martes, 30 de diciembre de 2014

Nothing else matters

R., el hermano de Z, toca la guitarra. Cuando nos vemos me pone vídeos de Satriani y otros guitarristas que le gustan y contesta todas mis preguntas mientras improvisa con su guitarra eléctrica. A menudo se ofrece a enseñarme alguna cosa porque me ve interés pero yo le digo que no, que más adelante, que ya veremos. Realmente es porque una vez me enseñó unos acordes de una canción y me pareció súpercomplicado, me sentí muy torpe. El otro día salió a tomar algo con un amigo y mientras le cogí la acústica. Me puse a buscar en youtube clases para principiantes y estuve aprendiendo los primeros acordes de Nothing else matters. Me emocioné toda porque hacía mucho tiempo que no tocaba un instrumento y siempre me pareció mágico el hecho de crear música. Tanto que estuve a punto de grabar mis patéticos primeros pasos con la guitarra pero finalmente decidí esperar a tener algo decente.

Me sentó muy bien. Hubo un momento en que estaba recostada, con los ojos cerrados, concentrada en que cada dedo tocara la cuerda adecuada, repitiendo los acordes una y otra vez. Sólo percibía el sonido y el roce de las cuerdas en mis dedos. Era tremendamente sanador y relajante. 

R. me dejará su otra guitarra eléctrica para que siga practicando en mi casa (no quise tocarle lo que había aprendido hasta que salga bien del todo) y eso haré cuando pasen los exámenes. Me hace mucha ilusión, quiero aprender Hey there Delilah. Realmente siempre quise tocar el violonchelo pero quizás mejor empezar por algo más asequible. Lo que no sé es de dónde sacaré el tiempo para las veintemil cosas que quiero hacer, sin contar esa, pero bueno, eso es otra historia.

Me encuentro mejor que la última vez que escribí aquí. Estoy pues emergiendo de las profundidades one more time y eso es lo que importa. 

Estoy preparando unos dibujos de los míticos hombres forzudos del circo, con bigote y mono de rayas, levantando con ligereza una barra de pesas. Son para hacer marcapáginas para vender en un mercadillo solidario. No sé quién demonios comprará marcapáginas ahora que se lee tanto en tablets y ebooks pero yo a lo mío. Se me ocurrió porque es una forma de seguir dibujando pero motivada además por una finalidad práctica. Cuando los acabe pondré foto aquí, aunque me muera de vergüenza. Quizás por fin las acuarelas empiecen a respetarme un poco... o quizás sigan como hasta ahora. Veremos.


miércoles, 24 de diciembre de 2014

Allí dónde no hay nada

Preciosa ilustración de Óscar Giménez que plagiaré algún día como ser vil y despreciable que soy.
Me gusta la temática espacial, me atraen mucho las imágenes de estrellas, planetas, galaxias y también de astronautas y naves espaciales. Tengo una sudadera muy loca de Saturno con astronautas colgados de sus anillos. Lástima que me queda un poco pequeña porque la ví en una web asiática y para ellos la talla única es como aquí la S, más o menos.  Es como esta:


Tuve una especie de colapso. Me fuí apagando poco a poco los días anteriores y el lunes me lo pasé en cama, llorando y durmiendo, durmiendo y llorando. Para más inri coincidió que ese día tuve que llevar a esterilizar a mis dos gatos acogidos, y se estresan mucho en el transportin y yo con ellos. Nos pasamos el día tirados en cama, ellos recuperándose de la anestesia y yo intentando mantenerme a flote, o por lo menos no hundirme más.

Es un poco como estar dentro de un traje de astronauta flotando lentamente, cuando has perdido tu nave espacial. Desde afuera nadie sabe qué demonios pasa dentro, no pueden comunicarse contigo y a ti te la pela bastante, lo único que te importa es llegar a algún sitio seguro donde puedas agarrarte y dejar de flotar en el vacío. 

Me pregunto qué piensa Z. cuando estoy mal. No debe ser fácil ser mi amigo, y supongo que mucho menos mi pareja. Creo que en estas ocasiones me ve así, aislada y a la deriva, pero sin saber qué hacer para ayudarme.

A veces me parece, de noche, en cama, con la luz apagada, que espera que le abrace, como todos los días antes de dormir. Me parece que es su forma de saber en qué profundidades estoy. Si le abrazo pueden considerarse aguas intermedias. Estos días casi no ha habido abrazos porque yo estoy demasiado ocupada reforzando el armazón que me permite estar en pie. Así que esas noches en las que yo me giro y me tapo con el nórdico la cabeza, y él se queda pensando un rato, echando de menos quizás ese abrazo del final del día dónde a veces le cuento cosas que se me ocurren y otras sólo me quedo dormida con una pierna sobre su cadera y mi brazo en su cintura, yo estoy pensando que me encantaría refugiarme en sus brazos porque allí puedo ser débil, y bajar la guardia, y dejar que otro me proteja y pensar que estoy a salvo de todo. Pero en días como los pasados, cuando bajo a esas profundidades abisales, tan frías y dónde no llega ni un atisbo de luz, cuando estoy ahí, no puedo dejar de reforzar ese armazón mío, no puedo dejarme caer, ni pretender que otro me proteja y me saque de dónde estoy, porque si lo hago, si intento refugiarme en sus brazos, lo más probable es que me desmorone luego con un simple soplido. 

Eso es algo que no sabes Z, que cuando estoy mal y me pego a mi lado de la cama y te giro la espalda, muchas veces pienso en ti y en tu abrazo y en cuánto os echo de menos a los dos, aquí, encerrada en mi traje espacial.

martes, 16 de diciembre de 2014

Así somos

Le digo a Z que se siente conmigo en el sofá. Vamos a hacer las listas de los regalos que nos daremos el primer día del año. Me gusta hacer los regalos ese día, como celebración del año que está empezando. A veces ponemos varios y que el otro elija un par y otras pedimos directamente. Una vez que tuvimos una bronca bestial me regaló a modo de reconciliación una especie de mopa eléctrica que va dando vueltas por el suelo recogiendo pelusas. No se la tiré a la cabeza porque estaba ocupada intentando recomponer mi cara de incredulidad ante la capacidad de lo absurdo para sorprenderme. Ahora entiendes la necesidad de que le haga una lista, ¿verdad?

A: Quiero el libro de Aury (un personaje muy especial de la trilogía de Kvothe). Espera que miro cómo se llama (cojo el móvil)... "La música del silencio" (él piensa en el suyo un momento)
Z: Pues yo ésto (apunta afanoso en el papel) No tiene por qué ser el día 1 de Enero, ¿eh?
A: Una tarde pintando miniaturas de Warhammer (leo)... ¿y eso? Pero eso lo podemos hacer cualquier día, tienes que pedir algo material, hombre (y no, no me enternezco porque pida hacer algo juntos, soy una chica dura, superdura, de diamante, o más bien grafeno)
Z: Es que tengo varias por pintar y tú pintas bien y eso me gustaría.
A: Vale, pues eso ya lo tienes, ahora pide algo que yo pueda comprar... Ah, ¡ya sé qué más quiero! (digo mientras apunto una nueva cosa en mi lista)
Z: A ver... (se acerca y lee) Hacer el viaje a Portugal en Febr...
A: ¡No!, espera, quitaquita (tacho lo que acabo de escribir) Eso más adelante, mejor pido una cosa que puedas darme el día 1 (a Z no le gusta viajar así que parece aliviado -y eso que no cogeríamos avión-) Venga, aún no has escrito nada material, escribe.
Z: ¡Ya sé! (lo dice como si hubiera tenido una idea brillante) Quiero uno de esos para sacar los spaguetti de la cacerola (a Z le encantan los spaguetti pero en mi opinión esto tiene más que ver con que sigue sin entender lo que es un regalo)
A: Ya lo compré, burro.
Z: Ah, es verdad. Pues un cuchillo grande de sierra para cortar el pan, que el que hay tiene el mango roto.
A: Eso son cosas para la casa no para ti, ¿quieres también un recogepelusas? Te voy a regalar una corbata como no digas algo decente ya, y te obligaré a ponerla (a Z le gustan los spaguetti pero odia las corbatas, las camisas y los trajes, y también las bodas)
Z: Es que no se me ocurre...
A: Anda di libros, que total siempre acabas pidiendo eso.
Z: Uno de Stanislav Lem entonc... 
A: ¡Hala! ¡Ya sé qué más quiero! ¡Viaje a Ceylan! (le interrumpo)
Z: ¿EH? ¿QUÉ? 
A: ¡Siii! (digo toda emocionada mientras lo escribo)
Z: ¿A Ceylan? (reparo en su cara aterrorizada y estupefacta)
A: Es un perfume, joder (soy muy de olores yo)
Z: Aaah... (se recuesta en el sofá, con la misma cara que cuando se está recuperando del mareo que le produce lo relacionado con la sangre, mientras yo me recuesto también pero muerta de risa) Es que ya decía yo, no vamos a Portugal y vamos a Ceylan, ¡a Ceylan!


jueves, 11 de diciembre de 2014

¿Aún estás ahí?

A Z no le gusta conducir, suelo hacerlo yo. Cuando hacemos viajes largos se lo endoso a él. Mala idea. El que conduce elige la música. Siempre hay música en nuestro coche. En este caso se venga torturándome con Death Metal. Sí, voces guturales, guitarras distorsionadas y toda la parafernalia.

Abisal: ¿Tenemos que escuchar la puta mierda ésta otra vez?
Z: Hombre, si lo dices así... Sí.

