lunes, 26 de enero de 2015

Chorlitez


Si ya hace años que mi capacidad de concentración y memorización dejó de ser lo que una vez fue, estos días estoy alcanzando cotas de chorlitez nunca antes vislumbradas. Que ya me lo avisaron, y ya estaba concienciada, pero es curioso sentirse tan dispersa y tan ida y tan estoyperonoestoy. Se ha ido al cuerno toda la temporada de exámenes, no he podido presentarme a ninguno. No ha sido solo por la chorlitez, es que he tenido más crisis epilépticas. Cualquier día se me fríe el cerebro, lo estoy viendo. Tomo unas pastillacas enormes que han acabado por ser inútiles para mí así que a la espera estoy de ver al neurólogo y que me cambién la medicación de nuevo. 

Una vez he aceptado este desastroso enero me he puesto en marcha de nuevo. Lo imposible sólo tarda un poco más, como leí por ahí. Ya estoy con mis indispensables listas, poniendo orden y movimiento, que todo siga fluyendo. No soy agua estancada.

Anímicamente estoy... mejor. Un poco al menos. El otro día vino a timbrar un amigo y me escondí como mal bicho que soy, porque no me apetecía hablar con nadie. Cuando se lo conté a Z me dijo "Hiciste bien". Z sabe que necesito espacio para reconstruírme de nuevo. Creí que lo de este Enero iba a ser la puntilla final pero creo que mi cerebro es bastante inteligente, teniendo en cuenta que es mío. En serio, él es más listo que yo. Llega un momento en el que se planta y dice "Ahora toca salir a flote de nuevo". O a lo mejor no es listo, solo hace lo posible por sobrevivir.

Ya que yo no puedo conducir, nos olvidamos de nuestro viaje en coche por Portugal por ahora y Z y yo nos vamos a Barcelona en Febrero. A ver, yo quiero ver las cataratas Victoria y el Kilimanjaro, la aurora boreal y el Maelstron en las costas noruegas y también quiero ir a Patagonia y Chile, a ver esas playas inmensas llenas de pingüinos y focas. Además de mil sitios más. Pero por ahora toca Barcelona, que oye, tampoco está mal conocerla. Además no olvides que soy una chica de provincias, en una gran ciudad soy como Paco Martinez Soria, tal cual. Me resulta toda una experiencia. 

El sábado fuí a ver a mis padres y me dejé olvidado mi móvil en mi casa (la chorlitez, ya sabes). Cuando volví me encontré a mi amiga L. llorando en la puerta de mi casa. Me había estado llamando y como no le había cogido pensó que igual había tenido otra crisis y me había caído y no me podía levantar y no sé cuántas cosas más. Era tan extraño verla llorar por mí... no tengo muy claro porqué me quiere la gente que me quiere. Nunca lo he tenido.


lunes, 19 de enero de 2015

Sigo

Pues sigo con mis crisis epilépticas. Los gatos se pasaron la noche peleándose entre ellos e intentando entrar en la habitación, como si supieran que me hacían falta. Mis fieles escuderos. 

He estado pensando y no recuerdo un cambio de año tan jodido como este para mí. He perdido  la oportunidad de presentarme a varios exámenes y encima estoy cada vez más deprimida. Menos mal que no soy como esos estúpidos pesimistas que creen en lo de "lo que mal empieza, mal acaba". 

De hecho soy estúpidamente optimista. 

Vengo aquí a escribir en la pantalla blanco, a poner orden en mi cabeza, pero sigo igual de ingenua que siempre, aunque sufra. Sigo pensando que conseguiré que esto acabe bien.

No hay muchas cosas buenas últimamente pero intento pensar en ellas. Además, como son pocas, parecen más valiosas, y le doy más importancia, al mismo tiempo que paso de largo de las que no merecen la pena. Me gustaría decir que es madurez pero es simple instinto de supervivencia. No estoy yo para ahogarme en vasos de agua en estos momentos. 

Le he dibujado con el Pilot un corazón en la oreja a mi gato A. Está entre tierno y ridículo. Qué demonios, súpertierno, ahí con su tatuaje de peace and love aunque realmente sea un pequeño demonio.



¿Sabes qué? Sigo en pie.

miércoles, 14 de enero de 2015

Todo es trueno, ceniza y tristeza

Todo es trueno, ceniza y tristeza. 

Los gatos se me pegan, como siempre que me huelen alicaída, y formamos los tres un único bulto.

Son fieles escuderos.

Yo los aparto un poco, finjiendo  desinterés, y ellos me miran de reojo y vuelven a recolocarse. 

Esa lealtad suya.

Me gustaría mucho tener un amigo que me quisiera como un gato. 

Cuando me recupere, A volverá a mearme el bolso, obstinado como siempre,  y T a pegarme un zarpazo cuando pase por su lado si tiene el día chulito. 

Pero cuando los necesite seguirán acostados a mi lado. Como si pudieran protejerme con su cuerpecillo suave y peludo.

Y quizás sí puedan. 





viernes, 9 de enero de 2015

Empezando fuerte...

Ehmm... la noche pasada tuve otra crisis epiléptica. Estoy contenta con las nuevas pastillas pero parece que no son cien por cien efectivas, por lo menos en estos momentos. Aún así el saldo es positivo porque por lo menos no tengo aquellos ruídos en la cabeza que me tocaban las pelotas a diario. Por eso voy a esperar un poco más, hasta que todo el cambio de la medicación esté hecho, y a ver cómo responde el cuerpo entonces. 

