sábado, 21 de febrero de 2015

Barcelona

"En un bosque se bifurcaron dos caminos 
y yo... yo tomé el menos transitado. 
Esto marcó toda diferencia."

Robert Lee Frost, poeta estadounidense.



Barcelona es una marabunta de gente de todos los orígenes y todos los destinos que puedas imaginar. Es un taxista checo y otro hindú. Un bar con decoración de los noventa con una pareja de chinos tras la barra. Pequeños supermercados regentados por pakistaníes. Vietnamitas, alemanes, holandeses, marroquies y tantos otros llenan las aceras. También españoles. Catalanes que me hablan en inglés unas veces, en francés otras, también en catalán. 

Barcelona está cruzada por carriles para bicicletas, y para patinetes y monopatines. Es velocidad y movimiento. Nunca se está quieta. Yo entorpezco el paso, parándome en medio de la acera, a mirar las alturas, esas fachadas asombrosas, esculpidas con detalles orgánicos, filigranas, cuerpos desnudos, ornamentos, formas y figuras. Paraguas en una pared, escamas en un tejado, el espinazo de algún ser imaginario en otro.

Barcelona es una gitana que nos birla monedas del monedero en la plaza de Tetúan, y un hostal en la Carrer de la Diputació, uno de esos preciosos pisos antiguos de techos muy altos, puertas blancas y suelos de colores. Es pinchazos en la cadera, tobillos inflamados, llegar a la noche cojeando porque quise seguir con mi costumbre de ir a todos los sitios andando, que así es como se conoce la vida en una ciudad, y lo que no consiguieron Oporto, Lisboa ni Madrid lo consiguió ella: tuve que coger un autobús urbano el penúltimo día. 

Barcelona es el triángulo de tiendas frikis y una novela gráfica de Jack, el destripador, uno de mis personajes favoritos. El Museo Picasso, las fotos del genio con su camiseta de rayas, sus fascinantes  Meninas y un imán con su dibujo de Sancho y el Quijote. Es una figura de Bastet que no compré en el Museo Egipcio por que lo haré cuando viaje a Egipto, es un síncope de Z al saber que pienso llevarle tan lejos. 

Barcelona es una rata grande y hermosa en el parque Güell, es Gaudí y sus mosaicos, hechos muchas veces con materiales de derribo, es la Sagrada Familia en perpetua construcción, y pompas de jabón en el Parque de la Ciudadela, y patinadores en el paseo marítimo, y un selfie un poco desastroso con la estatua de Colón de fondo. Es el rosetón de su Catedral y Z y yo discutiendo en el medio de la plaza de delante porque ni con el móvil ni con el mapa encontrábamos el Museo Histórico, a pesar de que teóricamente estábamos a 300 metros. Museo Histórico, dónde quiera que te halles: que te parta un rayo.

Barcelona es el Born y sus calles estrechas llenas de turistas, y sus bares con carteles en inglés ofreciendo paella y sangría, caminar mandándole a Z una vez por hora que mirara si yo llevaba bien cerrada la mochila. Es la Feria de Antigüedades de Ells Encants Vells con rumanos gritando baratobarato y unas patatas chips en cucurucho. Es el Mercado de la Boquería con su estallido de colores, y los cócteles de fruta, las especias, el chocolate. Es el crujido de la superficie de caramelo crocante de la crema catalana, y unas deliciosas berenjenas a la brasa, el mejor fuet del mundo, el delicioso pan con tomate, aceite y sal.

Barcelona es cosmopolita, modernista, inquieta y un poco loca, y bonita. 

Y estos son mis pies tras cuatro días pateándola.








P.D. Patinar, una cosa más que añadir a la larga lista de cosas que quiero aprender, por si fueran pocas.


domingo, 8 de febrero de 2015

La simetría de los copos de nieve

Z: ¿Por qué tienes el correo y Facebook en inglés? 
Abisal: Para spikin inglish very well

Voy bien. 




Te presento a la víctima de mis torturas. Me la ha prestado el hermano de Z. He estado intentando afinarla, como si yo supiera de eso, porque todas las cuerdas sonaban en armonía excepto la 1 y la 6 que sonaban plinck y planck respectivamente y ahora ya solo la 6 hace planck. Me he puesto muy ufana a intentar mi canción favorita y he tenido que volver al vídeo de la lección 3 porque, obviamente, ahora que apenas sé agarrarla decentemente, es demasiado pronto. Agradezco a la genética haberme dado dedos largos porque aún así no llego a donde tengo que llegar, no me quiero imaginar si tuviese dedos regordetes y cortos.

Otra cosa que seguro que te mueres por saber es que tengo catarro. Ha jugado al escondite conmigo. Me tuvo dos días arrastrada por los suelos, luego me hizo despertarme escandalosamente bien teniendo en cuenta que el día anterior me dolía hasta el roce de la ropa, y pensé "Coño, yastá, he vencido". Pues no. Al día siguiente hicieron acto de presencia la tos y los mocos. Ah, y una voz con altibajos histriónicos que me hacen parecer un adolescente en el cambio de voz. Hoy mi padre no aguantó la risa mientras le hablaba. ¿Dónde está mi voz grave y sexy de los catarros? Me siento estafada. Lo único bueno es que sé que una vez pillo catarro quedo inmunizada tres o cuatro años.

Hace dos semanas que he dejado esa costumbre mía de ponerme a hacer el pez fuera del agua. Mi epilepsia parece de nuevo bajo control. Ha habido que aceptar cambios con los que no contaba, cambios de los que no molan, de los que retrasan todo, pero nos adaptamos y reprogramamos, c'est la vie. A veces, en una especie de optimismo vital, pienso que aunque este camino es más espinoso, resultará mejor para mí.

Estoy mejor, y deseando marcharme de viaje aunque tenga que llegar a la otra esquina de la península en tren porque mi caballero andante tiene reticencias a subirse a un avión. Me ha cuidado tan bien en estos dos meses tan oscuros que no he sido capaz de pedirle eso también ahora. 

El otro día nevó. Muy poco tiempo, ni siquiera cuajó. Pero fue precioso. Tan precioso como lo puede ser algo que sólo ves unos pocos minutos cada tres o cuatro años. El otro día ví en Twitter esta foto de copos de nieve al microscopio. Son simétricos, y debido al ángulo de los enlaces de la molécula de agua, todos hexagonales. Lo que decía, preciosos. 




P.D. Los catarros también son cada tres años, sí, pero no duran unos pocos minutos, lisssto, no me compares.