Y sonríe, el cabrón. Me gustaría ser inglesa para decir "fucking" a cada rato y tirar la fucking cinta por la ventana.

Hace años que me he ido distanciando de mis padres. Porque acepté  que nunca sería la que ellos querían que fuera. Porque no les perdonaré que quisieran que dejara a Z, la cosa más bonita que me ha dado la vida, debido a que él tampoco era lo que ellos querían que fuese. Por muchas cosas pero se resume en eso. Es un distanciamiento extraño. Los quiero y sé que me quieren, comemos juntos de vez en cuando y hablamos por teléfono pero... bueno... quizás ellos tampoco sean lo que a mí me gustaría que fuesen.

Tuvimos que hacer una obra en casa y mi padre estuvo por aquí (no suele venir), incapaz de no meter las naricillas y de paso aprovechó para decirme lo que tenía que hacer, por si no lo supiera ya. Blablablá, su echar en cara de siempre, su no estás a la altura, sus deberías. Mientras él miraba los avances de la obra yo me senté en el sofá con la cabeza entre las manos. Finalmente me levanté y lo guié hacia la puerta.

Estoy tan cansada, tan pero tan cansada... que tengo miedo de estar enfermando de nuevo y dentro de unos meses estar de antidepresivos hasta las cejas. Hace ocho años de eso, pensé que lo había dejado para siempre atrás.

Hoy me llamó y me dijo que ayer me notó rara. Le dije que no me encontraba bien. Como no sabía que decir me preguntó si creía que acabaría la carrera este año. No era lo que necesitaba oír, la verdad.

Pongo música porque quiero que todo lo demás se calle.


Prácticas. Hacer la memoria de las otras prácticas. Hablar con el de la asesoría. Ir a recoger aquel cheque. Estudiar. Actualizar con el nuevo caso el blog de la protectora. Entregar ese trabajo. Registrar mis relatos antes de que se publique en Amazon la antología en la que participo. Contestar a los mensajes  que preguntan por el gato que unos desgraciados quemaron. Seminarios. Enviar cuestionarios de preseguimiento. Estudiar más.  Escribir a la agente literaria que nos hará el prólogo. El carpintero de la obra. Comprar arena para los gatos. Y mil cosas más.

Pero lo peor no es todo eso, toda esa premura, ese avasallamiento de pensamientos bombardeándome. Seguro que cualquiera que me lea tiene tantas o más cosas pendientes. Es la tristeza. El cansancio. El callejón sin salida. El asqueroso hastío que se me pega como un chicle a la suela del zapato.

Escucho a Michael Jackson cuando cantaba en los Jackson 5 y parecía un niño simpático y alegre aunque su padre les pegara a todos con el cinturón. 


Me gustaría sentarme en el sofá con la cabeza entre las manos y sacarlo todo poco a poco. Tirar de un hilo hasta deshacer por completo el ovillo. No quiero sombras, quiero colores de nuevo.



 Me encanta esto, no sé quién es el autor, disculpas por no citarle.


lunes, 1 de diciembre de 2014

De espaldas al mundo

Llevo todo el día dándole vueltas al coco. Y venga. Y dale. Y vuelta. He abierto blogger y para que se calle un poco y me deje escribir tranquila he abierto también el Spotify a toda mecha.

Mi perfeccionismo absurdo está superorgulloso de mí. Tras mucho pensar cómo podría ordenar mis canciones, salvo las de mis grupos favoritos que van a parte, he terminado creando una lista por cada década y allí las tengo todas ordenaditas, según año de publicación. Me ha llevado un montón de tiempo colocarlas todas. Ahora estoy escuchando la de los 50 (me encanta el doo wop).

Me gustaría darle un lavado de cara al blog. A los dos. También tengo pensado varias cosas para el de la protectora. Si pudiera también me daría un lavado de cara a mí misma. Como siempre no me da tiempo a nada. He pasado de la fase del no parar e intentar hacer todo lo pendiente a pasar toda la puñetera tarde de hoy tirada en cama. Estoy cansada. El cuerpo y la mente sólo me piden descansar descansar y descansar. Lo malo es que también me pide estar sola, no hablar con nadie, darle la espalda al mundo y mandar a todos a tomar por culo. Me asquea todo.

Menos mal que suena "Stay", cantada por Maurice Williams y me hace abortar ese párrafo tan decadente. Si no estuviera Z aquí al lado me pondría a bailar por la habitación mientras los gatos me miran con esa cara suya de "se le fue del todo la pinza".

Lo que decía. Quiero hacer dos apartados en este blog con dos cosas que me gustan mucho. Viajes o experiencias y arte en general. Así que crearé dos imágenes en la barra lateral desde dónde se accederá a esos posts. Los de arte voy a "reeditarlos". Los que tengan textos van a llevar una grabación mía dónde recitaré el texto a mi manera. Es algo que me gusta hacer, y más si son textos que me gustan.

Tengo ideas. Siempre tengo ideas en la cabeza, burbujeando y diciéndome "corre, corre" y haz esto o haz lo otro. Es muy cansado ser yo, de verdad.

Le he hecho un letrerito a mi padre para su moto antigua. Tiene un cacharrito delante dónde debe poner el nombre del propietario. He cogido papel viejuno y he imitado la recargada letra antigua. Se notaba que era alguien imitando esa letra pero ha quedado muy chulo.

(Ahora está sonando I love how you, de The París Sisters, también preciosa)

La web de camisetas está en marcha, tenemos que mejorar en los diseños, pero poco a poco lo haremos mejor. Después me centraré en la mía. Sí, en la mía. Llevo años con la creatividad atada con un candado y ya es hora de romperlo. Cuando la tenga preparada os la enseñaré. Lo del diseño de camisetas es sólo una parte. Ah, y van a publicar un relato mío en una antología de relatos breves que los del foro de literatura estamos haciendo. Quizás me lance a diseñar la portada. Muy pronto en Amazon por un precio irisorio. Los que escribimos sólo buscamos sacar lo que llevamos dentro y que nos lean.

Tengo que conseguir remontar. Tengo que centrarme de nuevo e ir derecha a mi objetivo. No puedo fallar ahora. Tengo que conseguir levantarme. 




viernes, 21 de noviembre de 2014

Zorros y conejos

Decía el otro día que me gustaban los zorros. "Está claro que sí", pensé el otro día cuando por casualidad me fijé en mi pijama y mi calcetín. La prueba:






Eran varias las veces que veía un conejo gris en las zonas verdes de la urbanización. Aquí paré el coche para sacarle una foto, en el centro, ¿lo ves?:



Como hay monte cerca (al lao) pensé que sería un atrevido kamikaze que se acercaba por estos lares. Pues el otro día lo volví a ver. Con un compañero. Blanco:




No se ve un carajo, I know. Está a la izquierda del primer árbol de la imagen (empezando por la izquierda, sí) No pude acercarme más porque se marcharon los dos a esconderse bajo unas hortensias y como que prefería dejarlos en paz. Hasta ahora pensé que eran conejos del monte pero con este blanco pienso si no serán alguien que los tiene amaestrados y deja a sus mascotas por allí a que den un paseo (cosa bastante peligrosa, por cierto). 

Una vez desde la ventana del estudio vimos pasar una ardilla por la acera, finalmente dio media vuelta y volvió sobre sus pasos, espero que de nuevo a sitio seguro en los árboles. 

Lo de Portugal queda postpuesto hasta finales de Enero. Me jode un huevo pero es mejor así. Por mucho que me apetezca ahora. Tengo algo pendiente antes.

Hoy ha sido un día asqueroso. Se ha jodido en el último momento, de una forma estúpida y boba. Me gustan mucho las cosas claras y directas. Otros no son tan fans como yo, por eso hay maletendidos evitables que causan daños innecesarios.

Por eso voy a llamar por teléfono a un señor para que me envíe pizza y helado, y aquella ensalada de pollo que tanto me gusta. Sí, eso estará bien. Además, aún me queda tooooda una temporada Peaky Blinders para ver y toooooda una madrugada por delante.




lunes, 17 de noviembre de 2014

Mi oído izquierdo toca la batería


La otra noche empecé a encontrarme mal. Me recosté en la silla por si me caía, pero por suerte esa vez no acabé convulsionando. Empecé a no pensar con claridad, a no percibir lo que sucedía, sabía que debía hablar entonces porque más tarde no podría, una frase simple: "Tengo mucho doído". Quería decir ruído pero supongo que lo mezclé con dolor. Apreté las manos con tanta fuerza contra los oídos que después me dolían los dedos. El ruído. Ese ruído. Tenía los ojos cerrados pero sabía que a mi lado Z me miraba preocupado. En cierta forma me tranquilizaba que estuviese allí. Ojalá pudiera decirselo. El ruído toma mi mente por completo, profundo y abismal. En mi oído izquierdo suena un golpeteo mecánico que parece una batería loca y absurda en medio de un terremoto. El epicentro tarda unos dos minutos interminablemente largos en calmarse. El ruído desaparece casi de golpe. Abro los ojos, noto las lágrimas asomando. Miro a Z: "Odio esto, lo odio".

Lo odio. Soy yo, forma parte de lo que soy, pero lo odio. Odio que interrumpiera la vida que debía haber vivido, la de la chica tímida con buenas notas que a los treinta habría acabado el doctorado y tendría varias publicaciones científicas en las que constaría su nombre. Que se cargara mi vida académica y por lo tanto la profesional. Odio las horas frente a los apuntes que no era capaz de memorizar. Odio que me quitara cualquier rastro de autoestima que pudiera haber sobrevivido a la implacable rigidez con la que me educaron mis padres. Odio todo lo que trajo, la mochila que llevo a cuestas y que nadie ve. Sólo Z me ayuda con esa mochila, a mis padres poco les cuento, están demasiado ocupados con sus males y demás dramas.

