viernes, 29 de noviembre de 2013

Erratassss

Pues nada, que me he acabado de descuajaringar el tendón de la muñeca  quue tengo desde hace años a medio descuajaringar y aquí estoy, escribiendo a velocidad de caracol. Y esto va a ir con erratas que sino no acabo hoy y tengo que escribir con el brazo ladeado y ya me está doliendo y aún voy en el primer párrafo. 

Han sido unos días extraños. He estado con el ánimo muy hundido, después algo que necesitaba que saliese bien salió mal y ya me hundí un poquito más yestaba hasta el missmo coño de todo pero...oh, sorpresa, al día sigueinte un magnífico golpe de suerte. Albricias, algarabía, y hasta frenesí. Y las cosas fueron dejando lso grises y vistiéndose de color. 

Tommé aire y me tragué el orgullo, tendí una mano a algu9en con quién había discutido. Aún no me contestó, él verá si le merece la pena hacerlo o no. Cada vez le tengo menos miedo a la incertidumbre, lo que tenga que ser, será.Y cuando llegue ya improvisaremos. 

Me gusta un profesor. No sé qué tiene el hombre que me pone tonta perdida. Está buenorro, sí, pero no es el tipo de tío que suele gustarme. Tiene los ojos azules, es una excepción en mí, la gente de ojos azules me pone nerviosa. Sé que es una tontería pero no puedo evitar sentir cierto nerviosismo cuando me miran. Me contaron que es un instinto primitivo, de alerta ante lo diferente. Qué cosas, con lo que a mí me gusta lo diferente... Pues, llamadme creída, pero el hombre me presta más atención de la necesaria, y yo estoy que me meo las bragas, claro. Y no sé qué me ve, y más ahora que me peino con la izquierda y aquello va como va.

Por otra parte  es el tipo de persona que transmite buena energía. Es imposible no sentirte bien con él. Es como esa gente transparente, que los conoces y ves lo que hay inmediatamente. Habla rápido y hace bromas a cada rato, ama su profesión y algo que me gusta mcuho en la gente, es un motivado de la vida. De esta gente que siente curiosidad e inquietud por multitud de cosas.

Pues yo no sé si es por la subida de ego que mire para mí, una treintañera en medio de un montón de jovencitas de culos prietos, o esa buena onda que transmite, que estoy mucho mejor. 

Y es que es así, hay gente que sólo absorbe energía, y otra que la da y te carga las pilas en un pispás. Y al profe porque estoy casada que sino... me arrimaba yo a que me cargara tó lo que quisiera. También os lo digo.



martes, 26 de noviembre de 2013

Ficciones

De esto que apruebo un examen de una de las asignaturas más difíciles... y me da un bajón (otro). Así estamos de lógicos y racionales. 

Me duele el índice y el dedo corazón derechos. No, no se trata de onanismo femenino. Me paso un buen rato todos los días viviendo en un mundo de videojuego. A partir de las ocho de la tarde me engancho al mando y aprovecho cada rato que Z no usa el ordenador para jugar. Matamatamatamata. Mato y me matan. Bueno, también hago algo más que eso. Sino no aprobaría el examen, claro. 

Sigo queriendo aprender a dibujar para hacer cosas tan bonitas como las de esa carpeta donde guardo ilustraciones que me gustan. No sé de dónde sacaré el tiempo ni la habilidad pero aprenderé.

Escribo. Escribo muchas idioteces. Como este post. Y me hago muchas preguntas. ¿Por qué me llevo mal con gente a la que quiero? ¿Por qué me llevo bien con gente que me importa una mierda? Me pregunto cómo alguien tan poquita cosa e insignificante como yo puede causar tanta rabia en algunas personas. Si no soy nadie, si para ellos soy basura. ¿Por qué ese gasto de energía? Nunca comprenderé a la gente, y ellos tampoco a mí. Es así. 

Ayer escribí esto. Esto también es basura, necesita mil arreglos para ser algo decente. No tiene ritmo ni rima. No es nada, como yo, pero este es mi sitio, y aquí guardo mis cosas. A veces el matamatamata no es suficiente.



