viernes, 21 de noviembre de 2014

Zorros y conejos

Decía el otro día que me gustaban los zorros. "Está claro que sí", pensé el otro día cuando por casualidad me fijé en mi pijama y mi calcetín. La prueba:






Eran varias las veces que veía un conejo gris en las zonas verdes de la urbanización. Aquí paré el coche para sacarle una foto, en el centro, ¿lo ves?:



Como hay monte cerca (al lao) pensé que sería un atrevido kamikaze que se acercaba por estos lares. Pues el otro día lo volví a ver. Con un compañero. Blanco:




No se ve un carajo, I know. Está a la izquierda del primer árbol de la imagen (empezando por la izquierda, sí) No pude acercarme más porque se marcharon los dos a esconderse bajo unas hortensias y como que prefería dejarlos en paz. Hasta ahora pensé que eran conejos del monte pero con este blanco pienso si no serán alguien que los tiene amaestrados y deja a sus mascotas por allí a que den un paseo (cosa bastante peligrosa, por cierto). 

Una vez desde la ventana del estudio vimos pasar una ardilla por la acera, finalmente dio media vuelta y volvió sobre sus pasos, espero que de nuevo a sitio seguro en los árboles. 

Lo de Portugal queda postpuesto hasta finales de Enero. Me jode un huevo pero es mejor así. Por mucho que me apetezca ahora. Tengo algo pendiente antes.

Hoy ha sido un día asqueroso. Se ha jodido en el último momento, de una forma estúpida y boba. Me gustan mucho las cosas claras y directas. Otros no son tan fans como yo, por eso hay maletendidos evitables que causan daños innecesarios.

Por eso voy a llamar por teléfono a un señor para que me envíe pizza y helado, y aquella ensalada de pollo que tanto me gusta. Sí, eso estará bien. Además, aún me queda tooooda una temporada Peaky Blinders para ver y toooooda una madrugada por delante.




lunes, 17 de noviembre de 2014

Mi oído izquierdo toca la batería


La otra noche empecé a encontrarme mal. Me recosté en la silla por si me caía, pero por suerte esa vez no acabé convulsionando. Empecé a no pensar con claridad, a no percibir lo que sucedía, sabía que debía hablar entonces porque más tarde no podría, una frase simple: "Tengo mucho doído". Quería decir ruído pero supongo que lo mezclé con dolor. Apreté las manos con tanta fuerza contra los oídos que después me dolían los dedos. El ruído. Ese ruído. Tenía los ojos cerrados pero sabía que a mi lado Z me miraba preocupado. En cierta forma me tranquilizaba que estuviese allí. Ojalá pudiera decirselo. El ruído toma mi mente por completo, profundo y abismal. En mi oído izquierdo suena un golpeteo mecánico que parece una batería loca y absurda en medio de un terremoto. El epicentro tarda unos dos minutos interminablemente largos en calmarse. El ruído desaparece casi de golpe. Abro los ojos, noto las lágrimas asomando. Miro a Z: "Odio esto, lo odio".

Lo odio. Soy yo, forma parte de lo que soy, pero lo odio. Odio que interrumpiera la vida que debía haber vivido, la de la chica tímida con buenas notas que a los treinta habría acabado el doctorado y tendría varias publicaciones científicas en las que constaría su nombre. Que se cargara mi vida académica y por lo tanto la profesional. Odio las horas frente a los apuntes que no era capaz de memorizar. Odio que me quitara cualquier rastro de autoestima que pudiera haber sobrevivido a la implacable rigidez con la que me educaron mis padres. Odio todo lo que trajo, la mochila que llevo a cuestas y que nadie ve. Sólo Z me ayuda con esa mochila, a mis padres poco les cuento, están demasiado ocupados con sus males y demás dramas.

No me sale de los cojones conformarme. No me sale de los cojones aceptar el "es algo con lo que convivirás toda la vida" Si me hubiera conformado habría dejado la carrera hace años y no estaría a punto de acabarla.

Hace meses que necesito escapar. necesito coger a Z. y llevarlo a ver lugares en los que nunca hemos estado. Solos él y yo. En Diciembre iremos unos días a Portugal. Es un país que me gusta mucho y relativamente barato. Cogeremos el coche y conduciremos hacia el Sur. Lo más curioso es que no tenemos un duro. Es decir, lo tenemos pero una parte va para una obra inevitable en casa, y otra para el proyecto de diseño de camisetas. Z. no volverá a cobrar un sueldo hasta Enero. No nos llega, no deberíamos, pero me la pela. He hablado con mis padres y nos adelantan dinero. Cuando cobre se lo iremos devolviendo.  Necesito cambiar de mundo unos días y si tengo que pedir prestado lo pido. Cuestión de prioridades y supervivencia. El orgullo para tiempos mejores.

