lunes, 21 de abril de 2014

Pimpampún

Han pasado Cosas. Son Cosas que hace la gente y yo intento meter en algún hueco de mi cabecita y aquí no encaja y allá tampoco y entonces miro las Cosas sin saber qué hacer con ellas y pienso que es un buen momento para aprender a hacer malabares. Empiezo a pasar las Cosas de una mano a otra como si fuesen naranjas y veo que voy muy despacio pero me animo diciéndome que con la práctica mejoraré. Entonces se me cae una naranja al suelo, digo una Cosa, y rueda y rueda mientras yo la sigo y cuando la alcanzo la paro con el pie, la piso un poco, la  deslizo hacia atrás, monta en mi empeine y patada al canto. Pimpampúm y a la estratosfera. 

Bien lejos las Cosas y los Hacedores de Cosas. 


lunes, 14 de abril de 2014

Noche de verano

Ayer por la noche hacía frío y yo caminaba por la calle con todos los músculos de la espalda contraídos, me imaginaba a mí misma como un gato erizado. Hoy sin embargo está una noche de verano. Entra una brisilla suave por la ventana mientras escribo y si levanto la cabeza veo a mi gato T. tumbado en la acera. A T. le gustan también las noches de verano, le encanta recostarse delante de la cancela del jardín y mirar la calle con cara de "todo esto es mío". 

Conté el otro día que había muerto el inquilino del piso que mis padres tienen en alquiler. Cuando hablaron con los familiares éstos lse dijeron que hicieran lo que quisieran con sus pertenencias.

Bolsas con cosas para dar, bolsas con cosas para tirar y bosas con cosas que yo pensaba aprovechar. Algunos libros, una plancha para donar al mercadillo de segunda mano de la protectora y poco más. Me dio pena andar toqueteando los objetos que antes eran de otro. Me imaginé que seguramente un día yo muriera y alguien tiraría cosas mías a la basura, o las regalaría, o las vendería. Y de mí poco quedaría, más allá del recuerdo en la mente de los que me hayan querido. Y así debe de ser, supongo.

Este hombre, que vivía de pedir limosna, estuvo durmiendo en la calle, en un par de sacos de dormir, hasta que mi padre le alquiló el piso. No tenía mucho, lo que más ropa, que imagino le daba le daba la gente que lo conocía. Un amigo de este hombre nos dijo que había ido al banco a sacar dinero poco antes de morir y que debía estar en el piso. Miramos colchones, bolsillos de chaquetas y en un cajón apareció su cartera, pero no estaba en ninguno de estos sitios. Mientras mi padre bajaba la basura, un poco decepcionado, yo seguí limpiando el armario, preguntándome dónde guardaría ese hombre el dinero y si nos estaría viendo buscarlo y se reiría un poco de nosotros. Cuando retiré los sacos de dormir varios billetes de 50 cayeron al suelo. 550 euros. Sonreí como una boba, no por el dinero, yo no quise quedarme con nada que buena falta le hace a mis padres, sino por la cara de mi padre cuando se lo dijese. 

Se le iluminaron los ojillos al pobre. El dinero es importante, sirve para pagar facturas, para darse felicidad y para vivir mejor. Solo hay que saber usarlo, que no todos saben. Yo sí, claro, je. 

Y si lo piensas un poco es normal que el señor guardara el dinero en el sitio seguro que durante meses le dió cobijo en los soportales, sus sacos de dormir.

P.D. Releyendo el post veo que está fatalmente escrito. Con repeticiones de palabras y frases chungas. Procedo a corregirlo y posteriormente a flagelarme y clavarme agujas bajo las uñas.

jueves, 10 de abril de 2014

Quiero una escopeta

Bueno, a ver. Tras mi periplo por el pelo corto y sus diversos avatares (como ese mechón de la coronilla que apunta al cielo y no hay manera de convencerle de lo contrario) decidí írmelo dejando crecer de nuevo. La cosa está en que cuando un corte de pelo para pelo corto lo dejas crecer aquello queda tirando a regular. Así que fuí con mi melenita por media oreja estilo paje a la peluquera que se lo corta a Z y le dije: 

-Me lo quiero dejar largo pero quería que lo despuntaras un poco, para que tenga movimiento que está muy acartonado. 

A lo que ella entendió:

-Cortámelo como te dé la real gana, principalmente por atrás, que llevo tres meses contando los centímetros que crece pero estoy mú loca y te dejo meter tijera cuánto quieras. 

