domingo, 29 de noviembre de 2015

Escribir un poco

Quería actualizar ésto y he empezado el post tres veces. Iba a hablar de que llevo varios intentos de cambiar la plantilla pero ninguna me convence, luego de una discusión entre conocidas (no, aunque la norma social diga que debo llamarlas amigas no lo son, tuve una amiga una vez, y no era ésto) que acabó con una tirándole la cocacola a la cara a la otra y yo aguantando para no hacer lo que me apetecía hacer que era largarme de allí. También contaba que estaba saliendo a pasear al monte y que me molaba y que también me molaba mucho caminar hasta la plaza de abastos y hacer la compra en sus puestos mientras olisqueo el ambiente, pruebo chocolate artesano y me tienta una caña en el bar de la plaza. Pero no me apetece dedicarle más líneas de las que ya le he dedicado. 

¿Qué cuento entonces? Pues no lo sé... ¿Qué te gustaría leer? ¿Sobre la lluvia y los gatos? ¿Sobre el azul con el que estoy pintando la entrada de casa? ¿Sobre que estoy escuchando esta chorrada y me gusta?


También he vuelto a cocinar. He probado una ensalada con bacon y gorgonzola que me llevó cerca del orgasmo. Y he hecho unas chuletas con salsa dulce de mostaza que hizo que fuese la primera vez que no dejo la mitad en el plato (no soy mucho de carne). 

Revisando posts antiguos he confirmado lo que ya sabía, que hago muchos planes y promesas que luego no culmino, o que alargo indefinidamente otras... es un poco triste. Intentaré culminar al fin. Como cuando llegué a lo alto del monte que está enfrente de mi casa. Hay una antena arriba de todo y puedes imaginar que su señal te hace llegar a toda la ciudad. 

No, no son cosas muy interesantes, ya. Yo... sólo quería escribir un poco. 

lunes, 19 de octubre de 2015

Podría disertar sobre la ubiquitinación de proteínas pero en vez de eso te voy a contar 25 cosas sobre mí


1-Amo el chocolate y la cocacola, y ellos me aman a mí. Chocolate del bueno, por cierto, no esa porquería azucarada que a veces quieren colar en su lugar. 

2-Sólo me enamoré una vez. Soy afortunada, sigue a mi lado.  

3-Leo muy rápido.

4-Prefiero que los distintos alimentos no se toquen en el plato, y odio que se mezclen entre sí. Me matas si me sirves la guarnición de verduras por encima de las patatas. 

5-Tengo una facilidad innata para echarme a dormir cuando una serie o película no me interesa.

6-Siento un amor muy tonto por mi coche. Lo mimo y lo cuido, le llamo con motes que oscilan entre tanque-tanqueta-pequechín y sí, soy el tipo de persona que compra limpiador de llantas. 

7-Tengo el desapego del psicópata. Desapego de las personas, y sobretodo de las cosas. El arraigo me da únicamente para Z y mis gatos.

8-Me gusta el orden, y funciono mejor con él, pero mi naturaleza dispersa le hace frente. Soy ordenada con tendencia al caos.

9-Siento fascinación por la temática espacial. Mi sueño imposible es hacer un viaje al espacio y ver esa hermosa bola azul que somos.

10-Algunos dicen que tengo mala hostia, otros que soy borde.

11-Tengo memoria de pez. No recuerdo fechas ni películas ni libros.

12-Me encantan los animales,  y sufro bastante con la visión tan antropocéntrica que tenemos del planeta. Me gustan principalmente los felinos, rapaces y roedores. Los gatos son mi debilidad absoluta, nos entendemos bien.   

13-A los doce años llegué a la conclusión de que dios no existe.

14-A los treinta y cuatro decidí volver a dibujar y empecé a tocar la guitarra. Lo primero se me da mejor que lo segundo.

15-Cuando era pequeña e intentaba montar en bicicleta descubrí que cuando más aguantaba sobre ella era con la velocidad de tirarme cuesta abajo. Así aprendí. Define bastante bien la forma en que a veces hago las cosas.

16-Me gustan las pelis de miedo. Las de zombis sobretodo.

17-¿Libros favoritos?: El principito, Mi planta de naranja-lima, La constelación del perro, Cien años de soledad, La casa de los espíritus…

18-Aunque no soy vegana me molestan bastante las críticas al veganismo. Reírse de una filosofía que aboga por el respeto a los animales me parece superficial y mezquino. Que haya veganos gilipollas no tiene nada que ver con el veganismo en sí, porque gilipollas hay en todos los colectivos, ¿verdad?

19-Me entusiasma viajar, y si tuviese dinero lo haría mucho más.

20-Desde el 2014 tengo el móvil en silencio. He ganado mucha calidad de vida.

21-Soy terriblemente inconstante, me cuesta mucho mantener un hábito.

22-Soy pluviófila. Me gusta la lluvia y la echo de menos cuando tarda en aparecer, cuando vuelve respiro de nuevo. Por suerte vivo en la región más lluviosa de Europa.

23-Tengo el dudoso don de la risa inoportuna. Como cuando una amiga me dijo que se divorciaba porque el marido la había pillado teniendo sexo con un amigo común en el sofá de su casa.

22-No diferencio a la primera derecha e izquierda, de hecho suelo decirlas al revés. Es una fiesta cuando me preguntan una dirección.

23-No tengo hermanos, cosa que siempre he lamentado.

24-Disfruto mucho de la música. Cuando descubro una canción que me gusta, como buena obsesiva que soy, la pongo durante días.


25-Siempre tengo muchos proyectos en mente. Uno de ellos es publicar mis relatos ilustrados por mí. 

viernes, 16 de octubre de 2015

Yep

"Boteime a andar baixo a choiva cara o monte, 
quería perderme entre as árbores, pero todo estaba mollado
e non atopei nen un sitio seco onde sentarme a chorar."




