jueves, 26 de septiembre de 2013

Si muriera esta noche...

En la pared del estudio de una conocida encontré este precioso poema. Idea Vilariño fue una poeta uruguaya que mantuvo una tempestuosa relación con el también escritor Onetti.



Obra de Audrey Kawasaki


Si muriera esta noche...

 
Si muriera esta noche
si pudiera morir
si me muriera
si este coito feroz
interminable
peleado y sin clemencia
abrazo sin piedad
beso sin tregua
alcanzara su colmo y se aflojara
si ahora mismo
si ahora
entornando los ojos me muriera
sintiera que ya está
que ya el afán cesó
y la luz ya no fuera un haz de espadas
y el aire ya no fuera un haz de espadas
y el dolor de los otros y el amor y vivir
y todo ya no fuera un haz de espadas
y acabara conmigo
para mí
para siempre
y que ya no doliera
y que ya no doliera.


Idea Vilariño (1920-2009)

lunes, 23 de septiembre de 2013

El apego de la naranja lima

"—Sí, voy a matarlo. Ya comencé. Matar no quiere decir que uno tome el revólver de Buck Jones y haga ¡bum! No es eso. Uno lo mata en el corazón. Va dejando de querer. Y un buen día la persona muere." -Mi planta de naranja lima (José Mauro de Vasconcelos)

♫Suena "Titanium", de David Guetta. 

Hace unos días Z. me dijo: "No sé cómo puedes tenerle tan poco apego a las cosas". Me sorprendió que él viera que soy así tan claramente. Pensando en esto acabé por hojear las páginas de mi libro favorito, Mi planta de naranja lima.

Ví la película que hicieron sobre el libro y, aunque no es mala, no fue capaz ni de bocetar la belleza trágica de esta historia (al que le molesten los spoilers que deje de leer).

No sé porqué me gusta tanto este libro. Creo que porque me siento identificada con el sensible, imaginativo, rebelde e incomprendido Zezé, el niño protagonista. También porque Vasconcelos escribe bien sin necesidad de grandes artificios. Humor, lírica, creatividad y emociones. Es un libro puramente emocional, dramático y triste, y precioso dentro de esa tristeza. Creo que porque toca teclas que todos llevamos dentro.

Es autobiográfico. Vasconcelos conoce el dolor. Lo dibuja con su pluma al detalle, con trazos sencillos y certeros. El libro habla de la pérdida. La doble metáfora de la planta de naranja lima nos muestra cómo al mismo tiempo que conoce lo que es perder a quién quiere, muere también el mundo de las gallinas-pantera, su pequeño mundo de "niño Diablo", las culebras con piel de media, muere Miguelito, el árbol que habla, muere la fantasía y la imaginación. Es el exilio del mundo infantil y la llegada a la realidad del mundo adulto.

Parece ser la historia tiene una especie de continuación que aún no he leído. Espero que Zezé consiguiera ser feliz. 

¿Qué tiene esto que ver con lo que me dijo Z? 

Cuando tenía unos siete meses una amiga de mis padres me trajo desde Suíza a vivir con mi abuela. Hice mi primer vuelo en bolas, ella ya sabía que desnuda estaba tranquila y feliz. Cuando tenía un año volví a volar a Suíza con mis padres. Mi madre ya no me reconocía cuando me vió. Tenían una empresa de limpieza y trabajaban muchas horas los dos, así que me dejaban en la guardería a las seis de la mañana. Otras veces me quedaba con vecinos o amigos, a veces el trabajo se alargaba y me quedaba a dormir con ellos. En un mes rotaba por todo Zürich. Estaba tan acostumbrada a estar con unos y con otros que cuando mi padre se polifracturó de lo lindo en un accidente laboral (se cayó desde una ventana) me llevaba a la piscina con él. Mientras él hacía los ejercicios de fisioterapia yo chapoteaba en la piscina infantil con mis manguitos y un par de juguetes. A los dos años me llevaron al aeropuerto de nuevo y otra amiga me trajo a España. Estuve viviendo con mi abuela hasta los cinco años. Fue cuando mis padres volvieron a España y empecé a vivir con ellos. Demasiadas nuevas caras y nuevas casas en demasiado poco tiempo y demasiado pronto.