Hoy descubrí algo en lo que no había pensado. Cuando tenía unos dos años parece ser era muy habladora, sociable y confiada. A esa edad yo vívía principalmente con mi abuela, aunque tambien pasaba meses con mis padres en Suíza. Ya comenté una vez que creo que la falta de arraigo y apego que tengo viene de ahí. Sé que hubo un momento en el que me volví callada y tímida. Mis padres siempre lo comentan como si fuera elección mía, una manía de tantas. Hoy me dí cuenta que ese período coincidió con el cambio de vivienda. Mis padres regresaron definitivamente de Suíza y yo dejé a mi abuela y fuí a vivir con ellos. Mi padre era alcohólico y la situación en casa era terrible, con maltratos físicos y psicológicos a mi madre. Nunca olvidaré lo que sentí cuando la apuntó con una escopeta, un miedo atroz a quedarme sola. A mí sólo me pegó una vez, en la que además me hizo andar de rodillas por toda la casa, pero me maltrató muchas otras, como una vez que me puso la zancadilla en la playa y me caí de morros encima de una señora y su toalla. Yo debía de tener siete años.

Y no me he dado cuenta hasta hoy, que dejé de hablar y confiar cuando empecé a vivir esas situaciones.  Leí en un libro que la falta de cohesión social de muchos solitarios nace en experiencias como esa. Tu mundo se resquebraja, lo único seguro que tienes es a ti mismo. No vuelves a confiar en nada que venga de fuera.

Ha quedado un post deprimente, ya. Pues lo remato con algo que encontré escrito en una hoja de apuntes:

"Solo estamos mi miedo y yo. En la oscuridad. Cogidos de la mano. Yo tiemblo. Él sonríe".

En contra de lo que pueda parecer no estoy mal, no estoy de bajón, sólo con la cabeza demasiado llena de cosas. Estoy digiriendolas, por eso escribo. Me concentro mucho en sacarlas, en que no se me queden clavadas dentro, en que no se pudran y yo con ellas.

No te preocupes. El próximo día contaré sobre conejos (uno blanco!) que pasean por las zonas verdes de mi urbanización, de las risas con Z y otras cosas más agradables. Quizás también hable de que esta semana una persona me ha dicho que se alegra de conocerme porque soy muy especial y de que otra me ha comentado que siempre estoy ahí para cuando se me necesita. Especiales somos todos, cada uno a su manera, pero me alegra mucho ver que algunos me vean como una buena persona. Me anima a seguir con mi "me la suda" cuando me encuentro alguna piedra en el camino. 

De eso se trata siempre... de hacer camino y dejar lo malo atrás. 


jueves, 13 de noviembre de 2014

Me la suda, ergo voy por buen camino

Me parece interesante lo de los "micromachismos". La primera vez que escuché la palabra fue por una movida que hubo en Twitter cuando una chica tachó de machista el gesto de un chico que la invitó a un café cuando ella estaba en la biblioteca. No estoy de acuerdo con ella. Que me inviten a un café cuando estoy estudiando no me parece machista, aunque sí puede serlo la forma de hacerlo o la reacción ante una negativa. 

Imaginemos un estudiante (da igual chico o chica) cuyo estuche tiene un estampado de viñetas de un cómic de Batman, por ejemplo, y luego imaginemos también otro estudiante que tiene un estuche con una ilustración como esta:



Probablemente nadie comentará nada del primer estuche pero sí del segundo. Hortera, cursi, ñoño, infantil... un montón de palabras para denominar algo que suele gustar más al público femenino. Ese es mi estuche. No soy una devota del rosa pero me encantan los zorros, y me gustó el sombrero de copa, y el fondo estrellado en el que me pierdo tantas noches de verano. Hace tiempo necesitaba excusarme porque me gusten las ilustraciones de este tipo, o por tener una camisa con estampado de gatitos. Ahora me la pela un poco mucho. 

El estuche va en mi mochila el mismo día que visto en modo cuervo y llevo las botas militares que mi madre mira siempre de reojo. La del estuche del zorro y la niña de pelo rosa también le encanta el Call of Duty, matar orcos en un juego de rol y ver pelis de acción. Me gustan los lunares de colores y también las camisetas de calaveras y mi queridísima chaqueta de heavy nostálgico. 

