miércoles, 30 de octubre de 2013

De hierbajos y escozores

♪ Suena Noviembre, de Ondina. 

Cuando era pequeña, una vez fuera del colegio, pasaba el rato sola. No tenía hermanos, no me relacionaba con los niños del barrio, y mis únicos compañeros de juegos y trastadas eran dos primos en la aldea, ambos varios años menores que yo. Así que sin tener ni un ápice de alma de líder, me convertía en la capitana del trío extraño que formábamos, pero tampoco es que estuvieramos juntos amenudo.

Recuerdo que tenía (y tengo) una fascinación por el fuego. Me hacía antorchas con los desodorantes en spray que sacaba de la basura y aún puedo sentir la frustración de cuando mi abuela me pilló derritiendo cera en el fuego para rellenar unos moldes y hacer velas con formas de animales. Dijo que aquello era peligroso y me volcó el cacharro. Ay, traumas de la infancia. 

No tener con quién jugar te hace desarrollar la imaginación, o eso o te aburres como una ostra. Sé que dibujaba y pintaba con entusiasmo, cortaba el pelo a las muñecas hasta extremos imposibles, construía ruinosas casetas para el perro, me inventaba amigos invisibles que vivian en el monte de enfrente de casa y jugaba mucho con tierra y plantas. 

Había una hierba que crecía al lado de la cancela de la casa, de un color verde muy claro y el tallo rojizo. Esa hierba, si la machacabas con agua daba un líquido verde casi fosforito que para mí era como una pócima secreta. Lo malo es que la hierba era tóxica, y si te llevabas la mano a la boca o los ojos después de tocarla sabías lo que era arder en el mismísimo infierno. 

Yo siempre cogía las hierbas y me decía "tengo que acordarme de no llevarme la mano a la cara", y un rato después pasaba echando humo hacia el fregadero o la manguera a enjuagarme apresurada para aliviar el terrible escozor. 

Daba igual lo mucho que picara aquello, yo nunca me acordaba de lavarme las manos, y tampoco dejaba de recoger la puñetera hierba. Siempre acababa abriendo el grifo con premura. 

Y así sigo. Terca hasta la saciedad, pero ya no cojo esa hierba. Supongo que porque todo tiene su tiempo y su lugar. Yo me entiendo.

sábado, 26 de octubre de 2013

Que estoy muy cansina, que ya lo sé

Acaba de empezar el fin de semana y ya está siendo un poco rollo... Toda yo estoy un poco rollo últimamente, por eso escribo tanto.

La vecina con mal de amores sigue, cada vez que puede, contándome sus castillos en el aire de "se va con la otra pero a quien quiere es a mí". Y yo apelo a mi civismo (lo que me quede) para no soltarle lo que pienso, porque sólo conseguiría hacerle daño.

Me he dado cuenta de que atraso inexorablemente el momento de ponerme con las acuarelas porque tengo miedo de no ser capaz de plasmar lo que tengo en la cabeza, por lo que mi madurez mental debe de estar acorde con la de la vecina. 

Mi pareja no está y le echo de menos. Me gustan nuestras guerras dialécticas y tocarle las pelotas (tanto físicamente como no) y que me prepare el desayuno. Es terrible hacerse uno mismo el colacao. Un drama. 

A mis 32 por fin he conseguido que mi padre me mirara con orgullo y satisfacción.  Ha sido al ponerle el partido del Barça-Madrid en el ordenador (la web rojadirecta, bendita sea). El pobre hombre no se creía que pudiera ver el partido así y me ha dicho "Gracias" con la voz entrecortada y todo. 

Christian Bale ha destronado a Johnny Depp de mi número uno. Johnny, tío, cuando vuelvas a hacer películas decentes, me pienso volver a dártelo. Así que me he ido al filmaffinity, he buscado en su filmografía y me he puesto una peli suya. "El tren de las 3:10", el argumento me resultó poco creíble, pero los dos personajes principales son geniales. Y así alcancé la felicidad durante hora y media. Chocolate y gatos. Uno dormido en mi nuca y otro en mi regazo. No necesito más. Bueno, Christian también ayudó. Mucho.


viernes, 25 de octubre de 2013

Gente que sabe juntar palabras

 ♪ Suena Gracias a la vida, de Violeta Parra

Apunto notas en el móvil: un escritor, un libro, una canción, una web... apuntes de cosas que creo que me pueden interesar. A veces también apunto 100.342.33, que luego cuando lo veo no sé qué era, o también una palabra que en ese momento estoy segura de que es clave y luego es como un folio en blanco. En fin, como mi móvil nuevo ha llegado en tiempo récord y soy tan cateta que si consigo cambiar la tarjeta sin que se me borre ningún contacto ya me doy por satisfecha, estoy eliminando notas a la vez que voy buscando lo que apunté. 

