viernes, 15 de agosto de 2014

Esperando a Septiembre, que se hace de rogar

Deciros que no he tenido que dar zarpazos a la compañera del trabajo. Se han calmado las cosas. Creo que es un animalico inseguro que pensó que yo iba a usurparle el puesto, o a dejarla quedar mal o qué sé yo y no se le ocurrió mejor cosa que tratarme de inútil en cuánto aparecí por la puerta. .

Sigo sin estar cómoda con ella pero como solo me quedan nueve laborables allí me pongo mi traje de camuflaje y dejo que todo resbale lo mejor que soy capaz. No le digo cuando se está equivocando en algo porque lo toma como un ataque y aunque soy muy preguntona y me gusta entender el porqué de las cosas no pregunto dudas más que a Mr. Google y la tutora, que sé que ninguno de los demás me dirá que ya tenía que saberlo o se sentirá violento si no sabe responderme. El truco está en hacerla sentir la jefa, la que controla.

Quiero que llegue Septiembre porque la cosas bonitas siempre me han sucedido en otoño o invierno. Quiero creer que todo lo que planeo va a salir bien. Bueno, vale, casi todo. Que Z. encontrará trabajo y que a mí me irán bien los exámenes. Que haré un trabajo fin de grado cojonudo y que la persona que apostó por esta pringada que con treinta y pico sigue empeñada en acabar la carrera sepa que acertó haciéndolo.

Supongo que es agradecimiento de perrito feliz que no está acostumbrado a que apuesten por él.

Edito: finalmente la situación con esta compañera no mejoró. Me limité a dejar pasar los días sin protestarle y aguantando sus desprecios. Sólo me decía "Aguanta, tú te irás con una buena nota por parte de tu tutora y ella se quedará aquí, con su amargura y frustración". Pequé de ingenua. No me podía imaginar que esta persona iría a contarle mentiras sobre mí a mi tutora y mucho menos que ésta se las creería. He puesto las quejas que tenía que poner y me voy aprendiendo algo muy importante:

Anda por camino de paz pero no te dejes pisar... porque al próximo que lo intente LE DOY TAL HOSTIA QUE LO PONGO EN ÓRBITA.


sábado, 9 de agosto de 2014

Guerrero zen que da zarpazos

Hace un par de semanas yo no sabía que ahora estaría montando una empresa con unos amigos. No sabía que por fin recibiría el empujón que necesitaba para aprender a usar programas de diseño gráfico. Es como una puerta que se abre cuando ni siquiera estabas buscando esa puerta.

Me gustan mucho esas cosas que aparecen de repente y que son un poco locas pero en las que te zambulles sin pensarlo demasiado. A veces salen mal, ya, pero necesito un poco de caos dentro de mi orden. 

Estoy triste. Abrumada. Confundida. Mi compañera de trabajo no me está tratando de una forma normal. Estoy a su cargo así que tengo que pasar el día pegada a su culo. Por si fuera poco a la ida y a la vuelta coincidimos en el mismo autobús, y en el descanso también estamos en el mismo grupo de gente.

Voy a dejar de coger el bus e ir andando. Además me gusta estar a mi aire, no tengo problema en comer mi sándwich en las escaleras de atrás, mirando el mar, y no con otra gente en la cafetería.

Si discuto con alguien es, generalmente, porque me importa la relación que tengo con esa persona. Con un amigo íntimo, con mis padres, con mi pareja. Ante una persona de fuera de mi círculo cercano, como un compañero de trabajo,  mi "técnica" es pasar de largo.

Sí, ok, lo que tú digas, pienso. Y me veo a mí misma como un guerrero zen. Da igual que por dentro me duela, me enrabiete y me encabrone. Por fuera no hay respuesta. Sigo siendo tan afable como siempre.

Esto va bien con gente a la que ves esporádicamente pero con alguien con el que estás seis horas al día no tanto, porque quieras que no, acaba por hacer mella. 

Ayer lloré pensando en ésto. Es estúpido lo fácilmente que los demás pueden hacernos llorar. Cuánto poder, ¿no? Me temo que tendré que soltarle un zarpazo la próxima vez que se pase de guai, porque aún me quedan tres semanas allí. No me gusta hacerlo. No es una sádica, no es una mala persona, simplemente se está equivocando de actitud. Despreciándome a mí no se va a sentir mejor, ni se va a querer más, ni va a ganar nada. 

Creo que en el fondo lo mío es soberbia. Me da pena porque me alegro mucho de no ser como ella. Sí, suena mal, pero me considero mejor persona que ella. Yo nunca haría eso. En mi lógica interna, yo gano.