 ♫Suena Todos los días sale el sol, de Bongo Botrako:





Han pasado bastantes cosas estos días:

Yo, fingiendo que controlo mazo sobre diseño de webs, peleándome con el blog de las camisetas.
Los castaños de la finca, cada vez más grandes y hermosos (este otoño darán las primeras castañas).

Z tan especialico para todo, come las hamburguesas sin lechuga ni queso pero con patatas. Ea.

Hoy he ido a contar gatos a la colonia que tengo que empezar a esterilizar. Después he arrastrado a Z por el medio del monte y hemos andado unos ocho kilómetros. Una vez en casa me he dedicado a pensar en todo lo que tenía que hacer mientras me atrincheraba tras la excusa de que tenía a dos gatos en mi regazo y que, pobrecitos ellos, no podía levantarme a hacerlas hasta que se despertaran por sí mismos.

Estoy escribiendo un post llamado "X cosas sobre mí". Aunque pienso que a nadie le van a interesar esas memeces me gusta el ejercicio de parar a definirme, de dibujarme, de pensarme un poco, sonreír con las tonterías que me forman.

Ya no estoy tan triste. Sí estresada, y con bastante ansiedad a veces, pero ya no tan triste.

miércoles, 12 de agosto de 2015

Así es, humano...


Este meme me hizo reír cada vez que me acordaba de él, se lo leí a Z y volví a descojonarme, así que me dije ¿por qué no grabarlo y que todo el mundo sepa que soy mongola perdida?

miércoles, 1 de julio de 2015

Renuncio, no me compensa

Z: Vine al súper a por arena para los gatos, ¿quieres algo?
Abisal: Aguacates 
Abisal: Y chocolate, lo acabé
Z: ¿Qué choco?
Abisal: Cualquiera Lindt
Z: ¿Algo más?
Abisal: Queso fresco
Z: Ok
Abisal: Ah, y alcachofas en conserva. Y espárragos. 
Abisal: Y una muerte rápida e indolora. Está al lado de la caja, donde las pilas. 
Z: Creo que aún queda en casa.
Abisal: Ok, espero que no esté caducada. 

Whatsapeando con Z. Artículos de primera necesidad. 



Post importante para mí. Coñazo para ti. Deberías saltártelo.

Si aún te pasas por aquí sabrás que desde hace unos siete u ocho meses estoy más abajo que arriba. Abajísimo. De puta pena, vaya. No es el típico bajón de unas semanas que tengo de vez en cuando sino de un cúmulo de circunstancias que me han anulado y derrotado. 

Empecé a ir a terapia y a levantarme a poquitos. Mi frase cuando me preguntaban qué me pasaba, qué sentía no era "Me siento X", soy bastante inepta a la hora de expresar a otra persona mis emociones más internas. Mi frase era algo así como "Todo está desordenado y roto, destrozado". 

Hubo que priorizar y ante la inminencia de mis exámenes decidí poner como primer objetivo controlar mis ataques de ansiedad. ¿Qué es lo que me provoca esos ataques? Resumiendo y concretando: soy incapaz de presentarme a un examen si no estoy segura de que voy a aprobar.  Para estar seguro hay que llevarlo bien preparado. Desde que me medico debido a mi epilepsia mi memoria es pésima así que me cuesta más de lo esperado poder decir "lo llevo bien preparado". Si no lo llevo bien intento obligarme a ir de todas formas. Es lo que hay que hacer, presentarse a ver qué pasa. Igual hay suerte. Igual eres demasiado exigente y no lo llevas tan mal. Y como intento obligarme pero no soy capaz hay un choque titanes en mi cabeza que deriva en la ya mencionada crisis de ansiedad. 
   
Empecé a seguir unas pautas y noté pequeñas mejorías. Incluso gané un par de combates a pesar de encontrarme francamente mal.

Nadie que no lo haya pasado sabe lo que es un ataque de ansiedad. Nadie puede imaginarse las sensaciones físicas, que no tienen que ver con el simple nerviosismo que todos sentimos alguna vez, y nadie puede imaginarse la vorágine de pensamientos dañinos que pasan por tu cabeza en ese momento. Tras una crisis de este estilo quedo exhausta. 

Dos días antes del último examen tuve un ataque de ansiedad, a causa de esto tuve también inicios de un ataque epiléptico. A la mañana siguiente tuve otro ataque de ansiedad. Cuando pasó me quedé en la cama acostada mirando el techo. Pensando en todo el dolor mental y físico que acababa de pasar en los últimos dos días por querer presentarme a un examen que probablemente suspenda. Me pregunté "¿Merece la pena?"

No, no la merece. 

He decidido dejar de tratar ese problema en terapia. Me duele en el orgullo pero no voy a luchar más contra eso. La lucha, el intentar obligarme a hacer algo que no soy capaz de hacer me genera tanta infelicidad que no me compensa. Se acabaron las lágrimas, el no poder respirar, el ahogo, el dolor en el pecho y la cabeza, la despersonalización que te hace estar tan mareada que parece que te vas a desmayar, la taquicardia y el sudor frío. Cuando no me sienta preparada no iré, y tendré que aceptar las consecuencias, igual que otros aceptan que son incapaces de estar a menos de doce metros de una araña.

¿Tardaré más en hacer el mismo camino que otros? Seguramente, es lo que hay. ¿Debería dejar de estudiar algo que probablemente nunca me dé un puesto de trabajo? Tengo claro que estudio por vocación, porque es lo que me gusta. Lo más probable es que cuando la acabe me ponga a dibujar al tiempo que sigo con mi trabajo, que no tiene nada que ver con la Biología. 

