miércoles, 25 de junio de 2014

De cosas raras que quedan atrás

Y si un amigo te hace mal, dile:

"Te perdono lo que me has hecho a mí, pero lo que a ti te has hecho ¿cómo podría yo perdonártelo?"

Así habló Zaratustra, de Friedich Nietzsche.



La noche pasada tuve que ir a una cena para celebrar el cumpleaños de un familiar. El restaurante queda a unos 40 km por una carretera llena de curvas en la que siempre me mareo. Sabía que me iba a marear a la ida, y sabía que me iba a marear a la vuelta (no se me ocurrió la feliz idea de quitarle las llaves a mi padre y conducir yo). Y así fue. Cuando llegué a casa crucé la puerta con arcadas y en el baño tuvo lugar una explosión de colores que no recordaba haber comido.

Siempre me han fascinado esas sensaciones corporales en las que te sientes una mierda pero no puedes decir que sientes dolor y parece como que no te puedes quejar porque ya no es para tanto (como cuando tienes catarro y el termómetro no marca fiebre, ¿no os da rabia? A mí sí, puedo estar malísima que es muy raro que tenga fiebre). Por ejemplo cuando te mareas, que es una sensación asquerosa, con las naúseas y las arcadas, o también cuando tengo una crisis epiléptica, con esos segundos previos en los que un taladro resuena en mi cabeza haciéndome saber que en breve perderé la consciencia para despertar desorientada y, esta vez sí, con cada músculo de mi cuerpo dolorido. Prefiero el dolor de después que la sensación previa.

Pues ese día, el de la cena y la explosión de colores, le contaba a Z en cama que cuando venía en el coche me encontraba tan mal que me aliviaba pensando en cómo podría estar peor. Imaginaba que además de las naúseas tenía dolor de ovarios, como cuando te viene la regla y te dan unos dolores que te hacen sudar en frío y agarrarte la barriga mientras maldices a tus gónadas. Pensé que aún no era suficiente y me acordé de un tramo del camino que bordea el río, por donde vamos a correr, que siempre es un reto terminarlo sin haber parado a descansar. Cuando llego al final estoy exhausta. Me parece que inspiro fuego en vez de aire. Con eso sería suficiente.
-¿Suficiente para qué? -preguntó Z.
-Para desmayarme. Con esas tres cosas juntas creo que me desmayaría.
-Joer, ¿y pensabas en eso en el coche? Pues se te veía tan tranquila allí con los ojos cerrados...

La verdad es que igual me lié un poco, pero por lo menos estaba entretenida.

Me ha pasado una cosa rara. Cosa rara no en el sentido de encontrarte una rana disecada en el baño del centro comercial o algo así. Cosa rara de esas que hace la gente y que yo no entiendo. Me enteré de que un conocido mío tiene cuatro años menos de lo que me había dicho. Es un chico al que conocí a través de estos mundos de blogger ya hace varios años, y con el que intercambio mails de vez en cuando. Hasta no hace mucho le felicitaba siempre los cumpleaños. Recuerdo perfectamente un año que le dije "Felices 26, nene",  y él me contestó "Son 25, pero gracias". Bueno, pues 25 no los tiene ni hoy.

¿Por qué la gente hace esas cosas? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué se consigue?

Me pasa la cosa rara y se me pega la rareza, porque yo también me siento rara al no entenderlo. Me cansa mucho que la gente complique lo sencillo. Que lo embarulle todo, que lo ensucie. Tonterías de este estilo a mí me sientan como una falta de respeto.  No me entra en la cabeza porque yo nunca mentiría a una persona que se molesta en acordarse de cuando cumplo años. Supongo que es uno de esos detalles a los que no todos le encuentran valor.

¿Pasamos página? Sí, pasamos página. 

Hablando de cosas estúpidas. El chalado por el que tuve que cambiar de número de móvil hace cuatro años me escribió otro mail. En el anterior, al que no le contesté,  me proponía ser su sumisa. Me reí mucho. En este me ofrecía dar un paseo en velero. Me reí mucho también.

Y  sí, vale, yo pienso en cómo conseguir que me desmaye mientras intento no regurgitar la cena pero hay gente... hay gente que hace cosas aún más extrañas. 




viernes, 13 de junio de 2014

Relax, take it easy

♪ Suena Relax, take it easy, de Mika.

Me gusta mucho esta canción, me gusta Mika en general. Si un día tengo otro gato sería un buen nombre para él.

Aquí hace un sol de morirse, un par de días más y se me pondrá la misma cara de gitana chunga de todos los veranos. A ver si este año consigo que el resto del cuerpo no sea de paloma albina.

Tengo la mente en obras. Estoy reubicando, reconstruyendo, reordenando. 

Por una parte estoy dándole el nuevo lugar que les corresponde a una pareja de conocidos. Abajo, más abajo. Descubrí una cara de ellos que no conocía y me ha venido bien porque ya por fin todo encaja como las piezas de un puzzle. Es como librarse de un par de zapatos que no eran de tu número. No ha habido dramas, ¿eh? Seguramente tengamos que volver a comer juntos o vernos para una partida de rol. Simplemente faltará algo pequeño y frágil que antes sí estaba.

Por la otra parte estoy bastante estresada entre asuntos familiares, rollos de la protectora y mis dichosos exámenes. Intento hacer malabares con todo y lo voy logrando, pero acabo muy cansada. Hay días que ni enciendo el portátil. Llega la noche y me siento en el escritorio a dibujar un rato. Creo que es la única cosa que actualmente me relaja.

Conozco a alguien que se refiere a su cabeza como si tuviera varias estanterías dentro, donde va colocando sus cosas. Nunca he estado tan cerca de esa forma de verlo. Recoloco y ordeno, limpio y reviso los estantes. Hay muchos huecos vacíos. Rastros de mi costumbre de deshacerme de lo que ya no me resulta útil.