Z conserva sus nervios de acero, aunque se enfada porque le digo que un día que me pase me grabe, que quiero verme: "Sí, para ponerme a grabar estoy yo en ese momento". Al principio pensó que yo tenía una pesadilla, luego empecé a convulsionar y entonces encendió la luz e intentó girarme un poco la cabeza porque yo estaba boca abajo y estaba comiendome el colchón, básicamente. Después paré y empecé a respirar de nuevo, aceleradamente al principio, más suave después. Le imagino acostado a mi lado, manteniendo la calma, mirándome con sus ojos tranquilos y serenos. Al rato abrí los ojos y levanté la cabeza. Me costaba pensar y hablar.
-Me duele la barriga, y tengo naúseas - le miro mientras él también me mira en silencio- ¿Qué pasa? 
-Nada.
-¿Qué es ésto? -le pregunto al ver una mancha de un palmo en la sábana del colchón
-Saliva.
Me acuesto de nuevo. Al medio minuto vuelvo a decir y preguntar exactamente lo mismo. Así tres veces. A la tercera le pareció que estaba más lúcida y me lo dijo: Has tenido una crisis. "Ah... claro, la cabeza... por eso me duele". Se me cayó el mundo encima, como siempre. "Mierda, joder, mierda". "Quiero ver a los gatos", dije. Y me levanté como pude, porque, tras el tute, las piernas me pesaban como si estuviesen hechas de mármol de Carrara. Estaban durmiendo en el sofá. Mi gato T ronroneó suavemente cuando lo acaricié. 

Hoy Z me preguntó porqué había querido ir a verlos. "Porque les quiero", dije. Cuando nos sentimos vulnerables, débiles, buscamos lo que nos hace  sentir bien. Por la mañana en el baño ví que tenía el pijama manchado de sangre. Por eso me dolía la barriga, con las contracciones de alguna forma debió de resentirse la pared de un ovario o algo así, imagino. Pude dormir por la mañana y aunque aún me duele la cabeza, ya estoy mejor. Mis padres querían que fuese al médico pero esto es lo que hay, iré cuando acabe el cambio de medicación, en un mes, si esto no se repite antes. Mi gato A no se  ha separado en todo el día de mí. 

Este post debe ser bastante aburrido para la mayoría, pero este es mi cuaderno, aquí vengo a escribir tanto las cosas tristes como las alegres o bonitas. Escribirlo me ayuda a encararlo mejor. Por lo de pronto seguiré con el plan que hice con el neurólogo, y seré optimista. Espero que pueda tener un niño y que durante el embarazo no tenga crisis, no me perdonaría ponerlo en peligro. Espero que todo vaya bien. Aceptablemente bien al menos. Quizás no acabe la carrera este año. Es una posibilidad. De todas formas esa sigue siendo la intención. Y seguir dibujando. Y empezar con la guitarra, poquito a poco, con calma y sin agobios. Seguir con mi vida, que esto no me pare.

Un consejo degratis: cuando te encuentres con alguien que tiene una enfermedad crónica, sea cual sea, si valoras un poco los sentimientos de esa persona, no le des unas palmaditas en la espalda diciendo "Eso con las pastillas se cura y haces vida normal". Es molesto, y mentira. Igual también escribo para eso. 

domingo, 4 de enero de 2015

Primer desayuno del 2015

Puedo visualizarme haciendo el desayuno, a media mañana, en bata y con pelos de loca, un día de esos que sabes que va a ser gris te pongas como te pongas, y como tienes tiempo por delante, piensas en animarte haciendo tortitas o pancakes o alguna mierda de esas que siempre hacen los padres guais para desayunar en las pelis, pero al final pasas porque a ver qué cojones pintas tú haciendo tortitas para ti y el gato, que encima seguro le sienta mal el gluten, si lo que más te apetecería es hacerlas para tirarlas desde la ventana, apuntando a la cabeza de los que pasan y esconderte luego detrás de la cortina mientras te partes de risa tú sola y el gato lo desaprueba moviendo la cabeza de un lado a otro. O, qué demonios, el gato se ríe también. Si son unos cabrones, seguro que él también tiraría tortitas si no se le engancharan en las uñas al lanzarlas. Bueno, pues lo que decía, eso es lo que te apetece hacer con las dichosas tortitas pero al final tomas un simple tazón de leche con Eko, que nunca tú pensaste tomar Eko, como tu abuela, pero ya ves a qué te ha llevado tu ansia de probar cosas nuevas, que unos les da por el sado y el bondage, y a ti por el Eko. Y ahí estás con tu tazón de Eko que alegras con una cucharada de azúcar moreno (moreno, que blanco no te gusta) sentada en la silla de la cocina mirando los azulejos horribles que tu casa traía de obra y pensando que por tus muertos un día los arrancarás, cuando entra el 2015 por la puerta, sonriendo y apretujándote entre sus brazos, como si te conociese de toda la vida, como un universitario que regresa a casa en vacaciones, uno de esos como los surferos californianos de pelo y piel quemados por el sol y la salitre y con los dientes increíblemente blancos. Entonces te separas un poco, te atas el cinturón de la bata y le dices: mariconadas las justas, veamos cómo va la cosa y allá para julio, a según te hayas portado, quizás te haga tortitas.