jueves, 14 de mayo de 2015

Herido grave en un accidente casero

Abisal: Te quiero
Z: Lo sé.
Abisal: Te quiero porque no me queda más remedio.  
Abisal: Eres la persona más genial que conozco.
Abisal: Pero si conozco a alguien más genial que tú pasaré de ti. 
Abisal: Que lo sepas.
Z: Acepto el reto. Dudo que exista. 

Declaraciones de amor whatsapeando con Z. Seguro de sí mismo, como ves. 


♫ Suena Ojalá, de Silvio Rodríguez. Algún día averiguaré cuántas veces seguidas puedo escuchar esta canción sin morir de un disparo de Nievi.



Se me cayó el móvil dos veces seguidas y en la segunda debió pensar "Lo nuestro se acaba aquí", y se rompió la pantalla con esmero. Creo que si lo tiro contra la pared y luego bailo encima no queda peor. Estuve el fin de semana incomunicada y fue raro. En el de repuesto no puedo instalar ni el administrador de páginas de Facebook, ni Twitter ni mirar el correo, ni jugar al Candy Crush ni nada porque va de puta pena y la mitad del tiempo ni me reconoce la tarjeta. Me está grabando a fuego el no volver a andar con el mío sin funda protectora nunca jamás de los jamases.

Tengo para la semana dos exámenes. Hoy debería haber estudiado. Pero me la he estado rascando. Muy mucho. Debería sentirme superculpable pero no. Cuando la mente pide descanso toca descanso.

Me acabo de acordar que no limpié el horno. Uy, qué mal. Qué pena. Qué todo. Mañana. Quizás. 

La gata que tengo en acogida duerme conmigo siestas de las que me despierto como recién salida de un coma profundo y con la espalda sudada. Lo de despertarse de la siesta como quién despierta del coma es habitual todo el año, y lo tengo asimilado, pero lo de estar sudada mañana, tarde y noche no (y sí, me lavo entre medias, sí) Por si aún no lo sabéis odio el calor. Un poco de solecito está bien pero el calor es el horror. Tensión por los suelos. Mareíto y cansancio. Muerte. Destrucción.

Quiero oír la lluvia golpear los cristales. Hace unos días llovió un rato bastante fuerte. Era genial. Le dije a Z que me encantaría ir al jardín y sentir la lluvia hasta empaparme por completo. Me dijo que porque no lo hacía. Le contesté que porque aún era de día, los vecinos me verían y sabrían que estoy tan loca como creen. Él dijo sin levantar la vista de la pantalla del ordenador: "¿Y qué?" Al final la lluvia pasó y la oportunidad se fue con ella. Pero la próxima vez que llueva lo haré, me lo he prometido. 

Tiene razón, estoy loca, ¿y qué?