero por cogerlos en brazos.

Decía al principio que es como ponerle nombre al monstruo de debajo de mi cama porque lo he notado desde siempre. Recuerdo la ansia enfermiza que tenía la gente para que bailara en las bodas cuando era adolescente. Yo no sé bailar, a cambio soy buena nadadora. Pero a nadie le importa que nades bien, porque nadar se nada solo y bailar es algo que se hace en grupo.  Por eso tooodos intentarán que bailes como si te hicieran un gran favor. Y hasta harán sus deducciones absurdas, como aquél que me dijo "Se ve que no te gusta la música". No, majo, yo adoro la música, lo que no me gusta es bailar Paquito El Chocolatero.

Y seguirá. Cuando no bautice a mis hijos. Cuando no le agujeree las orejas si tengo una niña. Cuando siga sin querer hacer las cosas que se supone debería hacer. Sé que la gente así no somos para los otros nada más que un espejo en el que ver su propia inseguridad.

No creo que sea posible ser del todo inmune a este tipo de cosas. Lo importante no es tanto que nos afecte o no, sino que no cambiemos nuestra forma de actuar a raíz de ésto. Es parecido a aquella frase que tanto me gusta: No se es valiente por lo que se siente sino por lo que se hace. 

Pues eso mismo.