Para algunos una derrota, para otros una retirada... no sé qué es. Sólo sé que no soy perfecta. No lo haré de la manera ideal para la mayoría, pero lo haré de la forma ideal para mí. 




viernes, 12 de junio de 2015

Corazón de sandía

El otro día mi corazón hizo craj. Siento empezar el post con una frase tan melodramática pero así fue. Cada corazón hace un ruído diferente al dañarse, según la persona a la que pertenezca. Algunos suenan como una lluvia de cristales. Otros dejan oír un golpe seco, como un saco de boxeo al recibir un gancho de izquierda. Creo haber leído en alguna parte que también los hay que emiten un sonido metálico, de hierros estrujados, y alguien me contó que los hay que estallan, como un globo que recibe un pinchazo. El mío hace craj, como un trozo de sandía cuando tiras y lo separas del resto de la pulpa. Sí, supongo que mi corazón parece duro por fuera pero por dentro no es más que una esponjosa masa roja. Me pregunto si tendrá pepitas. 

No te preocupes. No es grave. Recordó una vez más que no es bueno ir a meter la nariz en lodazales pasados y ya está sonriendo otra vez. Como quiera que sonrían las sandías.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Si no escribo muero un poco

Sigo viva. Un poco zarandeada, despeinada y magullada pero viva al fin y al cabo. Y a veces hasta sonrío. Algunas de las cosas que han pasado estos días:

 -En la lucha con mis ataques de ansiedad voy 1-1. No conseguí presentarme al primer examen pero sí al segundo. Taquicardias, mareos, miedo atroz, ganas de echar a correr y una cosa muy loca que se llama despersonalización. Los vencí.

 -A raíz de conseguir el empate me puse de subidón y estoy estudiando mucho para el siguiente examen y alcanzar el 2-1.

 -Le he dicho a mi psicólogo: "...porque sois medio científicos..." y él ha abierto mucho los ojos y se ha reído mientras me preguntaba "¿Medio?"Lo he intentado arreglar luego pero no sé si ha colado. A veces se me olvida que no sólo somos científicos los que estudiamos Bioquímica o Virología.
 
-Tengo una gatita acogida que me trae un ratoncillo de juguete viejo y feo para que se lo lance una y otra vez. La estoy entrenando para unas olimpiadas ficticias.

 -Se ha publicado un relato mío en una antología y estoy toda orgullosa. (Uno más y lo dejo, a la venta en Amazon).

 -Tengo que hacer una serie de diseños para camisetas para una protectora de animales. Tengo muchas ideas que quieren escaparse como rayos de luz entre las rendijas de la caja donde están encerradas. Pronto sacaré un rato al día para ellas. Espero.

 -Mañana toca ir al fisioterapeuta a que me recomponga un poco. Conozco una chica que iba al fisioterapeuta cuando se sentía sola para sentir el contacto con otra persona. No soy yo, yo voy porque alguno de los nervios que unen mi espalda con mi pierna izquierda está un poco pallá.

 -He decidido que este verano iré a una playa nudista. Bueno, he decidido que haré varias cosas que darán para otra lista.

jueves, 14 de mayo de 2015

Herido grave en un accidente casero

Abisal: Te quiero
Z: Lo sé.
Abisal: Te quiero porque no me queda más remedio.  
Abisal: Eres la persona más genial que conozco.
Abisal: Pero si conozco a alguien más genial que tú pasaré de ti. 
Abisal: Que lo sepas.
Z: Acepto el reto. Dudo que exista. 

Declaraciones de amor whatsapeando con Z. Seguro de sí mismo, como ves. 


♫ Suena Ojalá, de Silvio Rodríguez. Algún día averiguaré cuántas veces seguidas puedo escuchar esta canción sin morir de un disparo de Nievi.



Se me cayó el móvil dos veces seguidas y en la segunda debió pensar "Lo nuestro se acaba aquí", y se rompió la pantalla con esmero. Creo que si lo tiro contra la pared y luego bailo encima no queda peor. Estuve el fin de semana incomunicada y fue raro. En el de repuesto no puedo instalar ni el administrador de páginas de Facebook, ni Twitter ni mirar el correo, ni jugar al Candy Crush ni nada porque va de puta pena y la mitad del tiempo ni me reconoce la tarjeta. Me está grabando a fuego el no volver a andar con el mío sin funda protectora nunca jamás de los jamases.

Tengo para la semana dos exámenes. Hoy debería haber estudiado. Pero me la he estado rascando. Muy mucho. Debería sentirme superculpable pero no. Cuando la mente pide descanso toca descanso.

Me acabo de acordar que no limpié el horno. Uy, qué mal. Qué pena. Qué todo. Mañana. Quizás. 

La gata que tengo en acogida duerme conmigo siestas de las que me despierto como recién salida de un coma profundo y con la espalda sudada. Lo de despertarse de la siesta como quién despierta del coma es habitual todo el año, y lo tengo asimilado, pero lo de estar sudada mañana, tarde y noche no (y sí, me lavo entre medias, sí) Por si aún no lo sabéis odio el calor. Un poco de solecito está bien pero el calor es el horror. Tensión por los suelos. Mareíto y cansancio. Muerte. Destrucción.

Quiero oír la lluvia golpear los cristales. Hace unos días llovió un rato bastante fuerte. Era genial. Le dije a Z que me encantaría ir al jardín y sentir la lluvia hasta empaparme por completo. Me dijo que porque no lo hacía. Le contesté que porque aún era de día, los vecinos me verían y sabrían que estoy tan loca como creen. Él dijo sin levantar la vista de la pantalla del ordenador: "¿Y qué?" Al final la lluvia pasó y la oportunidad se fue con ella. Pero la próxima vez que llueva lo haré, me lo he prometido. 