No me sale de los cojones conformarme. No me sale de los cojones aceptar el "es algo con lo que convivirás toda la vida" Si me hubiera conformado habría dejado la carrera hace años y no estaría a punto de acabarla.

Hace meses que necesito escapar. necesito coger a Z. y llevarlo a ver lugares en los que nunca hemos estado. Solos él y yo. En Diciembre iremos unos días a Portugal. Es un país que me gusta mucho y relativamente barato. Cogeremos el coche y conduciremos hacia el Sur. Lo más curioso es que no tenemos un duro. Es decir, lo tenemos pero una parte va para una obra inevitable en casa, y otra para el proyecto de diseño de camisetas. Z. no volverá a cobrar un sueldo hasta Enero. No nos llega, no deberíamos, pero me la pela. He hablado con mis padres y nos adelantan dinero. Cuando cobre se lo iremos devolviendo.  Necesito cambiar de mundo unos días y si tengo que pedir prestado lo pido. Cuestión de prioridades y supervivencia. El orgullo para tiempos mejores.

Hoy descubrí algo en lo que no había pensado. Cuando tenía unos dos años parece ser era muy habladora, sociable y confiada. A esa edad yo vívía principalmente con mi abuela, aunque tambien pasaba meses con mis padres en Suíza. Ya comenté una vez que creo que la falta de arraigo y apego que tengo viene de ahí. Sé que hubo un momento en el que me volví callada y tímida. Mis padres siempre lo comentan como si fuera elección mía, una manía de tantas. Hoy me dí cuenta que ese período coincidió con el cambio de vivienda. Mis padres regresaron definitivamente de Suíza y yo dejé a mi abuela y fuí a vivir con ellos. Mi padre era alcohólico y la situación en casa era terrible, con maltratos físicos y psicológicos a mi madre. Nunca olvidaré lo que sentí cuando la apuntó con una escopeta, un miedo atroz a quedarme sola. A mí sólo me pegó una vez, en la que además me hizo andar de rodillas por toda la casa, pero me maltrató muchas otras, como una vez que me puso la zancadilla en la playa y me caí de morros encima de una señora y su toalla. Yo debía de tener siete años.

Y no me he dado cuenta hasta hoy, que dejé de hablar y confiar cuando empecé a vivir esas situaciones.  Leí en un libro que la falta de cohesión social de muchos solitarios nace en experiencias como esa. Tu mundo se resquebraja, lo único seguro que tienes es a ti mismo. No vuelves a confiar en nada que venga de fuera.

Ha quedado un post deprimente, ya. Pues lo remato con algo que encontré escrito en una hoja de apuntes:

"Solo estamos mi miedo y yo. En la oscuridad. Cogidos de la mano. Yo tiemblo. Él sonríe".

En contra de lo que pueda parecer no estoy mal, no estoy de bajón, sólo con la cabeza demasiado llena de cosas. Estoy digiriendolas, por eso escribo. Me concentro mucho en sacarlas, en que no se me queden clavadas dentro, en que no se pudran y yo con ellas.

No te preocupes. El próximo día contaré sobre conejos (uno blanco!) que pasean por las zonas verdes de mi urbanización, de las risas con Z y otras cosas más agradables. Quizás también hable de que esta semana una persona me ha dicho que se alegra de conocerme porque soy muy especial y de que otra me ha comentado que siempre estoy ahí para cuando se me necesita. Especiales somos todos, cada uno a su manera, pero me alegra mucho ver que algunos me vean como una buena persona. Me anima a seguir con mi "me la suda" cuando me encuentro alguna piedra en el camino. 

De eso se trata siempre... de hacer camino y dejar lo malo atrás. 


jueves, 13 de noviembre de 2014

Me la suda, ergo voy por buen camino

Me parece interesante lo de los "micromachismos". La primera vez que escuché la palabra fue por una movida que hubo en Twitter cuando una chica tachó de machista el gesto de un chico que la invitó a un café cuando ella estaba en la biblioteca. No estoy de acuerdo con ella. Que me inviten a un café cuando estoy estudiando no me parece machista, aunque sí puede serlo la forma de hacerlo o la reacción ante una negativa. 

Imaginemos un estudiante (da igual chico o chica) cuyo estuche tiene un estampado de viñetas de un cómic de Batman, por ejemplo, y luego imaginemos también otro estudiante que tiene un estuche con una ilustración como esta:



Probablemente nadie comentará nada del primer estuche pero sí del segundo. Hortera, cursi, ñoño, infantil... un montón de palabras para denominar algo que suele gustar más al público femenino. Ese es mi estuche. No soy una devota del rosa pero me encantan los zorros, y me gustó el sombrero de copa, y el fondo estrellado en el que me pierdo tantas noches de verano. Hace tiempo necesitaba excusarme porque me gusten las ilustraciones de este tipo, o por tener una camisa con estampado de gatitos. Ahora me la pela un poco mucho. 

El estuche va en mi mochila el mismo día que visto en modo cuervo y llevo las botas militares que mi madre mira siempre de reojo. La del estuche del zorro y la niña de pelo rosa también le encanta el Call of Duty, matar orcos en un juego de rol y ver pelis de acción. Me gustan los lunares de colores y también las camisetas de calaveras y mi queridísima chaqueta de heavy nostálgico. 

Si algo odio son los extremos. Me gustan los términos medios. Me gusta el gris, no el gris en el alma, sino en la actitud hacia la vida, el equilibrio. Me gusta la gente que no se impone límites, que es capaz de moverse en varios campos y coger lo que le guste de cada uno. Ansío ser como ellos, y creo que voy bien. 

Defender tu estuche es defenderte y quererte a ti mismo, es crecer, hacerse más fuerte, madurar. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Largo de aquí

Z: Te va a gustar el Neonomicon.
Abisal: ¿Por qué lo dices?
Z: Porque están todo el rato follando.

Z, sabiendo lo que realmente me gusta desde 2003.


Tengo la uña del dedo de hacer cortes de manga si eres diestra con un estúpido, persistente y absurdo hongo que insiste en mantener conmigo una relación posesiva, vampírica y cansina. Desde Julio llevo con él. Lo más efectivo que ha resultado es introducir el dedo en un solución de vinagre y agua 1:2. ¿El problema? Que yo tengo cero constancia y aguanté un par de semanas escasas y cuando aquello empezó a mejorar (que se me cayó la uña a cachos, vamos) celebré con bailes alrededor de una hoguera que por fin me había librado de él y dejé el tratamiento. 

Ha vuelto. O nunca se había ido y solo estaba escondido. Vuelta al vinagre. He leído que hasta que la uña se regenere por completo puede pasar un año. ¿Lo has leído bien? ¡Un año!. Muero. 

Aparte de mi fanático admirador fúngico ayer no fue un buen día, y hoy estoy rara. Rara como la calma antes de la tormenta. Estoy en los días previos a esconderme en mi cueva y no salir para nada. De meterme para dentro, como un caracol. Un sutil Largo de aquí. Necesito estar sola.

Quién fuera hongo para esconderse del mundo bajo una uña. Parece un lugar súperefectivo para resistir lo que sea. Hasta baños con vinagre.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Sulfúrica estoy

Hoy he descubierto lo importante de trabajar con fenol y ácido sulfúrico sin inspirar sus vapores, o sea, con campana extractora. Mi compañero ha acabado con un colocón extraño en dónde tanto cantaba una canción, como se la inventaba como decía que estaba de los carbohidratos hasta la punta del coño (¿?). Puede que llevar siete horas sin descanso con el asunto tuvieran algo que ver. Yo le he dicho que en mi barrio los coños no tienen punta y se quedó pensando un rato hasta que me dió la razón. A continuación determinamos que los únicos que sabemos denominar un estornudo somos los gallegos y los portugueses, porque sabemos que se llama "esbirro" y no estornudo, esa cosa loca que se inventó alguien una vez.

H. me ha dicho que si quiero trabajar en clínica es lo que me espera: vapores tóxicos, productos cancerígenos, bacterias patógenas y viruses ebolianos. Me lo ha dicho como para meterme miedito porque no sabe que yo le tengo miedo a las personas, no a los viruses. También me ha dado una barrita energética hecha en casa por su madre. "Es potencia pura", decía. Quiero un poco a H. A veces. Cuando no entra en delirio después de medir setenta y pico tubos en el espectrofotómetro. Bueno, esas veces también.

He llevado un rotulador permanente de casa y lo he dejado junto con los otros del laboratorio. Tienen varios gruesos pero sólo uno de punta fina. Andan cogiéndoselo unos a otros y siempre hay alguien que tiene que joderse e intentar rotular algo legible en un tubo de ensayo con una punta demasiado gruesa. No sé si se han preguntado de dónde había salido aquel rotulador pero me divierte ver que ha tenido éxito y ha desbancado al otro en popularidad.