P.D. Adecenté el poema y lo voy a presentar a un certamen, así que lo retiro de aquí, que se supone que no puede estar publicado.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Risas y flechas

El otro día alguien comentó que le encantaban las pelis de Woody Allen. Yo dije que no me gustaba ninguna, que no acababa de cogerle la gracia, y me contestaron que son pelis de humor inteligente. 

Claro. 

Si es verdad, tiene razón. Yo me río con payasadas. Y si van asociadas a música o mímica mejor. No me entusiasman los hermanos Marx pero me chifla Chaplin. Tanto me chifla que me pone, ya no sé si el personaje o el actor. 

En una de mis pelis favoritas, "Luces de la ciudad", hay escenas muy buenas, como cuando se mete a boxeador para conseguir dinero para la operación de su amada. La forma en que coordinan movimiento y música es genial. En el vídeo tarda un poco en empezar: 


Como a todos los gatófilos me gustan mucho los vídeos de Simon's cat:



En "Zombies Party" hay una escena muy conocida donde suena una canción que escucho a menudo "Don´t stop me now", de Queen. La última vez que la ví casi me ahogo con la risa en el momento del dardo:

 

Me parto literalmente con este monólogo de Carlos Blanco.Está en gallego pero creo que se entiende. Lo pongo aunque sé que el que no sea de Galicia probablemente no le haga gracia, y el que sea de Madrid igual se pica (Naar, no nos lo tengas en cuenta).  Pero cuando dice eso de "se os nota el acento un montón, ¿eh?", me meo.


Este gif ya lo he visto muchas veces, y cada vez que me lo encuentro por la red entro en bucle y estoy un rato mirándolo. Me descojona la mala hostia del gato porque es igual que mi gato T. 



Después siempre me encuentro cosas súperbobas que me sacan la carcajada. Hace dos días pinché en un enlace para hacer un test para saber si eras gilipollas (oye, nunca viene mal saberlo). Una vez pinchabas aparecía una ventana que decía algo así: "Test completado: eres gilipollas" (¿Cómo no vas a serlo si pinchas en algo así?). 

Si dos personas se ríen de las mismas cosas habrá siempre un puente entre los dos. No os podéis hacer idea de la cantidad de payasadas que hago o digo sólo por esos cuatro o cinco segundos que veo reír, o aunque sólo sea sonreír, a Z. Hace que merezca la pena hacer el bobo.

Hoy por la mañana he ido a hacer tiro con arco junto a cuatro amigos. Cuando el monitor sacó un arco un tanto cutre y un montón de flechas con ventosa, pensé que se me iban a amotinar, porque la idea fue mía. Yo los miré con cara de estupor y ellos resoplaban. "Que tire primero la promotora de la actividad". Y allá fuí, a demostrar que no es que tenga un talento innato para el tiro con arco, se me da mejor en los videojuegos. Decir que después sacó las flechas con punta, aunque el arco seguía siendo el cutre, y que al final nos inventamos florituras como tirar desde lejos, desde un montículo, con efecto... Yo tenía la misma discreta puntería me pusiera como me pusiera. Sin embargo me divertí. Eso es lo importante, ¿no?

domingo, 17 de noviembre de 2013

Persiguiendo una puesta de sol


"Quizás te diga un día que dejé de quererte,
aunque siga queriéndote más allá de la muerte;
y acaso no comprendas, en esa despedida,
que nos quedamos juntos para toda la vida."

(José Ángel Buesa)

Discutí con alguien el jueves, me sentí despreciada y corté por lo sano. No me arrepiento, no me gusta que me den malas respuestas gratuitamente, pero sí lamento las formas, como siempre. Lo bueno fue que por lo menos supe controlarme cuando me dieron pie a soltar el bicho que hay en mí. No respondí. Para lo único que me serviría es para arrepentirme luego de lo que hubiera dicho. Z dice que no soy mala, pero que sé cómo serlo. Y tiene razón.

Pensé mucho en esto durante el fin de semana. Z. ya tiene callo el pobre. Sabe que me abstraigo y no me entero de la salida que tengo que tomar en la autopista, que aparco en las plazas de minusválidos sin darme cuenta y que cuando me hable igual le acabo diciendo lo de "perdona, repíteme, que estaba distraída". Levanto la vista del plato de caldo y me encuentro su sonrisa, tan dulce cuando me mira así, y me pregunta en qué pensaba, aunque ya lo sabe, mientras imita la expresión cejijunta que tenía y me hace reír. 