Tiene razón, estoy loca, ¿y qué?




domingo, 26 de abril de 2015

Felicidá, qué bonito nombre tienes

Suena :


Es curioso cómo acabamos pensando que debemos ser felices. Que tenemos que estar felices. Ser graciosos y ocurrentes, saludar con una encantadora sonrisa y quitarle importancia a todos y cada uno de los tropiezos que tengamos. Porque tenemos que ser optimistas. Optimismo obligatorio. Estar alegres. Sonreír. Ser felices. Siempre, que los demás no se den cuenta de que no lo somos tanto, que finjamos tan bien que nosotros mismos tampoco nos demos cuenta. 

No se puede decir que estás pasando una mala época, eso es de perdedores. No puedes decir que lloras, a los quejicas no los quiere nadie. Tienes que reír y hacer reír si quieres gustar, si quieres que te quieran, que te admiren, que te envíen caritas sonrientes por whatsapp porque tú molas mil. Una buena actitud es indispensable, sonríe, siempre.

El otro día alguien me dijo: "¿Estás enferma?" Pues mira, no, estoy más borde que de costumbre (ya no estaba bajo el nivel) y con menos paciencia para idioteces, pero por suerte no estoy enferma, sólo peleo contra las crisis de ansiedad y tengo indicios de depresión que estoy frenando con terapia.

Esto viene a cuento porque estoy un poco harta de todo ese pensamiento místico-espiritual taaaann horroroso que predica lo de "Si desprendes energía positiva recibirás energía positiva" y patochadas del estilo que no crean más que frustraciones, autoexigencias inútiles y más infelicidad que deberás esforzarte en disimular para seguir desprendiendo puñetera energía positiva y dando una imagen de éxito y alegría infinitos. 

Pos mira, no. A veces las cosas se tuercen, o no consigues tus objetivos, o simplemente estás triste porque sí, y tú tienes todo el derecho del mundo a mostrar tu tristeza mientras intentas recomponerte como buenamente puedas. Y al que no le guste que le den. 

Cambio de tercio. 

En un semáforo que hago a menudo apareció un día un chico de unos veintipocos haciendo malabares con una manzana, un tomate y una naranja (quien dice malabares dice pasándoselos de una mano a otra, no había más). Perdí la cuenta de las veces que se le cayó la naranja y sentía tanta pena por él y la carita de vergüenza que tenía que se me hizo eterno. Cuando se puso en verde el semáforo le dí una moneda y de entre la sonrisa tímida salió un gracias con acento argentino que me desarmó aún más (soy argentinofonófila -me acabo de inventar el término, quiero decir que me gusta el acento argentino, vamos). En los días posteriores se fue especializando en cítricos, y ya sólo usaba limones o naranjas. Seguía siendo bastante malo pero le ponía ganas, eso sí. Un día lo ví por la calle arrastrando una gran maleta roja. Me lo imaginé volviendo a su país, aceptando que su carrera como malabarista en España había terminado. Pobre, me dije.

Me equivoqué, no se había ido. Estas son fotos desde distintos puntos del lugar donde se ponía siempre. Un día él no estaba, pero allí había dejado su maleta:



Otro día estaba su chaqueta y una botella de cerveza:



Y otro su chaqueta y dos limones:


Es un poco como la felicidad. Difícil, escurridiza, parece que se va pero vuelve y deja destellos de su existencia. Aún sigue ahí, aunque a veces pases tiempo sin verla. 

jueves, 16 de abril de 2015

Wild side

Suena :


Hace unos días estuve dos horas en el coche detrás de casa esperando a que Z volviese del trabajo para entrar en casa, ya que yo sola no era capaz. Es una de las cosas absurdas que me pasan a veces. Recosté el asiento y me tumbé mirando el techo y escuchando la radio. Después estuve sacando fotos tontas. Sonó Walk on the wild side, de Lou Reed y la disfruté muchomucho. Más tarde sonó una de esas canciones pacifistas y de peace and love que de tanto ponerla en todas partes me cansa, y este es mi pie apagando la radio en ese mismo momento:






Unos días después de la tontería de estar atrapada en el coche una vez más, tuve un ataque de ansiedad que mi psicólogo calmó como buenamente pudo móvil mediante. Que conste que yo sólo llamaba para pedir adelantar la cita pero se me empezaron a fugar las lágrimas. Ya le he pedido perdón por el psicodrama y él ya ha dicho el correspondiente notepreocupes. 

A pesar de estos detalles estoy mejor. Sí, tengo ansiedad pero ya no siento que las cosas me son tan incontrolables, que voy arrastrada por el viento de aquí para allá, que la vida me atrapa como una ola traicionera que me devuelve a la orilla magullada y escupiendo agua salada. Recuerdo lo que le decía a Z cuando intentaba animarme: "¿Ánimo para qué? Todo está roto, destrozado y desordenado."

He vuelto a escuchar música. Hacía 5 meses que no abría el Spotify cuando antes lo hacía a diario.

No sé si esto irá a mejor, a pesar de la ansiedad, o si recaeré otra vez. Da igual, he llegado hasta aquí.


sábado, 21 de marzo de 2015

Electrodos de colores y lunares

Hoy hace once días que quería escribir un post. Así estamos de desocupados. Cuando no estoy liada con alguna de esas estúpidas obligaciones que contraemos los humanos, esas que no valen para nada más que para hacerte sentir que haces algo útil con tu vida, estoy tirándome en la cama muerta de cansancio y ganas de apagar el interruptor y desconectarme. Y digo estúpidas porque cuando alguna vez me pregunte (o me pregunten) por un momento feliz no pensaré en una de las veces que estaba revisando cuestionarios de posibles adoptantes para la protectora, o el día que pasé dos horas buscando determinado paper sobre el hipotiroidismo para un trabajo de Bioquímica Clínica. Pensaré, por ejemplo, en el día que ví el sol desaparecer en el mar desde el cabo Finisterre. O aquella siesta con cinco gatos encima mío. Así que ayer me pasé toda la tarde viendo la 2ª temporada de una serie sobre un psicópata e intentando relajarme un poco. Cuando Z me nota decaída o con ansiedad me dice "¿Pongo una de terror?" Zombies, psicokillers y cosas del estilo suelen sentarme bien. 

