lunes, 17 de abril de 2017

Tengo una semilla de amapola


Obra de Inge Löök

Tengo una gata a la que le encanta revolcarse en mi ropa sudada. Parte de mi familia son cuatro gatos pirados.

Tengo una partida de nacimiento que dice que me llamo Anna aunque siempre me han llamado Ana. De pequeña quería llamarme Elisabeth. Era un poco repelente, sí. Realmente lo que quería era ser otra persona.

Tengo unos leggins con Batman en las caderas. Y calcetines de Batman. Y un pendrive de Batman. Creo que me gusta porque no tiene superpoderes.

Tengo epilepsia, de vez en cuando me caigo y hago el pez fuera del agua con bastante estilo.
A veces son solo crisis parciales y sigo consciente pero no puedo respirar y pienso que podría morir y entonces va pasando. Siempre se pasa. Siempre.

Tuve depresión y ataques de ansiedad durante muchos años. Hace un mes me deshice de lo que lo causaba. Nada que te arrastre al fondo del río, junto con lavadoras oxidadas y camadas de cachorros, nada que te lleve allí merece la pena. Estoy en la superficie. Pude haberlo hecho antes, cortar la cuerda a esa piedra, pero no habría aprendido a nadar tan bien. 

Tengo un amigo por el que daría la vida.
A él no se lo digo. A él le digo que se afeite de una vez y que hay chimpancés que tenderían la ropa mejor que él.

Tengo dos libros por escribir y mil acuarelas por pintar. En vez de a eso me dedico a cosas más importantes que realmente no son importantes en absoluto. 

Controlo el caos externo para que no se me meta por las grietas si necesito paz para deshacer un nudo. No puedo despejar mi mente si mi entorno no lo está también.

Tengo una semilla de amapola que en unas semanas será un renacuajo cabezudo con ojos negros y saltones.
Ahora que ya está aquí tengo mucho miedo de hacerle daño. No ser quién necesita. No saber ayudarle. No estar a la altura. Lo intentaré, ¿vale? Te lo prometo. Intentaré que te conviertas en un gato pirado y feliz, al que le importa un huevo que lo vean revolcándose en ropa sudada.