Tenía una frase que me llevó a esta cita, que me gusta mucho, no sólo para en lo que la creación artística se refiere, sino como forma de experimentar y conocer el mundo en el que vivimos:

“Escribe como quieras, usa los ritmos que te salgan, prueba instrumentos diversos, siéntate al piano, destruye la métrica, grita en vez de cantar, sopla la guitarra y toca la corneta. Odia las matemáticas y ama los remolinos. La creación es un pájaro sin plan de vuelo, que jamás volará en línea recta.” (Violeta Parra)

Descubrí que la canción Gracias a la vida, que desde siempre pensé que era de Chavela Vargas, es de esta señora.  Os dejo aquí la letra, que me parece absolutamente preciosa: 

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio dos luceros que cuando los abro
Perfecto distingo lo negro del blanco
Y en el alto cielo su fondo estrellado
Y en las multitudes el hombre que yo amo.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado el sonido y el abedecedario
Con él las palabras que pienso y declaro
Madre amigo hermano y luz alumbrando,
La ruta del alma del que estoy amando.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la marcha de mis pies cansados
Con ellos anduve ciudades y charcos,
Playas y desiertos montañas y llanos
Y la casa tuya, tu calle y tu patio.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me dio el corazón que agita su marco
Cuando miro el fruto del cerebro humano,
Cuando miro al bueno tan lejos del malo,
Cuando miro al fondo de tus ojos claros.

Gracias a la vida que me ha dado tanto
Me ha dado la risa y me ha dado el llanto,
Así yo distingo dicha de quebranto
Los dos materiales que forman mi canto
Y el canto de ustedes que es el mismo canto
Y el canto de todos que es mi propio canto. 


También tenía una frase de este texto del estupendo Mario Benedetti.. Y sí, también me gusta mucho:

"Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. Me gusta la gente con capacidad para medir las consecuencias de sus acciones, la gente que no deja las soluciones al azar. Me gusta la gente justa con su gente y consigo misma, pero que no pierda de vista que somos humanos y nos podemos equivocar. Me gusta la gente que piensa que el trabajo en equipo entre amigos, produce más que los caóticos esfuerzos individuales. Me gusta la gente que sabe la importancia de la alegría. Me gusta la gente sincera y franca, capaz de oponerse con argumentos serenos y razonables a las decisiones de un jefe. Me gusta la gente de criterio, la que no traga entero, la que no se avergüenza de reconocer que no sabe algo o que se equivocó. Me gusta la gente que, al aceptar sus errores, se esfuerza genuinamente por no volver a cometerlos. Me gusta la gente capaz de criticarme constructivamente y de frente, a éstos les llamo mis amigos. Me gusta la gente fiel y persistente, que no desfallece cuando de alcanzar objetivos e ideas se trata. Con gente como ésa, me comprometo a lo que sea, ya que con haber tenido esa gente a mi lado me doy por bien retribuido." (Mario Benedetti)

Ay, que nunca nos falten artistas como estos.

martes, 22 de octubre de 2013

Hoy me ha gustado la lluvia que golpea los cristales

Hoy estaba en el laboratorio y oía diluviar fuera. Por si no lo sabéis, estos días en Galicia nos sale el agua hasta por las orejas. Yo escuchaba las ráfagas de viento y lluvia contra los cristales, con fuerza, y sonreía.

Esta mañana he ido al médico a ver qué tal habían salido las pruebas que me habían hecho. La resonancia me tenía acojonada. Cada dos por tres oigo de gente a la que se le descubre un tumor y yo sólo pensaba que precisamente un tumor podía ser el causante de que se me reactivaran las crisis epilépticas. 

"Está perfecto", dijo mi neurólogo. Tan perfecto es mi cerebro, fíjate tú, de hecho, que hasta se apreciaban estructuras que normalmente no se ven. Mi problema no es fisiológico, es funcional. Da por culo de todas formas pero es menos grave, y existe la posibilidad de que un día se solucione. Fue salir de allí, feliz como una perdiz, y levantárseme un dolor de cabeza criminal. Así soy yo. Muy de extremos. 