Y me dejó así: 







A lo Curro Jimenez, con el pelo de encima de las orejas cual patillas, largo, y por atrás cortito. Salí de allí que parecía una abuela. Ahora escondo los mechones esos largos detrás de las orejas y voy sobrellevándolo con dignidad. 

Estuve pensándolo y he determinado que la culpa es mía. O no me sé explicar, o yo no sé. Ví que metía unos transquilones un poco atrevidos pero yo pensé "le he dicho que quiero dejarlo largo, le he dicho que sólo despuntar un poco, tiene que haberme entendido". 

En fin. Que nada. A esperar cuatro meses hasta volver a tener melenita paje. Y a ver si un día de estos voy a otra peluquera a que me recorte las patillas. 

De verdad, qué cruz.

domingo, 6 de abril de 2014

No pasa nada, y si pasa se le saluda.

♫ Suena Dreaming of you, de The Coral. 



Odio a los quejicas.

Hala, ya lo he dicho.

En primer lugar hay que diferenciar un quejica de un triste. Yo soy una triste. Cada dos por tres estoy alicaída. Entonces vengo (o no) a mi blog a escribirlo, porque además de desahogarme, escribiendo aclaro ideas. Lo que nunca hago es darle la tabarra a los demás con mis problemas, salvo hace años, con una persona a la que le tenía mucha confianza.  Nadie más, todo queda dentro.

El otro día me escribió mi amigo M. Con él me llevé una decepción hace unas semanas. Lo tenía como un chico estupendo hasta que se portó como un gilipollas con una amiga mía a la que yo le había presentado. No me enfadé con él pero marqué una distancia que antes no había. Me escribió y se puso a contarme sus pesares. No me interesa. Nada. Además son las típicas chorradas del que no tiene grandes preocupaciones.

Puedo escuchar y apoyar a cualquiera que esté pasando una mala época pero no soporto a esta gente que cada día se está quejando y no hace nada por mejorar su situación. 

Puede que sea mala, ya.

Cuando trabajaba como ayudante de almacén para una conservera había una compañera de trabajo que acaparaba los dos descansos de veinte minutos a base de contar lo mal que la trataba su pareja. Las otras ocho personas la compadecían y maldecían al malnacido del novio. Yo comía mi ensalada de pasta sin dar una palabra. 

No soporto la inacción. El victimismo. Mi madre es muy así. Tenemos muchas discusiones por esto. Como me dijo mi psicóloga, hay gente que sólo sabe ejercer el papel de víctima. 

Hoy he ido a correr. Llovía suavito. Aguanté bastante. Van quedando atrás los días en los que empecé, cuando no era capaz de correr un minuto seguido. Me comí cinco donettes cuando llegué a casa. Después me arrepentí pero ya estaban en mi duodeno. Se los dejó un amigo que vino el otro día. Es un mal amigo, sin duda.

También van quedando atrás los días de pelo corto. En un par de semanas llegará por debajo de la oreja. Tengo más pinta de champiñón que nunca. Pasar de corto a largo es complicado.

Ayer tuve dos inicios de crisis epilépticas. Hoy por la mañana me ha pasado otra vez. Z se ha preocupado un poco. No importa. No hay de qué preocuparse, si no fue a más es porque las pastillas hacen su trabajo. 

Seguimos adelante, cubriéndome el pelo con una visera y saliendo a correr bajo la lluvia suave.

martes, 1 de abril de 2014

Subimos...

♪ ♫ Suena There she goes, de The La's


Me rasca la garganta porque he venido en el coche pegando gritos. No me he enfadado, no, era para liberar estrés. Empecé chillando más bien poco y poniéndome una mano delante de la boca después, como muertecita de vergüenza, pero luego ya me lancé y oye, tenía algo burbujeando en el pecho y ya no lo tengo (tanto). 

Ya pasé la terribilísima exposición del trabajo. Tuve una semana extra de agonía porque retrasaron la fecha pero ¡yastá! Ahora cuando me dé una crisis de ansiedad de las mías por un examen me preguntaré entre taquicardia y taquicardia, y mientras intento no hiperventilar, "¿Qué prefieres, maja, examen o exposición?" E igual ya no me parece tan mala cosa. Cada vez me falta menos para acabar la carrera. Hoy es uno de los pocos días en los que veo esa luz al final del túnel. Pero estando viva, claro.

Tengo ganas de bailar. Se han ido los días tristes y por un par de semanas estaré más o menos feliz. Luego empezaré a estar triste de nuevo. Mi montaña rusa de siempre. 

Aprovechemos la subida, pues.