Fuímos al Parque Arqueológico de Arte Rupestre que hay en Pontevedra. Galicia está llena de petroglifos, es algo muy nuestro. Me gustan las visitas guiadas porque aprendo mil cosas. Como que el ciervo era una especie de tótem, o animal sagrado, por decirlo de alguna forma. Que los dibujos en la roca eran una marca de territorio del poblado en cuestión. Que básicamente dibujaban escenas de caza y reproducción. Alimento y progenie, la perpetuación de cualquier especie. 
Este es único, dos metros de ciervo, pena que las sombras no dejen apreciarlo bien. 

También monté a caballo. Y la única foto que hice fue esta. El gato de la hípica, que enseguida se acercó a nuestro coche y los olores gatunos que desprendía. Es precioso, como un minilince.
No saqué más porque luego la supervivencia de mi orgullo pasó a ser mi prioridad. Recordé justo cuando me subía a la silla que tengo un escaso equilibrio. No conseguí patinar y aprendí a montar en bici a base de tirarme cuesta abajo cinco mil veces pero nunca seré de esos que zigzaguean ágilmente entre los coches. 

Pues de todo eso me acordé cuando subía al caballo y me agarraba a la silla como una garrapata. Bastante me costó mantenerme dignamente encima del caballo como para hacer alardes con la cámara. Y cuando bajamos ya la iban a llevar a comer y pasé.  Me tocó una yegua blanca muy buena que enseguida se dió cuenta de que yo era muy pánfila y la iba a dejar pararse a comer las hierbas del camino. Así que tuvimos una lucha por ver quién era más terca. Ganó ella. Pero era buena, en las cuestas se me embalaba, yo me cagaba un poquito y le tiraba de las riendas, y ella frenaba, muy obediente.

Hice la ruta con una mano en las  riendas y otra en su cuello. Me gustaba notar su calor y ese pelo que tienen, suave como el de un gato. Le hice caso a Naar y les toqué el morrito, y sí, es supersuave también, y me miraban con esos ojos azabache suyos, grandes y hermosos. Hasta me gusta su olor, que no se puede decir que sea exactamente agradable, es fuerte y bravo, pero me gusta. Yo soy muy de olisquearlo todo.

También hicimos una carrera contrarreloj para conseguir ver la puesta de sol en Cabo Finisterre. El último rayo de sol de Europa visto desde el fin del mundo o, bueno, por lo menos lo que antes llamaban así. 

Z. decía que no llegábamos, lo que es suficiente para que yo asegurara que sí. Volamos por la carretera sin perder de vista el sol que aparecía y desaparecía entre las montañas. No me gusta la playa pero me impresiona mucho el mar. Es espectacular para mí cuando detrás de una curva aparece en el horizonte esa inmensa masa de agua.

Pensé que estaríamos sólos pero ver el ocaso desde el Faro de Finisterre es muy típico y había varios grupos de turistas. Llegamos, sí, por los pelos pero llegamos. Y mereció la pena. 
El cielo era una explosión de dorados y naranjas, aparecieron también unas vetas rosa fosforito y finalmente se fue tiñendo de malva según anochecía. Hacía viento y frío, pero estuvimos un rato sentados en la roca, mirando los destellos que los últimos rayos sacaban del mar. 

Todo esto me emocionó líricamente primero, pero luego también me pareció adecuado hacer un poco el gilipollas imitando a Freddie Mercury, cosa que ya sé que no conseguí, ahorraros decírmelo, gracias. 



viernes, 15 de noviembre de 2013

Un día extraño

Como siempre, me queda el blog. 

Un día extraño. Acuoso.