Me hicieron un Holter hace una semana (una prueba en la que registran la actividad eléctrica de tu cerebro durante 24 horas) y tras lavarme el pelo 3 veces aún sigo sacando restos del producto que echan para fijar los electrodos. 

Me habían dicho que llevara un pañuelo para cubrirme la cabeza al salir del hospital y como no había espejo en la habitación le dije a la enfermera que me lo pusiera ella como viera, pensando que tendría experiencia y sabría colocármelo mejor que yo. Cuando llegué a casa y vi la pinta de paleta que tenía me dí cuenta de que la gente igual no me miraba por la gasa que asomaba por debajo y me tapaba frente y cuello. Me la había atado debajo de la barbilla con un nudito, y luego lo había rematado echando las puntas hacia atrás y volviendo a hacer otro nudo en la nuca. Me parecía un montón a la calavera de mi bisabuela. Resulta que hace años hubo que vaciar el nicho donde estaba mi bisabuela enterrada. Así que sacaron el ataúd podrido y pude ver la calavera (no me dejaron acercarme demasiado). Me hizo gracia que llevaba la pañueleta atadica como cuando la enterraron. Me habría encantado ver las tibias dentro de las medias y los zapatos. Me habría encantado verlo todo. Lástima que en aquel momento elegí no parecer un ser morboso. Hoy en día me habría dado igual. 



Me mosqueé con mis "socios". Querían que yo, mi cabeza vendada y mis quince electrodos con sus respectivos cables de colores colgando desde la nuca nos pusiéramos a imprimir camisetas. Unas camisetas que ni siquiera eran urgentes y que podían esperar perfectamente a que me sacaran todo el cablerío. Así que les dije básicamente que yo tenía claro que me quedaba en casa y que ellos podían ponerse a bailar la jota si querían. 

El otro día, mientras estábamos trabajando los cuatro, dijeron entre jijis y jejes que yo era borde. No soy borde, es que tengo muuuuy poca paciencia con los gilipollas, pensé para mí. Bueno, puede ser que sea algo borde. Pero así está bien.

No sé si lo que digan los resultados de la prueba será útil o no, pero creo que solo por las risas que me eché a causa de la cara que puso el mensajero cuando le abrí la puerta, mereció la pena. Creo que como mínimo me diagnosticó un traumatismo craneoencefálico severo con pérdida de masa encefálica. 

Ha sido mi cumpleaños. No me gusta nada que pasen los años tan pronto. Z casi me regala una tablet, es lo que entendió. Menos mal que a tiempo le dije "Una tablet no, ¡una tableta gráfica!". Días después de esto me enfadé con él. Yo no quería regalos pero él me lo dio de todas formas. No sé rechazar regalos y tampoco no corresponderlos. Le di el juego de Sherlock Holmes. Fueron unos cumpleaños muy tristes para mí. No hay nada peor que amar a alguien y sentir que no te valora, que eres prescindible. He perdido a gente por no ser capaz de aceptar que era prescindible para ellos. Esta vez sí envolvió mi regalo, con papel de lunares, sabe que me gustan. Aún no lo he abierto. Tengo que esperar la actitud adecuada. No puedo dibujar estresada. Hace demasiado que no dibujo. Tengo que solucionar eso o no aprenderé a hacerlo realmente bien nunca. Es una de las pocas cosas de las que estoy segura, que si le dedico algo de tiempo puede llegar a dárseme muy bien.

Ya no estoy enfadada, intento seguir adelante pero tenemos una charla pendiente. No sé cómo empezarla.

H., el chico que me guió en mi Trabajo Fin de Grado, me ha dicho que le gustaría que le ayudara en el laboratorio con su nuevo experimento. Ya he contado otras veces que estoy muy frustrada académica y profesionalmente así que ha sido muy halagador que me valore mis capacidades. Desgraciadamente lo he pensado objetivamente y he tenido que declinar la oferta. Aunque me hubiera gustado, no puedo, debo hacer esas estúpidas cosas de las que hablaba al principio. 



viernes, 6 de marzo de 2015

Que florezca pronto el jazmín...

A veces estoy triste y acabo llorando dentro del coche en el párking de un centro comercial.

A veces estoy más animada y me compro una libreta de pájaros y un lapicero con forma de casa con un gato en el tejado y hago mis primeras facturas como autónoma y pongo orden y pienso que todo va a ir a mejor. 

Pero no dura mucho.

Entonces viene la apatía y el cansancio. 

El otro día tumbé la cabeza sobre el volante del coche y pensé: "Por favor, que este año florezca pronto el jazmín"

Fue un pensamiento de esos que aparecen sin venir a cuento. Ni estaba pensando en el jardín, ni nada de eso. Estaba pensando en mis mierdas y de repente esa frase. El jazmín está precioso cuando florece, me gusta mucho el aroma que desprende, pero me sorprendió que mi cerebro me ofreciera el consuelo de que cuando el jazmín floreciese, todo iba a ser más bonito. 

Quizás tenga razón, quizás dentro de unos meses todo estará mejor. Y si no lo está, por lo menos olerá bien.


sábado, 21 de febrero de 2015

Barcelona

"En un bosque se bifurcaron dos caminos 
y yo... yo tomé el menos transitado. 
Esto marcó toda diferencia."