Si algo odio son los extremos. Me gustan los términos medios. Me gusta el gris, no el gris en el alma, sino en la actitud hacia la vida, el equilibrio. Me gusta la gente que no se impone límites, que es capaz de moverse en varios campos y coger lo que le guste de cada uno. Ansío ser como ellos, y creo que voy bien. 

Defender tu estuche es defenderte y quererte a ti mismo, es crecer, hacerse más fuerte, madurar. 

viernes, 7 de noviembre de 2014

Largo de aquí

Z: Te va a gustar el Neonomicon.
Abisal: ¿Por qué lo dices?
Z: Porque están todo el rato follando.

Z, sabiendo lo que realmente me gusta desde 2003.


Tengo la uña del dedo de hacer cortes de manga si eres diestra con un estúpido, persistente y absurdo hongo que insiste en mantener conmigo una relación posesiva, vampírica y cansina. Desde Julio llevo con él. Lo más efectivo que ha resultado es introducir el dedo en un solución de vinagre y agua 1:2. ¿El problema? Que yo tengo cero constancia y aguanté un par de semanas escasas y cuando aquello empezó a mejorar (que se me cayó la uña a cachos, vamos) celebré con bailes alrededor de una hoguera que por fin me había librado de él y dejé el tratamiento. 

Ha vuelto. O nunca se había ido y solo estaba escondido. Vuelta al vinagre. He leído que hasta que la uña se regenere por completo puede pasar un año. ¿Lo has leído bien? ¡Un año!. Muero. 

Aparte de mi fanático admirador fúngico ayer no fue un buen día, y hoy estoy rara. Rara como la calma antes de la tormenta. Estoy en los días previos a esconderme en mi cueva y no salir para nada. De meterme para dentro, como un caracol. Un sutil Largo de aquí. Necesito estar sola.

Quién fuera hongo para esconderse del mundo bajo una uña. Parece un lugar súperefectivo para resistir lo que sea. Hasta baños con vinagre.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Sulfúrica estoy

Hoy he descubierto lo importante de trabajar con fenol y ácido sulfúrico sin inspirar sus vapores, o sea, con campana extractora. Mi compañero ha acabado con un colocón extraño en dónde tanto cantaba una canción, como se la inventaba como decía que estaba de los carbohidratos hasta la punta del coño (¿?). Puede que llevar siete horas sin descanso con el asunto tuvieran algo que ver. Yo le he dicho que en mi barrio los coños no tienen punta y se quedó pensando un rato hasta que me dió la razón. A continuación determinamos que los únicos que sabemos denominar un estornudo somos los gallegos y los portugueses, porque sabemos que se llama "esbirro" y no estornudo, esa cosa loca que se inventó alguien una vez.

H. me ha dicho que si quiero trabajar en clínica es lo que me espera: vapores tóxicos, productos cancerígenos, bacterias patógenas y viruses ebolianos. Me lo ha dicho como para meterme miedito porque no sabe que yo le tengo miedo a las personas, no a los viruses. También me ha dado una barrita energética hecha en casa por su madre. "Es potencia pura", decía. Quiero un poco a H. A veces. Cuando no entra en delirio después de medir setenta y pico tubos en el espectrofotómetro. Bueno, esas veces también.

He llevado un rotulador permanente de casa y lo he dejado junto con los otros del laboratorio. Tienen varios gruesos pero sólo uno de punta fina. Andan cogiéndoselo unos a otros y siempre hay alguien que tiene que joderse e intentar rotular algo legible en un tubo de ensayo con una punta demasiado gruesa. No sé si se han preguntado de dónde había salido aquel rotulador pero me divierte ver que ha tenido éxito y ha desbancado al otro en popularidad.


He ido a la ginecóloga y me ha dejado el cérvix del útero sin demasiadas ganas de fiesta. También me ha hecho una ecografía. Miraba la pantalla seria. Muy seria. Yo intentaba mirarla también pero tuve que elegir entre eso o partirme el cuello espatarrada en la camilla de una consulta ginecológica. He pensado en quistes, tumores, extirpación de órganos, cambio climático, en todo.  Luego se ha recostado en la silla y ha dicho "Bueno, te voy a decir lo que hay". A continuación añadió "Está todo perfecto". Me dieron muchas ganas de sumergirla en sulfúrico.