martes, 6 de diciembre de 2016

Reseteando: Historia de un duro hijo de puta

"El dolor tiene un hogar,
hay una madriguera en mi costado."

No recuerdo qué decía en el audio que puse hace unos días. En aquel momento me pareció una buena forma de retomar el blog tras un año de silencio pero ahora es un poco como la camisa que compraste para darle un punto grunge a tu outfit y en el espejo de casa pareces un vaquero de Nebraska tras una mala noche. Haces desaparecer la camisa, pos eso.

Siempre he dicho que me gusta el otoño y debería haberme arrancado una uña cada vez que lo hice. Octubre  (y por Noviembre tampoco echo cohetes) fue lo peor de lo peor (igual de eso hablaba en el audio aquel). Bueno, no lo peor de lo peor pero sí una puta mierda: pruebas para descartar un linfoma, pérdida de un empleo, lesión en una mano, rotura cápsula articular de un dedo, retomar medicación de antidepresivo y ansiolítico, fue una fieshta!

Tengo especial interés en las narices. Siempre me fijo en las de la gente. Me encantan las de perfil totalmente recto y no demasiado estrechas. Estos días ando dibujando narices de todos los tipos, me gustan como quedan todas ordenaditas. Creo que voy a empezar a subir fotos a Instagram. Mis narices se lo merecen.

Dejo un audio leyendo un texto de Bukowski. No es uno de mis escritores preferidos pero ésto concretamente me llega bastante profundo. Sé que la lectura tiene fallos pero no pienses en eso, sólo escucha la historia.