Robert Lee Frost, poeta estadounidense.



Barcelona es una marabunta de gente de todos los orígenes y todos los destinos que puedas imaginar. Es un taxista checo y otro hindú. Un bar con decoración de los noventa con una pareja de chinos tras la barra. Pequeños supermercados regentados por pakistaníes. Vietnamitas, alemanes, holandeses, marroquies y tantos otros llenan las aceras. También españoles. Catalanes que me hablan en inglés unas veces, en francés otras, también en catalán. 

Barcelona está cruzada por carriles para bicicletas, y para patinetes y monopatines. Es velocidad y movimiento. Nunca se está quieta. Yo entorpezco el paso, parándome en medio de la acera, a mirar las alturas, esas fachadas asombrosas, esculpidas con detalles orgánicos, filigranas, cuerpos desnudos, ornamentos, formas y figuras. Paraguas en una pared, escamas en un tejado, el espinazo de algún ser imaginario en otro.

Barcelona es una gitana que nos birla monedas del monedero en la plaza de Tetúan, y un hostal en la Carrer de la Diputació, uno de esos preciosos pisos antiguos de techos muy altos, puertas blancas y suelos de colores. Es pinchazos en la cadera, tobillos inflamados, llegar a la noche cojeando porque quise seguir con mi costumbre de ir a todos los sitios andando, que así es como se conoce la vida en una ciudad, y lo que no consiguieron Oporto, Lisboa ni Madrid lo consiguió ella: tuve que coger un autobús urbano el penúltimo día. 

Barcelona es el triángulo de tiendas frikis y una novela gráfica de Jack, el destripador, uno de mis personajes favoritos. El Museo Picasso, las fotos del genio con su camiseta de rayas, sus fascinantes  Meninas y un imán con su dibujo de Sancho y el Quijote. Es una figura de Bastet que no compré en el Museo Egipcio por que lo haré cuando viaje a Egipto, es un síncope de Z al saber que pienso llevarle tan lejos. 

Barcelona es una rata grande y hermosa en el parque Güell, es Gaudí y sus mosaicos, hechos muchas veces con materiales de derribo, es la Sagrada Familia en perpetua construcción, y pompas de jabón en el Parque de la Ciudadela, y patinadores en el paseo marítimo, y un selfie un poco desastroso con la estatua de Colón de fondo. Es el rosetón de su Catedral y Z y yo discutiendo en el medio de la plaza de delante porque ni con el móvil ni con el mapa encontrábamos el Museo Histórico, a pesar de que teóricamente estábamos a 300 metros. Museo Histórico, dónde quiera que te halles: que te parta un rayo.

Barcelona es el Born y sus calles estrechas llenas de turistas, y sus bares con carteles en inglés ofreciendo paella y sangría, caminar mandándole a Z una vez por hora que mirara si yo llevaba bien cerrada la mochila. Es la Feria de Antigüedades de Ells Encants Vells con rumanos gritando baratobarato y unas patatas chips en cucurucho. Es el Mercado de la Boquería con su estallido de colores, y los cócteles de fruta, las especias, el chocolate. Es el crujido de la superficie de caramelo crocante de la crema catalana, y unas deliciosas berenjenas a la brasa, el mejor fuet del mundo, el delicioso pan con tomate, aceite y sal.

Barcelona es cosmopolita, modernista, inquieta y un poco loca, y bonita. 

Y estos son mis pies tras cuatro días pateándola.








P.D. Patinar, una cosa más que añadir a la larga lista de cosas que quiero aprender, por si fueran pocas.


domingo, 8 de febrero de 2015

La simetría de los copos de nieve

Z: ¿Por qué tienes el correo y Facebook en inglés? 
Abisal: Para spikin inglish very well

Voy bien. 




Te presento a la víctima de mis torturas. Me la ha prestado el hermano de Z. He estado intentando afinarla, como si yo supiera de eso, porque todas las cuerdas sonaban en armonía excepto la 1 y la 6 que sonaban plinck y planck respectivamente y ahora ya solo la 6 hace planck. Me he puesto muy ufana a intentar mi canción favorita y he tenido que volver al vídeo de la lección 3 porque, obviamente, ahora que apenas sé agarrarla decentemente, es demasiado pronto. Agradezco a la genética haberme dado dedos largos porque aún así no llego a donde tengo que llegar, no me quiero imaginar si tuviese dedos regordetes y cortos.

Otra cosa que seguro que te mueres por saber es que tengo catarro. Ha jugado al escondite conmigo. Me tuvo dos días arrastrada por los suelos, luego me hizo despertarme escandalosamente bien teniendo en cuenta que el día anterior me dolía hasta el roce de la ropa, y pensé "Coño, yastá, he vencido". Pues no. Al día siguiente hicieron acto de presencia la tos y los mocos. Ah, y una voz con altibajos histriónicos que me hacen parecer un adolescente en el cambio de voz. Hoy mi padre no aguantó la risa mientras le hablaba. ¿Dónde está mi voz grave y sexy de los catarros? Me siento estafada. Lo único bueno es que sé que una vez pillo catarro quedo inmunizada tres o cuatro años.

Hace dos semanas que he dejado esa costumbre mía de ponerme a hacer el pez fuera del agua. Mi epilepsia parece de nuevo bajo control. Ha habido que aceptar cambios con los que no contaba, cambios de los que no molan, de los que retrasan todo, pero nos adaptamos y reprogramamos, c'est la vie. A veces, en una especie de optimismo vital, pienso que aunque este camino es más espinoso, resultará mejor para mí.