He ido a la ginecóloga y me ha dejado el cérvix del útero sin demasiadas ganas de fiesta. También me ha hecho una ecografía. Miraba la pantalla seria. Muy seria. Yo intentaba mirarla también pero tuve que elegir entre eso o partirme el cuello espatarrada en la camilla de una consulta ginecológica. He pensado en quistes, tumores, extirpación de órganos, cambio climático, en todo.  Luego se ha recostado en la silla y ha dicho "Bueno, te voy a decir lo que hay". A continuación añadió "Está todo perfecto". Me dieron muchas ganas de sumergirla en sulfúrico. 

lunes, 27 de octubre de 2014

De chispazos y destellos

A veces me imaginaba, sin yo pretenderlo, caminando por la acera, a punto de llegar a casa y, sin saberlo, a punto de verte. Hoy llevaba puesta la parka nueva, tan bonita, el bolso con la correa demasiado larga, golpeteando la cadera, la mirada al suelo, como siempre, y el pelo, por una vez, bien peinado. Durante dos segundos me ví llegando a la cancela del minijardín y viéndote allí esperando, tan inconfundible, con esos ojos hechos de océano y el pelo desordenado. Te ví tan bello como siempre pero esta vez no me sorprendí, no sonreí, no te abracé. No fue algo que planeara, ni siquiera estaba pensando en ti,  simplemente mi cerebro proyectó una imagen sin venir a cuento, como un trocito de peli que ves mientras haces zapping. Me quedé un poco triste por la ausencia de abrazo. Cuánto ha cambiado todo, ¿no crees? No hemos perdido nada, seguimos con nuestras vidas, como si no nos hubiéramos conocido, pero aún así... qué pena haber perdido la emoción al verte, mis brazos en tus hombros, esa felicidad sencilla y transparente de esa ensoñación que me asaltaba a veces. Me pregunto qué tal os irá, si estás feliz, si estás sano, si habrá cambios o no. ¿Sabes? Hoy decidí por fin qué me tatuaré cuando, tras tanta lucha, acabe la carrera en julio. Llegó a mí claro y cristalino. Será en el costado, un gato caminando hacia mi corazón. Será de líneas sencillas, con un trazo rápido e imperfecto, como yo.  Tendrá zonas de color, como si estuviese manchado con acuarelas, y quizás algunos pequeños puntos que simularán estrellas. Cuando lo dibuje sé que me acordaré de ti y que me gustaría enseñártelo. Lástima que ya no nos abracemos ni en mi imaginación. 

domingo, 19 de octubre de 2014

Entrando en la fase oscura en 3, 2, 1...

Este fin de semana he tenido que ir al laboratorio por las mañanas junto con el chico que me enseña ( y me padece). Me gusta lo de abrir la puerta y desactivar la alarma, anotar en el libro de entradas nombre y hora y caminar por los pasillos desiertos hasta nuestro laboratorio. 

Hemos escuchado música mientras trabajábamos. H. ha cantado y también me ha asustado con un estornudo. Ayer estábamos hablando de que hoy también tendríamos que ir, el único par de pringados que estaría allí un domingo por la mañana. Yo estaba muy concentrada intentando no dejarme el flequillo en la llama cuando H me pregunta "¿Vas a ser buena mañana?". Yo, ojiplática, pensando mal, porque tengo la mente de un viejo verde y siempre pienso mal, "¿Cómo dices?". "Que si va a ser buena la semana". No es español y a veces usa expresiones raras, se refería al clima. Nos reímos un rato cuando le expliqué. 

Pienso mucho en lo mal que lo pasé durante el verano en las prácticas y cómo todo está invertido ahora. H. es amable y generoso, y tiene una paciencia infinita el pobre. En verano contaba los días para largarme, aquí me da pena que el experimento esté saliendo bien porque acabaremos antes de lo esperado y yo ya no tendré que ir. ¿Existirá algún tipo de compensación cósmica? 

Ayer por la tarde fuí a dejar a mis dos gatitas acogidas en otra casa de acogida, yo me quedo con los dos negritos intratables que cada vez son un poco más mimosetes. No lloré hasta hoy, que me cogió desprevenida aquí, delante del portátil. Lloraba un poco por todo. Me gusta el otoño pero siempre en estas fechas me da un bajón. 

Estoy leyendo "La habitación vacía", de Emily White. Un libro del 2011 que incomprensiblemente ya está descatalogado a pesar de haber sido bestseller, costó encontrarlo. Habla sobre la soledad, la sensación de no formar parte de nada. 

En el libro se propone un ejercicio. Dibuja un punto en un papel, ese eres tú. Luego haz un círculo amplio a su alrededor y coloca las personas que se te vayan ocurriendo según su cercanía a ti afectivamente. Yo dibujé esto:


La de la izquierda soy yo, el otro es Z. Después me planteé dónde poner a gente de la facultad, a las personas con las que quedo... y todos estaban fuera del círculo. Ni siquiera se me pasó por la cabeza ningún familiar, ni mis padres. Ese es mi círculo. Después le hice puse pelitos en lo alto, por lo de poner un poco de humor. 

¿Cuántos puntos tendría tu círculo? Al contrario de lo que le pasa a la escritora, yo no soy infeliz porque mi círculo tenga tan pocos puntos. Me gusta así.

No me hagas mucho caso hoy. A veces le escribo a los puntos que debería haber y no existen.

martes, 14 de octubre de 2014

Mapas


El otro día ordenando un armario me encontré con una caja. Es LA CAJA. Ya he comentado otras veces que no soporto acumular cosas y que son pocas las que guardo a modo de recuerdo. En la caja están las que se han salvado. Me he quedado mirándolas y casi todas están relacionadas con Z, mi compañero. Cartas que nos escribimos (sí, de las de papel y tinta), una fotocopia de la página del libro del instituto donde leí por primera vez mi poema favorito y mapas. Mapas de las ciudades que hemos visitado (sí, mapas de esos de quedarte en una esquina orientándolo hacia un lado y hacia otro con cara de panoli).

Mi desapego imparable ha dado un golpe de estado y casi me convence de tirar los mapas. Por ahora se han salvado. Es curioso que no sea tan desprendida con las emociones y los sentimientos, que permanecen y permanecen.

Me he preguntado porqué todas las cosas estaban relacionadas con él y me he contestado que porque fue cuando empecé a ser feliz. Es lo que nos pasa a los que tuvimos una infancia y adolescencia de mierda, que llega alguien que te ilumina el alma y se queda anclado para siempre en el mismo lugar que tu poema favorito.

He roto un tubo de cultivo en el laboratorio, también me he liado para restarle 16 a 80 (son 64, ya), utilicé tubos de centrífuga cuando deberían ser tubos de ensayo pero H. sólo me riñó cuando usé acetona sin guantes. Porque es irritante para la piel. Yo creo que habría que santificarlo o algo.




jueves, 2 de octubre de 2014

Nitzschia is coming

Z. me dejó hace unas semanas un post-it en el váter. No decía "Te quiero" ni "Eres la luz de mi vida" sino "Baja la tapa". Yo le dibujé a él encima, meando con un chorro apuntando a Cuenca y la frase "Intenta acertar dentro". Hoy ha puesto de nuevo otro post-it "Baja la tapa". Esta vez he dibujado un gato enseñando el culo. Me gusta mucho dibujar el culo de los gatos con un asterisco. Bueno, valdría para el culo de cualquier animal, ¿no?

He empezado en otro laboratorio, para hacer el Trabajo Fin de Grado. También me gusta escribir eso con mayúscula en cada palabra. O TFG. Queda bien. Me enseña H., que es un chico portugués de ojos cristalinos. Ya sé que es muy típico lo de ojos cristalinos pero es que lo son. Una mezcla entre azul y gris, muy claros. 

No puedo evitar compararlo con la mala persona que me tocó de compañera en las prácticas de Agosto. Le observo aún a distancia, con miedo de que me vuelva a pasar que alguien se destape como un cabrón y me coja con la guardia baja. Pero no parece ese tipo de persona. Parece bastante cristalino también por dentro. Con la luz rebotando en los cristales verdes de sus gafas de sol mientras lía un cigarro.

Trabajo con un microalga que se llama Nitzschia, no es lo que había pensado en un primer momento pero ha resultado más interesante de lo que esperaba. Me ha parecido muy curioso el nombre y que esté relacionado con el filósofo que abrazaba caballos maltratados cuando empezó a volverse loco. 

Está siendo una semana dura. Creo que los próximos dos meses serán así. Muchas cosas que hacer, muchas cosas que estudiar y poco tiempo para tirarse en el sofá rodeada de gatos y viendo una peli. No pasa nada. Sólo son dos meses. Aguantaremos el temporal. Este también. 




lunes, 22 de septiembre de 2014

Tampoco importa





Estos son algunos de mis libros sobre agricultura ecológica, en el centro podéis ver tres sobre poda. Podar bien es un arte. Podar no es cortar a tu antojo lo que te parece que sobra. Podar es, en primer lugar, elegir un porqué: por estética, por necesidad de espacio, para conseguir más fruto... No se poda de la misma forma un rosal que una planta de romero. Un mal corte en una hortensia te deja sin flores para el año. En una vid te quedarás sin uvas.

Soy una persona muy poco espiritual, sin embargo encuentro en podar un proceso en el que debes aliarte con la naturaleza de una forma armónica. Yo no soy una experta, aprendo cada vez que cojo las tijeras de podar. Los frutales son un reto. Empiezo siempre por los chupones. Son ramas con un alto consumo energético que no aportan nada al árbol, además de romper con la armonía de la que hablaba, ya que crecen verticales y afean el árbol. Después viene lo difícil. Necesito tiempo, pienso cada corte. Me alejo unos pasos, como quién mira un lienzo en un museo, observo. Es muy satisfactorio cuando consigues podar sin estropear la figura de la copa, sin que se note a simple vista que has podado. Aliarse con la naturaleza, cortar lo mínimo posible. 