Cuando estaba escuchando la lluvia, en el laboratorio, pensaba en que al final siempre acabo teniendo suerte. Soy lo que se diría una perdedora... quizás algún día acabe la carrera (eso espero), he trabajado aquí y allá en cosillas de poca monta, me gusta escribir o pintar pero no se me da especialmente bien. No hay nada envidiable o admirable en mí, nada que me haga destacar. Me temo que mi yo de niña no estaría demasiado orgullosa de mi yo adulto. Una más del montón... y sin embargo... oía la lluvia golpear fuerte los cristales, y sonreía. Sonreía feliz porque soy una estrellada con estrella, en los momentos cruciales, como digo yo, la fortuna viene y me besa la frente.

viernes, 18 de octubre de 2013

Mechones emo

Oh, el otoño... vuelvo a escuchar la lluvia golpeando fuerte en la ventana de las escaleras, a taparme hasta las orejas con la manta cuando veo una peli en el sofá, vuelven a pegárseme los gatos, que buscan calorcito, vuelven las castañas asadas y las sopas y caldos. Lo único que no me gusta es el viento. Cuando estás dentro de casa y lo oyes zumbar, mola, cuando estás fuera y te mojas de arriba a abajo porque no hay manera de sujetar lo que queda de tu maltrecho paragüas... no mola.

Hoy estaba en el coche, esperando a que acabara de sonar Creep en la radio, hipnotizada me tenía, como siempre que la escucho, y entre la canción y el corte de pelo un poco emo que me he hecho, me faltaba la cuchilla de afeitar para hacerme unos arañazos en las muñecas. Pero no, tranquilos, no tengo la menor intención. 

Se me ha pasado un poco el cabreo del post anterior. Estoy estresada porque tengo poco tiempo libre estos días y voy a todas partes con cuatro mechones emo asomando debajo de mi gorra y que casi consiguen tapar la arruga del entrecejo, la arruga de "ay, si tuviese una metralleta..." Estoy estresada y echo de menos. Mala combinación.  Además si no tengo un ratito para mí y mis cosas se me forma una pelota chunga en el pecho, pero este finde podré descansar y dedicarle tiempo a lo que me de la gana. 

For example, voy a escribir un relato para un concurso, un relato de besos y de zombies. También voy a hacer un par de experimentos con las acuarelas. Y acabar el Diablo 2 de una vez y empezar con algún otro que me presten. Y también a mirar qué móvil me compro, que el mío hace lo que le da la gana sin que le mande, cualquier día me lo encuentro preparándome tortitas.

Y escuchar la lluvia golpeando fuerte la ventana, taparme hasta las orejas con la manta y comer sopas y caldos. Eso también.


domingo, 13 de octubre de 2013

Rojo escarlata

Obra de SanelMemic


Llovía a cántaros, a mares... diluviaba, vamos, y los dos miraban desde dentro del coche, reticentes a salir. 

-Venga, sal, yo bajo cuando tengas la puerta de casa abierta. 
-Mira que lista... pues si me aguantas el paraguas mientras,  igual la abro antes. 
-Ve sin paraguas, que total es un momentito... -dice, con una sonrisa mal disimulada, pero finalmente baja. 

Ella con el paraguas rojo, él intentando meter la llave en la cerradura. La lluvia caía con tal fuerza que el suelo de cemento era un oceáno de salpicaduras. 

-No entra. 
- Oh, mierda... -dijo ella abriendo mucho los ojos. 
-Hubo "alguien" que dejó la llave por dentro. 
-No digas alguien con ese tonito que no sabemos si fuí yo. No pasa nada,  vamos por la puerta de delante.

El cielo seguía con su estallido de furia, y el agua empezaba a adueñarse de las perneras de sus pantalones. El viento se divertía llevando la lluvia en todas las direcciones.

Entonces ella lo vió. Ese levantamiento de la ceja de él, ese ángulo perfecto que parece gritar "mira lo que tenemos que hacer por haberte dejado la llave".

Y en ese momento lo decidió. Él era el que se iba a mojar. Echó a correr. Corrió llevándose el paraguas escarlata y dejándolo a él sólo ante la lluvia, sin cubierta, a la intemperie total, sólo y vulnerable... Qué cruel fue. Y reía, la muy vil, su risa se extendió por toda la calle, fuera de lugar en ese día gris.