Los siguientes años no fueron buenos, fue una infancia complicada por cuestiones que ahora no vienen a cuento. 

No recuerdo gran cosa de esos primeros cinco años, no sé si ahí talaron alguna planta de naranja lima pero sí sé que me dió la tendencia a no anclarme a nada. La capacidad de asimilar los cambios y que pocas cosas son perdurables. Creo que de ahí viene ese desapego que decía mi compañero. El desapego te hace más independiente y libre, y al mismo tiempo a veces no es más que un escudo.

Hace unos siete años que vivo en mi casa, mi cueva,  y de la familia sólo la han pisado padres y abuelos. Las mismas únicas personas que invité a mi boda. No soy demasiado familiar. Los amigos suelen quejárseme de que siempre son ellos los que me llaman para quedar. Z., mi compañero, es igual que yo en esto. Me gusta la gente que necesita tanto espacio o más que yo. R. y J. son dos amigos con los que me llevo bien. Creo que es porque son independientes y van mucho a su bola. No agobian ni atan. Me  gusta la gente así.

No guardo casi nada, ni mails, ni recuerdos como entradas o invitaciones. Vendo las cosas que ya no me son útiles o no me parecen bellas, y me da igual que fuesen regalos. Hoy un cuadro está en una pared y mañana encima de una estantería o a la venta en una web. Lo mismo con algún mueble. Me deshago de los libros que no me aportaron nada. Sólo tengo dvds de películas que me encantan. Todo cambia y se mueve, dejando espacio a lo que vendrá, y sólo dejo que permanezcan muy poquitas cosas.

Pocas cosas materiales tienen importancia sentimental para mí: 
-Mis fotos y relatos, que no son materiales pero sí el pendrive que contiene la copia de seguridad.
-Este colgante, la calidad de la foto deja que desear, lo sé:



Es una réplica en miniatura de una punta de flecha paleolítica. No es un amuleto, no creo en ese tipo de cosas. Ni siquiera me lo pongo amenudo, pero le tengo cariño. Es un objeto que creo que me representa. Puedo variar el camino, volver atrás, coger un atajo, perderme durante un tiempo... pero siempre sé cúal es mi objetivo, hacia dónde voy. 

Esta soy yo en Suíza. Reía porque pasaba un avioneta. 


jueves, 19 de septiembre de 2013

No somos nada

Hoy en el tren iban sentados enfrente mía dos chavalines de veinte años. Sé que tenían veinte años porque uno dijo muy consternado: "Joder, tío, ¡ya tenemos veinte años! Cómo pasa el tiempo..."  Yo, con mis 32 y que algún flipado ya me llama señora, le hubiera abofeteado un poco. Pero no tenía ganas. No sé qué me pasa estos días, que ando seria y cabizbaja. Mientras esperaba en la estación una pareja me miraba y cuchicheaban, me miraban y volvían a lo mismo, y finalmente reían. Otro día me los hubiera quedado mirando fijamente, con esa arruga que se me pone en el entrecejo cuando estoy concentrada o enfadada. Hoy nada. Me la pelaba totalmente lo que estuvieran diciendo, fuese bueno o malo. Seguí comiendo mi chocolatina. Es una mezcla de impermeabilidad con apatía. 

Pero yo venía aquí a hablar de mi libro. Bueno, no, de Copérnico, Darwin y Freud. Se lo escuché a mi profesor de Genética Evolutiva y os doy el resumen breve y cutre, que no estoy para mucho despliegue de recursos, pero me parece tan bonito e interesante que me dije "Esto lo apunto en el blog". Que sí, que a veces aquí guardo cosas que quiero recordar. 