En casa de mis padres hay varios frutales. Mi padre no sabe podar ni sabrá nunca. Se limita a cortar con la motosierra por cualquier lado, destrozando el árbol. Hace tres años me dio tanta pena como dejó los árboles que les dije que a partir de entonces me ocupaba yo de eso. Los rosales nunca dieron tantas flores como desde que los podo yo. La vid aún se me resiste y no da tantas uvas como debería. Llevo tres años podando intentando que los frutales recuperen su esbeltez, intentando disimular las heridas de malas podas, intentando recuperar el equilibrio de la copa. 

Hoy he llorado por esos árboles, porque he visto que los han destrozado de nuevo. ¿La razón? Que había demasiados pájaros en sus ramas y les molestaban. He llorado porque no se ha respetado el trabajo que yo había hecho, el tiempo que les dediqué y he llorado también por ellos, porque ya no se podrán recuperar y ser tan hermosos como podrían llegar a ser. Las ramas que observé atentamente antes de dar un par de cortes con mis tijeras están ahora cercenadas sin ningún sentido ni cuidado. He llorado de rabia, pero también de pena. 

Me gustaría que murieran, me duele verlos así. 

Hace tiempo tenía un amigo. Pasaron muchas cosas. Dejé de leerle, dejé de escribirle, salvo alguna vez que me puede la nostalgia y le mando alguna tontería, a modo de caricia a lo que pudo ser y no fue. Ver los árboles mutilados me recuerda a esa amistad rota. A algo bello que fue abortado, de una forma estúpida y absurda. Es algo que ha sucedido muchas veces en mi vida.

Tanto el recuerdo de esa amistad como la visión de los árboles me recuerda que en este mundo estoy para ver como otros destrozan lo que para mi es muy valioso. 

Y no lo saben, pero si lo supieran tampoco les importaría.

Y como mi vida es así de estúpida y absurda el día que lloro por los árboles cercenados, por las amistades que murieron, por las veces que me sentiré como hoy... ese día por primera vez en mis 33 años pillo a mis padres follando.

Creo que algún día me acostumbraré a reírme entre lágrimas de las idioteces que me suceden. Ese día seré invencible. 


Edito: No voy a volver a tocar esos árboles, ni nada de la finca. Valoro mucho mi tiempo como para perderlo de nuevo. Supongo que por eso me da tanta pena, porque nadie los recuperará.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Un bolso, nada más




He visto muchas veces fotos de lo que lleva en el bolso la gente. El otro día se me dio por sacar esta foto. Me gusta porque creo que me representa bastante. 

-El punto medio loco del color del bolso. 
-Una de las gatas que tengo acogidas, no la llevo dentro del bolso pero decidió salir en la foto igual. 
-El verde chispeante de la cartera acharaloda. ¿Hortera? Seguramente.
-Las gafas de sol. Nunca usé hasta hace dos o tres años. Cada vez me molesta más la luz.
-La agenda horrible de El Principito, porque me encanta ese libro, tan inocente y perturbador a la vez. Necesito una agenda como el oxígeno para vivir. Mi cerebro todo lo cree prescindible y olvida con una facilidad pasmosa. Me dan igual las marcas de ropa pero hace años que soy fiel a las agendas Moleskine, me parecen perfectas. Iba con toda la intención de comprar una roja cuando se me cruzó esta bandada de pájaros y la frase de aquella canción que escuché en directo a Loquillo hace poco "He aprendido a volar..." y, aunque me pareció fea de cojones, no me pude resistir. A veces escucho señales que sólo yo oigo.
-El móvil y su funda de meteoritos-estrellas de colores. Como dije en Twitter, sobria y elegante. Vamos, como yo.
-Un pilot, porque es el único que hace bonita mi letra aunque escriba rápido y sea medio ilegible.
-Un boli, por si acaso.
-Llaves de casa  y llaves de mi viejo Vitara. Nunca sé dónde están ninguna de las dos.
-Pastillas extras para no ponerme a convulsionar y lanzar espumarajos en cualquier parte. 
-Mi primer pendrive. De hace como diez años, diría yo. Tan sólo 249 MB, 30 €. Cómo ha cambiado la cosa, ¿verdad?
-Un cortapizzas. No lo llevo habitualmente, vale, pero allí estaba, porque odio cargar bolsas y todo lo que quepa se va para el bolso.

De vez en cuando tiene ocupantes temporales como un estuche, la bata del laboratorio, apuntes o, porqué no, un bote de espárragos.

¿Y vosotros? ¿Qué tenéis en el bolso?



Al final la enana se metió dentro. El pilot lo puse yo para sacar la foto, obviamente. 


Estas últimas semanas han sido intensas. En Agosto fuí a un concierto de Gloria Gaynor y Fangoria, y hace poco a uno de Loquillo. La música en directo tiene algo de ritual tribal. Saltar, cantar, aplaudir. Durante un rato vuelas.



viernes, 15 de agosto de 2014

Esperando a Septiembre, que se hace de rogar

Deciros que no he tenido que dar zarpazos a la compañera del trabajo. Se han calmado las cosas. Creo que es un animalico inseguro que pensó que yo iba a usurparle el puesto, o a dejarla quedar mal o qué sé yo y no se le ocurrió mejor cosa que tratarme de inútil en cuánto aparecí por la puerta. .

Sigo sin estar cómoda con ella pero como solo me quedan nueve laborables allí me pongo mi traje de camuflaje y dejo que todo resbale lo mejor que soy capaz. No le digo cuando se está equivocando en algo porque lo toma como un ataque y aunque soy muy preguntona y me gusta entender el porqué de las cosas no pregunto dudas más que a Mr. Google y la tutora, que sé que ninguno de los demás me dirá que ya tenía que saberlo o se sentirá violento si no sabe responderme. El truco está en hacerla sentir la jefa, la que controla.

Quiero que llegue Septiembre porque la cosas bonitas siempre me han sucedido en otoño o invierno. Quiero creer que todo lo que planeo va a salir bien. Bueno, vale, casi todo. Que Z. encontrará trabajo y que a mí me irán bien los exámenes. Que haré un trabajo fin de grado cojonudo y que la persona que apostó por esta pringada que con treinta y pico sigue empeñada en acabar la carrera sepa que acertó haciéndolo.

Supongo que es agradecimiento de perrito feliz que no está acostumbrado a que apuesten por él.

Edito: finalmente la situación con esta compañera no mejoró. Me limité a dejar pasar los días sin protestarle y aguantando sus desprecios. Sólo me decía "Aguanta, tú te irás con una buena nota por parte de tu tutora y ella se quedará aquí, con su amargura y frustración". Pequé de ingenua. No me podía imaginar que esta persona iría a contarle mentiras sobre mí a mi tutora y mucho menos que ésta se las creería. He puesto las quejas que tenía que poner y me voy aprendiendo algo muy importante:

Anda por camino de paz pero no te dejes pisar... porque al próximo que lo intente LE DOY TAL HOSTIA QUE LO PONGO EN ÓRBITA.


sábado, 9 de agosto de 2014

Guerrero zen que da zarpazos

Hace un par de semanas yo no sabía que ahora estaría montando una empresa con unos amigos. No sabía que por fin recibiría el empujón que necesitaba para aprender a usar programas de diseño gráfico. Es como una puerta que se abre cuando ni siquiera estabas buscando esa puerta.

Me gustan mucho esas cosas que aparecen de repente y que son un poco locas pero en las que te zambulles sin pensarlo demasiado. A veces salen mal, ya, pero necesito un poco de caos dentro de mi orden. 

Estoy triste. Abrumada. Confundida. Mi compañera de trabajo no me está tratando de una forma normal. Estoy a su cargo así que tengo que pasar el día pegada a su culo. Por si fuera poco a la ida y a la vuelta coincidimos en el mismo autobús, y en el descanso también estamos en el mismo grupo de gente.

Voy a dejar de coger el bus e ir andando. Además me gusta estar a mi aire, no tengo problema en comer mi sándwich en las escaleras de atrás, mirando el mar, y no con otra gente en la cafetería.

Si discuto con alguien es, generalmente, porque me importa la relación que tengo con esa persona. Con un amigo íntimo, con mis padres, con mi pareja. Ante una persona de fuera de mi círculo cercano, como un compañero de trabajo,  mi "técnica" es pasar de largo.

Sí, ok, lo que tú digas, pienso. Y me veo a mí misma como un guerrero zen. Da igual que por dentro me duela, me enrabiete y me encabrone. Por fuera no hay respuesta. Sigo siendo tan afable como siempre.

Esto va bien con gente a la que ves esporádicamente pero con alguien con el que estás seis horas al día no tanto, porque quieras que no, acaba por hacer mella. 

Ayer lloré pensando en ésto. Es estúpido lo fácilmente que los demás pueden hacernos llorar. Cuánto poder, ¿no? Me temo que tendré que soltarle un zarpazo la próxima vez que se pase de guai, porque aún me quedan tres semanas allí. No me gusta hacerlo. No es una sádica, no es una mala persona, simplemente se está equivocando de actitud. Despreciándome a mí no se va a sentir mejor, ni se va a querer más, ni va a ganar nada. 

Creo que en el fondo lo mío es soberbia. Me da pena porque me alegro mucho de no ser como ella. Sí, suena mal, pero me considero mejor persona que ella. Yo nunca haría eso. En mi lógica interna, yo gano.

domingo, 27 de julio de 2014

Ya se va Julio

Se va y como que no me ha cundido mucho. La mitad me la pasé estudiando como una gilipollas y la otra mitad enrabietándome primero e intentando aceptar después que los resultados no fueron tan buenos como debían haber sido. No pasa nada. Seguimos palante. Aunque sea a tropezones y a paso de tortuga. 