Él reaccionó tras unos segundos de pasmo.
"Voy a correr más que ella y la voy a pillar", fue lo primero que pensó.
"Hostia, pues no la pillo", fue lo segundo.
"Espero que no nos esté viendo nadie", fue lo tercero. 

En la puerta delantera se encontraron con un problema. 

-No entra. 
-¡Os dejásteis la llave puesta! -dijo ella abriendo mucho los ojos- R. y tú fuísteis los últimos en salir por aquí- continuó, abortando un intento de evitación de culpa de él. 
 -¿Y ahora qué hacemos? 
 -Mira, la ventana de la cocina está entreabierta
-¿Qué? 
-Que esperes, que entro y abro- dijo mientras intentaba subir por la ventana, sin descalabrarse ninguno de sus mojados huesos.




domingo, 6 de octubre de 2013

Él

♪ Suena  In my dreams, de REO Speedwagon. 


El otro día, en una cena, una conocida comentaba que le había regalado a su sobrino recién nacido un chisme de estos para sujetar el chupete, de Tous, por 75 euros. Yo pinché una aceituna de mi ensalada y pensé en que estos días ando mirando en la red bodys con temática zombie, de Star Wars o de Batman, entre otros, porque una amiga va a dar a luz. A ella también le hará más ilusión un pijama con un dibujo de Darth Vader y la frase "Yo soy tu hijo" que un sujetachupetes de Tous. Buscar un regalo para este niño me ha hecho darme cuenta de que cuando tenga un nene voy a sufrir mucho para no fundir la tarjeta de crédito en chorradas frikis. En la Fnac ví peluches con forma de virus, bacterias, amebas y no sé qué más y me faltó un pelo para comprar uno (sus padres estudiaron Biología, nuestro niño igual acaba jugando con marionetas de bacteriófagos y nematodos).


Estos días he pensado mucho en la forma que tenemos Z y yo de ver las cosas, en  cómo nos movemos en el mundo y cómo tratamos con los demás. También hacia dónde queremos ir y en el camino que hemos recorrido ya. 

Nos conocimos un Octubre de hace ya diez años. Él conserva los mails que nos escribimos por entonces y yo me horrorizo cada vez que los leo, no me reconozco en aquella que era. A él sí le reconozco. Ya se veía la roca estable y segura que lleva dentro. Esa calma interior suya que tan bien me hace. Creo que funcionamos a pesar de las diferencias precisamente por ellas. El equilibrio de la compensación. 

Nunca nadie se ha acercado tanto a mi corazón. Él conoce su maquinaria, sabe qué piezas están oxidadas y cuáles necesitan ser engrasadas. También sabe dónde están las que no volverán a funcionar. 

Sólo le ví llorar una única vez. Yo llevaba un otoño y un invierno alimentando a un gato callejero, a mi querido Leni. En mi ingenuidad y optimismo sin límites confiaba en que un día podría sacarlo de la calle y quedarme con él. Un día de primavera me dijeron, sin tacto alguno, que había muerto atropellado. Creo que tardé un rato en asimilar lo que acababa de oír. De entender que había sido una estúpida, que no había conseguido ponerlo a salvo. Y luego algo hizo un "crack" que sonó lejano y grave, como si viniese de lo más profundo, y estallé.

Recuerdo a Z. sentado en el sofá, conmigo en su regazo. Yo apoyaba mi cabeza en su cuello y lo inundaba con mi llanto imparable y mis quejidos de animal herido. Es díficil entender el caso en concreto sin todos sus detalles, entender el dolor y la culpabilidad que sentía, pero él lo hizo. Tan racional y frío siempre, me vió tal y como era, vió lo que tenía dentro y lloró conmigo. Él en silencio, yo con mis hipidos incontrolables y mis mocos. El equilibrio, claro. 

Hay algo interno que nos une, tan diferentes y a la vez tan iguales. Adoro perderme en su abrazo, y la sonrisa que le saco cuando me meto con él o cuando digo guarradas para escandalizarle. Adoro también, lo confieso, que sea borde y directo, que no lo calle nadie, que diga lo que piensa.  Adoro que en este mundo extraño y cambiante él permanezca a mi lado.

Le quiero como nunca he querido. No hay nadie mejor para regalarme todos los Octubres que la vida nos deje.