"Sobre las revoluciónes de las esferas celestes" es la obra maestra de Copérnico, y fue publicado póstumamente en 1543. Por entonces era aceptado que la Tierra era el centro del Universo, y que el Sol giraba a su alrededor. Copérnico, como seguramente ya sabéis, formuló la Teoría Heliocéntrica,que pone a la Tierra en movimiento y asegura que gira alrededor del Sol.  Tras años de estudiar el firmamento, llegó a la conclusión de que el helioestatismo (toma palabro) era la única forma de que todos los movimientos de la cúpula celeste pudieran explicarse de una forma más sencilla y racional que la que se venía haciendo hasta entonces. La Tierra no era el centro de nada,  era un planeta más del Sistema Solar.

"El origen de las especies" fue publicado en 1859, e introdujo un término nuevo en la ciencia, la teoría evolutiva. Defendía que las especies variaban a lo largo de las generaciones, adaptándose mejor al medio por medio de lo que llamó selección natural. Es conocido el ejemplo del pico de los pinzones, con picos diferentes según el hábitat que ocuparan y cúal fuese su principal fuente de alimento. Esta teoría creó mucha controversia porque se enfrentaba a la idea que defendía la iglesia de que humanos y otros animales habíamos sido diseñados tal cúal somos ahora, y que así hemos sido siempre. Además, Darwin no se atrevió a expresar la idea abiertamente en su libro pero defendía que el hombre era un simio, y que teníamos un antecesor común con los otros monos del planeta. Esto creó aún más revuelo, pues para muchos era impensable que el hombre estuviera relacionado de alguna forma con otros animales. 

"La interpretación de los sueños" fue escrito por Freud, publicado en 1899. En él habla de diversas cosas ampliamente discutibles pero lo que yo quiero destacar es que hasta entonces se creía que el hombre era puramente racional. Nada que ver con el mundo instintivo e impulsivo del resto del reino animal. Freud explicaba que el ser humano estaba mucho más ligado al mundo emocional que al racional, y que simplemente éramos capaces de pasar la información por un filtro de censura. El ser humano está también lleno de pulsiones. 

Freud dijo una frase que a mí me parece preciosa y muy acertada: "La ciencia es una continua destrucción del ego humano"

No somos el centro de nada. No somos diferentes a los otros animales. No somos especiales. 

No somos nada, somos como todo lo demás.Y a mí me gusta así.


sábado, 14 de septiembre de 2013

El Universo es un melón

Estábamos en el supermercado. Z. tenía un melón en la mano y, sosteniéndolo a media altura, me hablaba de astronomía. 

Hace un par de días me contó que se sabe que el universo está en continua expansión, y que dentro de millones de años llegaremos a la disgregación total. Yo le decía que aventurar algo así de algo de lo que sabemos tan poco no es mucho más fiable que si yo digo que dentro de millones de años un pegaso blanco surcará los cielos. Le dije que hace unos pocos cientos de años también se creía que la Tierra era el centro del Universo, y que se demostró que no, que ni siquiera era el centro de nuestro sistema solar. Vete tú a saber cuántas fuerzas, energías o dimensiones que influyen en esto desconocemos aún. A él le sorprendió que no creyera a pies juntillas algo que está bastante aceptado en la comunidad científica así que en el súper sacó el tema de nuevo. Ahora tenía una nueva arma: había consultado la wikipedia. Si nos pillan nuestros profesores de la facultad nos apalean a los dos por usar esa fuente.

Así que cuando yo le dí el melón para que lo llevara al carro, abrí la caja de Pandora. 

Me explicaba que hay una teoría que sostiene que el universo es híperesférico (una esfera de 4 dimensiones, cágate lorito), con el centro vacío, hueco, por decirlo de alguna forma. Todas las galaxias, con sus estrellas y planetas, estarían dispuestas como la piel del melón. Cuando se ponía pesado o se atrancaba en algo le daba una bolsa de higos, un par de pimientos o una maya de limones para que llevara al carro. Pero siempre volvía a la sección de vegetales con el melón.