He ido a la peluquería. Si me lees de vez en cuando sabrás que lo mío con las peluqueras es una relación amor-odio tirando más a lo segundo. Bueno, pues he ido a una nueva, le he dicho lo que quería que hiciese y lo ha hecho. Por ahora vamos bien. Como defecto le pondría que habla mucho, y yo como que prefiero estar a mis asuntos. 

Me contó que tuvo un chico gay de ayudante y que le dió mucho caché entre las clientas. Parece ser las señoras menean la cabeza ante algo que se sale de la norma pero luego piden que las atienda Joe, que es como se llamaba el chico en cuestión. También me contó,  mientras yo jugueteaba con la cartera a ver si me cobraba de una vez, que antes le caían bien los gays pero que ahora le parecen unos guarros y unos viciosos. Que si tríos, que si intercambios de pareja. "Bueno, habrá de todo", "Cada uno que haga lo que quiera con su vida", decía yo, pero ella seguía "Que no, que les cojí manía, y él venga a contarme todo lo que hacían su pareja y él". 

Creo que se trata de aceptar que hombres y mujeres somos diferentes en lo que a sexo se refiere. Si bien el cruising, por ejemplo, es algo más o menos común en el mundo gay,  entre lesbianas no es algo habitual. No se trata de que las mujeres seamos más recatadas sino que los hombres, en mi opinión, se dejan llevar más por los impulsos. ¿Y qué más da que una persona quiera tener una pareja liberal y tú no? ¿Qué más da que seamos distintos? Creo que cuando te cuesta aceptar la vida que otros deciden vivir es que no estás muy seguro de la tuya. 

Hemos comprado una tele. Ya somos personas que pueden ver programas de decoración (si me despisto puedo estar dos horas viéndolos), el Sálvame (con esto no paso de dos minutos) y todas esas cosas, pero lo que más hacemos es que las series que antes veíamos en el monitor del PC ahora está en 40 pulgadas. 

Es posible que iniciemos una aventura friki con unos conocidos. Comprar una máquina para imprimir camisetas, vinilos, etc y lanzarse a diseñar. Me gusta mucho la idea. Probablemente no saquemos ni un duro pero empezar un proyecto siempre me motiva. 

Ahora estoy haciendo un curso de inglés pero me gustaría hacer uno sobre iniciación al diseño de páginas web y diseño gráfico. Todo se andará. No sé de dónde sacaré el tiempo, pero lo haré. 

En fin... Agosto correrá como el año pasado. En una cascada rabiosa y al mismo tiempo uniforme, haciendo prácticas a 60 km de mi casa, y buscando empleo compatible. 

El tiempo pasa demasiado rápido. Me gustaría que pasara más despacio. Que me diese tiempo a digerirlo todo con calma. 

domingo, 20 de julio de 2014

Creo que por eso me gustan los perros grandes, agua en el desierto

Nos ha durado la ola de calor dos días y ahora está lloviendo y hasta hace frío. Sé que hace frío porque como la familia tenía la idea de comer en el exterior hoy, pues se ha comido fuera, faltaría más, y ya podía aparecer un tornado o, porqué no, una tormenta de nieve, que allí se iban a quedar todos más clavaos que una estaca. Si se programa comer fuera, se come fuera, cagoentó.

Huelo a perro y aún siento en los dedos el tacto del pelo del pastor alemán con el que he estado jugando. Me he teletransportado automaticamente a mi niñez. Los tres pastores alemanes que tenían mis padres. Creo que son uno de los escasos recuerdos bonitos de esa época. Creo que por eso me gustan tanto los perros grandes. 

Me he tumbado en el suelo junto a él y le he estado masajeando las patazas que se gasta. Las almohadillas no son suaves como las de los gatos, sino muy rudas. Me miraba confiado, recostado, con sus ojos de caramelo.

Un día mi troupe se hará más grande, tendré dos perros. Dos perros que no quiera nadie, seguramente viejos, o enfermos, o tuertos o cojos o simplemente feos. Dos perros como yo. Creo que seré inmensamente feliz descansando con la cabeza en su costado. 

martes, 15 de julio de 2014

No me veo

En medio de esta noche especialmente oscura, yo descargo la aplicación de blogger y escribo ésto en mi móvil. Es la 1:31 y debería estar durmiendo, pero prefiero crear un sumidero de pensamientos y emociones y empezar un post.
Algunas cosas no están saliendo bien. Me preguntaba no hace mucho qué demonios sería lo que la vida me regalara sin cobrármelo con intereses. Algo que llegara a mí sin tener que sufrir y luchar por él como si no me correspondiera, como si no llevase mi nombre, como si no me perteneciese. Algo maravilloso que llegue por sorpresa, por simple golpe de suerte.
Todos deberíamos tener algo así en nuestra vida.
Es, como decía, una noche especialmente oscura. Me paro a pensar y no debería. Debería dormir. Es ya la 1:49.
Soy como un niño haciendo un castillo de arena. Viene un ola y lo destroza. El niño empieza a construir otra vez.
La 1:51.
La 1:54.
Las 2:00.

miércoles, 25 de junio de 2014

De cosas raras que quedan atrás

Y si un amigo te hace mal, dile:

"Te perdono lo que me has hecho a mí, pero lo que a ti te has hecho ¿cómo podría yo perdonártelo?"

Así habló Zaratustra, de Friedich Nietzsche.



La noche pasada tuve que ir a una cena para celebrar el cumpleaños de un familiar. El restaurante queda a unos 40 km por una carretera llena de curvas en la que siempre me mareo. Sabía que me iba a marear a la ida, y sabía que me iba a marear a la vuelta (no se me ocurrió la feliz idea de quitarle las llaves a mi padre y conducir yo). Y así fue. Cuando llegué a casa crucé la puerta con arcadas y en el baño tuvo lugar una explosión de colores que no recordaba haber comido.

Siempre me han fascinado esas sensaciones corporales en las que te sientes una mierda pero no puedes decir que sientes dolor y parece como que no te puedes quejar porque ya no es para tanto (como cuando tienes catarro y el termómetro no marca fiebre, ¿no os da rabia? A mí sí, puedo estar malísima que es muy raro que tenga fiebre). Por ejemplo cuando te mareas, que es una sensación asquerosa, con las naúseas y las arcadas, o también cuando tengo una crisis epiléptica, con esos segundos previos en los que un taladro resuena en mi cabeza haciéndome saber que en breve perderé la consciencia para despertar desorientada y, esta vez sí, con cada músculo de mi cuerpo dolorido. Prefiero el dolor de después que la sensación previa.

Pues ese día, el de la cena y la explosión de colores, le contaba a Z en cama que cuando venía en el coche me encontraba tan mal que me aliviaba pensando en cómo podría estar peor. Imaginaba que además de las naúseas tenía dolor de ovarios, como cuando te viene la regla y te dan unos dolores que te hacen sudar en frío y agarrarte la barriga mientras maldices a tus gónadas. Pensé que aún no era suficiente y me acordé de un tramo del camino que bordea el río, por donde vamos a correr, que siempre es un reto terminarlo sin haber parado a descansar. Cuando llego al final estoy exhausta. Me parece que inspiro fuego en vez de aire. Con eso sería suficiente.
-¿Suficiente para qué? -preguntó Z.
-Para desmayarme. Con esas tres cosas juntas creo que me desmayaría.
-Joer, ¿y pensabas en eso en el coche? Pues se te veía tan tranquila allí con los ojos cerrados...

La verdad es que igual me lié un poco, pero por lo menos estaba entretenida.

Me ha pasado una cosa rara. Cosa rara no en el sentido de encontrarte una rana disecada en el baño del centro comercial o algo así. Cosa rara de esas que hace la gente y que yo no entiendo. Me enteré de que un conocido mío tiene cuatro años menos de lo que me había dicho. Es un chico al que conocí a través de estos mundos de blogger ya hace varios años, y con el que intercambio mails de vez en cuando. Hasta no hace mucho le felicitaba siempre los cumpleaños. Recuerdo perfectamente un año que le dije "Felices 26, nene",  y él me contestó "Son 25, pero gracias". Bueno, pues 25 no los tiene ni hoy.

¿Por qué la gente hace esas cosas? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué se consigue?

Me pasa la cosa rara y se me pega la rareza, porque yo también me siento rara al no entenderlo. Me cansa mucho que la gente complique lo sencillo. Que lo embarulle todo, que lo ensucie. Tonterías de este estilo a mí me sientan como una falta de respeto.  No me entra en la cabeza porque yo nunca mentiría a una persona que se molesta en acordarse de cuando cumplo años. Supongo que es uno de esos detalles a los que no todos le encuentran valor.

¿Pasamos página? Sí, pasamos página. 

Hablando de cosas estúpidas. El chalado por el que tuve que cambiar de número de móvil hace cuatro años me escribió otro mail. En el anterior, al que no le contesté,  me proponía ser su sumisa. Me reí mucho. En este me ofrecía dar un paseo en velero. Me reí mucho también.

Y  sí, vale, yo pienso en cómo conseguir que me desmaye mientras intento no regurgitar la cena pero hay gente... hay gente que hace cosas aún más extrañas. 




viernes, 13 de junio de 2014

Relax, take it easy

♪ Suena Relax, take it easy, de Mika.

Me gusta mucho esta canción, me gusta Mika en general. Si un día tengo otro gato sería un buen nombre para él.