Acto I: el arroyo que se vuelve torrente y luego río revuelto (hidrospeed, kayak, rafting... lo que quieras)

Mi neurólogo es cercano y ágil. Habla y me observa, me explica, me hace dibujos y señala en mi resonancia para que lo entienda mejor, bromea conmigo, he tenido 300 embarazadas con tu problema y todo ha salido bien, dice, estarás supercontrolada, hace círculos en el electro y me cuenta, como si fuese una niña pequeña, porqué sabemos que mi temporal izquierdo se parece un poco a una valla electrificada. Yo no le digo que soy bióloga, quiero que me lo explique todo así, como hace él, como si no supiese nada de los potenciales de membrana de las neuronas, ni de sinapsis, ni de sustancia gris o blanca, quiero que me lo explique pensando que soy un folio en blanco. Me mira a los ojos y yo le creo. Me dice que todo va a salir bien y yo estoy segura de que así será.

Mi médico de cabecera es el mejor de mi centro médico. Sin embargo es frío y serio. Te habla y mira la pantalla del ordenador, o escribe, o pasea la vista por la consulta sin posarse en ti más de tres segundos. Ausculta intentando tocarte lo mínimo posible. El día que tuvo que palparme el vientre creo que casi le da un ictus. Hoy hablamos de los riesgos del embarazo. Me quedaba una duda. Maldita duda. 

Cuando voy a llorar pero no quiero llorar porque hay alguien mirándome empiezo a hacer pucheros tontos, agito las manitas como si así me sacudiera la angustia y termino por retirarme las lágrimas según las voy pariendo, con el dedo corazón, como las famosas que cuentan sus dramas en la televisión. Cuando me iba vi que se levantaba y pensé que sería para llamar al siguiente paciente pero se quedó delante mía e inició un intento de abrazo. Luego se quedó así como petrificado, y abortó la misión cuando yo ya iba a corresponderle y al final nos quedamos él apretándome un hombro varias veces y yo con una mano en su pecho. Sí, estábamos un poco ridículos. Pero el pobre hombre no sabe cuánto agradezco su esfuerzo.

Mi niño nacerá sano y fuerte. Se lo voy a contar al viento para que lo esparza por el mundo entero y cuando llegue el momento no quepa otra realidad que no sea esa.

Acto II: el manso delta de ácido

Visito una antigua mina de cobre. Hay varias charcas. El agua cristalina.  No hay bacterias ni algas ni insectos ni nada que se le parezca. Para tomar una muestra hay que ponerse guantes. Tiene un pH de 2. El agua que bebemos anda sobre el 7. Es ácida. Ácida y estéril, no puede haber vida en ella.

Cuando pensamos en una explotación minera pensamos en excavadoras que hieren la tierra hasta crear un cráter. No en peligrosos compuestos químicos que contaminan el terreno de tal forma que cuando la mina cierra, sólo queda un paisaje que bien pudiera ser de Marte. En algunas zonas no crece hace años una triste hierba. De las paredes rojizas por los óxidos de hierro,  resbalan pequeñas corrientes de agua que crean una masa burbujeante blanca una vez llega al suelo. Restos de aluminio. 

Algunos locos ecologistas intentan recuperar la vida. En medio del desastre han conseguido crear un humedal. Un oasis en el desierto. Han nutrido suelos y creado sistemas para neutralizar la acidez.  Hay peces, y anfibios, y en verano hasta patos salvajes. 

Una empresa quiere comprar la mina y reabrirla, ahora volvería a ser rentable, el cobre se paga bien. El agua ácida y estéril sigue deslizándose por la roca marciana, pasando las charcas nevadas con restos de aluminio, y cayendo finalmente en el humedal lleno de vida. Con la lentitud y seguridad del que piensa que va a ganar la batalla, y que una primavera los patos tendrán que mudarse. 