Estoy mejor, y deseando marcharme de viaje aunque tenga que llegar a la otra esquina de la península en tren porque mi caballero andante tiene reticencias a subirse a un avión. Me ha cuidado tan bien en estos dos meses tan oscuros que no he sido capaz de pedirle eso también ahora. 

El otro día nevó. Muy poco tiempo, ni siquiera cuajó. Pero fue precioso. Tan precioso como lo puede ser algo que sólo ves unos pocos minutos cada tres o cuatro años. El otro día ví en Twitter esta foto de copos de nieve al microscopio. Son simétricos, y debido al ángulo de los enlaces de la molécula de agua, todos hexagonales. Lo que decía, preciosos. 




P.D. Los catarros también son cada tres años, sí, pero no duran unos pocos minutos, lisssto, no me compares. 

lunes, 26 de enero de 2015

Chorlitez


Si ya hace años que mi capacidad de concentración y memorización dejó de ser lo que una vez fue, estos días estoy alcanzando cotas de chorlitez nunca antes vislumbradas. Que ya me lo avisaron, y ya estaba concienciada, pero es curioso sentirse tan dispersa y tan ida y tan estoyperonoestoy. Se ha ido al cuerno toda la temporada de exámenes, no he podido presentarme a ninguno. No ha sido solo por la chorlitez, es que he tenido más crisis epilépticas. Cualquier día se me fríe el cerebro, lo estoy viendo. Tomo unas pastillacas enormes que han acabado por ser inútiles para mí así que a la espera estoy de ver al neurólogo y que me cambién la medicación de nuevo. 

Una vez he aceptado este desastroso enero me he puesto en marcha de nuevo. Lo imposible sólo tarda un poco más, como leí por ahí. Ya estoy con mis indispensables listas, poniendo orden y movimiento, que todo siga fluyendo. No soy agua estancada.

Anímicamente estoy... mejor. Un poco al menos. El otro día vino a timbrar un amigo y me escondí como mal bicho que soy, porque no me apetecía hablar con nadie. Cuando se lo conté a Z me dijo "Hiciste bien". Z sabe que necesito espacio para reconstruírme de nuevo. Creí que lo de este Enero iba a ser la puntilla final pero creo que mi cerebro es bastante inteligente, teniendo en cuenta que es mío. En serio, él es más listo que yo. Llega un momento en el que se planta y dice "Ahora toca salir a flote de nuevo". O a lo mejor no es listo, solo hace lo posible por sobrevivir.

Ya que yo no puedo conducir, nos olvidamos de nuestro viaje en coche por Portugal por ahora y Z y yo nos vamos a Barcelona en Febrero. A ver, yo quiero ver las cataratas Victoria y el Kilimanjaro, la aurora boreal y el Maelstron en las costas noruegas y también quiero ir a Patagonia y Chile, a ver esas playas inmensas llenas de pingüinos y focas. Además de mil sitios más. Pero por ahora toca Barcelona, que oye, tampoco está mal conocerla. Además no olvides que soy una chica de provincias, en una gran ciudad soy como Paco Martinez Soria, tal cual. Me resulta toda una experiencia. 

El sábado fuí a ver a mis padres y me dejé olvidado mi móvil en mi casa (la chorlitez, ya sabes). Cuando volví me encontré a mi amiga L. llorando en la puerta de mi casa. Me había estado llamando y como no le había cogido pensó que igual había tenido otra crisis y me había caído y no me podía levantar y no sé cuántas cosas más. Era tan extraño verla llorar por mí... no tengo muy claro porqué me quiere la gente que me quiere. Nunca lo he tenido.


lunes, 19 de enero de 2015

Sigo

Pues sigo con mis crisis epilépticas. Los gatos se pasaron la noche peleándose entre ellos e intentando entrar en la habitación, como si supieran que me hacían falta. Mis fieles escuderos. 

He estado pensando y no recuerdo un cambio de año tan jodido como este para mí. He perdido  la oportunidad de presentarme a varios exámenes y encima estoy cada vez más deprimida. Menos mal que no soy como esos estúpidos pesimistas que creen en lo de "lo que mal empieza, mal acaba". 

De hecho soy estúpidamente optimista. 

Vengo aquí a escribir en la pantalla blanco, a poner orden en mi cabeza, pero sigo igual de ingenua que siempre, aunque sufra. Sigo pensando que conseguiré que esto acabe bien.

No hay muchas cosas buenas últimamente pero intento pensar en ellas. Además, como son pocas, parecen más valiosas, y le doy más importancia, al mismo tiempo que paso de largo de las que no merecen la pena. Me gustaría decir que es madurez pero es simple instinto de supervivencia. No estoy yo para ahogarme en vasos de agua en estos momentos. 

Le he dibujado con el Pilot un corazón en la oreja a mi gato A. Está entre tierno y ridículo. Qué demonios, súpertierno, ahí con su tatuaje de peace and love aunque realmente sea un pequeño demonio.



¿Sabes qué? Sigo en pie.

miércoles, 14 de enero de 2015

Todo es trueno, ceniza y tristeza

Todo es trueno, ceniza y tristeza. 

Los gatos se me pegan, como siempre que me huelen alicaída, y formamos los tres un único bulto.

Son fieles escuderos.

Yo los aparto un poco, finjiendo  desinterés, y ellos me miran de reojo y vuelven a recolocarse. 

Esa lealtad suya.

Me gustaría mucho tener un amigo que me quisiera como un gato. 

Cuando me recupere, A volverá a mearme el bolso, obstinado como siempre,  y T a pegarme un zarpazo cuando pase por su lado si tiene el día chulito. 

Pero cuando los necesite seguirán acostados a mi lado. Como si pudieran protejerme con su cuerpecillo suave y peludo.

Y quizás sí puedan. 





viernes, 9 de enero de 2015

Empezando fuerte...