Aquí hace un sol de morirse, un par de días más y se me pondrá la misma cara de gitana chunga de todos los veranos. A ver si este año consigo que el resto del cuerpo no sea de paloma albina.

Tengo la mente en obras. Estoy reubicando, reconstruyendo, reordenando. 

Por una parte estoy dándole el nuevo lugar que les corresponde a una pareja de conocidos. Abajo, más abajo. Descubrí una cara de ellos que no conocía y me ha venido bien porque ya por fin todo encaja como las piezas de un puzzle. Es como librarse de un par de zapatos que no eran de tu número. No ha habido dramas, ¿eh? Seguramente tengamos que volver a comer juntos o vernos para una partida de rol. Simplemente faltará algo pequeño y frágil que antes sí estaba.

Por la otra parte estoy bastante estresada entre asuntos familiares, rollos de la protectora y mis dichosos exámenes. Intento hacer malabares con todo y lo voy logrando, pero acabo muy cansada. Hay días que ni enciendo el portátil. Llega la noche y me siento en el escritorio a dibujar un rato. Creo que es la única cosa que actualmente me relaja.

Conozco a alguien que se refiere a su cabeza como si tuviera varias estanterías dentro, donde va colocando sus cosas. Nunca he estado tan cerca de esa forma de verlo. Recoloco y ordeno, limpio y reviso los estantes. Hay muchos huecos vacíos. Rastros de mi costumbre de deshacerme de lo que ya no me resulta útil.





viernes, 30 de mayo de 2014

Yo qué sé...

Bueno... primero contaros que la penosa entrevista que hice y de la que os hablaba el anterior post ha fructificado, no me explico cómo, en que me han cogido y pasaré el próximo otoño e invierno gran parte de mi tiempo allí. Con mucho gusto por mi parte, todo sea dicho. Me hizo muy feliz. Espero que todo vaya bien. Esta noche pasada soñé que todo había sido un error, que realmente no me habían seleccionado a mí sino a otra con un nombre parecido. Espero también asimilarlo de una vez y dejar de soñar tonterías.

Un día entré por casualidad en una tienda y, al hacer una compra, como era el día de la inauguración, me regalaron este cuaderno:



La semana pasada fue muy mala, por circunstancias personales que no merece la pena relatar. Me superó y no pude con ello, me hundí. Escribí en este cuaderno tres o cuatro páginas. Ayer los releí y ví tanta negrura y tanta energía negativa que hoy arranqué las hojas escritas y decidí usar el cuaderno para algo positivo.

Lo estoy usando para hacer pequeños dibujos. Mi gato enroscado durmiendo, mi estuche con sus tripas de rotuladores fosforito y bics diversos, una copia chunga de alguna ilustración que veo y me gusta. No me he atrevido a poner fotos de ellos, son reguleros, pero me gusta mucho hacerlos. Me relaja y lo disfruto. No sé qué haré con las hojas que arranqué. Me gustaría quemarlas. Ya veré.

Me voy a dormir. Me gustaría soñar con que viajo a la Patagonia y veo ballenas australes y pumas y flamencos y albatros.



miércoles, 21 de mayo de 2014

Caerán meteoritos y yo seguiré aquí


Tuve una entrevista ayer y constaté que no sé hacer la pelota y la que me entrevistaba también lo constató y por eso en vez de en su laboratorio seguramente me pasaré el otoño en el de otra compañera suya que debe ser a la que le pasa los pringados que no sabemos hacer la pelota. 

Me preguntó si quería trabajar allí por hacerlo en Microbiología o por trabajar con ella. Le dije que a ella no la conocía, que me interesaban las dos líneas de investigación con las que estaban trabajando el grupo.

Estuve por añadir "pero pareces muy agradable" (que no es ser pelota porque era verdad), pero ya me callé porque no sé cuando tengo que poner el modo "halago" on pero sí cuando ya no tiene arreglo.

Por lo demás, salvo mi gran amigo Dolor de Cabeza y su colega Acúfenos, todo sigue adelante. Tropiezas o te empujan al suelo. Te haces daño. Lloras. Y al final solo queda seguir peleando por lo que quieres. No queda otra.

Hoy pinté de nuevo. Salió una caca de la tía Paca pero que pintase es buena señal.

El sábado por la noche quiero ver la lluvia de meteoritos. Espero que el cielo deje de estar nublado un cachito esa madrugada. 







jueves, 8 de mayo de 2014

Que le den al título

Yo estaba muy bien. Con ganas de hacer mil cosas. Y de planear mil más. Y con energía para estas semanas un poco duras que se acercan... pero todo eso ya se ha ido. Se ha esfumado en un chasquear de dedos.

Ahora quedo yo y mis migajas. Intento recomponerme y no me sale, voy perdiendo los trozos por aquí y por allá. Me enfado. Lloro. Pataleo. Me entran ganas de pillar a alguien por banda y contarle, pero borro lo escrito y me lo guardo.

"Cállate. No le interesa a nadie.", me digo.

Me merecía que las cosas saliesen bien. Me merecía no volver a pasar por eso. Me merecía de una maldita vez tener un poco de paz. Me merecía descansar un poco, por fin.



lunes, 21 de abril de 2014

Pimpampún

Han pasado Cosas. Son Cosas que hace la gente y yo intento meter en algún hueco de mi cabecita y aquí no encaja y allá tampoco y entonces miro las Cosas sin saber qué hacer con ellas y pienso que es un buen momento para aprender a hacer malabares. Empiezo a pasar las Cosas de una mano a otra como si fuesen naranjas y veo que voy muy despacio pero me animo diciéndome que con la práctica mejoraré. Entonces se me cae una naranja al suelo, digo una Cosa, y rueda y rueda mientras yo la sigo y cuando la alcanzo la paro con el pie, la piso un poco, la  deslizo hacia atrás, monta en mi empeine y patada al canto. Pimpampúm y a la estratosfera. 

Bien lejos las Cosas y los Hacedores de Cosas. 


lunes, 14 de abril de 2014

Noche de verano

Ayer por la noche hacía frío y yo caminaba por la calle con todos los músculos de la espalda contraídos, me imaginaba a mí misma como un gato erizado. Hoy sin embargo está una noche de verano. Entra una brisilla suave por la ventana mientras escribo y si levanto la cabeza veo a mi gato T. tumbado en la acera. A T. le gustan también las noches de verano, le encanta recostarse delante de la cancela del jardín y mirar la calle con cara de "todo esto es mío". 

Conté el otro día que había muerto el inquilino del piso que mis padres tienen en alquiler. Cuando hablaron con los familiares éstos lse dijeron que hicieran lo que quisieran con sus pertenencias.

Bolsas con cosas para dar, bolsas con cosas para tirar y bosas con cosas que yo pensaba aprovechar. Algunos libros, una plancha para donar al mercadillo de segunda mano de la protectora y poco más. Me dio pena andar toqueteando los objetos que antes eran de otro. Me imaginé que seguramente un día yo muriera y alguien tiraría cosas mías a la basura, o las regalaría, o las vendería. Y de mí poco quedaría, más allá del recuerdo en la mente de los que me hayan querido. Y así debe de ser, supongo.

Este hombre, que vivía de pedir limosna, estuvo durmiendo en la calle, en un par de sacos de dormir, hasta que mi padre le alquiló el piso. No tenía mucho, lo que más ropa, que imagino le daba le daba la gente que lo conocía. Un amigo de este hombre nos dijo que había ido al banco a sacar dinero poco antes de morir y que debía estar en el piso. Miramos colchones, bolsillos de chaquetas y en un cajón apareció su cartera, pero no estaba en ninguno de estos sitios. Mientras mi padre bajaba la basura, un poco decepcionado, yo seguí limpiando el armario, preguntándome dónde guardaría ese hombre el dinero y si nos estaría viendo buscarlo y se reiría un poco de nosotros. Cuando retiré los sacos de dormir varios billetes de 50 cayeron al suelo. 550 euros. Sonreí como una boba, no por el dinero, yo no quise quedarme con nada que buena falta le hace a mis padres, sino por la cara de mi padre cuando se lo dijese. 

Se le iluminaron los ojillos al pobre. El dinero es importante, sirve para pagar facturas, para darse felicidad y para vivir mejor. Solo hay que saber usarlo, que no todos saben. Yo sí, claro, je. 

Y si lo piensas un poco es normal que el señor guardara el dinero en el sitio seguro que durante meses le dió cobijo en los soportales, sus sacos de dormir.

P.D. Releyendo el post veo que está fatalmente escrito. Con repeticiones de palabras y frases chungas. Procedo a corregirlo y posteriormente a flagelarme y clavarme agujas bajo las uñas.

jueves, 10 de abril de 2014

Quiero una escopeta

Bueno, a ver. Tras mi periplo por el pelo corto y sus diversos avatares (como ese mechón de la coronilla que apunta al cielo y no hay manera de convencerle de lo contrario) decidí írmelo dejando crecer de nuevo. La cosa está en que cuando un corte de pelo para pelo corto lo dejas crecer aquello queda tirando a regular. Así que fuí con mi melenita por media oreja estilo paje a la peluquera que se lo corta a Z y le dije: 

-Me lo quiero dejar largo pero quería que lo despuntaras un poco, para que tenga movimiento que está muy acartonado. 

A lo que ella entendió:

-Cortámelo como te dé la real gana, principalmente por atrás, que llevo tres meses contando los centímetros que crece pero estoy mú loca y te dejo meter tijera cuánto quieras. 