Acto III: el remolino

Continuar partida. Sólo me quedan dos balas, me van a dar mientras recargo, como siempre. Corro haciendo eses porque el mando va como le sale del chumino. Y porque yo aún no sé manejarlo bien, es verdad. Bajo del puente de madera a dónde sé que está la munición para la escopeta, también rompo el tonel de la izquierda, ahí siempre hay algo, en el de la derecha casi nunca. Subo y tiro la escalera, no quiero que me venga ninguno por ahí. Cojo la hierba verde sanadora en el siguiente tonel y tiro la otra escalera. Bien, es fácil, sé lo que tengo que hacer. Me han matado setecientas veces en este escenario y sé lo que tengo que hacer desde la tercera. Pero nunca me sale. Como en la vida real. Exacto. Empiezo: bajo, aparecen las viejas locas de las motosierras, subo y echo correr. El cabrón de la llamarada no me da. Paso malamente al de la macheta no sin antes probar el acero afilado. Corro hasta el final del puente y espero. A las viejas solo las mato con la escopeta. Cinco tiros, no puedo malgastarlos. Le disparo al de la boina con la pistola. Fallo varias veces porque no le quito ojo a las dichosas viejas, que en cuanto te despistas están al lado. Saco la escopeta. Disparo y vuelan hacia atrás varias veces. Siguen vivas y he acabado los cartuchos. Saco la TMP y apunto a sus cabezas. Muere una. Apunto al viejo, se me acaban las balas, se acercan, intento coger la castigadora pero está sin recarga. Los dos segundos que tardo en recargar son suficientes. Mi cabeza rueda sobre el puente de madera, me salen las tripas por el cuello y muero. Pobre Ashley, ya nadie la rescatará. Mañana lo intentaré de nuevo. 

Acto IV: profundidades abisales

No hay nada. Por fin. Y, contra todo pronóstico, me siento más libre.


Nota mental: Debo rendir pleitesía a mi pareja. Me meto con él y se ríe casi silenciosamente, mientras piensa el contraataque, iniciamos la lucha dialéctica y gana casi siempre. Me da igual, las risas merecen la pena. Con pocas personas puedo hacerlo sin que se ofendan como una agraviada doncella en el primer minuto. Pues eso, rendirle pleitesía y sacarme un máster en mamadas. Que se lo merece, el angelico.
 

martes, 12 de noviembre de 2013

La burbuja

A veces, cuando aparco delante de casa, tardo un rato en bajarme del coche. Diez minutos, quince como mucho. En ocasiones escucho la radio. Otras la apago y miro los mensajes del móvil. Otras ni una cosa ni la otra, simplemente pienso en mis cosas. A veces necesito estar en una burbuja. Solo yo. El coche es una buena opción. Como un caracol dentro de su concha.

Hoy estuve más de una hora. Una hora en la burbuja. 

Pensé que con un fin de semana relajado cargaría pilas, pero no. Suelo bromear con que tengo una montaña rusa por cerebro y voy a dejar de bromear y proponérselo como tema de su doctorado a algún estudiante de psicología. No atiende a las fases de la luna. Tampoco al ciclo menstrual. Simplemente sube y baja. Atiende únicamente a lo que le sale de la punta del nabo. 

La semana pasada me despedí de uno de mis gatos acogidos, pero no me afectó más de lo esperable. Los conoces, te enamoras, los quieres y cuando se van lloras y los echas de menos. Es así. Nada fuera de lo normal.

También tuve que enfrentarme a una situación que me causa ataques de ansiedad. Tuve sudores, un tic nervioso en una pierna, hiperventilé todo lo que pude, tenía cada puñetero músculo contraído y al final, de guinda, me mareé. Pude rendirme pero no lo hice, la enfrenté y la superé. Debería estar contenta por eso, sin embargo no es suficiente.

No hace mucho me dolió darme cuenta que hay gente a la que quise que ahora me gustaría no haber conocido nunca, pero no me quedó más remedio que asumirlo. Me equivoqué de personas, y ya está.

Y mientras, ahí estamos, viendo como bajo lentamente al interior de un pozo.

No sé. Algo se me ocurrirá. Cuando voy tan cuesta abajo soy muy de acción. Busco algo que me distraiga. La última vez que me ví así fue hace casi dos años. Igual que ahora, más y más abajo. Parecía que mi ánimo mejoraba unos días pero volvía otra vez a caer. 

Entonces me pregunté: ¿qué puedes hacer? ¿algo que te ilusione, algo que disfrutarías, algo que te haga remontar? 

Decidí ir a conocer a un amigo del mundo blogger. Aquello fue de las peores cosas que se me pudieron pasar por la cabeza. Antes de vernos discutimos y la amistad se rompió. Estuve varios meses con más bajos que altos hasta que me paré en seco y me dije: No, no te vas a pasar todo el puto verano pensando en esta mierda. 