Ehmm... la noche pasada tuve otra crisis epiléptica. Estoy contenta con las nuevas pastillas pero parece que no son cien por cien efectivas, por lo menos en estos momentos. Aún así el saldo es positivo porque por lo menos no tengo aquellos ruídos en la cabeza que me tocaban las pelotas a diario. Por eso voy a esperar un poco más, hasta que todo el cambio de la medicación esté hecho, y a ver cómo responde el cuerpo entonces. 

Z conserva sus nervios de acero, aunque se enfada porque le digo que un día que me pase me grabe, que quiero verme: "Sí, para ponerme a grabar estoy yo en ese momento". Al principio pensó que yo tenía una pesadilla, luego empecé a convulsionar y entonces encendió la luz e intentó girarme un poco la cabeza porque yo estaba boca abajo y estaba comiendome el colchón, básicamente. Después paré y empecé a respirar de nuevo, aceleradamente al principio, más suave después. Le imagino acostado a mi lado, manteniendo la calma, mirándome con sus ojos tranquilos y serenos. Al rato abrí los ojos y levanté la cabeza. Me costaba pensar y hablar.
-Me duele la barriga, y tengo naúseas - le miro mientras él también me mira en silencio- ¿Qué pasa? 
-Nada.
-¿Qué es ésto? -le pregunto al ver una mancha de un palmo en la sábana del colchón
-Saliva.
Me acuesto de nuevo. Al medio minuto vuelvo a decir y preguntar exactamente lo mismo. Así tres veces. A la tercera le pareció que estaba más lúcida y me lo dijo: Has tenido una crisis. "Ah... claro, la cabeza... por eso me duele". Se me cayó el mundo encima, como siempre. "Mierda, joder, mierda". "Quiero ver a los gatos", dije. Y me levanté como pude, porque, tras el tute, las piernas me pesaban como si estuviesen hechas de mármol de Carrara. Estaban durmiendo en el sofá. Mi gato T ronroneó suavemente cuando lo acaricié. 

Hoy Z me preguntó porqué había querido ir a verlos. "Porque les quiero", dije. Cuando nos sentimos vulnerables, débiles, buscamos lo que nos hace  sentir bien. Por la mañana en el baño ví que tenía el pijama manchado de sangre. Por eso me dolía la barriga, con las contracciones de alguna forma debió de resentirse la pared de un ovario o algo así, imagino. Pude dormir por la mañana y aunque aún me duele la cabeza, ya estoy mejor. Mis padres querían que fuese al médico pero esto es lo que hay, iré cuando acabe el cambio de medicación, en un mes, si esto no se repite antes. Mi gato A no se  ha separado en todo el día de mí. 

Este post debe ser bastante aburrido para la mayoría, pero este es mi cuaderno, aquí vengo a escribir tanto las cosas tristes como las alegres o bonitas. Escribirlo me ayuda a encararlo mejor. Por lo de pronto seguiré con el plan que hice con el neurólogo, y seré optimista. Espero que pueda tener un niño y que durante el embarazo no tenga crisis, no me perdonaría ponerlo en peligro. Espero que todo vaya bien. Aceptablemente bien al menos. Quizás no acabe la carrera este año. Es una posibilidad. De todas formas esa sigue siendo la intención. Y seguir dibujando. Y empezar con la guitarra, poquito a poco, con calma y sin agobios. Seguir con mi vida, que esto no me pare.

Un consejo degratis: cuando te encuentres con alguien que tiene una enfermedad crónica, sea cual sea, si valoras un poco los sentimientos de esa persona, no le des unas palmaditas en la espalda diciendo "Eso con las pastillas se cura y haces vida normal". Es molesto, y mentira. Igual también escribo para eso. 

domingo, 4 de enero de 2015

Primer desayuno del 2015

Puedo visualizarme haciendo el desayuno, a media mañana, en bata y con pelos de loca, un día de esos que sabes que va a ser gris te pongas como te pongas, y como tienes tiempo por delante, piensas en animarte haciendo tortitas o pancakes o alguna mierda de esas que siempre hacen los padres guais para desayunar en las pelis, pero al final pasas porque a ver qué cojones pintas tú haciendo tortitas para ti y el gato, que encima seguro le sienta mal el gluten, si lo que más te apetecería es hacerlas para tirarlas desde la ventana, apuntando a la cabeza de los que pasan y esconderte luego detrás de la cortina mientras te partes de risa tú sola y el gato lo desaprueba moviendo la cabeza de un lado a otro. O, qué demonios, el gato se ríe también. Si son unos cabrones, seguro que él también tiraría tortitas si no se le engancharan en las uñas al lanzarlas. Bueno, pues lo que decía, eso es lo que te apetece hacer con las dichosas tortitas pero al final tomas un simple tazón de leche con Eko, que nunca tú pensaste tomar Eko, como tu abuela, pero ya ves a qué te ha llevado tu ansia de probar cosas nuevas, que unos les da por el sado y el bondage, y a ti por el Eko. Y ahí estás con tu tazón de Eko que alegras con una cucharada de azúcar moreno (moreno, que blanco no te gusta) sentada en la silla de la cocina mirando los azulejos horribles que tu casa traía de obra y pensando que por tus muertos un día los arrancarás, cuando entra el 2015 por la puerta, sonriendo y apretujándote entre sus brazos, como si te conociese de toda la vida, como un universitario que regresa a casa en vacaciones, uno de esos como los surferos californianos de pelo y piel quemados por el sol y la salitre y con los dientes increíblemente blancos. Entonces te separas un poco, te atas el cinturón de la bata y le dices: mariconadas las justas, veamos cómo va la cosa y allá para julio, a según te hayas portado, quizás te haga tortitas.