domingo, 25 de diciembre de 2016

Quién escribe posts el día de Navidad?




Hace unos meses Z y yo estábamos eligiendo los colores de fondo para unos cuadernos del merchandising de la protectora. Había que enviarlos a la imprenta ya, no avanzábamos y era la una de la mañana. Fenecíamos ambos entre corales y verdes manzana intentando combinar los apastelados colores de los diseños. Z optaba, desesperado y enchido de practicidad, por ponerlos al azar. Yo, en mi espiral de perfeccionismo obsesivo habitual me negaba mientras daba chillidos para liberar tensión cada ciertos minutos. En un momento dado nos dimos cuenta de que habíamos cometido un error y entonces Z resopló y yo entré en un ataque de risa incontenible. 

De esa risa absurda que me da cuando algo no está saliendo bien. Z se deja contagiar sin demasiada resistencia y acabamos los dos haciendo escarnio de la situación y de nosotros mismos, mientras yo digo "ay, para" poniendo la mano unas veces en la barriga y otras en la mandíbula, que me duelen de aguantar la risa. O de liberarla, ya no sé. 

Hacía tiempo que no me reía así, y creo que ambos pensamos que era un signo de que me estaba recuperando. No fue así, pero seguimos caminando en busca de más ataques de risa absurda. Esos ataques son los que molan. 

Quiero quedarme embarazada, y cuando lo consiga me gustaría que nadie lo supiera, que fuese sólo un secreto mío y de Z. Que nadie venga a sembrar miedos y angustias por mis enfermedades, y que yo siga pensando que seré mejor madre de lo que fue la mía. 

Por ahora no está ni concebido (creo :D), pero ya tiene un par de calcetines que simulan ser patitas de gato y otros de zorro.