Entonces me pregunté de nuevo: ¿qué puedes hacer? ¿algo que te ilusione, algo que disfrutarías, algo que te haga remontar?  (y acierta esta vez, maja)

Y me casé. En tres meses organicé nuestra boda. Ahí sí acerté. Remonté vuelo con mi nostálgico vestido de los años veinte. 

Y ahora ¿qué coño hago? Un viaje molaría muchísimo, pero no hay dinero. Por lo de pronto el fin de semana me voy a montar a caballo, y puede que también haga tiro con arco. Hace casi quince años que no lo hago. De adolescente iba bastante, también iba al teatro, y nadaba, y pintaba. Hacía un montón de cosas que me encantan y que ahora, por haches o por bes, no hago. No fue mi mejor época pero aburrir no me aburría, oye. 

En  fin. Los caballos me esperan. No sé si remontaré o no, pero los animales siempre me hacen bien. 

P.D. Siempre me da no se qué escribir posts alicaídos, disfruto más compartiendo energía positiva, pero me temo que este siempre será un diario oscuro y frío, por algo me llamé Abisal. El que quiera risas y no lloros es mejor que busque otra lectura.

sábado, 9 de noviembre de 2013

30 fotografías únicas

Qué días más extraños. Emociones por doquier. Aparecen de repente, como un chaparrón de esos que caen cuando, por supuesto, no llevas paraguas. He acabado esta semana exhausta (y empapada). Z. dice que me exijo demasiado. Igual tiene razón. Tengo mi capa protectora pidiendo remiendos a gritos.

Hoy me ha llegado este enlace y me han salido goteras. No porque sean fotos tristes, no todas los son, sino porque voy a pecho descubierto... y claro, no se puede, así te da cada una en todo el corazón.

Nah... en un par de días estoy como nueva. Chocolate, un videojuego, buena compañía como Z. y R. y gatos. Nada más necesito. 

Clicka aquí para ver las 30 fotografías.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Y, más o menos, ésto es lo que me digo


Dos monjes estaban lavando sus tazones en el río cuando vieron que un escorpión se ahogaba. Un monje lo sacó inmediatamente y lo puso delicadamente sobre la orilla. Justo antes de posarlo sobre la arena, el escorpión movió rápidamente su cola para picar al monje.

—¡Uy! ¡Qué daño! ¡Me ha dado en un dedo!—exclamó el hombre dolorido.

Cuando el dolor fue mitigándose, con el dedo hinchado, el monje volvió a la orilla a acabar de lavar su tazón. Mientras estaba manos a la obra, vio que el escorpión se había vuelto a caer al agua. Inmediatamente, metió su aún dolorida mano en el río para sacar al animal. Mientras dejaba al escorpión en el suelo, éste le picó de nuevo. El otro monje le preguntó:

—Amigo, ¿por qué continúas salvando al escorpión cuando sabes que su naturaleza es picar?
—Porque —respondió el monje— salvarlo es mi naturaleza. 

(Cuento extraído de "El arte de no amargarse la vida", de Rafael Santandreu) 

viernes, 1 de noviembre de 2013

Freddie y la siesta de los gatos

 ♪ Suena Who wants to live forever, de Queen.

Hoy estuvimos viendo conciertos de Queen. Es ver a Freddie Mercury y emocionarme toda, no sé qué tiene que me encanta. Me enamora su mirada. Tiene ojos de buena persona. En serio, una mirada a veces dulce y otras pícara, pero transparentes. 





Flipo mucho cada vez que lo veo o escucho cantar, es un crack sobre el escenario y tenía una voz única. 

Devociones mías a parte, mientras yo disfrutaba con el espectáculo, sobre mis piernas se dormían tres siestas. La foto es pésima, lo sé, pero también ilustrativa.  Es que o le pongo flash o Rayito sale únicamente como una masa oscura.


Es sentarme, estirar las piernas en la silla y van apareciendo uno tras otro. Y allí se quedan. Debo tener velcro, o algo. Si llego a tener las piernas largas se suma mi gato T. también, que el que falta (y menos mal porque son siete kilos y pico de gato).

Oye, me quejo, sí... pero entre Freddie y los gatos dándome esa paz interior que me dan... qué feliz estaba.