-Entonces el Big Bang se originó en el centro de esa esfera, ¿no?

Se cree que sí, me decía, y que eso es lo que hace que siga expandiéndose. Si se liaba de nuevo en grandes explicaciones lo mandaba al carro de nuevo con unos cuántos espárragos. 

En una de estas volvió sin el melón. 

-Dejé el Universo en el carro, que pesaba demasiado. 

Y yo respiré aliviada, de verdad, no puedo concentrarme en escoger buenas berenjenas hablando de tales cosas.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Nadando

Pasan los días de una forma extraña, más que pasar, pesan. 

8:00 cojo el bus. 
8:17 me bajo y camino hasta la estación.
Entre las 8:20 y las 8:24 suelo encontrarme con un gato que sale del edificio del Parlamento, cruza con mucha calma la calle, y sube por unas escaleras hasta el edificio abandonado donde tiene los comederos su colonia. 
8:28 llego a la estación de tren.
8: 32 me estoy congelando en el andén. 
8:40 por fin llega el tren. Albricias. Alegría. Alborozo.
8:45 arrancamos. Saco mi libro, me he traído algo ligero para ver si esquivo al sueño. El de al lado saca un E-book. Es un tipo encorbatado. Agradezco que no apeste a after-shave. Echo una mirada de reojo. Está leyendo un tratado de ajedrez. En inglés. Yo sigo con mi libro de Terry Pratchett. Muy digna. 
9:25 llego, me bajo y echo a andar a toda mecha. Me cuadra tan mal el horario del autobús urbano que si voy andando tardo 40 minutos. Si voy en bus 10 minutos más y encima pagando. Son 40 minutos intensos. 
10:04 llego, sudando, al hospital. Bajo al laboratorio, a los sótanos. Este mes trabajaré allí. Justo al lado de la cámara mortuoria. Si un día la puerta está abierta, miraré. 
10:10 empieza la maratón. 
16:18 debía haberme ido a las tres y coger el tren de las 15:45 pero aquí sigo. Me duele el pulgar y la muñeca de pipetear pero el trabajo me gusta. Aunque me exploten un poquito. El otro día no llegué ni para el tren de las 17:00 pero hoy no se me escapa. Guardo las muestras en la nevera, lavo el material, recojo la mesa y salgo volando. 
16:38 no voy a llegar, no voy a llegar. 
17:00 Adelanto a una señora, esquivo a un perro, meto mal el bono en la canceladora tres veces y pillo por los pelos el tren. 
17:15 El de al lado también lee. De vez en cuando mira por la ventanilla. Aprovecho para mirar: "...sin embargo la reproducción de las mariposas..." Más abajo: "...los perros tienen un comportamiento diferente, cualquier criador se lo podrá decir...". ¿Pero qué lee este hombre? Me despierta el interés y cuando cierra el libro consigo ver el título, "La vida a prueba" de David Attenborough, sobre conducta animal. Sigo con mi Terry Pratchett. Muy digna.
17:40 llego a mi ciudad. 
18: 26 llego a mi cueva. Achucho a mis gatos, beso a mi pareja y me abalanzo sobre la nevera. Muero de hambre. 

Y así son mis días últimamente. Estoy triste y estoy contenta. Estoy contenta por trabajar de lo mío, y porque, qué demonios, se me da bien. Estoy aprendiendo muchas cosas, y aunque no paro, me siento útil, muy cansada pero útil. Estoy triste porque siempre tendré la sensación de que da igual lo buena que sea en mi trabajo, que siempre preferirán a una que acabó la carrera a los 23 que a mí que hice mil cosas, dí mil vueltas, y la terminé a los treintaypico. 

Otras veces pienso que no importa. Que si me ha tocado nadar contracorriente... nadaré. Nado genial.  Otra de las cosas que se me dan bien.