Y me dejó así: 







A lo Curro Jimenez, con el pelo de encima de las orejas cual patillas, largo, y por atrás cortito. Salí de allí que parecía una abuela. Ahora escondo los mechones esos largos detrás de las orejas y voy sobrellevándolo con dignidad. 

Estuve pensándolo y he determinado que la culpa es mía. O no me sé explicar, o yo no sé. Ví que metía unos transquilones un poco atrevidos pero yo pensé "le he dicho que quiero dejarlo largo, le he dicho que sólo despuntar un poco, tiene que haberme entendido". 

En fin. Que nada. A esperar cuatro meses hasta volver a tener melenita paje. Y a ver si un día de estos voy a otra peluquera a que me recorte las patillas. 

De verdad, qué cruz.

domingo, 6 de abril de 2014

No pasa nada, y si pasa se le saluda.

♫ Suena Dreaming of you, de The Coral. 



Odio a los quejicas.

Hala, ya lo he dicho.

En primer lugar hay que diferenciar un quejica de un triste. Yo soy una triste. Cada dos por tres estoy alicaída. Entonces vengo (o no) a mi blog a escribirlo, porque además de desahogarme, escribiendo aclaro ideas. Lo que nunca hago es darle la tabarra a los demás con mis problemas, salvo hace años, con una persona a la que le tenía mucha confianza.  Nadie más, todo queda dentro.

El otro día me escribió mi amigo M. Con él me llevé una decepción hace unas semanas. Lo tenía como un chico estupendo hasta que se portó como un gilipollas con una amiga mía a la que yo le había presentado. No me enfadé con él pero marqué una distancia que antes no había. Me escribió y se puso a contarme sus pesares. No me interesa. Nada. Además son las típicas chorradas del que no tiene grandes preocupaciones.

Puedo escuchar y apoyar a cualquiera que esté pasando una mala época pero no soporto a esta gente que cada día se está quejando y no hace nada por mejorar su situación. 

Puede que sea mala, ya.

Cuando trabajaba como ayudante de almacén para una conservera había una compañera de trabajo que acaparaba los dos descansos de veinte minutos a base de contar lo mal que la trataba su pareja. Las otras ocho personas la compadecían y maldecían al malnacido del novio. Yo comía mi ensalada de pasta sin dar una palabra. 

No soporto la inacción. El victimismo. Mi madre es muy así. Tenemos muchas discusiones por esto. Como me dijo mi psicóloga, hay gente que sólo sabe ejercer el papel de víctima. 

Hoy he ido a correr. Llovía suavito. Aguanté bastante. Van quedando atrás los días en los que empecé, cuando no era capaz de correr un minuto seguido. Me comí cinco donettes cuando llegué a casa. Después me arrepentí pero ya estaban en mi duodeno. Se los dejó un amigo que vino el otro día. Es un mal amigo, sin duda.

También van quedando atrás los días de pelo corto. En un par de semanas llegará por debajo de la oreja. Tengo más pinta de champiñón que nunca. Pasar de corto a largo es complicado.

Ayer tuve dos inicios de crisis epilépticas. Hoy por la mañana me ha pasado otra vez. Z se ha preocupado un poco. No importa. No hay de qué preocuparse, si no fue a más es porque las pastillas hacen su trabajo. 

Seguimos adelante, cubriéndome el pelo con una visera y saliendo a correr bajo la lluvia suave.

martes, 1 de abril de 2014

Subimos...

♪ ♫ Suena There she goes, de The La's


Me rasca la garganta porque he venido en el coche pegando gritos. No me he enfadado, no, era para liberar estrés. Empecé chillando más bien poco y poniéndome una mano delante de la boca después, como muertecita de vergüenza, pero luego ya me lancé y oye, tenía algo burbujeando en el pecho y ya no lo tengo (tanto). 

Ya pasé la terribilísima exposición del trabajo. Tuve una semana extra de agonía porque retrasaron la fecha pero ¡yastá! Ahora cuando me dé una crisis de ansiedad de las mías por un examen me preguntaré entre taquicardia y taquicardia, y mientras intento no hiperventilar, "¿Qué prefieres, maja, examen o exposición?" E igual ya no me parece tan mala cosa. Cada vez me falta menos para acabar la carrera. Hoy es uno de los pocos días en los que veo esa luz al final del túnel. Pero estando viva, claro.

Tengo ganas de bailar. Se han ido los días tristes y por un par de semanas estaré más o menos feliz. Luego empezaré a estar triste de nuevo. Mi montaña rusa de siempre. 

Aprovechemos la subida, pues. 



lunes, 24 de marzo de 2014

Cosas

Escucho en bucle Hey there Delilah, siempre la escucho cuando estoy triste.

Me cago por la pata abajo cuando recuerdo que en unos días debo exponer un trabajo en el salón de actos de la facultad, delante de unas sesenta personas. 

Flipo con mi regeneración celular propia de lagartija, el tajo del dedo ha cicatrizado genial.

El domingo estaré toda la mañana en el puesto del mercadillo de segunda mano de la protectora. No me gusta el trato de la gente pero me han trincado. Habrá que ayudar. 

He comprobado que se me dan regulín empaquetar regalos. Lo he parcheado con tropecientos trozos de celo.

Tengo una tía con retraso mental, que vive sola en una casa con tejado de pizarra en una pequeña aldea de  montaña, que compra magdalenas para dárselas a los perros y los gatos, que cuando supo que me había casado buscó y rebuscó y como no tenía dinero me dió un par de edredones que tenía en el armario. Me gustó mucho que me diera los edredones. Eran feos y viejos pero era lo mejor que tenía. Mi tía empezó a decir que le habían pinchado el teléfono, que por la noche había gente que andaba alrededor de la casa, que las paredes estaban llenas de electricidad y que la querían enfermar. Ya ha tenido brotes psicóticos en otras ocasiones pero ahora debe estar medicada. Quizás tenga que irse a una residencia. Echará de menos a los gatos y los perros. 

He transplantado varias plantas del jardín y no se han muerto. Es todo un logro. Un año maté tres. Z. se ríe mucho de mí cuando mato plantas. Dice que es mi selección natural particular. En mi jardín sólo sobreviven las más fuertes. 

El inquilino del piso que tienen mis padres en alquiler ha estuvo diez días muerto en el baño. Ún infarto. No he podido evitar preguntarle a mi padre, el que lo encontró, a qué olía. A qué va a oler... a carne podrida. Tenía un alquiler muy bajo porque se lo ganaba pidiendo en la puerta del supermercado. Estaba contento porque este año empezaría a cobrar la pensión y ya no tendría que pedir más. Me ha hecho pensar en lo de que la vida es aquello que sucede mientras la planeamos. 

Voy a poner Hey there Delilah otra vez.



lunes, 17 de marzo de 2014

Florece al fin


El membrillero japonés ha florecido por primera vez. Si pasa algo especialmente bueno próximamente lo recordaré como ya anunciado por el membrillero. El arbustillo llegó a mí hace unos cinco o seis años. Era una ramita de un palmo que tardó tres años en crecer cinco centímetros. Para solucionarlo no se me ocurrió mejor cosa que transplantarlo en medio de las heladas de un enero. El pobre perdió todas las hojas y lo dí por muerto, pero es bicho duro y resucitó. Después le brotaron un par de ramas secundarias y este año, por fin, ha florecido.

Siguiendo con la temática de jardinería decir que me he rebanado un dedo por perezosa (y zopenca). Necesitaba cortarle un par de ramas al jazmín y por no subir a por la tijera podadora usé un cúter. Súperafilado, oye. Me ví la capa de piel, la grasilla que hay debajo y el músculo. Muy didáctico todo. Z. se marea con la sangre y aunque aguantó el momento vendaje después se tiró en la cama intentando recobrar el color. Me faltaba abanicarlo con una rama de palmera.

Mientras Z. se recuperaraba yo estaba pensando en que el jazmín al cortarlo suelta un líquido blanco e irritante. Me ha parecido cantidad de poético ese pacto de sangre que hemos hecho el jazmín y yo. Un poco sin querer ambos, también es verdad. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Y qué placer...


Y qué placer
cuando no hay nada
que pueda ver
y solo invento
tu sonrisa
y apago así
toda agonía. 

(Luis Alberto Spinetta)

♪Suena: 




Ha sido mi cumpleaños. Me pongo muy sensiblera cuando es mi cumpleaños. Me abrazo tontamente a Z. y, tras una pausa y un melodramático suspiro, le digo "Quérote". Él aguanta bastante estoicamente el chaparrón cursi y ñoño.

Me he quitado un poco la tontería yendo a ver "300: el origen de un imperio". Mucha violencia y efectos visuales. Me ha gustado. Tampoco es que esperara sondear las profundidades de mi alma viendo esa película. Es puro espectáculo. Me emociono siempre con un anuncio que ponen antes de los trailers. Uno que alaba el sonido inmersivo 360º de las salas (le llamaban así). Muestran imágenes de unos motoristas que hacen todo tipo de acrobacias. Siempre que lo veo me prometo que algún día iré a ver un espectáculo de ese tipo.

Tengo dos planes muy importantes para este año que me espera hasta cumplir de nuevo. Me imagino dentro de un año habiéndolo conseguido. ¿Sirve de algo visualizarse consiguiendo algo? Supongo que no, pero me hace sentir que soy capaz. Nadia, mi psicóloga, me lo dijo. Me dijo "Tú puedes". Claro, qué me va a decir mi psicóloga, ¿que no? Pero Nadia es de esas pocas personas que cuando hablan las creo.

P.D. Mención honorífica a Cantona que me ha dedicado un post para felicitarme el cumpleaños. Gracias de nuevo :)