miércoles, 1 de julio de 2015

Renuncio, no me compensa

Z: Vine al súper a por arena para los gatos, ¿quieres algo?
Abisal: Aguacates 
Abisal: Y chocolate, lo acabé
Z: ¿Qué choco?
Abisal: Cualquiera Lindt
Z: ¿Algo más?
Abisal: Queso fresco
Z: Ok
Abisal: Ah, y alcachofas en conserva. Y espárragos. 
Abisal: Y una muerte rápida e indolora. Está al lado de la caja, donde las pilas. 
Z: Creo que aún queda en casa.
Abisal: Ok, espero que no esté caducada. 

Whatsapeando con Z. Artículos de primera necesidad. 



Post importante para mí. Coñazo para ti. Deberías saltártelo.

Si aún te pasas por aquí sabrás que desde hace unos siete u ocho meses estoy más abajo que arriba. Abajísimo. De puta pena, vaya. No es el típico bajón de unas semanas que tengo de vez en cuando sino de un cúmulo de circunstancias que me han anulado y derrotado. 

Empecé a ir a terapia y a levantarme a poquitos. Mi frase cuando me preguntaban qué me pasaba, qué sentía no era "Me siento X", soy bastante inepta a la hora de expresar a otra persona mis emociones más internas. Mi frase era algo así como "Todo está desordenado y roto, destrozado". 

Hubo que priorizar y ante la inminencia de mis exámenes decidí poner como primer objetivo controlar mis ataques de ansiedad. ¿Qué es lo que me provoca esos ataques? Resumiendo y concretando: soy incapaz de presentarme a un examen si no estoy segura de que voy a aprobar.  Para estar seguro hay que llevarlo bien preparado. Desde que me medico debido a mi epilepsia mi memoria es pésima así que me cuesta más de lo esperado poder decir "lo llevo bien preparado". Si no lo llevo bien intento obligarme a ir de todas formas. Es lo que hay que hacer, presentarse a ver qué pasa. Igual hay suerte. Igual eres demasiado exigente y no lo llevas tan mal. Y como intento obligarme pero no soy capaz hay un choque titanes en mi cabeza que deriva en la ya mencionada crisis de ansiedad. 
   
Empecé a seguir unas pautas y noté pequeñas mejorías. Incluso gané un par de combates a pesar de encontrarme francamente mal.

Nadie que no lo haya pasado sabe lo que es un ataque de ansiedad. Nadie puede imaginarse las sensaciones físicas, que no tienen que ver con el simple nerviosismo que todos sentimos alguna vez, y nadie puede imaginarse la vorágine de pensamientos dañinos que pasan por tu cabeza en ese momento. Tras una crisis de este estilo quedo exhausta. 

Dos días antes del último examen tuve un ataque de ansiedad, a causa de esto tuve también inicios de un ataque epiléptico. A la mañana siguiente tuve otro ataque de ansiedad. Cuando pasó me quedé en la cama acostada mirando el techo. Pensando en todo el dolor mental y físico que acababa de pasar en los últimos dos días por querer presentarme a un examen que probablemente suspenda. Me pregunté "¿Merece la pena?"

No, no la merece. 

He decidido dejar de tratar ese problema en terapia. Me duele en el orgullo pero no voy a luchar más contra eso. La lucha, el intentar obligarme a hacer algo que no soy capaz de hacer me genera tanta infelicidad que no me compensa. Se acabaron las lágrimas, el no poder respirar, el ahogo, el dolor en el pecho y la cabeza, la despersonalización que te hace estar tan mareada que parece que te vas a desmayar, la taquicardia y el sudor frío. Cuando no me sienta preparada no iré, y tendré que aceptar las consecuencias, igual que otros aceptan que son incapaces de estar a menos de doce metros de una araña.

¿Tardaré más en hacer el mismo camino que otros? Seguramente, es lo que hay. ¿Debería dejar de estudiar algo que probablemente nunca me dé un puesto de trabajo? Tengo claro que estudio por vocación, porque es lo que me gusta. Lo más probable es que cuando la acabe me ponga a dibujar al tiempo que sigo con mi trabajo, que no tiene nada que ver con la Biología. 

Para algunos una derrota, para otros una retirada... no sé qué es. Sólo sé que no soy perfecta. No lo haré de la manera ideal para la mayoría, pero lo haré de la forma ideal para mí.